27 de agosto de 2007

Cuba: De la transición y la diversidad racial cubana


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.
27 de agosto de 2007.

Sé de estas cuartillas tratarán un tema peliagudo, y que muy pocos tiene la audacia de abordarlo con urbanidad. Antes de continuar, yo, con el sincero respeto al leedor que se aventura echar un vistazo a estas líneas, pido paciencia y disculpas por si el asunto no es de su agrado, pero sólo quiero entienda que es mi intención alertar de peligros que asechan. Luego, con su imparcialidad e indulgencia por los posibles yerros, ya es hora de que exteriorice con libertad mis pensamientos.

Extendido en el Mar Caribe, el archipiélago cubano se ha comparado con un caimán. Es el territorio más extenso de las Antillas. Se calcula de se agranda, de Oeste a Este, mil doscientos cincuenta kilómetros, que es poco más o menos el estado de Filadelfia, en Estados Unidos de América. Cuba tiene unos seis mil kilómetros de litoral marítimo, con unas trescientas playas, las mejores exclusivamente para el turismo extranjero. Además, el territorio está limitado por unas mil doscientas a cuatro mil pequeñas islas, cantidad que pudiera ser superior si se contaran los islotes y cayos.

En este maravilloso archipiélago, convive la generalidad de la nación cubana. Un “pueblo” que está aglutinado alrededor de su dilatado historial saturado de sufrimientos. Sin embargo, no ha renunciado a su estirpe. A pesar de sus desesperanzas, el cubano es sensual y de indiscutible calidez. Es como si perseverara por tener el privilegio de la “alegría de vivir”, a pesar de las privaciones y ausencias que en la actualidad sobrelleva. El bailoteo, la música y el gozo sexual, son propios de su rutina social, que es fuente de inspiración de rimadores y compositores. Otra característica del cubano, es de que tiene la aptitud y actitud de inventar para remediar las necesidades. A esta realidad, hay que sumar el jugar dominó y el diálogo ameno, que al igual que el béisbol podrían definirse como irreemplazables entretenimientos nacionales.

También, Cuba es un país con una prolífera diversidad étnica. Tiene una población negra ―que supera el cincuenta por ciento del total de habitantes― en gran parte descendientes de esclavos traídos de África Occidental o emigrantes de Jamaica y Haití. También están los mulatos, que son descendientes de la unión entre hispánicos y negros. Los blancos que residen en el archipiélago, descienden de europeos, especialmente hispanos. A propósito de blancos, se habla con cierta seguridad, de que la mayoría de los naturales, en el exilio, son blancos.

No son las diferencias del pigmento de la piel, las que incitan escribir estos papeles. Mucho menos de conceptos errados de “igualdad marxista”. Se trata de la manera de comportarse y accionar, de negros, mulatos y blancos en el seno de la sociedad. Precisamente, esta diversidad étnica, encierra en su médula evolutiva, típicos privilegios espirituales y síquicos, que es lo que hace que los cubanos tengan genuina beldad, que es su razón de ser.

Esta excepcional complejidad étnica, en prácticamente toda la historia nacional, se sabe y no es un secreto de los negros y mulatos siempre han recibido un trato degradante e injusto, no sólo como trabajadores, también en ciertas zonas residenciales del país, en las playas y hoteles, porque eran exclusivamente para los blancos. Por eso se argumenta, sea cierto o no, de que la población negra se ha beneficiado con la llegada al poder del dictador Fidel Castro y su proyecto marxista-fidelista. Los defensores de la dictadura, afirman, de la “Revolución Cubana” ha extirpado la discriminación racial. Con todo, en casi medio siglo de despotismo comunista, los negros y mulatos tienen una miserable representación en los cargos gubernamentales y partidistas, así como, en la infraestructura turística y los estratos altos de la sociedad cubana, aunque se pudiera aceptar un restringido consuelo en sus perspectivas de empleo.

Otro problema, a solucionar en una transición, es el papel de la mujer en el seno de la sociedad. Porque ellas, hoy día, no escapan a la deplorable cotidianidad en la isla, las carencias y restricciones de su libertad plena, sino que a pesar de las normas legales vigentes, están sometidas por el machismo que está íntimamente arraigado en el sentimiento masculino.

No menos espinoso es el tema del legendario “guajiro”, con el típico “sombrero de paja y el machete colgado de su cinturón”. El mismo que por generaciones ha arado la tierra con sus disciplinados bueyes, laborado en las plantaciones y cosechado sus cultivos. Quién en su momento fue capaz de enfrentar en la manigua a la metrópoli española.

