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Autor: PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY   


©Pablo Felipe Pérez Goyry

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4 de mayo de 2011

Obama claudica ante la CIA - Germán Gorraiz López

Obama claudica ante la CIA

Por: Germán Gorraiz López

La Agencia Central de Inteligencia (CIA, Central Intelligence Agency) fue creada en 1947 por Henry Truman, sustituyendo a la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS) para investigar sin necesidad de autorización judicial, expedientes administrativos y fiscales. La inicial filosofía de la organización era dotar al Presidente de un segundo punto de vista elaborado por civiles, frente al aportado por los militares de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y fue llamada en código "Campus", al proceder la mayoría de los cuadros iniciales de la Universidad de Yale, (incluso el sistema de almacenamiento de datos fue el mismo que el de la Biblioteca de Yale).
Hasta Eisenhower, la CIA fue únicamente la organización de inteligencia central para el gobierno de los Estados Unidos y estuvo detrás de múltiples tareas de entrenamiento de insurgentes y desestabilización de gobiernos contrarios a las políticas del Pentágono, pero el looby financiero y la industria militar (ambos fagocitados por el looby judío) no pudieron resistir a la tentación de crear un gobierno de facto que manipulara los entresijos del poder , derivando en la aparición de un nuevo ente (la CIA paralela), refractaría a la opinión pública y al control del Congreso y Senado de los Estados Unidos).
El presidente Eisenhower, un año antes del fin de su mandato, pronunció un discurso premonitorio de la posterior mutación del inicial "Campus" hasta el Gobierno en la sombra que tutela la democracia estadounidense en la actualidad y de la que son rehenes todos los Presidentes elegidos democráticamente: "En los consejos del gobierno, tenemos que estar atentos a la adquisición de una influencia ilegítima, que sea o no proyectada por el complejo militar-industrial. El riesgo del desarrollo de un poder usurpado existe y persistirá. Jamás permitiremos el peso de esta conjunción amenazar nuestras libertades o los procesos democráticos. Nada debe considerarse como ganado. Solo una vigilancia y una consciencia ciudadana pueden garantizar el equilibrio entre la influencia de la gigantesca maquinaria industrial y militar de defensa y nuestros métodos y metas pacífica, de tal forma que la seguridad y la libertad puedan acrecentarse de concierto".
Los desencuentros Kennedy-CIA-FBI: Kennedy recibió de la CIA un "regalo envenenado" bajo la envoltura del proyecto de invasión de Cuba, elaborado por la CIA durante la administración de Eisenhower para derrocar al régimen de Fidel Castro y que culminó con el conocido fiasco de la invasión de la Bahía de Cochinos (abril,1961),pues el Presidente Kennedy, después de dar el visto bueno al proyecto, se echó atrás en el último momento y retiró el prometido apoyo de la aviación y la flota norteamericana, con el consiguiente descrédito de la CIA a los ojos de todo el mundo.
Su acusada inexperiencia política quedó plasmada en actos como relevar al legendario Director General de la Agencia, Allen Dulles, e intentar remodelar sus estructuras colocando al frente de la misma a gente de su confianza así como menospreciar como rival a Hoover y enfrentarse abiertamente a su poder omnímodo, intentando su sustitución al frente del FBI por Edward Kennedy, con lo que tras la nominación de Robert Kennedy como Fiscal General la Troika Kennedy habría conseguido la entronización del reino de Camelot para varias generaciones, pero las diferencias entre Kennedy y la CIA volvieron a resurgir en octubre de 1962, durante la crisis de los misiles cubanos. La CIA vio la gran oportunidad para invadir la isla, pero las negociaciones entre Kruschev y Kennedy anularon el plan de la CIA, herida de nuevo en su orgullo.
Órdago de Kennedy a la CIA paralela: Además, a mediados de noviembre de 1963, Kennedy decidió desinfectar la CIA de los virus patógenos inoculados por los lobbys de presión (cuyo paradigma serían los Rockefeller al participar en los lobbys financiero, industria militar y judío y uno de cuyos miembros, David sería el impulsor de Trilateral Comission” (TC) o Trilateral(1973).
Consciente de las dificultades de tan ardua misión, en un discurso en la Universidad de Columbia el 14 de Noviembre, Kennedy admite que "existen fuertes presiones de grupos de poder de USA para convertir el cargo de Presidente en algo meramente figurativo", pues el 21 de Noviembre de 1963, el presidente firma la orden ejecutiva 11490 , que permite en caso de emergencia disponer al gobierno de medidas excepcionales, incluso para cualquier dictadura y a pesar de todo, fiel a su espíritu rebelde , prosigue con su intento de reconvertir la CIA en un aparato controlable por el poder político y poco antes de partir para Dallas, comentó a sus íntimos asesores: “Tenemos que enfrentarnos a la CIA...” y el mismo día, un emisario secreto iniciaba con Castro las primeras negociaciones para llegar a un acuerdo.
Ello suponía un claro órdago a la CIA paralela verdadera detentora del poder en la sombra y enquistada profundamente en todos los aparatos de poder de los EEUU, por lo que sus dirigentes en la sombra, procedieron a la gestación de una trama endógena que se encargó del Golpe de Mano contra la legalidad democráticas del sistema político estadounidense que culminó con el Magnicidio de Kennedy (Dallas, 1.963).
Dicho complot sería una auténtica obra de ingeniería laberíntica, que tendría como cerebros a la citada CIA paralela y como colaboradores necesarios al exilio anticastrista en Miami y sus conexiones con la Mafia y al FBI de Hoover, a Lee Harvey Oswald como cabeza de turco y ejercicio de distracción para engañar a los sabuesos y como daño colateral el nacimiento de un sistema político tutelado por la nueva CIA, quedando desde entonces como rehenes todos lo sucesivos Presidentes electos hasta la irrupción en la escena política del díscolo Obama.
Golpe de Estado de la New -CIA con George W. Bush: Hasta el mediático atentado de las Torres Gemelas (conocido como 11-S), la CIA legal languidece lentamente y sus propios agentes confirmaban, según el NY Times que les resultaba ”casi imposible aportar información estratégica y eran consultados mayoritariamente para cuestiones tácticas”.
Sin embargo, en los sótanos de la Compañía, se estaba fraguando un verdadero Golpe de Estado virtual que tendría su detonante en el impactante atentado atribuido a Al Qaeda, quedando entronizada la lucha contra el Eje del Mal (Irak, Irán y Corea del Norte) como leit motiv de la miopía política del nefasto mandato de George W. Bush, entronizando de paso a Bin Laden como icono del Imperio del Mal.
Así, el congresista Ron Paul, caracterizado por su incontinencia verbal, dirigió a sus seguidores el siguiente mensaje: “Se ha ejecutado un golpe de estado ¿ya supieron? Es el golpe de estado de la CIA.- La CIA es la que controla todo, hasta el ejército. Son los que están ahí metiendo misiles y bombas en los demás países… Y por supuesto la CIA es tan cerrada como la Reserva Federal… Y aún así piensen en el daño que ha hecho desde que fue creada (después de) la Segunda Guerra Mundial. Son un gobierno en sí mismos. Están en los negocios, en el de los narcóticos, quitan dictadores... Necesitamos sacar a la CIA”.
La jugada maquiavélica de la New-CIA: Colin Powell, Secretario de Estado, había recomendado a sus colegas en la Administración Bush evitar una guerra sin la aprobación clara de la ONU y fue utilizado por la CIA para servirse de su prestigio militar y probada honestidad.
Así, en el 2004, la nueva CIA ya legalizada, se encarga de suministrarle "informes de inteligencia" dudosa sobre las armas de destrucción masiva en Irak para justificar la intervención militar de EEUU e invadir Irak, anzuelo que tragaron todas los aliados de EEUU que pasaron a engrosar las filas de un ejército liberador que tenía como objetivo confeso la destitución del satanizado Sadam Hussein y como interés real el control de los vastos recursos petrolíferos de Irak.
La Troika formada por Rumsfeld, Hayden y Cheney monopoliza el poder de EEUU: Poco más de un mes después del 11-S, el gobierno de George W. Bush secretamente decidió anular una de las principales protecciones constitucionales de este país bajo la justificación de su lucha contra el “terrorismo” dentro de Estados Unidos, según documentos oficiales revelados a finales de 2005 en una serie de reportajes en el New York Times, la existencia de un programa secreto de intervención de comunicaciones dentro de este país.
