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Autor: PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY   


©Pablo Felipe Pérez Goyry

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28 de julio de 2011

Ruta Facebook para México - Por: Salvador González Briceño


Ruta Facebook para México

Por: Salvador González Briceño
Maniobras del Poder

Más allá de las protestas casi aisladas de la sociedad civil organizada, las ONG que tienen como meta la defensa de los derechos humanos —desde que en el país abundan la violación e impunidad por los hoyos en la aplicación de la justicia—, las voces solitarias de familias víctimas que exigen castigo a los responsables por crímenes cometidos contra personas inocentes, y movimientos como el del poeta Javier Sicilia [y algunos cuantos periodistas que están llamado la atención sobre tan delicado asunto] que consiguen abrirse paso entre los medios de comunicación, no se dejan escuchar otras voces de protesta para denunciar lo que está ocurriendo en el país ahora con el tema de la inseguridad y cómo remediarlo.
El desbordamiento de la violencia en casi todo el territorio nacional, desde que el actual presidente Felipe Calderón declaró la guerra a las bandas del crimen organizado allá en el 2006 cuando comenzó el actual sexenio, ha generado un clima de incertidumbre y miedo, dolor y sufrimiento entre la población que pareciera no acercarse jamás a tocar las puertas de las oficinas de Los Pinos y mucho menos al primer interesado, el propio Calderón.
Así, por tamaña sordidez que se hermana con la misma impunidad, es que los gobernantes, legisladores y hasta gobernadores, no se aprestan a emprender las obligadas revisiones a la dichosa estrategia para erradicar todo lo que no sirve para detener el problema. Así sea decírselo en la cara al propio presidente, porque es el principal empecinado en seguir sólo por la ruta de la confrontación obligando a las Fuerzas Armadas de México a hacer un trabajo que no les compete. Porque esas tareas son de seguridad pública, de responsabilidad primera de las policías federales y locales [el modelo de policía única, impulsada por el secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, no funcionará jamás].
Entretanto el número de muertes crece día con día y el país se nos deshace entre las manos. Eso es lo imperdonable y lo que debe preocuparnos a todos, pero a todos los sectores de la sociedad mexicana. Eso incluye a gobierno, organismos, asociaciones, sindicatos, ONG, legisladores, empresarios, campesinos, estudiantes, empleados y desempleados, mujeres y jóvenes. A todos.
Es decir, convocar a una gran concertación nacional, también para el rescate del país. No para un fin particular, como correspondería, digamos, a un sindicato nada más. No. Que sea una concertación de acciones para rescatar a nuestro país haciendo cada cual lo mejor en lo que le corresponde a cada quién. Porque las acciones sociales o de grupo son tales en cuanto el individuo así lo decide. Los convocantes en el norte de África así lo decidieron en aras de su propio destino. Así lo emprenden los jóvenes en la vieja Europa. En Chile por mejoras en la educación y el repudio a los esquemas neoliberales.
Porque como se ve, no basta la presión de un individuo para esperar que las cosas cambien. Los diálogos del movimiento que encabeza Sicilia tienen sus limitaciones, como en su momento lo tuvo el EZLN a quien la sociedad abandonó a su suerte. Pero no porque sea un mecanismo ineficaz sino porque no puede encarar solo todo un programa, una ofensiva de gobierno, que opera mal y con pésimos resultados en todo el territorio nacional, donde el presidente pretende parar la violencia con otra violencia que está dejando a todos ciegos.
Es decir, que todo lo que se ha emprendido hasta ahora resulta insuficiente. Las luchas de las ONG se ahogan en su propia inercia porque el reto es grande. Las protestas en las calles resultan limitadas porque responden al ánimo y su impacto es corto y temporal. Los llamados a los legisladores, diputados y senadores, o Suprema Corte de Justicia, se quedan en la rebatinga de intereses por la partidocracia y los compromisos de los “representantes populares” —y demás actores— con el resto de los poderes establecidos que dominan en su actuar. La mayoría de los medios de comunicación entretejen sus intereses también con la intencionalidad y los planes de mediano plazo de los gobernantes. Etcétera.
¿Por qué no levantar las voces todas? ¿Por qué no emprender un movimiento, como el provocado vía Facebook en otras partes del mundo, para presionar por los cambios, pero donde la concertación convoque a todos los sectores a trabajar en sus respectivas áreas para obligar también por todos los medios, colocando el interés nacional por encima y más allá del particular y los vaivenes electoreros de la partidocracia, que sólo en tiempos de campaña promete resolver los problemas del país y bajar las peras del olmo?
Hay muchas vías mediante las cuales debe enfrentarse el problema del crimen organizado. Ningún pueblo ha sido vencido nunca por ningún problema por muy grande que sea el reto habiendo unidad. Lo primero en todo esto es la unión. Unidad para el rescate nacional en bien de todos. Por ejemplo, en esto del combate al crimen organizado la mera violencia no funciona. Por ejemplo, en el sector financiero no se está haciendo lo pertinente para detectar a los que aportan grandes cantidades al sector, para indagar su procedencia ilícita. Las empresas fantasma o para el levado de dinero no se investigan tampoco. No se detiene a los grandes capos.
Los problemas conjuntos con Estados Unidos también tienen que abordarse, pero no en un contexto de sujeción o subordinación. Así como no ofrece resultados García Luna, tampoco los tiene la titular de Relaciones Exteriores. Y yéndose al fondo, no los tiene ningún funcionario, todos grises, del actual gobierno federal.
Insistir por esta vía es lo que nos queda. Lograr el consenso para cambiar las cosas de raíz en el país. Ya está bien que todo quede en manos de una pequeña camarilla que decide para dónde camina la política, la economía y todos los demás asuntos del país que lo conducen al abismo. Donde la Constitución dice que la soberanía reside en el pueblo y para el pueblo, hay que ponerle con letras grandes que también se toma entre las manos si los gobernantes no funcionan. Más vale que todos hagamos el papel que nos compete. Por el bien de todos.
Y si no lo hacen los hombres del dinero [léase el llamado de los empresario regios], la sociedad sí lo puede y debe hacer porque es la principal afectada. Nada más se trata de ejercer la soberanía. Es todo. Es mucho. Resulta necesario. [http://maniobrasdelpoder.blogspot.com]
Foto: Internet