Y los homosexuales... A esta humana conducta, que respeto, ha sufrirdo en carne propia momentos de angustia y represión en los primeros años de la revolución, porque se les califico de “ser un mal de la sociedad capitalista decadente”. Muchos homosexuales como “Cuco” ―un obeso y prestigioso santero del barrio los Pocitos, en el municipio de Marianao―, junto a miles de compatriotas que disentían del establecimiento, fueron confinados a “campos de concentración” que se conocerían como “Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), donde tenían que realizar trabajo forzados en la agricultura y aceptar ser “reeducados ideológicamente”. Si bien el concepto de anti-gay aún prevalece en la sociedad cubana, sus efectos son mínimos. La misma dictadura, anulo en 1987 “una ley que prohibía las manifestaciones públicas de la homosexualidad”. Quién no conoce la realidad cubana, pensaría que la dictadura respeta las libertades individuales.

Hoy día, a pesar de los pesares ―negros, mulatos, blancos, homosexuales, santeros, fidelistas, disidentes, hombres, mujeres, niños y niñas―, los cubanos continúan siendo generosos entre ellos mismos y con el que visita el archipiélago, la fraternidad está por sobre todas las cosas. No falta el nacional que sin el menor complejo lleva a su hogar al visitante y comparte lo poco o mucho que tenga de comer o beber, donde no falta el café-chícharo, “colado” con un retazo de tela sobre un colgador metálico de producción artesanal.

El dramaturgo cubano, José Triana, escribió: “Jamás he confundido al gobierno con el pueblo. Hay grandes virtudes que hacen destacar a los cubanos en el concierto de las naciones. Entre ellas, señalaría su paciencia y generosidad sin parangón... Creo que ningún gobierno jamás ha representado a nuestro pueblo. Al contrario, todos los gobiernos se han aprovechado de esa paciencia y esa generosidad”. Y no dijo mentiras. Los cubanos todos, gozan de una prodigiosa dote patriótica y de una excelsa honradez. Esto le facilita ser fiel a la patria, aunque certifiquen o no su gobierno. Antes y después de la transición, hay que impedir a como de lugar gobiernos felones que lucren con ese estoicismo y esa benevolencia.

Los peligros de una transición en Cuba son innumerables. No sólo la economía de mercado, estructurar un buen gobierno y establecer un estado de derecho, serían la solución para los cubanos puedan gozar de una república libre y democrática. Debe ser analizado con lujo de detalles, el asunto social y de convivencia, entre los que están en Cuba y los del exilio; entre negros, mulatos y blancos; entre los que han sido favorecidos por la revolución cubana y los que regresan para recuperar las propiedades que el castrismo les arrebató. Un estudio, con tiempo y antes de los acontecimientos, pudiera evitar un enfrentamiento no solo entre los que apoyan la dictadura y los que disienten, sino también entre representantes étnicos. Es saludable, para todos los cubanos, poner manos a la obra en este sentido.

Sería quimérico y estúpido, creer de la totalidad de cubanos viven en el archipiélago quieren cambiar la dictadura por un sistema donde prevalezca la libertad y democracia. Muchos consideran como buena idea un cambio, pero de continúe el castrismo en el poder. Otros, los más, ven con cierto recelo toda la algarabía del exilio de Miami, y al gobierno de Estados Unidos de América que dice apoyará la reconstrucción del país después de Castro.

Soy de los que están convencidos de que Cuba, “fue colonia de los españoles. Después, como seudo república, colonia de los estadounidenses. Más tarde, colonia de los soviéticos”. Sería un error ciclópeo de los cubanos flirteen con la idea de repetir la historia.

Cuba es multiétnica y no se puede olvidar el inevitable protagonismo de los negros, mulatos y blancos en una eventual transición. De igual manera, es vital buscar un equilibrio de interese sociales-económicos-políticos entre todos los actores que participaran en la transición. Esto no se debe negar y mucho menos ocultar, porque es evidente y existe en un contexto cubano especial y en crisis.

Aunque la mayoría aceptaría un cambio pacífico, un arreglo político, es real de existen sectores en el exilio, alejados por décadas de la realidad y con poder económico, que no piensan lo mismo. Una transición en Cuba será delicada y conflictiva, ojala no ensangrentada.

Si bien tengo fe en el talento de los demócratas y sé de la ilustración de eminente líderes cubanos, dentro y fuera de Cuba, no me cansare de expresar mi inquietud por los eventos que a futuro se puedan desarrollar en Cuba, en un proceso de transición. En este momento, mas que nunca, es esencial para mi llevar un mensaje de unidad a la nación cubana, a negros, mulatos y blancos.