Según una investigación del Washington Post, desde el 2002 se estableció la Oficina de Apoyo Estratégico (SSB), que trabajó clandestinamente sin limitaciones legales y bajo las órdenes del secretario de Defensa, Ronald Rumsfeld, entre cuyas acciones estarían los sangrantes episodios de vulneración de los Derechos Humanos en Abu Ghraib y Guantánamo,y la entronización del “golpe de estado blando o virtual”, del que sería paradigma Honduras.
En junio de 2009, Leon Panetta, director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) anuló el Programa Phoenix, un programa dirigido por Cheney para asesinar a dirigentes de Al-Qaeda, iniciado en 2001 después de los ataques del 11-S y mantenido en secreto ante el Congreso de EE.UU y el Pentágono estaría meditando clausurar una unidad de contra-inteligencia creada por el Rumsfeld conocido como Talon, incluía información sobre acciones de protesta contra la guerra de ciudadanos estadounidenses, rememorando el espionaje militar de civiles que protestaban la guerra en Vietnam .
El pulso Obama-NewCIA: Tras la significativa erosión de la imagen de EEUU en el mundo tras los sangrantes episodios de vulneración de los Derechos Humanos en Abu Ghraib y Guantánamo, una de las primeras decisiones de Obama fue firmar una orden ejecutiva para exigir el cierre de la prisión en la base naval de Guantánamo en el plazo de un año.
Sus asesores buscan ahora los mecanismos legales para finiquitar el "limbo jurídico" de Guantánamo, un espacio virtual fruto de la ingeniería jurídica del llamado "Comité de Guerra" ( nombre en clave del selecto grupo de juristas y asesores que trabajaron a las órdenes de la Troika formada por Rumsfeld, Hayden y Cheney), verdaderos detentores del poder durante el nefasto mandato de George W. Bush, razón por la que el anunciado cierre deberá retrasarse hasta el 2011.
Su inexperiencia política quedó plasmada en actos temerarios, como la decisión de Obama de desclasificar documentos secretos que involucran a la CIA en técnicas de interrogatorio basadas en la tortura física y psicológica y que le habría granjeado la peligrosa enemistad de la New-CIA, representada en la Troika formada por Rumsfeld, Hayden y Cheney, pero Obama dejará que el viento del olvido cubra con su manto el vidrioso tema de la persecución de los responsables de haber legitimado la tortura, pues sus asesores le habrían advertido de las previsibles consecuencias que una acción de ese tipo podría suponer para su Presidencia (véase Magnicidio de Dallas), decisión que a pesar de suscitar una clara decepción en la organización defensora de los derechos humanos "Human Rights Watch" (HRW) y serias críticas de AI, sería apoyada por el 60% de los encuestados.
La labor torpedeadora de la New-CIA : El presidente estadounidense, Barack Obama, habría aparcado el proyecto del Escudo de Misiles Antibalísticos (NDM), sustituyéndolo por "un nuevo sistema de defensa antimisil móvil" , pero tras esta espectacular declaración, se escondería una jugada maquiavélica que intentaría convertir a Rusia en colaborador necesario en la salvaguarda de la paz y estabilidad mundiales y caso de llegarse a un acuerdo entre ambas partes, con la Ratificación del Nuevo Tratado START, podríamos asistir a la sustitución de la doctrina geopolítica del unilateralismo de Bush por la del Multilateralismo.
En esta dinámica cabría incluir el rocambolesco episodio de la aparición sorpresiva en EEUU de una célula durmiente o embrionaria de espías rusos, fruto de un soplo interesado de la New-CIA para manipular la voluntad de los senadores a la hora de ratificar el nuevo Tratado Sart firmado en abril entre Obama y Putin.
El Pentágono toma el mando de la New-CIA y Obama claudica: Los primeros desencuentros tuvieron lugar a finales del 2009, cuando Obama envió otros 30.000 soldados al frente afgano y a continuación y sin consultar con la escala de mando, dictó la temeraria orden de retirada de tropas de Afganistán a partir de julio de 2011, mientras el Pentágono proseguía con la defensa de un incremento notable de tropas y la implementación de la nueva estrategia contrainsurgente del entonces todavía Comandante de la Fuerza Internacional de la Asistencia a la Seguridad de Afganistán (ISAF), general Stanley McChrystal.
El siguiente paso en la ceremonia del desencuentro Obama-Pentágono tuvo lugar con la fulminante destitución de McChrystal tras haberse sincerado con el periodista de Rolling Stone, Michael Hastings y su sustitución por el general Petraeus, sin duda el general más reputado del ejército estadounidense que sin embargo sería contrario a la “estrategia de salida” de Obama, (cuya fecha de inicio sería julio de 2011) y por el contrario, sería partidario de un notable incremento de fuerzas ( Estados Unidos y la OTAN tienen más de 121 mil efectivos en Afganistán, cifra que se elevará a 150 mil en agosto en el marco de una estrategia para contrarrestar en el 2011 la ofensiva de los talibanes).
Además,Obama se habría visto obligado a dar el visto bueno al Programa Phoenix, (un programa dirigido por Cheney para asesinar a dirigentes de Al-Qaeda, iniciado en 2001 después de los ataques del 11-S y mantenido en secreto ante el Congreso de EE.UU), con el éxito mediático de la muerte de Bin Laden a manos de un comando de élite y designar al director de la CIA, Leon Panetta, como nuevo secretario de Defensa de Estados Unidos (reemplazando al secretario de Defensa, Robert Gates, quien dejará su puesto el 30 de junio) y a su comandante en jefe de la ISAF en Afganistán, el general David Petraeus, para suceder a Panetta al frente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), reestructura que se produce en un momento crucial para reconducir el enfoque del Gobierno de Obama respecto a la guerra en Afganistán, supeditándolo a los intereses del Pentágono, que baraja la opción de una sensible escalada de la intervención militar de EEUU en Afganistán para el verano del 2011.
El incierto futuro de Karzai: La CIA contaría ya con informes que confirmarían el inicio de la ayuda militar rusa (asesores militares, logística e información de los satélites-espías) a las milicias talibanes de Afganistán en su lucha contra las fuerzas de la ISAF allí desplegadas, con el objetivo de alargar el conflicto y aliado con la falta de liquidez monetaria de los aliados europeos lograr su gradual retirada de Afganistán antes del 2012 dejando en soledad a EEUU.
Convendría recordar que cuando irrumpieron en el tablero afgano los talibán, (milicia ultraintegrista procedente de las madrazas deobandis del norte de Pakistán), el Presidente Karzai dispuso lo necesario para facilitarles el control de las ciudades en las regiones de influencia popalzai, ya que pese a su fanatismo religioso los consideraba como una milicia de hombres virtuosos que buscaban pacificar un país sumido en los desmanes de los numerosos señores de la guerra, por lo que la CIA habría iniciado la búsqueda de un sustituto a Karzai al no gozar ya de su confianza.
Así, mediante una operación de propaganda orquestada por la New-CIA, sería acusado del inicio de conversaciones secretas que tendrían como mediador a su hermano Ahmed Wali para la gestación de un Gobierno de Coalición islamista entre pastunes y talibanes (con el objetivo de conseguir en unas elecciones anticipadas la legitimación democrática en las urnas en el horizonte del 2011 y proceder a la creación de la República Islámica de Afganistán), lo que exigiría la retirada de las tropas de EEUU y la consecuente pérdida de presencia en un país considerado por el alto mando de EEUU "como pieza geoestratégica vital” en el rompecabezas del Oriente Medio.
Para evitar una peligrosa “vietnamización del conflicto”, Obama podría ordenar al Pentágono la retirada progresiva de tropas de Afganistán, decisión que difícilmente será compartida por su vicepresidente Biden ni por el Pentágono y que sin duda será aprovecha por la New-CIA para reorientar la situación mediante métodos expeditivos y lograr que EEUU vuelva a la sendas de la democracias tuteladas por la Compañía, por lo que no sería descartable la gestación de una trama endógena que podría terminar por reeditar el magnicidio de Texas (Kennedy, 1.963).
Fotografía: Internet

