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Autor: PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY   


©Pablo Felipe Pérez Goyry

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28 de noviembre de 2011

La violencia contra las mujeres es un problema político - Por: Lily Muñoz

La violencia contra las mujeres es un problema político

Por: Lily Muñoz*

Casi siempre que se habla de la violencia contra las mujeres, en la opinión pública predomina la idea de un problema doméstico, intrafamiliar, del ámbito privado. Por eso, pareciera que la solución es tan sencilla como sensibilizar a los hombres para que no sean tan machistas y violentos y trabajar con las mujeres para que conozcan sus derechos.

20 de noviembre de 2011

Urnas de ultramar - Por: Yoani Sánchez

Urnas de ultramar

Por: Yoani Sánchez
Generación Y

Después de la cena se quedaron en la mesa del comedor para rellenar las boletas. Él nervioso, ella más decidida. Marcaron con cruces, a cuatro manos, mientras los niños jugueteaban en el sofá. Aquellos papeles recibidos en el Consulado español de La Habana olían a nuevo, a tinta fresca sobre el escudo de columnas y coronas. Pero lo más novedoso para la pareja resultaba el acto mismo de elegir en una lista de varios partidos, la acción de decidir entre diferentes colores políticos. Ambos, que hasta hace poco custodiaban urnas vestidos de pioneros, han emitido el primer voto desde su estrenada condición de naturalizados como españoles. Tomaron el bolígrafo con la determinación que jamás habían usado en una boleta nacional, eligieron a distancia, ya que aún no pueden hacerlo en la cercanía.

16 de noviembre de 2011

El atraso intelectual de la propiedad intelectual - Por: Emilio Cafassi


El atraso intelectual de la propiedad intelectual

Por: Emilio Cafassi*

La semana pasada participé de una mesa redonda en la Universidad de Buenos Aires que me deparó algunas sorpresas explicables por el distanciamiento de la política universitaria activa, que, como toda distancia, produce ignorancia. La primera tuvo que ver con el grupo organizador, un pequeño conjunto de estudiantes llamado “coordinadora por los libros”.

17 de octubre de 2011

La protesta de Wall Street se intensifica y expande - Por: Sergio Ferrari y Ariel Ferrari

Altermundialistas en el corazón de Manhattan
La protesta de Wall Street se intensifica y expande

Por: Sergio Ferrari * y Ariel Ferrari*

    Un mes después de que iniciaran su    movimiento el 17 de septiembre pasado, los "indignados de Wall    Street" ratificaron su decisión de continuar la protesta. En paralelo, el último sábado  miles de personas ocuparon calles,    plazas o parques en al menos 951 ciudades de

4 de agosto de 2011

En USA, ¿quién ha ganado? - Por: Federico Mayor Zaragoza

En USA, ¿quién ha ganado?

Por: Federico Mayor Zaragoza

Todos han perdido
Todos hemos perdido

El poder de la ultra derecha, también en los Estados Unidos, es enormemente preocupante y debe marcar una inflexión radical en el comportamiento político de la derecha menos obcecada y obediente, y de la izquierda más desagregada y crítica.
Federico Mayor Zaragoza

No puede ser –así de contundente- que el país todavía más poderoso de la Tierra se vea arrastrado y arrastre al mundo a una quiebra de grandes proporciones… que no es sólo una quiebra económica sino de referencias, de liderazgo, de principios.

Los insolidarios del “Tea Party” convierten a todos los demás republicanos de Norteamérica en insolidarios. No les importan los millones de compatriotas que viven por debajo del nivel de la pobreza. Ni mucho menos los más vulnerables a escala mundial. Y, además, no se dan cuenta de que,  en poco tiempo, se devorarán a sí mismos.

A última hora, el Presidente Obama –sólo él podía hacerlo- ha logrado evitar un gran descalabro, pero con tales concesiones que permiten al “gran dominio”, que no se resigna a perder la hegemonía de USA ni del dólar, seguir en su torre de marfil.

¿Quién paga al “Tea Party”? ¿Quién manda en Moody’s y en las otras agencias de calificación? Indaguen. Indaguemos. Allí está el secreto… a voces. En nuestro ámbito, deberían ilegalizarles, sustituyéndolos por competentes agencias de calificación a escala europea y nacional.

El “repliegue” del programa del Presidente Obama, al igual que ha sucedido en España, debe servirnos de advertencia. De forma indeleble.

Tomen nota.
Tomemos nota.

Foto: Internet



28 de julio de 2011

Reflexión: “Soluciones que nos ayuden a construir la paz...”

Reflexión: “Soluciones que nos ayuden a construir la paz...”

No hay paz sin justicia social ni igualdad de oportunidades. Habría que preguntarse si el sistema actual de producción de bienes y servicios ofrece una respuesta adecuada a las interrogantes clásicas que se plantea en toda organización social. Estas interrogantes son, ni más ni menos, qué bienes y servicios han de producirse, en que cantidad, cómo deben producirse y para quién. Son preguntas básicas que actualmente contesta el mercado, la ley de la oferta y la demanda, con las correcciones que en mayor o menor medida establecen los poderes públicos de cada estado o conjunto de Estados, como en la Unión Europea por ejemplo, pero que resulta cada día más insuficientes en una economía mundializada sin un poder político global que pueda corregir eficazmente los bárbaros desajustes que se producen. En fin, se trata de un debate apasionante y lo que más importa, un debate imprescindible que debe aportar soluciones que nos ayuden a construir la paz día a día”.
José María Arteta Vico.
Imagen: Internet