Hace algún tiempo, en diciembre de 2004, preguntaba a los lectores si ¿los cubanos estaban preparados para un cambio? Hoy el panorama sigue sin una respuesta convincente. Hipótesis y tesis, sobre la necesidad de una transición, son debatidas en los más heterogéneos escenarios, pocos se refieren a los potenciales conflicto desde el punto de vista étnico.

Como expresara en aquella oportunidad, estamos abocados a problemas que deben ser encarados por los cubanos honestos, con ayuda de la sapiencia y la luz del discernimiento, y al mismo tiempo sepan encontrar estrategias coherentes que eviten el enfrentamiento desmedido y sectario.

El futuro esta saturado de escollos y mezquinos peligros. Empero, estoy convencido de que la democracia en Cuba es posible. Se derribaran los obstáculos, con intuición auténtica. Sé de los cubanos disfrutan de un admirable saber en lo intelectual, excelsa persuasión a través del entendimiento, y capacidad de ideación.

Los cubanos han demostrado poseer voluntad sobrada para vencer los reveses, la impaciencia, los lutos y la añoranza. Por todas estas razones, otras ya mencionadas o por explicar, es deber de todos los cubanos el madurar como nación ―los que sufren las privaciones en el terruño amado, los que fuera de ella están sometidos al ostracismo, los negros, mulatos o blancos― para a los pies de la Patria, puedan en la nueva república tener justicia y libertad.

En mi opinión, es menester dejar lo pretérito y enfocar las energías en el futuro cercano. Empero los cubanos, respetando el color de la piel, debemos aprender a diferenciar entre la sabiduría y el fanatismo, el entendimiento y la emoción, y ser capaces de hacer un correcto uso de ellas. A estos conceptos pacíficos y estupendos me adhiero, para con humildad e inspirados en la historia y la experiencia construir la nueva república.
Por lo dicho y por decir, sólo si nos unimos con preclaro propósito ―para el bien de todas las fuerzas políticas y de la sociedad civil―, será posible un perdurable pacto social nacional que permita legitimar a los líderes honestos en una transición. Precisamente en esto debe sustentarse la rectitud de todos los cubanos, porque es la fortaleza de la Patria. Tiene la palabra amiga, amigo... ¡Namaste!

20 de agosto de 2007

Cuba: Pocas respuestas, para muchas interrogantes y conjeturas


Por Pablo Felipe Pérez Goyry
20 de agosto de 2007.


Por estos días, en un canal de televisión, un joven norteamericano disertaba sobre sus puntos de vista, después de haber recorrido más de 80 países. A pesar de su corta edad, había tenido el privilegio de acariciar y experimentar las inagotables maravillas de otras civilizaciones y ambientes. Entre estos países estaba Cuba. Confieso, de mis ojos, diligentes y osados, se despabilaron junto a todos los sentidos, para no perder detalles sobre lo que el adolescente diría sobre la isla.

Empero, mi curiosidad se “vino a tierra” al conocer los apartes de su itinerario por el archipiélago, porque lacónicamente sólo describió el encantador descanso turístico y la música, de las mujeres y el mojito, del café, el habano y la comida típica. Si bien esto arrastró el sentimiento y la memoria personal a las más de cuatro décadas de vida en la tierra amada que me vio nacer, mi alma enlutó. A causa de que no platico sobre la otra realidad cubana.

Si..., existe esa Cuba seductora, y la otra disímil que no se ve en detalle mientras se viaja con un guía turístico en un ómnibus con aire acondicionado, butacas reclinables y ventanillas estupendas. Hablo de la otra Cuba, donde los ciudadanos están aislados del mundo y sometidos a las ordenanzas y mañas de una paranoica dictadura izquierdista que no respeta las libertades de los cubanos. Es la Cuba que desconocen muchos turistas y que es manosea a su antojo por Fidel Castro, y su séquito, desde que llegó al poder en 1959.

Sería yo un irresponsable, si dejara entre renglones, el no comentarle al paciente lector de que el régimen político-social-económico, que por más de cuarenta años impera en Cuba, es un ensayo autoritario con detractores, y también románticos incondicionales. Para los últimos, a diferencia de otros países de América Latina y África, en Cuba no existe: la indigencia, la desvergüenza política y la falta de oportunidades para la subsistencia. También, es la apreciación, en este sentido, de las Naciones Unidas: Cuba tiene excelentes programas de salud preventiva y educación, y disfruta de una distribución equitativa de la riqueza.