COMUNICASIBER dio a conocer los premiados en el Primer Concurso Vocacional de Artistas y Comunicadores Hispanos 2011



Primer Concurso Vocacional de Artistas y Comunicadores Hispanos, de la Comunidad de Comunicadores de Iberoamérica (COMUNICASIBER) en el marco de la Peña Creactiva “La Babel de los Sueños”.
VEREDICTO FINAL





Género Poesía

1. “Alma del Koubek Center”
de Ramón Paredes (KOKORO/ESVERITATE)
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Salvemos al Koubek Center.

2. “Howl Subtropical”
de Yoandy Castañeda
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Una Calle para los Artistas y Comunicadores.

3. “Poesias Varias”
de Fidel Ginoris Rodríguez
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Tema Libre.

4. “Versos Sueltos”
de Alberto Lauro
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
CategoríaEspecial Tema Libre.

5. “Juego de Palabras”
de Orestes A. Pérez
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Especial Verso Rimado Tema Libre.

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Género Prosa Poética
1. “El Koubek Center, un servidor por derecho”
de Gabriela Fernández
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Salvemos al Koubek Center.

2. “Epítome de una larga historia sin final”
de Gabriela Fernández
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Una Calle para los Artistas y Comunicadores

3. “El sabor de la existencia”
de Alejandro Carballo Peralta
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Tema Libre.

4. “Cuentos Breves”
de Alberto Lauro
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Especial Tema Libre.



Género Narrativa

1. “Aquel Largo Viaje”
de Irma Rita Leonard Pérez
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
CategoríaUna Calle para los Artistas y Comunicadores.

2. “La Penélope del Pueblo”
de Josefina Ezpeleta
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Tema Libre.

3. “La Perla del Caribe”
de María de los Ángeles Morejón (La Peregrina)
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Cuento de Humor Tema Social.

4. “La Maleta”
Jenny Villasana
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Especial Tema Libre.



Género Narrativa Infantil

1. “Fábulas Infantiles”
de José Díaz
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Tema Libre.



Género Integración de las Artes

1. “SOY”
de Cástulo Gregorisch
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Una Calle para los Artistas y Comunicadores
Integración Poesía-Fotografía-PowerPoint.

2. “El Manto del Dolor” y “El Padre Eterno”
de Alejandro Fuerte García
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Integración Poesía-Pintura-Vida Tema Libre.

3. “Una historia de humor…”
de María de los Ángeles Morejón (La Peregrina)
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Integración Poesía-Cuento-Testimonio Tema Libre.

4. “Mamacha Candelaria…”
de Ricardo Calderón
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Integración Investigación-Testimonio-Tradiciones Tema Libre.



Género Teatro

1. “Monologo de la Batalla”
de Gabriela Fernández
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Salvemos al Koubek Center
Monólogo Teatral.

2. “Un gallego en mi camino”
de María de los Ángeles Morejón (La Peregrina)
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Una Calle para los Artistas y Comunicadores
Teatro Bufo.

3. “Sketch Vernáculo Globalizado”
de Baltasar Santiago Martín
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Especial Teatro Costumbrista Tema Libre.



Género Periodismo

1. “La Verdad de la Política en el Koubek Center”
de Ramón Paredes (ESVERITATE)
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Salvemos al Koubek Center.

2. “Tomás Regalado, de la Radio a la Alcaldía de Miami”
de Baltasar Santiago Martín
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Una Calle para los Artistas y Comunicadores
Entrevista Periodística.