21 de junio de 2011

Guerra antidrogas, plan perverso - Por: Salvador González Briceño

Guerra antidrogas, plan perverso

Salvador González Briceño
 
El pasado viernes 17 de junio se cumplieron los 40 años de la declarada “guerra contra las drogas” encabezada por Richard Nixon para combatir “al enemigo público número uno de Estados Unidos que es el uso de las drogas”. De entonces a la fecha, tan sólo por el saldo, la dichosa guerra resultó un fracaso porque ninguno de los objetivos se alcanzó.
 
Salvador González
Todo lo contrario, millones de hombres y mujeres han sido víctimas —“daños colaterales”— de tamaña decisión. Tanto por la oferta de opiáceos como por el consumo que aumentó [ver Maniobra del poder, 3 de junio, donde se abordó el tema desde el “informe de la Comisión Global de Políticas de Drogas, junio 2011”, y se habla de las consecuencias “devastadoras, para individuos y sociedades alrededor del mundo”, contra lo cual recomienda: “Se necesitan urgentes reformas fundamentales en las políticas de control de droga nacionales y mundiales”] hasta alcanzar un negocio de 320 mil millones de dólares, o el uno por ciento de todo el comercio mundial.

Con datos de la ONU, de 1988 a 2008 el uso de drogas aumentó en 34.5%; la cocaína en 27%; la mariguana en 8.5%. Sólo este año, entre 20 y 25 millones de ciudadanos estadounidenses usarán alguna droga ilícita, unos 10 millones más que en 1970, y cada día suman 8 mil a la cuenta fatal. Otro dato indica que EU destina unos 15 mil millones en la “guerra contra las drogas”, pero cálculos conservadores señalan que la cifra se acerca a los 40 mil millones.