Sin embargo, para los denunciantes, como yo, estas bondades del régimen están condicionadas al secuestro de la libertad de los cubanos. Libertad arrebatada por una dictadura que tiene a los nacionales hundidos en la ruina económica, física y espiritual. Se dice de la causa fundamental es la desaparición del despotismo marxista de Europa del Este, que cobijaba a la isla.

Las verdades de unos o mentiras de otros, no pueden esconder de en el archipiélago la generalidad de los cubanos, en su día a día, se ven encerrados en un circulo vicioso para sobrevivir: largas colas, comercios vacíos, raciones esqueléticas, rebusque ―legal o no― en el mercado negro, crisis permanente en el trasporte público. Es un caos que sepulta la esperanza, que está viciado por el “ir tirando”.

Soy del criterio, del comunismo en Cuba ha durado, entre otras cosas, gracias al “embargo económico” impuesto por Estados Unidos de América. Embargo que por décadas a sido una bufonada utilizada por el régimen para consolidarse en el poder y como embrollo político de los gobiernos estadounidenses. Pudiera argumentarse de que el levantamiento de las sanciones no es un procedimiento para poner fin a la dictadura, o como dicen muchos, si sería “probablemente el único acto que acabaría con las aflicciones económicas de Cuba, paradójicamente también traería consigo la caída del gobierno, puesto que desaparecería su chivo expiatorio, Estados Unidos”. El debate continúa y, entretanto el régimen eterniza su insolencia y atropellos.

Actualmente, numerosas oficinas de turismo, a precios favorables, ofertan viajes al archipiélago: para descansar en confortable hoteles, disfrutar del inconfundible sol caribeño, la arquitectura colonial, los cócteles, habanos, ron y diversión. Y no puede negarse de, en los últimos años, el turismo internacional ha crecido.

Por otro lado, muchos turistas, salvo excepciones, no saben o tienen ojos ciegos y oídos sordos, para reconocer de Fidel Castro, “guía espiritual y político de la Revolución Cubana”, más cadáver que vivo, insiste en la exhortación a “renovar los bríos y las aventuras violentas” para continuar con el extemporáneo movimiento revolucionario, denominado “socialismo del Siglo XXI”, y que encabeza Hugo Chávez, presidente de Venezuela.

La dictadura castrista ha sobrevivido a muchos embates y adaptado sus intereses a las circunstancias, especialmente después de 1989, cuando se inicia el desmoronamiento del bloque comunista europeo. Un ejemplo es la manipulada “apertura al capital extranjero” que está bajo riguroso control del régimen.

En este momento, los cubanos que residen en la isla siguen atormentados por la subsistencia diaria, que cada día es más difícil. Juntamente, sólo los turistas y extranjeros pueden tener acceso al comercio y recursos del mundo globalizado.

Con todo, para algunos turistas, el hábito de los cubanos de dar tiempo al tiempo indefinidamente, es lo que les da nuevos ánimos para hacer colas para el camello (vehículo de carga pesada, convertido en autobús, para inhumano transporte masivo de personas) y hasta para el pan de cada día. Algunos dicen de quizá, estas costumbres, los condicionan a no pensar en sublevarse contra Castro. Otros, de es como si los cubanos tuvieran esperanza resignada y esperan sentados a que simplemente acontezca algo que mude de aires el país y su historia.

Ciertamente, muchos de los visitantes extranjeros desconocen los peligros que los demócratas isleños tienen enfrenar, en el cotidiano batallar, y de son reprimidos y marginados, por solo exigir respeto para sus libertades naturales. Ignoran de mujeres son acosadas, como las “Damas de Blanco”; de son encarcelados, periodistas independientes y activistas de derechos humanos; de hay centenares de presos de conciencia en las cárceles fidelistas; de hasta existe, para los que hacen frente al régimen, el riesgo de ser fusilado.

Bien hace la organización no gubernamental “Solidaridad Española con Cuba”, quien acertadamente distribuye gratuitamente una “Guía Turística y Solidaria de Cuba”, para el viajero no solo tenga la posibilidad de deleitarse con los atributos naturales e idiosincrasia de los nacionales, sino, a un tiempo pueda saber al dedillo y de buena tinta quiénes son las victimas de las arbitrariedades de la policía política y las brigadas de acción rápida.

Las preguntas que todos debemos hacernos, y también los románticos incondicionales del régimen, es de: ¿Por cuánto tiempo Cuba será comunista? ¿Llegará la libertad y democracia después de la muerte de Fidel Castro? ¿Hasta cuándo los demócratas de América Latina, deben seguir indiferentes ante los desmanes de la dictadura castro-comunista? ¿Por qué el Parlamento Europeo y la Organización de Estados Americanos no son más enérgicos en sus denuncias y acciones contra la dictadura? Sé, de son pocas las respuestas, para muchas interrogantes y conjeturas. He aquí la complejidad del problema cubano.