20 de julio de 2011

Chile: Cambio cosmético de un gabinete híbrido - Por: Ernesto Carmona

Chile: Cambio cosmético de un gabinete híbrido

Por: Ernesto Carmona(*)

Ernesto Carmona
Al cumplir 16 meses con su "nueva forma de gobernar", Ernesto Carmona hizo cambios menores y enroques en ocho carteras de su "gabinete de excelencia". Nada creativo, movió algunos gerentes y ex ejecutivos de empresa que trasladó a otros ministerios, salvo tres que se fueron a casa. Cedió ante la Unión Demócrata Independiente al nombrar ministros a dos senadores UDI, que al abandonar podrían mostrar cierta "escasez de cuadros" en la tienda de la extrema derecha pinochetista que procura mostrar una imagen populista. Al fin de cuentas hubo leves cambios de la fachada gubernamental, “para que todo siga igual”. Un cambio cosmético que trae consigo los habituales conflictos de interés en un gabinete híbrido, empresarial y político. Ahora viene la pugna interna en la UDI para llenar las dos bancas desalojadas en el Senado, reemplazos que en el sui generis "sistema democrático chileno" serán designados a dedo por la directiva del partido más fuerte de la alianza gobernante bi-partidista.
En el ministerio más importante, Interior, Piñera mantuvo a su fiel escudero Rodrigo Hinzpeter, abogado de su mismo partido, Renovación Nacional (RN). Sacó de Educación al economista UDI Joaquín Lavín, pero lo designó en Mideplán, una cartera que no planifica sino que distribuye fondos entre sectores vulnerables y “estudia la pobreza”. Se fue a su casa el anterior ministro UDI Felipe Kast.
En Educación puso al abogado RN Felipe Bulnes, antes ministro de Justicia. Esta cartera hoy es políticamente la más relevante por el conflicto estudiantil en curso, tras una educación pública gratuita y de buena calidad. En justicia fue nombrado Teodoro Ribera, ex diputado y abogado RN.
Salió la DI Ena von Baer de la Secretaría General de Gobierno. Fue sustituida por el senador UDI Andrés Chadwick, un primo del Presidente que hace rato venía criticando la gestión de la ministra vocera del gobierno.
De Economía salió el “independiente” Juan Andrés Fontaine e ingresó el senador UDI Pablo Longueira, que también venía manifestando sus deseos de tener algún rol en el primer gobierno de derecha elegido en las urnas en más de medio siglo. Dicen que la remoción sorprendió a Fontaine.
El bi-ministro estrella de Minería y Energía, Laurence Golborne, “independiente” y pre-presidenciable 2013 desde la tragedia de los 33 mineros, pasó a Obras Públicas, mientras Hernán de Solminihac, también “independiente”, fue cambiado de OOPP a Minería y desempeñará Energía quien era intendente de Santiago, el empresario de la construcción Fernando Echeverría, RN y ex socio de Piñera en negocios inmobiliarios.

¿Nueva manera de gobernar?

En la UDI comenzó la pelea por la sucesión de Longueira y Chadwick en el Senado. Entre las (os) pretendientes se encuentran Ena von Baer, María Angélica Cristi e Iván Moreira. Como Moreira y Cristi ya son diputados, su eventual designación como senadores traería consigo otra disputa interna, en el seno de la UDI, para llenar sus vacantes en la cámara baja con otras designaciones a dedo. Además, Piñera deberá nombrar al nuevo Intendente de Santiago. Su gobierno ya tenía dos ex senadores como ministros: la UDI Evelyn Matthei en Trabajo, reemplazada en el senado por un ex diputado (Gonzalo Uriarte) y el RN Andrés Allamand en Defensa, cuya senaduría ocupa ahora Carlos Larraín, jefe del partido de Piñera que no fue elegido por los electores. Pareciera que ésta es, efectivamente, “la nueva forma de gobernar”.
No se ve claro que el cambio de gabinete pueda sofocar los conflictos sociales en curso y pleno desarrollo. Más bien ratifica la nueva manera de gobernar-gerenciar la gigantesca empresa Chile S.A., aunque en cierto modo, Piñera les hizo caso a los estudiantes que declararon “interlocutor no válido” a Lavín, a la vez que exigían su renuncia o remoción. Para los jóvenes de enseñanza media y universitaria, Lavín tenía un claro “conflicto de interés”, léase corrupción, por haber lucrado con la educación superior en su condición de socio fundador de la Universidad del Desarrollo, también llamada Universidad UDI. Por eso no quisieron hablar más con el personaje, quien continúa en el gabinete por la fuerza de la presión UDI, que todavía lo considera una carta presidencial 2013 viable si se recupera tras su caída libre en las encuestas.
Mucha gente -incluso periodistas que leen y comentan noticias por TVN- cree que el eufemismo “conflicto de interés” significa estar interesado en ciertos temas conflictivos para lucrar, pero desconocen el significado real de esa expresión estadounidense. A modo de ejemplo simple, tendría ese “conflicto de interés” un gato encargado de vigilar la carnicería/pescadería o un ratón a cargo de la custodia del queso. Según el Diario Financiero (DF), ése es ahora el conflicto del nuevo ministro de Minería, Hernán De Solminihac, porque su hermano Patricio De Solminihac es el subgerente general de la corporación Sociedad Química de Chile (SQM), ex Soquimich, compañía del Estado privatizada y entregada escandalosamente por Pinochet a su entonces yerno Julio Ponce Leroy. Ocurre que el sector minero está ilusionado en que este gobierno privatizador liberalice la explotación del altamente demandado litio, metal que hoy “no es susceptible de concesión”, según la Ley de Minería. Y esta industria, según el DF, “justamente en el país hoy es acaparada por SQM y la Sociedad Chilena del Litio”.
(*) Ernesto Carmona es periodista y escritor chileno.
Foto: Internet

18 de julio de 2011

Reflexión: ‘El dueño de todas las cosas...’