Sin embargo, entre las mascaradas oficiales en EU destaca la postura del zar antidroga de EU, Gil Kerlikowske, que dice prefiere no usar el término “guerra”, “porque no estamos en guerra contra nuestra propia gente”. Pero en EU las cárceles están atestadas de jóvenes —casi 40 millones— relacionados con drogas, que no precisamente son delincuentes sino delitos por droga no violentos. Por eso, “Para afroestadounidenses y latinos, la guerra contra las drogas se percibe más bien como una guerra contra ellos, sobre la juventud ‘de color’. Con el encarcelamiento como arma más empleada en esta ‘guerra’”.

Aparte “las cifras lo comprueban: Estados Unidos es el país con más encarcelados en el mundo, con sólo 5 por ciento de la población mundial tiene 25% del total de los prisioneros en el planeta —unos 2.3 millones, comparado con 300 mil en 1972… El incremento estrepitoso de la población encarcelada se debe en gran medida al aumento en la detención de personas que cometieron delitos relacionados con la droga —en 1980 habían 41 mil de estos, ahora hay más de 500 mil (un aumento de 2 mil por ciento)”. (Datos de La Jornada, 17/junio/2011).

Las evidencias indican que a 40 años se trata de la guerra más costosa en términos bélicos en recursos pero sobre todo contra la población. “De hecho, ya es una de las guerras más caras, más destructivas y más largas en la historia” de EU. Y promete ser eterna si no hay un cambio de paradigma sobre la manera como esta sociedad aborda este problema. Gran retro tienen la sociedad estadounidense y mundial con este problema [¡ni que decir de México y Colombia!], ideado por Nixon pero seguido por los gobiernos sucesivos de EU, que han usado la cárcel contra la protesta social y de inconformidad contra el estatus quo.

En este tenor se colocan las reflexiones del lingüista Noam Chomsky, a raíz del aniversario 40 de la fallida guerra de Nixon contra las drogas, cuando afirma que la guerra antinarco es un invento para limitar las libertades. Antes, el 24 de diciembre de 2009, había dicho en entrevista para el diario mexicano, que “La guerra a las drogas se inició en Estados Unidos como parte de una ofensiva conservadora contra la revolución cultural y a la oposición a la invasión de Vietnam” [Ver la nota en el recuento de Mi paso por El Día: http://mipasoporelda.blogspot.com/2009/12/chomsky.html].

Lo dijo entonces, lo reitera ahora el mismo lingüista crítico del imperio de su país. “La guerra contra las drogas que desgarra a varios países de América Latina, entre los que se encuentra México, tiene viejos antecedentes. Revitalizada por Nixon, fue un esfuerzo por superar los efectos de la guerra de Vietnam en Estados Unidos”.

Cuando el gobierno gringo quiso sacudirse por la fuerza el síndrome de la derrota de Vietnam, hacia finales de los años 60, los jóvenes salieron a protestar a las calles en franca oposición a las políticas violentas de Estados Unidos. Por eso la guerra llevó, dice Chomsky, “a una importante revolución cultural en los 60, la cual civilizó al país: derechos de la mujer, derechos civiles, o sea, democratizó el territorio, atemorizando a las elites. La última cosa que deseaban era la democracia, los derechos de la población, etcétera, así que lanzaron una enorme contraofensiva”.

En esa contraofensiva se encuentra el gobierno de Felipe Calderón en México. Siguiendo a pie juntillas [esta es otra tesis explicativa del por qué este gobierno del PAN no cambia la estrategia a todas luces fallida de su declarada guerra contra el narcotráfico cuyos saldos con detestables tan sólo por los más de 40 mil muertos; aparte las miles de familias desintegradas por la falta del padre, del hermano, otro familiar cercano, carentes de apoyo económico, psicológico, educativo, médico, etcétera] las políticas fallidas de otro lado como el lineamiento neoliberal, de EU, sigue cosechando la derrota.