Respetando el punto de vista de los que no comparten la mía. En mi opinión, con benevolencia, una transición pacífica en Cuba, solo será posible cuando las condiciones impersonales y sicológicas sean coherentes con una oposición fusionada-dinámica, que tenga una estrategia común nacional. Y un último razonamiento, la solución de este dilema está en manos de la nación cubana, y en principio de los que viven en la isla, con la sincera colaboración de los que están en el exilio.
Por todas estas razones, a los cubanos que están en la Patria amada, que sufren las carencias y/o sistemáticas agresiones de la dictadura, lleguen las voces solidarias y el apoyo incondicionalmente de los demócratas decentes. Y desde estas cuartillas, escritas por este compatriota, reciban abrazos fraternales con los mejores pensamientos. ¡Namaste!

16 de agosto de 2007

Cuba: La Patria esta en peligro y la tragedia puede evitarse


Por Pablo Felipe Pérez Goyry
16 de agosto de 2007.

En las últimas cinco décadas, de manera inevitable, se ha podido palpar el exacerbado espíritu nacionalista de los cubanos. Empero, para tener un acercamiento a estas manifestaciones, dentro y fuera de Cuba, es imprescindible conocer qué es nación. Desde el punto de vista etimológico, resulta del latín naceré (nacer), que desde la época medieval se designa a gentes llegadas de otros lugares en el seno de una comunidad, que bien se adecua al de los exiliados cubanos. A esto se suma el de patria, que es el lugar de procedencia de estas gentes y que en definitiva es la tierra de sus padres. Es decir, patria (de pater, padre) y país (de pagus, tierra, campo).

Sin embargo, también prefiero el concepto que da el Diccionario de la Real Academia Española. En el caso de nación (Del lat. natío, -ónis) de es el conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno y/o conjunto de personas de un mismo origen... que generalmente hablan el mismo idioma. Patria (Del lat. patría) de es la tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos. Y País (Del francés pays) de es nación, región, provincia o territorio. Con todo, no es mi intención abrumar al lector y, mucho menos yo lidiar ahora con aspectos etimológicos o conceptuales relacionados con nuestro idioma, aunque en esencia sea justificado para este escrito.

Así las cosas, podemos comprender el drama de la nación cubana, que en su pater y pagus, y en el seno de otras sociedades, trata de prevalezca su auténtica naceré. Sin embargo, esta realidad histórica-social tiene su origen, después de 1959, más evidente y específico por los eventos y particularidades económicas, ideológico-culturales y sociales. Acontecimientos, que arrastrarían a los cubanos, comandados por Fidel Castro, a un supuesto esquema institucional “republicano-socialista”, que en esencia fue y es una: democracia-fidelista dictatorial de corte stalinista. Sucesos que, de paso, fragmentaría la nación, el país.

Por cerca de medio siglo, lo que parecía un atractivo y prometedor gobierno progresista, resultó ser un sistema autoritario que ha limitado la libertad individual y colectiva, y sin el menor pudor, ha ultrajado los principios republicanos.

Es decir, desde la llegada al poder de Fidel Castro, se implanto un régimen político-económico-social que ha dado privilegios incondicionales al Estado, monopolizado por la cúpula castrista, que a destruido la economía, desunido las familias y ha desperdigado por el planeta a más de millones de cubanos.

Al presente, la dictadura a olvidado de que las raíces auténticas de la nacionalidad cubana, están abonadas por la sangre y vidas honestas de los patriotas intachables y pensadores rectos, que valerosamente salvaguardaron los ideales patrimoniales del país, y que son la razón de ser de la patria. De esta estirpe están hechos los cubanos honestos, que hoy luchan en Cuba y fuera del suelo patrio para cese el avasallamiento y vuelva la libertad.

Censurables y alarmantes, vergonzosa y anárquica, salvaje e irresponsable, son epítetos insignificantes para calificar a la cúpula castrista. Caciquismo que tiene, a los cubanos que residen en el archipiélago y especialmente a los hombres y mujeres que se oponen pacíficamente al régimen, sumergidos en: prohibiciones monstruosas, miseria galopante, persecuciones deshonestas, tribulaciones fosilizadas, asesinato de la dignidad humana, indiferencia por las penurias y sueños de los jóvenes.