3. “El Arte del buen Periodismo”
de Dra. Maribel Mera
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Artículos de Autoayuda Tema Libre.

4. “Conjunto de Artículos Periodísticos”
de Manuel Pozo
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Artículo Social Tema Libre.

5. “Cuando nace el desamor”
de Salvador Reyes.
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Testimonio Social Tema Libre.

6. “Abuso Infantil”
de Elsa I. Pardo
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Especial Comunidad Tema Libre.

7. “Artículos Varios del Proyecto Contextus Global:
Ética, Paz y Buena Voluntad Universal para coexistir”
de Pablo Felipe Pérez Goyry
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Categoría: Especial Comunicadores Tema Libre.



Género Fotografía

1. “Revuelo del Koubek Center”
de Estrella Durán
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Salvemos al Koubek Center.

2. “Los que van quedando en el Camino” y “Libre Navegación”
de Alberto Hernándes
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Especial Una Calle para Protestar.

3. “Giraldilla” y “Martí de Luz”
de Pedro Luis García Macías
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Una Calle para los Artistas y Comunicadores.

4. “Calle Inventada de Orishas”
de Estrella Durán
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Especial Una Calle para los Artistas y Comunicadores.

5. “Pueblo Cansado”
de Alberto Hernándes
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Una Calle para los Artistas y Comunicadores.

6. “La Danza Viva: Viva la Danza”
de Estrella Durán
Premio MANDALA DE LA COMUNICACCION 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Especial Tema Libre.

7. “Mis Fotos y Yo”
de Samira Rojas (7 años)
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Especial Tema Libre.



Género Pintura

1. “El Arca de Noé”
de Lissandra Neiley Molina
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Salvemos al Koubek Center.

2. “SALVANDO AL KOUBEK CENTER”
de Rubén Santos
Premio MANDALA DE LA COMUNICACCION 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Salvemos al Koubek Center.

3. “Calle de Cultura-Libertad”
de Lázaro Chávez
Premio PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Una Calle para los Artistas y Comunicadores.

4. “Pinturas Varias”
de Rubén Santos
Premio PLUMALAS 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Tema Libre.

5. “S.O.S.”
de Miriam Bermúdez
Mención Especial PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Salvemos al Koubek Center.

6. “Una lágrima más”
de Heydi Naranjo
Mención Especial PLUMOUSE 2011, de COMUNICASIBER
Categoría Popular Tema Libre.



Otorgar, así mismo los Premios Mándala de la Comunicación 2011, a los patrocinantes del evento, por su destacada labor en el apoyo y colaboración de estos tres días de fiesta creactiva, entre la Galería Art Estudio de Iván Galindo y Mario Chuy, el Centro de Arte Cuba Ocho y el Restaurant Rancho Luna, de La Pequeña Habana, en Miami.
Los premios actuales se irán publicando online, paulatinamente, en los Blogs de Josan Caballero, así como los de Comunicasiber y la red Creabloggers; mientras que en prensa escrita, editaremos un Suplemento del Concurso, en el quincenario Recorriendo América News, y la Revista LUX. Todo el que desee publicar los materiales del concurso, puede solicitarlo a nuestro correo comunicasiber@gmail.com o al blog http://www.comunicasiber.wordpress.com.
A partir del miércoles 4 de mayo se abrirán las nuevas votaciones, para elegir, entre los diferentes categorías convocadas, un Premio Absoluto en cada género, cuyo premio será la publicación de una antología con sus trabajos, en el caso de la literatura; una exposición colectiva, para la fotografía y la pintura, así como la coordinación de los autores teatrales, para realizar la puesta en escena de sus obras, en el marco de la Peña de Comunicasiber.


Dado a los 1 días del mes de Mayo del 2011, en el Restaurant Rancho Luna, de la Ciudad de Miami, por los patrocinantes del evento. Amelia Doval * José Antonio Gutiérrez Caballero * José Carlos Díaz * Iván Galindo * Arístides* Roberto Ramos * Nanito’s Hope * Mario Chuy *Fundación Patricia * Manriquel Pacheco *






Agradecimiento a todos los participantes y patrocinantes, en este nuevo evento de COMUNICASIBER, que resultó un nuevo éxito de la Comunidad de Comunicadores de Iberoamérica, Europa y el Resto del Mundo.




HOMENAJE POSTUMO

Florencio Pacheco Alvarado (qepd) es un himno perenne a la vida. Su cuerpo se ha ido de este mundo, a unas horas de cerrar el Primer Concurso Vocacional de Artistas y Comunicadores Hispanos, de COMUNICASIBER, y queremos homenajearlo, con sus “Poemas del Alma”, porque ha sabido llenar el corazón de nuestra propuesta, con un mensaje cabal y humano engrandecedor.Miami Un comunicador que no detenía la acción de enseñar a vivir, en la sanidad de una sociedad mejor. Florencio Pacheco es el ejemplo de las letras, que no se dan el lujo de perderse, pues aún casi por llegar a los 100 años su espíritu estaba presenciando el arte de decir y hacer, a través de la realización de sus sueños. A un incansable escritor, una pluma que trascendió su época, dedicamos nuestro homenaje, en esta Comunidad de Comunicadores de Iberoamérica.
DIRECTIVA DE COMUNICASIBER.
Miami, 29 de abril del 2011.




Miami, 3 de mayo del 2011.Fotos de Estrella Durán.



29 de abril de 2011

Libia, lo justo y lo injusto - Por Ignacio Ramonet

Libia, lo justo y lo injusto: Doble moral de la intervención internacional




“Todos los pueblos del mundo
que han lidiado por la libertad
han exterminado al fin a sus tiranos”
Simón Bolívar

Por: Ignacio Ramonet
Director
Le Monde diplomatique, edición española.