Reflexión: ‘El dueño de todas las cosas...’

“¿Qué nuevo orden político se perfila? ¿Qué desarrollo? ¿Qué estilo de vida? ¿Qué relaciones de poder entre las naciones? ¿Qué tendencias artísticas? Entramos en un período radicalmente nuevo: la historia se acelera, los bloques se disuelven, la democracia gana terreno, surgen nuevos actores y nuevas posturas. Frente a estas evoluciones aparentemente desordenadas, está de moda desconfiar de los modelos, abandonarse al juego de las fuerzas múltiples que agitan a nuestro planeta, hacer del mercado el dueño de todas las cosas, al árbitro de toda cultura”.
Jacques Attali.
Imagen: Internet

15 de julio de 2011

Reflexión: ‘Cultura y desarrollo’

Reflexión: ‘Cultura y desarrollo’

“Pensar en el desarrollo a partir de la cultura, es considerar que las características culturales de una sociedad o de un grupo humano representan el elemento central, la manifestación más completa de una sociedad y de un sistema de funcionamiento económico, social, político, ético, espiritual, intelectual e ideológico. Igualmente supone apreciar el conjunto de procesos mediante los cuales la sociedad está en la medida de resolver sus problemas. Este hecho tiene sus consecuencias políticas, en particular para los decisores y los agentes de desarrollo, pues supone un cambio radical en el modo de diseñar la planificación, elaborar las estrategias y analizar las culturas como fundamento, fuente o fuerza de resistencia, en las situaciones de cambio. Decisiones que no son fáciles de adoptar y que la tendencia a la inercia de las instituciones políticas complican”.
Guillermo Yépes Boscán. (Venezuela)
Imagen: Internet

4 de julio de 2011

"Reflexión: “Liderazgo político, ética y moralismo” (04-07-2011)


"Reflexión: “Liderazgo político, ética y moralismo” (04-07-2011)

“La mujer, o el hombre que pone la ética por delante, no tratan de demostrar que siempre tienen la razón. Cuándo creen tenerla, argumentan para convencer a los demás. No los agreden para obligarlos a reconocer su error. La mujer o el hombre meramente moralistas, buscan los recursos del poder para crear normas cuyo cumplimiento se aseguran por el miedo, la exclusión y la violencia. La ética llama a convencer, el moralismo llama a vencer. Convencer significa transformar al otro, vencer significa destruirlo. Establecida la diferencia entre la ética y el moralismo, no me cabe duda de que el buen liderazgo tiene que ser, no sólo efectivo, sino también inseparable de la ética. Sobre todo cuando se trata del liderazgo político”.
Óscar Arias.
Imagen: Internet

27 de mayo de 2011

Reflexión: “Desarrollo a partir de la cultura” - (27-05-2011)


Reflexión: “Desarrollo a partir de la cultura” - (27-05-2011)

“Pensar en el desarrollo a partir de la cultura, es considerar que las características culturales de una sociedad o de un grupo humano representan el elemento central, la manifestación más completa de la sociedad y de un sistema de funcionamiento económico, social, político, ético, espiritual, intelectual, ideológico. Igualmente supone apreciar el conjunto de procesos mediante los cuales la sociedad está en la medida de resolver sus problemas”.
Guillermo Yépes Bóscan

Imagen: Internet


29 de abril de 2011

Libia, lo justo y lo injusto - Por Ignacio Ramonet

Libia, lo justo y lo injusto: Doble moral de la intervención internacional




“Todos los pueblos del mundo
que han lidiado por la libertad
han exterminado al fin a sus tiranos”
Simón Bolívar

Por: Ignacio Ramonet
Director
Le Monde diplomatique, edición española.


Ignacio Ramonet
El silencio de los gobiernos progresistas latinoamericanos ante las revueltas árabes y el apoyo a Gadafi de algunos de sus líderes resulta sobrecogedor. Contrariamente a las guerras de Kosovo o de Irak, la intervención actual en Libia cuenta con el aval de Naciones Unidas. Lo que no implica que esté exenta de problemas ni de intereses ocultos.
Los insurgentes libios merecen la ayuda de todos los demócratas. El coronel Gadafi es indefendible. La coalición internacional que lo ataca carece de credibilidad. No se construye una democracia con bombas extranjeras. Por ser en parte contradictorias, estas cuatro evidencias nutren cierto malestar –en particular en el seno de la izquierda– con respecto a la operación “Odisea del Amanecer”, iniciada el pasado 19 de marzo.
La insurrección de las sociedades árabes constituye el mayor acontecimiento político internacional desde el derrumbe, en Europa, del socialismo autoritario de Estado en 1989. La caída del muro del Miedo en las autocracias árabes es el equivalente contemporáneo de la caída del Muro de Berlín. Un auténtico terremoto mundial. Por producirse en el área de mayores reservas de hidrocarburos del planeta y en el epicentro del “foco perturbador” del mundo (ese arco de todas las crisis que va de Pakistán al Sahara Occidental, pasando por Irán, Afganistán, Irak, Líbano, Palestina, Somalia, Sudán, Darfur y Sahel) su onda de expansión modifica la geopolítica internacional.
El pasado 14 de enero algo se rompió para siempre en el mundo árabe. Ese día, manifestantes tunecinos que desde hacía semanas reclamaban en las plazas libertad y democracia consiguieron derrocar al déspota Ben Alí. Comenzaba el deshielo de las viejas tiranías árabes. Un mes después, en Egipto, el corazón de la vida política árabe, un poderoso movimiento de protesta social expulsaba a su vez al general Hosni Mubarak del poder. Entonces, como si de repente hubieran descubierto que los regímenes autoritarios, de Marruecos a Bahrein, eran colosos con pies de barro, decenas de miles de ciudadanos árabes se lanzaron a las plazas gritando su infinito hartazgo de los ajustes sociales y las dictaduras (1).
La fuerza espontánea de estos vientos de libertad sorprendió a todas las cancillerías mundiales. Cuando comenzaron a soplar sobre las dictaduras aliadas de Occidente (en Túnez, Egipto, Marruecos, Jordania, Arabia Saudita, Bahrein, Irak, Yemen), las grandes capitales occidentales, empezando por Washington, Londres y París, se sumieron en un prudente mutismo, o alternaron declaraciones que revelaban su profundo malestar ante el riesgo de ver desaparecer a sus “amigos dictadores” (2).