Sé de son numeroso los que aún sueñan, en América Latina, con la utopía de la “Revolución Cubana”, la dictadura del proletariado, el centralismo comunista, las consignas, la igualdad de clases y las grandes vallas del culto a la personalidad. Ignoran la historia reciente de Europa del Este. También, “ingenuamente” no quieren reconocer de en Cuba fracaso el socialismo-fidelista, y que el presente del país es tremebundo. La decadencia y pudrimiento de Castro y el régimen, es una verdad a gritos, continúan estrujando el país y ofendiendo a la patria. Sólo “apasionados antiimperialista”, que son alcahuetes y cómplices de la dictadura, pretenden hacer creer de son invenciones o ilusiones visuales de sus detractores y que la culpa de todo la tiene Estados Unidos de América y el ”embargo económico”.

A más de un año de las complicaciones de salud, y más allá de las profecías de algunos analistas, Fidel Castro se “recupera”. Y desde su obligado recogimiento, a salido a la palestra, ahora como editorialista del periódico Granma, apéndice ideológico del Partido Comunista de Cuba. Esta “novedad”, deja a las claras de que Castro continúa dirigiendo el país y con ello trata de evitar, a como de lugar, cualquier asomo de transformaciones en el archipiélago.

Coincido con el consagrado adalid liberal Carlos Alberto Montaner, de los cubanos que residen en Cuba, acarician la idea de cambios pero juntamente le temen. En mi opinión, para encarar una eventual transición, se debe estar conciente de es ineludible enfrentar este dilema peligroso.

Para los cubanos podamos aspirar a una libertad duradera y una república floreciente, que permita el respeto de los derechos individuales y de propiedad, los dirigentes de las colectividades disidentes en la isla, también en el exilio, tienen la responsabilidad histórica de manejar con discernimiento y creatividad los avatares futuros.

Hoy día, son muchos los nacionales que buscan en las costumbres y pasado auténtico salvaguardar su origen y regresar a su país para cobijarse en los brazos amorosos de la patria. Retorno que solo será dable si se alcanza una transición democrática que sustituya al régimen dictatorial, y se restablezca las libertades propias de un Estado de Derecho.

Inmensa es la responsabilidad y el reto ―antes, durante y después de la transición― porque el legado que dejara la dictadura será calamitoso, y se deberá rehacer la república.

La Patria está en peligro y la tragedia puede evitarse, pero... está en manos de los cubanos y demócratas decente, más allá de los intereses particulares e ideales políticos. De no hacerlo, seremos testigos del anarquismo y la desesperanza, y del cataclismo de una nación. Así que, ya es tiempo de concertar esfuerzos, con anticipación, para crear esquemas programáticos que faciliten diseñar una hoja de ruta, como itinerario para una transición.
Tiene la palabra amiga, amigo... ¡Namaste!

8 de agosto de 2007

Del autoritarismo


Por Pablo Felipe Pérez Goyry
5 de agosto de 2007.


Hoy día existe el Autoritarismo? La historia ha demostrado que defiende su permanencia en la fe sin ojos y sumisión irracional de las personas que, incondicionalmente, lo protegen y legitiman, echándose a los pies de: una persona, institución o grupo social.

Han atiborrado la evolución humana, singulares casos de autoritarismo, en cabeza de individuos que tienen como soporte y fuente de autoridad, regimenes socio-económicos-políticos basado en el poder ilimitado: que patrocina la manipulación y violencia. Un dogma que se preocupa por la dominación, como único o supremo origen de la sabiduría o la ética.

El Autoritarismo (del lat. auctoritatem) es radical y sectario, que en ocasiones se disfraza de nacionalismo o patriotería. Se fundamenta en cuatro mecanismos: culto a la personalidad, el monopolio ideológico, el control de todos los medios de poder, seducción y policiales. De la misma manera utiliza ofrecimientos antojadizos, tergiversando los hechos para conseguir objetivos turbios.

Un excelso sistema político democrático, considera necesario el equilibrio de poderes, y tiene como vocación de es esencial un pacto entre los ciudadanos ─genuina fuente del derecho, del poder y del Estado─ según el cual a los derechos le corresponden simétricas obligaciones civiles y estatales. De la sociedad debe tener acceso a la educación y cultura política, para pueda entender que el bienestar y progreso están amalgamados a la equidad y autoorganización, benevolencia y amplitud de libertades. Son obligaciones y deberes que facilitan la satisfacción de las necesidades vitales de los seres humanos, en materia de: empleo, medicina, educación y seguridad social.