Ignacio Ramonet
El silencio de los gobiernos progresistas latinoamericanos ante las revueltas árabes y el apoyo a Gadafi de algunos de sus líderes resulta sobrecogedor. Contrariamente a las guerras de Kosovo o de Irak, la intervención actual en Libia cuenta con el aval de Naciones Unidas. Lo que no implica que esté exenta de problemas ni de intereses ocultos.
Los insurgentes libios merecen la ayuda de todos los demócratas. El coronel Gadafi es indefendible. La coalición internacional que lo ataca carece de credibilidad. No se construye una democracia con bombas extranjeras. Por ser en parte contradictorias, estas cuatro evidencias nutren cierto malestar –en particular en el seno de la izquierda– con respecto a la operación “Odisea del Amanecer”, iniciada el pasado 19 de marzo.
La insurrección de las sociedades árabes constituye el mayor acontecimiento político internacional desde el derrumbe, en Europa, del socialismo autoritario de Estado en 1989. La caída del muro del Miedo en las autocracias árabes es el equivalente contemporáneo de la caída del Muro de Berlín. Un auténtico terremoto mundial. Por producirse en el área de mayores reservas de hidrocarburos del planeta y en el epicentro del “foco perturbador” del mundo (ese arco de todas las crisis que va de Pakistán al Sahara Occidental, pasando por Irán, Afganistán, Irak, Líbano, Palestina, Somalia, Sudán, Darfur y Sahel) su onda de expansión modifica la geopolítica internacional.
El pasado 14 de enero algo se rompió para siempre en el mundo árabe. Ese día, manifestantes tunecinos que desde hacía semanas reclamaban en las plazas libertad y democracia consiguieron derrocar al déspota Ben Alí. Comenzaba el deshielo de las viejas tiranías árabes. Un mes después, en Egipto, el corazón de la vida política árabe, un poderoso movimiento de protesta social expulsaba a su vez al general Hosni Mubarak del poder. Entonces, como si de repente hubieran descubierto que los regímenes autoritarios, de Marruecos a Bahrein, eran colosos con pies de barro, decenas de miles de ciudadanos árabes se lanzaron a las plazas gritando su infinito hartazgo de los ajustes sociales y las dictaduras (1).
La fuerza espontánea de estos vientos de libertad sorprendió a todas las cancillerías mundiales. Cuando comenzaron a soplar sobre las dictaduras aliadas de Occidente (en Túnez, Egipto, Marruecos, Jordania, Arabia Saudita, Bahrein, Irak, Yemen), las grandes capitales occidentales, empezando por Washington, Londres y París, se sumieron en un prudente mutismo, o alternaron declaraciones que revelaban su profundo malestar ante el riesgo de ver desaparecer a sus “amigos dictadores” (2).

Mutismo en América Latina

Mucho más sorprendente fue, durante esta primera fase (de mediados de diciembre a mediados de febrero), el silencio de los gobiernos progresistas de América Latina, considerados por toda una parte de la izquierda internacional como su principal referente contemporáneo. Una sorpresa tanto más grande puesto que estos gobiernos tienen mucho en común con el movimiento insurreccional árabe: llegaron al poder mediante las urnas, aupados por poderosos movimientos sociales (en Venezuela, Brasil, Uruguay y Paraguay) que, en varios países (Ecuador, Bolivia, Argentina), después de haber resistido a dictaduras militares, también derrocaron pacíficamente a gobernantes corruptos.
Inmediata debió haber sido allí la solidaridad con las insurrecciones árabes, réplicas de sus propios alzamientos cívicos. Pero no lo fue. Y eso que el carácter izquierdista del movimiento no ofrecía dudas. El conocido intelectual egipcio Samir Amin lo describe así: “Las principales fuerzas en movimiento durante los meses de enero y de febrero eran de izquierdas. Demostraron que tenían una resonancia popular gigantesca pues llegaron a movilizar a ¡más de quince millones de manifestantes en todo Egipto! Los jóvenes, los comunistas, fragmentos de las clases medias democráticas constituyeron la columna vertebral de ese movimiento” (3).
A pesar de ello, hubo que esperar al 14 de febrero –o sea tres días después de la caída del odiado Mubarak y un día antes del comienzo de la insurrección popular en Libia– para que, por fin, un líder latinoamericano calificase la rebelión árabe de “revolucionaria” en una declaración donde explicaba con lucidez: “Los pueblos no desafían la represión y la muerte ni permanecen noches enteras protestando con energía por cuestiones simplemente formales. Lo hacen cuando sus derechos legales y materiales son sacrificados sin piedad a las exigencias insaciables de políticos corruptos y de los círculos nacionales e internacionales que saquean el país” (4).
Pero cuando, naturalmente, esa rebelión se extendió a los países autoritarios del mal llamado “socialismo árabe” (Argelia, Libia, Siria), un pesado mutismo volvió a caer sobre las capitales del progresismo latinoamericano. Políticamente esto aún podía interpretarse de dos maneras: simple prolongación del prudente silencio que hasta entonces, globalmente, habían observado esas cancillerías con respecto a acontecimientos muy alejados de sus principales centros de interés; o expresión de un malestar político frente al riesgo de perder, en su pulseada contra el imperialismo, a aliados estratégicos...
Ante el peligro de que triunfase esta segunda opción, varios intelectuales relevantes (5) avisaron de inmediato que ello significaría algo impensable para gobiernos seguidores del mensaje universal del bolivarianismo. Porque sería afirmar que una relación estratégica entre Estados es más importante que la solidaridad con los pueblos en lucha, lo cual conduciría, más tarde o más temprano, a cerrar los ojos ante cualquier eventual atrocidad contra los derechos humanos (6). Y en este caso el ideal solidario de la revolución latinoamericana naufragaría en el helado océano de la Realpolitik.
En el tablero de la política internacional, la Realpolitik (definida por Bismarck, el “canciller de hierro” prusiano, en 1862) considera que los países se reducen a sus Estados. Jamás toma en cuenta a sus sociedades. Según ella, los Estados se mueven sólo en función de sus fríos intereses y de sus alianzas estratégicas (cuya finalidad esencial es la preservación del Estado y no la protección de la sociedad). Desde la paz de Westfalia en 1648, la doctrina geopolítica establece que la soberanía de los Estados es intangible en virtud del principio de no-injerencia y que un gobierno, sea cual sea el modo en que llegó al poder, tiene total libertad de hacer lo que quiera en sus asuntos internos.
Semejante idea de la soberanía –que sigue siendo dominante– ha visto erosionada su legitimidad desde el final de la Guerra Fría en 1989. Y ello en nombre de los derechos de los ciudadanos y de una concepción ética de las relaciones internacionales. Las dictaduras, cuyo número se reduce de año en año, van resultando cada vez más ilegítimas según los criterios del derecho internacional. Y moralmente inaceptables porque, entre otros graves abusos, despojan a las personas de sus atributos de ciudadanos.
Basado en este razonamiento se desarrolló, en los años 90, el concepto de derecho de injerencia o deber de asistencia que condujo, pese a aceptables pretextos de fachada, a desastres político-humanitarios de gran envergadura en Kosovo, Somalia, Bosnia... Y finalmente, bajo la conducción de los neoconservadores estadounidenses, al desastre total de la guerra de Irak (7).
Pero tan trágicos fracasos no han interrumpido la idea de que un mundo más civilizado debe ir abandonando una concepción de la soberanía interna establecida hace casi cuatro siglos en nombre de la cual poderes no elegidos democráticamente han cometido (y cometen) incontables atrocidades contra sus propios pueblos.
En 2006, la Organización de las Naciones Unidas, en su Resolución 1674, ha hecho de la protección de los civiles, incluso contra su propio gobierno cuando éste usa armas de guerra para reprimir manifestaciones pacíficas, una cuestión fundamental. Esto modifica, por primera vez desde el Tratado de Westfalia –en materia de derecho internacional– la concepción misma de la soberanía interna y del principio de no-injerencia. La Corte Penal Internacional (CPI), creada en 2002, va en idéntico sentido.
En ese mismo espíritu, muchos líderes latinoamericanos denunciaron con justa razón la pasividad o la complicidad de grandes potencias democráticas ante los graves crímenes cometidos, entre 1970 y 1990, por las dictaduras militares en Chile, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y tantos otros países mártires de Centro y Suramérica.
Por eso sorprendió que no llegase de América Latina ningún mensaje de solidaridad para con los civiles reprimidos a partir del 15 de febrero, cuando empezaron las protestas sociales pacíficas en Libia, inmediatamente reprimidas por las fuerzas del coronel Gadafi con desmedida violencia (233 muertos en los primeros días) (8). Ni tampoco al estallar, el 20 de febrero, el “Tripolitazo”, cuando unos 40.000 manifestantes denunciaron la carestía de la vida, la degradación de los servicios públicos, las privatizaciones impuestas por el FMI y la ausencia de libertades.
Igual que durante el “Caracazo” del 27 de febrero de 1989 en Venezuela, esa insurrección tripolitana, retransmitida por decenas de testigos oculares, se extendió como reguero de pólvora por toda la capital: se multiplicaron las barricadas, ardió la sede del gobierno, las comisarías fueron incendiadas, los locales de la televisión oficial saqueados, el aeropuerto ocupado, y el palacio presidencial asediado. El régimen libio empezó a tambalearse.