Mutismo en América Latina

Mucho más sorprendente fue, durante esta primera fase (de mediados de diciembre a mediados de febrero), el silencio de los gobiernos progresistas de América Latina, considerados por toda una parte de la izquierda internacional como su principal referente contemporáneo. Una sorpresa tanto más grande puesto que estos gobiernos tienen mucho en común con el movimiento insurreccional árabe: llegaron al poder mediante las urnas, aupados por poderosos movimientos sociales (en Venezuela, Brasil, Uruguay y Paraguay) que, en varios países (Ecuador, Bolivia, Argentina), después de haber resistido a dictaduras militares, también derrocaron pacíficamente a gobernantes corruptos.
Inmediata debió haber sido allí la solidaridad con las insurrecciones árabes, réplicas de sus propios alzamientos cívicos. Pero no lo fue. Y eso que el carácter izquierdista del movimiento no ofrecía dudas. El conocido intelectual egipcio Samir Amin lo describe así: “Las principales fuerzas en movimiento durante los meses de enero y de febrero eran de izquierdas. Demostraron que tenían una resonancia popular gigantesca pues llegaron a movilizar a ¡más de quince millones de manifestantes en todo Egipto! Los jóvenes, los comunistas, fragmentos de las clases medias democráticas constituyeron la columna vertebral de ese movimiento” (3).
A pesar de ello, hubo que esperar al 14 de febrero –o sea tres días después de la caída del odiado Mubarak y un día antes del comienzo de la insurrección popular en Libia– para que, por fin, un líder latinoamericano calificase la rebelión árabe de “revolucionaria” en una declaración donde explicaba con lucidez: “Los pueblos no desafían la represión y la muerte ni permanecen noches enteras protestando con energía por cuestiones simplemente formales. Lo hacen cuando sus derechos legales y materiales son sacrificados sin piedad a las exigencias insaciables de políticos corruptos y de los círculos nacionales e internacionales que saquean el país” (4).
Pero cuando, naturalmente, esa rebelión se extendió a los países autoritarios del mal llamado “socialismo árabe” (Argelia, Libia, Siria), un pesado mutismo volvió a caer sobre las capitales del progresismo latinoamericano. Políticamente esto aún podía interpretarse de dos maneras: simple prolongación del prudente silencio que hasta entonces, globalmente, habían observado esas cancillerías con respecto a acontecimientos muy alejados de sus principales centros de interés; o expresión de un malestar político frente al riesgo de perder, en su pulseada contra el imperialismo, a aliados estratégicos...
Ante el peligro de que triunfase esta segunda opción, varios intelectuales relevantes (5) avisaron de inmediato que ello significaría algo impensable para gobiernos seguidores del mensaje universal del bolivarianismo. Porque sería afirmar que una relación estratégica entre Estados es más importante que la solidaridad con los pueblos en lucha, lo cual conduciría, más tarde o más temprano, a cerrar los ojos ante cualquier eventual atrocidad contra los derechos humanos (6). Y en este caso el ideal solidario de la revolución latinoamericana naufragaría en el helado océano de la Realpolitik.
En el tablero de la política internacional, la Realpolitik (definida por Bismarck, el “canciller de hierro” prusiano, en 1862) considera que los países se reducen a sus Estados. Jamás toma en cuenta a sus sociedades. Según ella, los Estados se mueven sólo en función de sus fríos intereses y de sus alianzas estratégicas (cuya finalidad esencial es la preservación del Estado y no la protección de la sociedad). Desde la paz de Westfalia en 1648, la doctrina geopolítica establece que la soberanía de los Estados es intangible en virtud del principio de no-injerencia y que un gobierno, sea cual sea el modo en que llegó al poder, tiene total libertad de hacer lo que quiera en sus asuntos internos.
Semejante idea de la soberanía –que sigue siendo dominante– ha visto erosionada su legitimidad desde el final de la Guerra Fría en 1989. Y ello en nombre de los derechos de los ciudadanos y de una concepción ética de las relaciones internacionales. Las dictaduras, cuyo número se reduce de año en año, van resultando cada vez más ilegítimas según los criterios del derecho internacional. Y moralmente inaceptables porque, entre otros graves abusos, despojan a las personas de sus atributos de ciudadanos.
Basado en este razonamiento se desarrolló, en los años 90, el concepto de derecho de injerencia o deber de asistencia que condujo, pese a aceptables pretextos de fachada, a desastres político-humanitarios de gran envergadura en Kosovo, Somalia, Bosnia... Y finalmente, bajo la conducción de los neoconservadores estadounidenses, al desastre total de la guerra de Irak (7).
Pero tan trágicos fracasos no han interrumpido la idea de que un mundo más civilizado debe ir abandonando una concepción de la soberanía interna establecida hace casi cuatro siglos en nombre de la cual poderes no elegidos democráticamente han cometido (y cometen) incontables atrocidades contra sus propios pueblos.
En 2006, la Organización de las Naciones Unidas, en su Resolución 1674, ha hecho de la protección de los civiles, incluso contra su propio gobierno cuando éste usa armas de guerra para reprimir manifestaciones pacíficas, una cuestión fundamental. Esto modifica, por primera vez desde el Tratado de Westfalia –en materia de derecho internacional– la concepción misma de la soberanía interna y del principio de no-injerencia. La Corte Penal Internacional (CPI), creada en 2002, va en idéntico sentido.
En ese mismo espíritu, muchos líderes latinoamericanos denunciaron con justa razón la pasividad o la complicidad de grandes potencias democráticas ante los graves crímenes cometidos, entre 1970 y 1990, por las dictaduras militares en Chile, Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y tantos otros países mártires de Centro y Suramérica.
Por eso sorprendió que no llegase de América Latina ningún mensaje de solidaridad para con los civiles reprimidos a partir del 15 de febrero, cuando empezaron las protestas sociales pacíficas en Libia, inmediatamente reprimidas por las fuerzas del coronel Gadafi con desmedida violencia (233 muertos en los primeros días) (8). Ni tampoco al estallar, el 20 de febrero, el “Tripolitazo”, cuando unos 40.000 manifestantes denunciaron la carestía de la vida, la degradación de los servicios públicos, las privatizaciones impuestas por el FMI y la ausencia de libertades.
Igual que durante el “Caracazo” del 27 de febrero de 1989 en Venezuela, esa insurrección tripolitana, retransmitida por decenas de testigos oculares, se extendió como reguero de pólvora por toda la capital: se multiplicaron las barricadas, ardió la sede del gobierno, las comisarías fueron incendiadas, los locales de la televisión oficial saqueados, el aeropuerto ocupado, y el palacio presidencial asediado. El régimen libio empezó a tambalearse.