En otras palabras, el entreguismo de los gobiernos del PAN a los políticos y a las políticas de EU no le sirven para maldita la cosa. Pero no entiende. Una guerra que en ese país se mostró fallida a lo largo de 40 años, tuvo como fin acotar las protestas sociales porque se lanzó en contra de la población, encarceló a miles de jóvenes y no suprimió el jugoso negocio; todo lo contrario, creció en todos los órdenes. Una guerra que en México a tan sólo cuatro años sembró el terror, no encarceló a los jóvenes pero de peor manera se deshace de ellos porque caen víctimas de las balas de unos narcotraficantes que cada vez resultan más fortalecidos, pero sobre todo multiplican el negocio.

¿A qué intereses sirve la guerra contra las drogas? Seguramente aquellos barones del dinero, de las finanzas internacionales, que resultan altamente beneficiados y se enjugan las manos cada día. Es decir, que en última instancia la susodicha “guerra” parece más el saldo de un plan perverso en contra de la sociedad que una estrategia para controlarlo. [http://maniobrasdelpoder.blogspot.com]
Foto: Internet

14 de junio de 2011

México: Resistencia y emergencia nacional - Por: Salvador González Briceño

México: Resistencia y emergencia nacional

*Mutación de la movilización ciudadana
*Rehacer el tejido social resulta prioritario