Inmenso error político

En semejantes circunstancias, cualquier otro dirigente hubiese entendido que la hora de negociar y de abandonar el poder había llegado (9). No así el coronel Gadafi. A riesgo de sumir a su país en una guerra civil, el “Guía”, en el poder desde hace 42 años, explicó que los manifestantes eran “jóvenes a los que Al Qaeda había drogado echándoles píldoras alucinógenas en el Nescafé...” (10). Y ordenó a la Fuerza Armada reprimir las protestas a cañonazos y con una fuerza extrema. El canal Al-Jazeera mostró los aviones militares ametrallando a los manifestantes civiles (11).
En Benghazi, un grupo de protestatarios asaltó un arsenal de la guarnición local y se apoderó de miles de armas ligeras para defenderse contra la brutalidad de la represión. Varios destacamentos militares enviados por Gadafi para sofocar en sangre la protesta se sumaron a la rebelión con tanques y pertrechos. En condiciones muy desfavorables para los insurrectos empezaba la guerra civil: un conflicto impuesto por Gadafi contra un pueblo que estaba pidiendo pacíficamente el cambio.
Hasta ese momento, las capitales de la América Latina progresista seguían silenciosas. Ni una palabra de solidaridad, ni siquiera de compasión con los rebeldes civiles que luchan y mueren por la libertad. Hasta que, el 21 de febrero, en un intento por alejar cualquier acusación contra ella, la diplomacia británica –cuya responsabilidad fue central en la rehabilitación del coronel Gadafi a partir de 2004 en la escena internacional– anuncia, a través del ministro de Exteriores William Hague, que el líder libio “podría haber huido de su país y estar dirigiéndose a Venezuela” (12).
Es falso. Y Caracas lo desmiente rotundamente. Pero los medios internacionales muerden el anzuelo y se centran de inmediato en la conexión que el Foreign Office ha sugerido. Minimizando los ostentosos recibimientos de Gadafi en Roma, Londres, París o Madrid, la prensa mundial insiste en las relaciones del “Guía” con Caracas. El propio Gadafi cae en la trampa y también menciona a Venezuela en su primer discurso desde el comienzo de las protestas. Lo hace para negar su huída a ese país, pero ello da pie a nuevas especulaciones sobre el “eje Trípoli-Caracas”. Gadafi añade: “Los manifestantes son ratas, drogados, un complot de extranjeros, de estadounidenses, de Al Qaeda y de locos” (13).
Esta perezosa jácara del “complot estadounidense” es retomada como argumento por varios dirigentes progresistas latinoamericanos –Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, entre otros–, para expresar ahora, cada uno a su modo, una clara solidaridad con el dictador libio bajo los sufridos pretextos de que la “situación es confusa”, que los “medios de comunicación mienten” y que “nadie sabe quiénes son los rebeldes” (14). Ni una frase de compasión hacia un pueblo sublevado contra un tirano militar que manda disparar contra sus propios ciudadanos. Ninguna alusión tampoco a la famosa sentencia del Libertador Simón Bolívar: “Maldito sea el soldado que vuelve las armas contra su pueblo”, doctrina fundamental del bolivarianismo.
La inmensidad del error político sobrecoge. Una vez más, algunos gobiernos progresistas conceden prioridad, en materia de relaciones internacionales, a cínicas consideraciones estratégicas que se hallan en perfecta contradicción con su propia naturaleza política. ¿Los conducirá ese razonamiento a expresar también su apoyo a otro infrecuentable tiranillo local, Bashar al Assad, presidente de Siria, un país que vive bajo estado de emergencia desde 1962 y cuyas fuerzas de represión tampoco han dudado en disparar con fuego real contra pacíficos manifestantes desarmados?
En lo que respecta a Libia, la única iniciativa latinoamericana positiva fue la del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que propuso, el 1º de marzo pasado, el envío a Trípoli de una Comisión internacional de mediación constituida por representantes de países del Sur y del Norte para tratar de poner fin a las hostilidades y negociar un acuerdo entre las partes. Rechazada por Seif el Islam, el hijo del “Guía”, pero aceptada por Gadafi, esta tentativa de mediación fue torpemente descartada por Washington, París, Londres y los insurgentes libios.
A partir de ahí, las cancillerías progresistas suramericanas insistieron en su apoyo a un perfecto iluminado. En efecto, hace decenios que Muamar Gadafi dejó de ser aquel capitán revolucionario que, en 1969, derrocó a la monarquía, expulsó de su país las bases militares estadounidenses y proclamó una singular “República árabe y socialista”. Desde el final de los años 70, su errática trayectoria y sus delirios ideológicos (véase su disparatado Libro Verde) lo han convertido en un dictador imprevisible y jactancioso. Semejante a aquellos tiranos locos que América Latina conoció en el siglo XIX con el nombre de “caudillos bárbaros” (15). Ejemplos de sus trastornos: la expedición militar de 3.000 hombres que lanzó, en 1978, en auxilio del sanguinario Idi Amín Dadá, otro demente presidente de Uganda... O su afición a un juego erótico con chicas menores llamado “bunga bunga” que le enseñó a su socio italiano Silvio Berlusconi... (16).
Gadafi jamás se ha sometido a ninguna elección. Ha establecido en torno a su imagen un culto de la personalidad que linda con el endiosamiento. En la “masocracia” (Jamahiriya) libia no existe ningún partido político, sólo hay “comités revolucionarios”. Habiéndose autoproclamado “Guía” vitalicio de su país, el dictador se considera por encima de las leyes. En cambio, el vínculo familiar es, según él, fuente de derecho. Basado en ello, nombró por antojo a sus hijos para los puestos de mayor responsabilidad del Estado y los de mayor rentabilidad en los negocios.
Tras la (ilegal) invasión de Irak en 2003, temiendo ser el siguiente de la lista, Gadafi se arrodilló ante Washington, firmó acuerdos con la administración Bush, erradicó sus armas de destrucción masiva e indemnizó a las víctimas de sus atentados terroristas. Para complacer a los “neocons” estadounidenses se erigió en perseguidor de Osama Ben Laden y de la red Al Qaeda. Estableció también acuerdos con la Unión Europea para convertirse en cancerbero retribuido de los emigrantes africanos. Pidió ingresar en el FMI (17), creó zonas especiales de libre comercio, cedió los yacimientos de hidrocarburos a las grandes transnacionales occidentales y eliminó los subsidios a los productos alimenticios de primera necesidad. Inició el proceso de privatización de la economía que provocó un importante aumento del desempleo y agravó las desigualdades.
El “Guía” protestó contra el derrocamiento del dictador tunecino Ben Alí a quien consideraba como “el mejor gobernante de la historia de Túnez”. En materia de inhumanidad, sus fechorías son incontables. Desde su apoyo a conocidas organizaciones terroristas hasta su demostrada participación en atentados contra aviones civiles, pasando por su encarnizamiento contra cinco inocentes enfermeras búlgaras torturadas durante años en prisión, o el fusilamiento sin juicio, en la siniestra cárcel Abú Salim de Trípoli, en 1996, de un millar de prisioneros originarios de Benghazi (18).