Inmenso error político

En semejantes circunstancias, cualquier otro dirigente hubiese entendido que la hora de negociar y de abandonar el poder había llegado (9). No así el coronel Gadafi. A riesgo de sumir a su país en una guerra civil, el “Guía”, en el poder desde hace 42 años, explicó que los manifestantes eran “jóvenes a los que Al Qaeda había drogado echándoles píldoras alucinógenas en el Nescafé...” (10). Y ordenó a la Fuerza Armada reprimir las protestas a cañonazos y con una fuerza extrema. El canal Al-Jazeera mostró los aviones militares ametrallando a los manifestantes civiles (11).
En Benghazi, un grupo de protestatarios asaltó un arsenal de la guarnición local y se apoderó de miles de armas ligeras para defenderse contra la brutalidad de la represión. Varios destacamentos militares enviados por Gadafi para sofocar en sangre la protesta se sumaron a la rebelión con tanques y pertrechos. En condiciones muy desfavorables para los insurrectos empezaba la guerra civil: un conflicto impuesto por Gadafi contra un pueblo que estaba pidiendo pacíficamente el cambio.
Hasta ese momento, las capitales de la América Latina progresista seguían silenciosas. Ni una palabra de solidaridad, ni siquiera de compasión con los rebeldes civiles que luchan y mueren por la libertad. Hasta que, el 21 de febrero, en un intento por alejar cualquier acusación contra ella, la diplomacia británica –cuya responsabilidad fue central en la rehabilitación del coronel Gadafi a partir de 2004 en la escena internacional– anuncia, a través del ministro de Exteriores William Hague, que el líder libio “podría haber huido de su país y estar dirigiéndose a Venezuela” (12).
Es falso. Y Caracas lo desmiente rotundamente. Pero los medios internacionales muerden el anzuelo y se centran de inmediato en la conexión que el Foreign Office ha sugerido. Minimizando los ostentosos recibimientos de Gadafi en Roma, Londres, París o Madrid, la prensa mundial insiste en las relaciones del “Guía” con Caracas. El propio Gadafi cae en la trampa y también menciona a Venezuela en su primer discurso desde el comienzo de las protestas. Lo hace para negar su huída a ese país, pero ello da pie a nuevas especulaciones sobre el “eje Trípoli-Caracas”. Gadafi añade: “Los manifestantes son ratas, drogados, un complot de extranjeros, de estadounidenses, de Al Qaeda y de locos” (13).
Esta perezosa jácara del “complot estadounidense” es retomada como argumento por varios dirigentes progresistas latinoamericanos –Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, entre otros–, para expresar ahora, cada uno a su modo, una clara solidaridad con el dictador libio bajo los sufridos pretextos de que la “situación es confusa”, que los “medios de comunicación mienten” y que “nadie sabe quiénes son los rebeldes” (14). Ni una frase de compasión hacia un pueblo sublevado contra un tirano militar que manda disparar contra sus propios ciudadanos. Ninguna alusión tampoco a la famosa sentencia del Libertador Simón Bolívar: “Maldito sea el soldado que vuelve las armas contra su pueblo”, doctrina fundamental del bolivarianismo.
La inmensidad del error político sobrecoge. Una vez más, algunos gobiernos progresistas conceden prioridad, en materia de relaciones internacionales, a cínicas consideraciones estratégicas que se hallan en perfecta contradicción con su propia naturaleza política. ¿Los conducirá ese razonamiento a expresar también su apoyo a otro infrecuentable tiranillo local, Bashar al Assad, presidente de Siria, un país que vive bajo estado de emergencia desde 1962 y cuyas fuerzas de represión tampoco han dudado en disparar con fuego real contra pacíficos manifestantes desarmados?
En lo que respecta a Libia, la única iniciativa latinoamericana positiva fue la del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que propuso, el 1º de marzo pasado, el envío a Trípoli de una Comisión internacional de mediación constituida por representantes de países del Sur y del Norte para tratar de poner fin a las hostilidades y negociar un acuerdo entre las partes. Rechazada por Seif el Islam, el hijo del “Guía”, pero aceptada por Gadafi, esta tentativa de mediación fue torpemente descartada por Washington, París, Londres y los insurgentes libios.
A partir de ahí, las cancillerías progresistas suramericanas insistieron en su apoyo a un perfecto iluminado. En efecto, hace decenios que Muamar Gadafi dejó de ser aquel capitán revolucionario que, en 1969, derrocó a la monarquía, expulsó de su país las bases militares estadounidenses y proclamó una singular “República árabe y socialista”. Desde el final de los años 70, su errática trayectoria y sus delirios ideológicos (véase su disparatado Libro Verde) lo han convertido en un dictador imprevisible y jactancioso. Semejante a aquellos tiranos locos que América Latina conoció en el siglo XIX con el nombre de “caudillos bárbaros” (15). Ejemplos de sus trastornos: la expedición militar de 3.000 hombres que lanzó, en 1978, en auxilio del sanguinario Idi Amín Dadá, otro demente presidente de Uganda... O su afición a un juego erótico con chicas menores llamado “bunga bunga” que le enseñó a su socio italiano Silvio Berlusconi... (16).
Gadafi jamás se ha sometido a ninguna elección. Ha establecido en torno a su imagen un culto de la personalidad que linda con el endiosamiento. En la “masocracia” (Jamahiriya) libia no existe ningún partido político, sólo hay “comités revolucionarios”. Habiéndose autoproclamado “Guía” vitalicio de su país, el dictador se considera por encima de las leyes. En cambio, el vínculo familiar es, según él, fuente de derecho. Basado en ello, nombró por antojo a sus hijos para los puestos de mayor responsabilidad del Estado y los de mayor rentabilidad en los negocios.
Tras la (ilegal) invasión de Irak en 2003, temiendo ser el siguiente de la lista, Gadafi se arrodilló ante Washington, firmó acuerdos con la administración Bush, erradicó sus armas de destrucción masiva e indemnizó a las víctimas de sus atentados terroristas. Para complacer a los “neocons” estadounidenses se erigió en perseguidor de Osama Ben Laden y de la red Al Qaeda. Estableció también acuerdos con la Unión Europea para convertirse en cancerbero retribuido de los emigrantes africanos. Pidió ingresar en el FMI (17), creó zonas especiales de libre comercio, cedió los yacimientos de hidrocarburos a las grandes transnacionales occidentales y eliminó los subsidios a los productos alimenticios de primera necesidad. Inició el proceso de privatización de la economía que provocó un importante aumento del desempleo y agravó las desigualdades.
El “Guía” protestó contra el derrocamiento del dictador tunecino Ben Alí a quien consideraba como “el mejor gobernante de la historia de Túnez”. En materia de inhumanidad, sus fechorías son incontables. Desde su apoyo a conocidas organizaciones terroristas hasta su demostrada participación en atentados contra aviones civiles, pasando por su encarnizamiento contra cinco inocentes enfermeras búlgaras torturadas durante años en prisión, o el fusilamiento sin juicio, en la siniestra cárcel Abú Salim de Trípoli, en 1996, de un millar de prisioneros originarios de Benghazi (18).