Por: Salvador González Briceño

Salvador González
Resistencia civil pacífica. Lo que comenzó el pasado 5 de junio en Morelos como “Caravana por la Paz de Cuernavaca a Ciudad Juárez”, concluyó este fin de semana en Juárez como “Caravana del Consuelo”; es decir, transmutó en el trayecto.
Ha sido una de las caravanas más largas, casi tres mil kilómetros, pero no la única. En septiembre de 1991 la Marcha por la Dignidad la encabezó Salvador Nava Calvillo desde San Luis Potosí hacia el Distrito Federal, en defensa de su triunfo electoral; el Éxodo por la Democracia que encabezó desde Tabasco al DF Andrés Manuel López también el 1991, por igual motivo; la marcha de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) hacia la Ciudad de México en 1995 y otra en octubre de 2006, por el respeto a los derechos laborales; las marchas del EZLN encabezada por el subcomandante Marcos en 1991 y 2001, en reconocimiento por los derechos de los pueblos indígenas plasmados en una Ley Indígena que no cuajó pese a las promesas de Ernesto Zedillo.
Todas, como secuelas del régimen autoritario y represor priista, y de colofón panista, renuentes en atender las demandas ciudadanas que exigen del gobierno, aparte de cumplir con sus promesas democráticas de respeto a la dignidad, a los derechos ciudadanos, humanos, etcétera, el cambio de régimen político y no sólo electoral —porque la democracia es más que mecanismo electorero, como lo quiere ver a conveniencia el propio sistema político.
Encabezada por el poeta Javier Sicilia, que entró de lleno a la resistencia civil —de la mano de tantos más que padecen de cerca la violencia— desde que asesinaron a su hijo, la marcha se propuso “ir por donde están los corazones más adoloridos, romper ese miedo, ese cerco para abrazarnos y decirles a los señores de la muerte —estén donde estén, sean criminales o gente en el gobierno coludida con ellos— que no estamos solos los mexicanos”. La solidaridad ciudadana dado el abandono de las autoridades y la inoperancia de las policías al contener la violencia desatada en el territorio nacional, unos estados más otros menos, todos padeciendo el mismo síndrome de descomposición.
Así, el trayecto incluyó entidades como el propio DF, Estado de México, Michoacán, Guanajuato, Aguascalientes, Jalisco, San Luis Potosí, Durango, Coahuila, Nuevo León y Chihuahua. “Les queremos decir —al gobierno y los criminales, expresó Sicilia—, que estamos hartos de su guerra; de sus corrupciones; de que quieran humillar a esta nación. La gente quiere vivir en paz y salir a la calle todos los días sin temor”.
Los seis puntos del Pacto para la Paz iniciales: verdad y justicia por las víctimas y sus familiares; fin a la estrategia de guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana; combatir la corrupción y la impunidad; combatir la raíz económica y las ganancias del crimen; atención de emergencia a la juventud y acciones efectivas de recuperación del tejido social; democracia participativa y democratización de los medios de comunicación.
Puntos que, sobre todo el tercero, cuarto y sexto [porque los otros son coyunturales], mínimamente, debieran ser parte de un Plan de Transformación Democrática del Estado —no sólo del gobierno y sus corroídas y añejas estructuras—, bajo una iniciativa surgida ya desde el Poder Legislativo o sobre todo del Poder Ejecutivo —por la fuerte influencia del presidencialismo—, bajo el consenso y participación activa de la sociedad organizada. Situación que, se dice comúnmente, no ha sucedido por la falta de voluntad política del régimen; pero que en el fondo no se da por las presiones de los grupos de interés que defienden sus intereses, sobre todo empresariales, y de Estados Unidos.
La miopía del Presidente Calderón a recular en la fallida estrategia contra el crimen organizado, pese al saldo de los más de 40 mil muertes que hacen eco en el extranjero [las protestas aéreas en la Universidad de Stanford, donde fue recordada la campaña “No Más Sangre” con la frase: “¿40,000 dead. How many more?”, en la graduación de 4 mil estudiantes], son insuficientes para revisar siquiera las medidas aplicadas hasta ahora.
Por lo tanto, y menos a estas alturas del sexenio porque todo en él se da según el curso de los tiempos políticos y ahora son meramente electoreros, no habrá iniciativa desde el sistema para modificar nada o siquiera poner oídos a las demandas ciudadanas; pero por ello también es puntual la demanda ciudadana para presionar desde afuera con la bandera de la resistencia civil pacífica, como la definió Sicilia en parangón de la estrategia de Gandhi en la India contra el imperio británico.
En este sentido, dijo uno de los voceros de la “Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad” cuando concluyó su recorrido: lo que queda por delante para el “Pacto Nacional Ciudadano” es, “traducir todo ese dolor humano recogido en su trayecto, en un emplazamiento a los actores responsables para hacer cumplirlo”. En otras palabras: “De lo que se trata ahora es humanizar a la autoridad, lograr que se rompa toda esta impunidad a través del diálogo y formas de resistencia pacífica, que pueden ser una fórmula moral tremendamente radical para lograrlo”.
Luego entonces, “está claro que no es esta resistencia civil el saque para iniciar el diálogo con las autoridades, pero tampoco queremos que éste sólo sirva para que, por ejemplo, el presidente Felipe Calderón nos diga que acompaña nuestra causa, sino para que realmente se modifiquen las cosas; la resistencia estará en función de la respuesta”. Porque “se trata de humanizar al adversario, no odiarlo; aún con los grados de inhumanidad que tenga, hay que conocer el proceso de esa inhumanidad, que puede ser la ignorancia y poder confrontarla, pero no reforzar su inhumanidad porque si no vamos a chocar de frente y entrar en una espiral de violencia”.
Al movimiento encabezado por Sicilia, durante y conforme avanza la organización y la protesta, se suman las organizaciones civiles. Se trata de “atender la situación de emergencia nacional” desde afuera del sistema. Porque entre las prioridades está, en palabras de Sicilia, “rehacer el tejido social, limpiar las instituciones jurídicas de la corrupción y cambiar la estrategia de combate al crimen organizado”. [Correo:
maniobrasdelpoder@gmail.com - http://maniobrasdelpoder.blogspot.com/ ]
Foto: Maniobras del Poder.


Pablo Felipe  Pérez Goyry

Freelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst

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