Dudosa solidaridad democrática

La actual revuelta empezó precisamente en esa ciudad el 15 de febrero pasado cuando las familias de estos fusilados, animadas por las protestas en los países árabes, salieron a la calle para exigir pacíficamente la liberación del abogado Fathy Terbil quien defiende, desde hace quince años, el derecho a recuperar los cuerpos de sus parientes ejecutados (19). Las imágenes de la brutalidad de la represión de esta manifestación –difundidas por las redes sociales y el canal Al-Jazeera– escandalizaron a la población. Al día siguiente, las protestas se habían ampliado masivamente y extendido a otras ciudades. Sólo en Benghazi, 35 personas fueron asesinadas por la policía y las milicias gadafistas (20).
A mediados de marzo, cuando las huestes gadafistas empezaron a cercar Benghazi, tan alto grado de ensañamiento contra la población civil hizo legítimamente temer que se cometiese un baño de sangre (21). En un discurso dirigido a “las ratas” de esa ciudad, el “Guía” amenazó: “Llegamos esta noche. Empiecen a prepararse. Los sacaremos del fondo de sus armarios. No habrá piedad” (22).
Los pueblos recientemente liberados de Túnez y Egipto deberían haber acudido de inmediato en ayuda de los asediados libios que reclamaban a gritos ayuda internacional (23). Era su responsabilidad primera. Pero lamentablemente los gobiernos de estos dos países no supieron estar a la altura de las circunstancias históricas.
En ese contexto de urgencia, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó, el 17 de marzo, la resolución 1973 que establece un régimen de exclusión aérea en Libia con el fin de proteger a la población civil y hacer cesar las hostilidades (24). La Liga Árabe había dado su acuerdo preliminar. Y, cosa excepcional, la resolución fue presentada por un Estado árabe: el Líbano (además de Francia y Reino Unido). Ni China, ni Rusia, que disponen de derecho de veto, se opusieron. Brasil e India tampoco votaron en contra. Varios países africanos se pronunciaron a favor: Sudáfrica (la patria de Mandela), Nigeria y Gabón. Ningún Estado se opuso.
Se puede estar en contra de la estructura actual de Naciones Unidas o estimar que su funcionamiento actual deja mucho que desear. O bien que las potencias occidentales dominan esa organización. Son críticas aceptables. Pero, por ahora, la ONU constituye la única fuente de legalidad internacional. Por eso, y contrariamente a las guerras de Kosovo o de Irak que nunca tuvieron el aval de la ONU, la intervención actual en Libia es legal –según el derecho internacional–, legítima –según los principios de la solidaridad entre demócratas– y deseable para la fraternidad internacionalista que une a los pueblos en lucha por su libertad. Se podría añadir que potencias musulmanas como Turquía, reticentes en un primer momento, han terminado por participar en la operación.
También podría recordarse que si Gadafi, como era su intención, hubiese anegado en sangre la insurrección popular, habría enviado una señal de vía libre a los demás tiranos de la región, alentándolos de ese modo a aplastar ellos también, sin miramientos, las protestas locales. Basta con observar que, en cuanto las tropas de Gadafi se aproximaron a sangre y fuego a Benghazi, en medio de la pasividad internacional, los regímenes de Bahrein y de Yemen no dudaron en disparar con fuego real contra los manifestantes pacíficos. No lo habían hecho hasta entonces. Pero apostaron a su vez al inmovilismo internacional.
La Unión Europea, en particular, tiene una responsabilidad específica en este asunto. No sólo militar. Es menester pensar en la próxima etapa de consolidación de las nuevas democracias que van a ir surgiendo en esta región tan vecina. Apoyar la “primavera árabe” supone asimismo el lanzamiento de un verdadero “Plan Marshall”, o sea, una ayuda económica masiva “semejante a la que se ofreció a Europa del Este después de la caída del muro de Berlín” (25).
¿Significa todo esto que la operación “Odisea del Amanecer” no plantea problemas? En absoluto. En primer lugar, porque los Estados u Organizaciones que la capitanean (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, OTAN) son los “sospechosos de siempre” implicados en múltiples aventuras guerreras sin la mínima cobertura legal, legítima o humanitaria. Aunque esta vez los objetivos de solidaridad democrática parecen más evidentes que los nexos con la seguridad nacional de Estados Unidos, cabe preguntarse ¿desde cuándo le ha importado a estas potencias la democracia en Libia? Es por ello que carecen de credibilidad.
Segundo: existen otras injusticias en esta misma región –el sufrimiento palestino, la intervención militar saudita en Bahrein contra la indefensa mayoría chiita, la desproporcionada brutalidad de los gobiernos de Yemen y de Siria...– ante las cuales las mismas potencias que atacan a Gadafi hacen la vista gorda dando prueba de una doble moral.
Tercero: el objetivo debe ser el que fija la resolución 1973 y sólo ése: ni invasión terrestre, ni víctimas civiles. La ONU no ha dado licencia para derrocar a Gadafi, aunque bien parece que ese sea el objetivo final (e ilegal) de la operación. En ningún caso esta intervención debe servir de precedente para otras aventuras guerreras contra Estados situados en el punto de mira de las potencias occidentales dominantes.
Cuarto: la historia enseña (y el caso de Afganistán lo demuestra) que es más fácil entrar en una guerra que salir de ella. Y quinto: el olor a petróleo de toda esta operación apesta.
Los pueblos árabes están sin duda sopesando lo justo y lo injusto de la actual intervención militar en Libia. En su gran mayoría apoyan a los insurgentes (aunque se siga sin saber bien quiénes son y aunque se sospeche que varios elementos indeseables figuran en el actual Consejo Nacional de Transición). Por el momento, al menos hasta finales de marzo, no se han producido manifestaciones de rechazo a la operación en ninguna capital árabe. Al contrario, como estimuladas por ella, nuevas protestas contra las autocracias se intensificaron en Marruecos, Yemen, Bahrein... Y sobre todo en Siria.
Obtenida la zona de exclusión aérea y a salvo la población civil de Benghazi, a finales de marzo estaban cumplidas las dos principales exigencias de la resolución 1973. Aunque otras demandas no lo estaban aún (el cese el fuego por parte de las fuerzas gadafistas y su garantía de acceso seguro a la ayuda humanitaria internacional), a partir de ese momento los bombardeos debieron cesar. Más aún en la medida en que la OTAN, que no ha recibido mandato internacional para ello, ha asumido el 31 de marzo el liderazgo militar de la ofensiva. La resolución tampoco autoriza a armar, entrenar y dirigir militarmente a los rebeldes porque ello supone un mínimo de fuerzas extranjeras (“comandos especiales”) presentes en el suelo libio, lo cual está explícitamente excluido por la resolución 1973 del Consejo de Seguridad.
Es urgente que los miembros de ese Consejo de la ONU vuelvan ahora a consultarse; que se tenga en cuenta la posición de China, Rusia, India y Brasil para imponer un alto el fuego inmediato y buscar una salida no militar al drama libio. Una solución que tome en cuenta también la iniciativa de la Unión Africana, garantice la integridad territorial de Libia, impida toda invasión terrestre de fuerzas extranjeras, preserve las riquezas del subsuelo contra la rapacidad de algunas potencias foráneas, ponga fin a la tiranía y reafirme la aspiración a la libertad y a la democracia de los ciudadanos.
En Libia, sólo una salida política negociada por todas las partes será justa.