Dudosa solidaridad democrática

La actual revuelta empezó precisamente en esa ciudad el 15 de febrero pasado cuando las familias de estos fusilados, animadas por las protestas en los países árabes, salieron a la calle para exigir pacíficamente la liberación del abogado Fathy Terbil quien defiende, desde hace quince años, el derecho a recuperar los cuerpos de sus parientes ejecutados (19). Las imágenes de la brutalidad de la represión de esta manifestación –difundidas por las redes sociales y el canal Al-Jazeera– escandalizaron a la población. Al día siguiente, las protestas se habían ampliado masivamente y extendido a otras ciudades. Sólo en Benghazi, 35 personas fueron asesinadas por la policía y las milicias gadafistas (20).
A mediados de marzo, cuando las huestes gadafistas empezaron a cercar Benghazi, tan alto grado de ensañamiento contra la población civil hizo legítimamente temer que se cometiese un baño de sangre (21). En un discurso dirigido a “las ratas” de esa ciudad, el “Guía” amenazó: “Llegamos esta noche. Empiecen a prepararse. Los sacaremos del fondo de sus armarios. No habrá piedad” (22).
Los pueblos recientemente liberados de Túnez y Egipto deberían haber acudido de inmediato en ayuda de los asediados libios que reclamaban a gritos ayuda internacional (23). Era su responsabilidad primera. Pero lamentablemente los gobiernos de estos dos países no supieron estar a la altura de las circunstancias históricas.
En ese contexto de urgencia, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó, el 17 de marzo, la resolución 1973 que establece un régimen de exclusión aérea en Libia con el fin de proteger a la población civil y hacer cesar las hostilidades (24). La Liga Árabe había dado su acuerdo preliminar. Y, cosa excepcional, la resolución fue presentada por un Estado árabe: el Líbano (además de Francia y Reino Unido). Ni China, ni Rusia, que disponen de derecho de veto, se opusieron. Brasil e India tampoco votaron en contra. Varios países africanos se pronunciaron a favor: Sudáfrica (la patria de Mandela), Nigeria y Gabón. Ningún Estado se opuso.
Se puede estar en contra de la estructura actual de Naciones Unidas o estimar que su funcionamiento actual deja mucho que desear. O bien que las potencias occidentales dominan esa organización. Son críticas aceptables. Pero, por ahora, la ONU constituye la única fuente de legalidad internacional. Por eso, y contrariamente a las guerras de Kosovo o de Irak que nunca tuvieron el aval de la ONU, la intervención actual en Libia es legal –según el derecho internacional–, legítima –según los principios de la solidaridad entre demócratas– y deseable para la fraternidad internacionalista que une a los pueblos en lucha por su libertad. Se podría añadir que potencias musulmanas como Turquía, reticentes en un primer momento, han terminado por participar en la operación.
También podría recordarse que si Gadafi, como era su intención, hubiese anegado en sangre la insurrección popular, habría enviado una señal de vía libre a los demás tiranos de la región, alentándolos de ese modo a aplastar ellos también, sin miramientos, las protestas locales. Basta con observar que, en cuanto las tropas de Gadafi se aproximaron a sangre y fuego a Benghazi, en medio de la pasividad internacional, los regímenes de Bahrein y de Yemen no dudaron en disparar con fuego real contra los manifestantes pacíficos. No lo habían hecho hasta entonces. Pero apostaron a su vez al inmovilismo internacional.
La Unión Europea, en particular, tiene una responsabilidad específica en este asunto. No sólo militar. Es menester pensar en la próxima etapa de consolidación de las nuevas democracias que van a ir surgiendo en esta región tan vecina. Apoyar la “primavera árabe” supone asimismo el lanzamiento de un verdadero “Plan Marshall”, o sea, una ayuda económica masiva “semejante a la que se ofreció a Europa del Este después de la caída del muro de Berlín” (25).