Imprescindible, en los tiempos que corren, es evitar y condenar todas las formas o manifestaciones que promuevan el Autoritarismo, así como a sus consanguíneos: dictadura, absolutismo, tiranía, despotismo, autocracia, inmovilismo, etcétera. Puntos obligados de referencia son la difunta Unión Soviética; los regímenes desmantelados del Bloque Comunista de Europa del Este; el nacionalsocialismo de Hitler; las arbitrariedades de: Francisco Franco y Miguel Primo de Rivera (España); Fulgencio Batista Zaldívar (Cuba); José Gaspar Rodríguez de Francia y Alfredo Stroessner (Paraguay); Kim Il Sung (Corea del Norte); Francisco Macías Nguema (Guinea Ecuatorial); Cesáreo Guillermo y Rafael L. Trujillo (Rep. Dominicana); Porfirio Díaz, Victoriano Huerta y Antonio López de Santa Anna (México); Benito Mussolini (Italia); Getúlio Vargas (Brasil); Antonio de Oliveira y Marcelo Caetanao (Portugal); Jean-Claude Duvalier (Haití); Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez (Venezuela); Jean Jacques Dessalines (Francia); Agustín Pedro Justo y Juan Manuel de Rosas (Argentina); Ioánnis Metazas (Grecia); Anastasio Somoza (Nicaragua); y Augusto Pinochet Ugarte (Chile). Todos fenómenos incompatibles con la democracia.

Ahora el Autoritarismo está presente en: Corea del Norte (Kim Jong), Venezuela (Hugo Chávez Frías), y Cuba (Fidel Castro Ruz); de igual manera en algunos países de Oriente y África.

Estoy persuadido de es trascendental impedir, pacíficamente, que el Autoritarismo se extienda y consolide por el mundo. Más que un deber, es un compromiso honesto luchar para exterminarlo y, sustituirlo por la autentica democracia y modernización de la sociedad.

Como el lector tiene libertad de palabra, opinión y pensamiento, creo conveniente afirmar que mi punto de vista, está alimentado de propia y autentica experiencia, y es evidente de quien escribe deja en claro su posición: ideológica, filosófica, política, ética y religiosa. Esto puede ser censurable, ya que sé de no hay crítica neutral. Empero los ideales, sentimientos y enfoques deben ser respetados. Por lo dicho, invito a la reflexión, porque usted, también tiene la palabra... ¡Namaste!

5 de agosto de 2007

De la libertad y democracia en Colombia


Por Pablo Felipe Pérez Goyry
5 de agosto de 2007.

Las sociedades son diferenciadas y cada estrato social disfruta de particularidades psicológicas especiales y personalidad propias. Quizá, por esta razón, y con incuestionable sabiduría, sé cree que uno de los rasgos que caracterizan al hábito social, es el de aceptar acríticamente la ideología, el orden existente y las normas-valores dogmáticos.

Esta particular psicología ―de los individuos y la sociedad―, se manifiesta en ocasiones agachando la cabeza y acomodándose a la influencia del conjunto, y a las opiniones de la mayoría. Tomando en cuenta estos argumentos, es precisamente esta psicología individual y colectiva la que propicia el fortalecimiento centrista del Estado, para este pueda manipular a las masas o por el contrario, como en Colombia, sean utilizadas por las guerrillas marxistas FARC y el ELN, y los grupos paramilitares.

Sin lugar a dudas, en Colombia, se hace necesario el fortalecimiento de las normas e instituciones democráticas, para se respete la libertad y garantice con responsabilidad la organización del Estado. Los colombianos sufren la ausencia de un congruente equilibrio socio-económico-político, que impida la rapacería en el país. Es decir, el Estado tiene la obligación de establecer las adecuadas normas e instituciones jurídicas, para salvaguardar la libertad mediante la fiscalización del quehacer de la política, economía y sociedad, incluyendo la aplicación de la constitución y las leyes. Durante más de medio siglo, estas premisas se han ultrajado.

Tengo la percepción de que una parte de la sociedad colombiana se ha acostumbrado a una realidad donde la impotencia y el terror son los que determinan la conducta y las decisiones, y de los que tienen el poder son los que se imponen cada día.

Durante décadas, los colombianos han soportado, lo he visto, la incapacidad de los gobiernos para derrotar a los grupos al margen de la ley. Para algunos analistas, los insuficientes recursos son un factor decisivo. Otros, dicen que se debe a la corrupción política y la desacertada organización de las Fuerzas Armadas. Para los más escépticos, es la psicología individual y colectiva del colombiano, sumado a la frustración y el deterioro del carácter, que limitan la lucha contra el narcotráfico, la corrupción, las guerrillas, los paramilitares y la delincuencia común.