1 Ignacio Ramonet, “Cinco causas de la insurrección árabe”, Informe Dipló, 16-4-11, www.eldiplo.org
2 Ignacio Ramonet, “Túnez, Egipto, Marruecos, esas dictaduras ‘amigas’”, www.monde-diplomatique.es
3 Christophe Ventura, “Entrevista con Samir Amin”, Mémoire des luttes, París, 29-4-11.
4 Fidel Castro, “La Rebelión Revolucionaria en Egipto”, Granma, La Habana, 14-2-11.
5 Véase, por ejemplo, Santiago Alba y Alma Allende, “Del mundo árabe a América Latina”, Rebelión, 24-2-11, y Atilio Boron, “No abandonar a los pueblos árabes”, Página/12, Buenos Aires, 7-4-11.
6 Error que ya cometió dos veces la revolución cubana cuando apoyó la intervención militar del Pacto de Varsovia en Praga para aplastar la insurrección popular checoslovaca en agosto de 1968 y cuando aprobó la invasión de Afganistán por la URSS en diciembre de 1979.
7 Ignacio Ramonet, Irak, historia de un desastre, Debate, Madrid, 2005.
8 Agencia Reuters, 21-2-11.
9 En América Latina, ante protestas populares de gran envergadura, varios presidentes (elegidos democráticamente) tuvieron que renunciar a su cargo. Tres de ellos en Ecuador: Abdalá Bucarám, “por incapacidad mental”, en 1997, Jamil Mahuad en 2000 y Lucio Gutiérrez en 2002. Dos en Bolivia: Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003 y Carlos Mesa en 2005. En Perú, Alberto Fujimori en 2000. Y en Argentina, Fernando de la Rúa en 2001.
10 El País, Madrid, 24-4-11.
11 The Guardian, Londres, 21-2-11.
12 Agencia AFP, 21-2-11.
14 El más antiimperialista de los líderes árabes, Sayyed Nasrallah, jefe del Hezbolá libanés, ha declarado que es “irracional decir que las revoluciones árabes, y singularmente la libia, fueron preparadas en cocinas estadounidenses”. Discurso del Seyyed Nasrallah, 19-4-11, www.rebelion.org/mostrar.php?tipo=5&id=&inicio=0
15 Alcides Arguedas, Los Caudillos bárbaros, editorial Viuda de Luis Tasso, Barcelona, 1929. Véase también Max Daireaux, Melgarejo, Editorial Andina, Buenos Aires, 1966.
16 Quentin Girard, “Toi vouloir faire bunga-bunga?”, Slate, París, 12-11-10, www.slate.fr/story/30061/bunga-bunga-berlusconi
17 “Le Rapport du FMI qui félicite la Libye”, in Mémoire des luttes, París, 11-4-11, www.medelu.org/spip.php?article761
19 Véase Evan Hill, “The day the Katiba fell”, Al Jazeera english, 2-4-11, http://english.aljazeera.net/indepth/spotlight/libya/2011/03/20113175840189620.html
20 Ibid.
21 Estos y otros crímenes han conducido al fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, el argentino Luis Moreno Ocampo, a abrir una investigación contra Muamar Gadafi, acusado de “crímenes contra la humanidad” por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
22 Agencia AFP, 17-4-11.
23 Khaled Al-Dakhil, “Pourquoi tant d’hésitations?”, Al-Hayat, Londres (reproducido por Courrier Internacional, París, 17-4-11).
25 Nouriel Roubini, “Un plan Marshall pour le printemps arabe”, Les Échos, París, 21-4-11.
I.R.
© Le Monde diplomatique, edición española y
Ediciones Cybermonde, S.L.
Fotografías: Internet


Pablo Felipe  Pérez Goyry

Freelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst

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