¿Significa todo esto que la operación “Odisea del Amanecer” no plantea problemas? En absoluto. En primer lugar, porque los Estados u Organizaciones que la capitanean (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, OTAN) son los “sospechosos de siempre” implicados en múltiples aventuras guerreras sin la mínima cobertura legal, legítima o humanitaria. Aunque esta vez los objetivos de solidaridad democrática parecen más evidentes que los nexos con la seguridad nacional de Estados Unidos, cabe preguntarse ¿desde cuándo le ha importado a estas potencias la democracia en Libia? Es por ello que carecen de credibilidad.
Segundo: existen otras injusticias en esta misma región –el sufrimiento palestino, la intervención militar saudita en Bahrein contra la indefensa mayoría chiita, la desproporcionada brutalidad de los gobiernos de Yemen y de Siria...– ante las cuales las mismas potencias que atacan a Gadafi hacen la vista gorda dando prueba de una doble moral.
Tercero: el objetivo debe ser el que fija la resolución 1973 y sólo ése: ni invasión terrestre, ni víctimas civiles. La ONU no ha dado licencia para derrocar a Gadafi, aunque bien parece que ese sea el objetivo final (e ilegal) de la operación. En ningún caso esta intervención debe servir de precedente para otras aventuras guerreras contra Estados situados en el punto de mira de las potencias occidentales dominantes.
Cuarto: la historia enseña (y el caso de Afganistán lo demuestra) que es más fácil entrar en una guerra que salir de ella. Y quinto: el olor a petróleo de toda esta operación apesta.
Los pueblos árabes están sin duda sopesando lo justo y lo injusto de la actual intervención militar en Libia. En su gran mayoría apoyan a los insurgentes (aunque se siga sin saber bien quiénes son y aunque se sospeche que varios elementos indeseables figuran en el actual Consejo Nacional de Transición). Por el momento, al menos hasta finales de marzo, no se han producido manifestaciones de rechazo a la operación en ninguna capital árabe. Al contrario, como estimuladas por ella, nuevas protestas contra las autocracias se intensificaron en Marruecos, Yemen, Bahrein... Y sobre todo en Siria.
Obtenida la zona de exclusión aérea y a salvo la población civil de Benghazi, a finales de marzo estaban cumplidas las dos principales exigencias de la resolución 1973. Aunque otras demandas no lo estaban aún (el cese el fuego por parte de las fuerzas gadafistas y su garantía de acceso seguro a la ayuda humanitaria internacional), a partir de ese momento los bombardeos debieron cesar. Más aún en la medida en que la OTAN, que no ha recibido mandato internacional para ello, ha asumido el 31 de marzo el liderazgo militar de la ofensiva. La resolución tampoco autoriza a armar, entrenar y dirigir militarmente a los rebeldes porque ello supone un mínimo de fuerzas extranjeras (“comandos especiales”) presentes en el suelo libio, lo cual está explícitamente excluido por la resolución 1973 del Consejo de Seguridad.
Es urgente que los miembros de ese Consejo de la ONU vuelvan ahora a consultarse; que se tenga en cuenta la posición de China, Rusia, India y Brasil para imponer un alto el fuego inmediato y buscar una salida no militar al drama libio. Una solución que tome en cuenta también la iniciativa de la Unión Africana, garantice la integridad territorial de Libia, impida toda invasión terrestre de fuerzas extranjeras, preserve las riquezas del subsuelo contra la rapacidad de algunas potencias foráneas, ponga fin a la tiranía y reafirme la aspiración a la libertad y a la democracia de los ciudadanos.
En Libia, sólo una salida política negociada por todas las partes será justa.