No comparto totalmente el argumento de la incapacidad psicológica de los colombianos ―para procesar un punto de vista propio y, de no tener capacidad de discernir y tomar decisiones de manera autónoma― para luchar contra una realidad que les tiene secuestrada la libertad. Prefiero adherirme a la tesis de que esta psicología está trastornada por la ausencia de libertad y, el no adecuado mejoramiento estructural de la educación y la cultura cívico-política, como herramientas que permitan vivificar la personalidad de los colombianos, para pueda ser creativo, tenga discernimiento por cuenta propia. La libertad es un derecho y no debe ponerse en peligro.

Las guerrillas comunistas de las FARC y del ELN, dicen de van ha tomar el poder y anuncian que es dable. Lo que no deja de ser una utopía, pues, es incuestionable el fracaso de su narco lucha, que han sumergido en la desesperanza e indefensión a la generalidad de ciudadano, y convertido a Colombia en un país empobrecido y despojado de sus libertades. No hay dudas de serán derrotadas porque están desacreditadas, desmoralizadas, y les ocurrirá lo mismo que las guerrillas en Venezuela, Perú, Bolivia, Argentina, Uruguay, Ecuador, El Salvador, Guatemala.

En Colombia la pobreza es alarmante, que es el caldo de cultivo para se incremente las actividades al margen de la ley, y se desparramen por el territorio nacional. En tanto, por décadas, vemos a un Estado devorado hasta los tuétanos por la corrupción e infectado por la parapolítica y el narcotráfico. Las perspectivas de un mejoramiento de la situación conflictiva que vive el país, no son muy halagadoras.

Así las cosas, entre muchas, para los colombianos puedan gozar de paz y libertad, es imprescindible, estructurar una buena educación y cultura política, pues, estas permiten el desarrollo de la personalidad en los seres humanos, como complemento de esta libertad y cultura, que son unidad modular de la cultura cívica (civismo), y que tiene como virtud el disciplinar las relaciones entre los ciudadanos, los grupos políticos, las instituciones gubernamentales nacionales y global. Está en las manos de los colombianos, cuando tengan una percepción diferente y asuman sus responsabilidades, cambiar este sombrío panorama.

Empero, se hace necesario líderes creíbles y honestos que den prioridad a la tarea de fortalecer la libertad y democracia, y enfrente con bravura a las fuerzas que están al margen de la ley. De igual manera, vigorizar los programas educativos e ilustrar a la sociedad, para pueda saber al dedillo como defender la libertad.

A todas luces, para prospere la libertad y democracia, es medular las oportunidades, la educación y cultura política honesta, pues, estas incentivan el desarrollo de la personalidad, como apéndice de la autonomía y conocimiento, que son elementos del pundonor, y que tiene como atributo el salvaguardar la convivencia coherente y fraternal entre todos los colombianos.

En Colombia, no tendrá sentido hablar de paz y reconciliación, a no ser que los nacionales reaccionen y busquen alternativas para abrir la puerta que permitan dar solución a determinados problemas críticos:

· desplazamiento forzado y pobreza endémica,

· pobreza eterna y desempleo arraigado,

· corrupción divinizada y complicidad desvergonzado,

· exclusión ignominioso y marginación execrable,

· desesperanza de la juventud y débil identidad nacional,

· baja calidad y cobertura de la educación,

· inseguridad en la seguridad social,

· atropellamiento de las libertades y el asesinato de la democracia.

· violencia desenfrenada e impunidad escandalosa,

· odios enquistados y conflictos geopolíticos,

· desequilibrios regionales y economía subterránea,

· desconocimiento, deterioro y desaprovechamiento de los recursos naturales,

· atraso científico y tecnológico,

· prejuicios históricos e indiferencia de los dirigentes políticos, gamonales y caciques.


Más allá de las imperfecciones, no hay que borrar de la memoria, la excelsitud del ser humano está en su discernimiento y benevolencia, que deben ser la base ética de toda acción personal y social. Los colombianos no carecen de estas esenciales particularidades.

Con respeto, por todas estas razones, yo opino que en Colombia el futuro de la libertad, democracia y paz, no es una utopía. Eso sí, será posible cuando los colombianos acojan, con responsabilidad, un sistema universal de derechos, otorguen interés a la equidad y competitividad para la realización integral del ser humano, y, cuando el Estado y los ciudadanos, sin paños tibios, acepten con civismo ser juzgados por las mismas normas éticas.
Tiene la palabra amiga, amigo... ¡Namaste!