1 Ignacio Ramonet, “Cinco causas de la insurrección árabe”, Informe Dipló, 16-4-11, www.eldiplo.org
2 Ignacio Ramonet, “Túnez, Egipto, Marruecos, esas dictaduras ‘amigas’”, www.monde-diplomatique.es
3 Christophe Ventura, “Entrevista con Samir Amin”, Mémoire des luttes, París, 29-4-11.
4 Fidel Castro, “La Rebelión Revolucionaria en Egipto”, Granma, La Habana, 14-2-11.
5 Véase, por ejemplo, Santiago Alba y Alma Allende, “Del mundo árabe a América Latina”, Rebelión, 24-2-11, y Atilio Boron, “No abandonar a los pueblos árabes”, Página/12, Buenos Aires, 7-4-11.
6 Error que ya cometió dos veces la revolución cubana cuando apoyó la intervención militar del Pacto de Varsovia en Praga para aplastar la insurrección popular checoslovaca en agosto de 1968 y cuando aprobó la invasión de Afganistán por la URSS en diciembre de 1979.
7 Ignacio Ramonet, Irak, historia de un desastre, Debate, Madrid, 2005.
8 Agencia Reuters, 21-2-11.
9 En América Latina, ante protestas populares de gran envergadura, varios presidentes (elegidos democráticamente) tuvieron que renunciar a su cargo. Tres de ellos en Ecuador: Abdalá Bucarám, “por incapacidad mental”, en 1997, Jamil Mahuad en 2000 y Lucio Gutiérrez en 2002. Dos en Bolivia: Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003 y Carlos Mesa en 2005. En Perú, Alberto Fujimori en 2000. Y en Argentina, Fernando de la Rúa en 2001.
10 El País, Madrid, 24-4-11.
11 The Guardian, Londres, 21-2-11.
12 Agencia AFP, 21-2-11.
14 El más antiimperialista de los líderes árabes, Sayyed Nasrallah, jefe del Hezbolá libanés, ha declarado que es “irracional decir que las revoluciones árabes, y singularmente la libia, fueron preparadas en cocinas estadounidenses”. Discurso del Seyyed Nasrallah, 19-4-11, www.rebelion.org/mostrar.php?tipo=5&id=&inicio=0
15 Alcides Arguedas, Los Caudillos bárbaros, editorial Viuda de Luis Tasso, Barcelona, 1929. Véase también Max Daireaux, Melgarejo, Editorial Andina, Buenos Aires, 1966.
16 Quentin Girard, “Toi vouloir faire bunga-bunga?”, Slate, París, 12-11-10, www.slate.fr/story/30061/bunga-bunga-berlusconi
17 “Le Rapport du FMI qui félicite la Libye”, in Mémoire des luttes, París, 11-4-11, www.medelu.org/spip.php?article761
19 Véase Evan Hill, “The day the Katiba fell”, Al Jazeera english, 2-4-11, http://english.aljazeera.net/indepth/spotlight/libya/2011/03/20113175840189620.html
20 Ibid.
21 Estos y otros crímenes han conducido al fiscal jefe de la Corte Penal Internacional, el argentino Luis Moreno Ocampo, a abrir una investigación contra Muamar Gadafi, acusado de “crímenes contra la humanidad” por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.
22 Agencia AFP, 17-4-11.
23 Khaled Al-Dakhil, “Pourquoi tant d’hésitations?”, Al-Hayat, Londres (reproducido por Courrier Internacional, París, 17-4-11).
25 Nouriel Roubini, “Un plan Marshall pour le printemps arabe”, Les Échos, París, 21-4-11.
I.R.
© Le Monde diplomatique, edición española y
Ediciones Cybermonde, S.L.
Fotografías: Internet

28 de marzo de 2011

La oposición - Por Martha Beatriz Roque Cabello

Cuba: La oposición

Por Martha Beatriz Roque Cabello
Martha Beatriz roque Cabello

En los países democráticos existe un conjunto de grupos o partidos que se oponen a la política del Gobierno. De igual forma en los cuerpos legislativos –casi siempre en minoría- impugnan las actuaciones del Gobierno. También así se le llama a los sectores de la opinión pública adversos al poder establecido. En fin, la oposición política está reconocida internacionalmente, claro con excepción de los países totalitarios como Cuba.

En estos momentos las personas con ideas contrarias a los que están en el poder, han demostrado que se pueden llevar a cabo transformaciones, si se dan a conocer estos desacuerdos, en particular de forma pacífica. Es una corriente que ha recorrido varios países africanos y que en estos momentos toma cuerpo en otros. Algunas personas se preguntan: ¿Y por qué en Cuba no pasa algo similar?

Habría que decir a favor de los que detentan el poder en el país, que han sido muy inteligentes en la instauración del control personal, el cual comenzó disfrazado como justicia social, defensa de la agresión yanqui, etc., pero del plano ideológico pasó al del temor propio, haciendo que el individuo se subordinara totalmente a las disposiciones del Estado.

Para los que no han vivido en un régimen tiránico, esto resulta muy difícil de comprender, quizás hasta para aquellos que han padecido las dictaduras de derecha. Cada paso que se toma, en cualquiera de los sentidos: económico, social y político, tiene como fin mantener el control total. Es por eso que el esquema que transmite alguna esperanza de futuro de vida al ciudadano cubano promedio, está vinculado con la lealtad al sistema. Los que no se someten a ello solo ven su futuro fuera del país, aunque no se puede descartar, porque así lo ha demostrado la historia, que los que inmoralmente apoyan  al gobierno también pretendan emigrar.

La jerarquía gubernamental pretende sojuzgar a todo el pueblo, cuando menos tenerlo intimidado. Pero desde el comienzo tuvo oposición a ello. Primero les fue más fácil llevarlos todos a prisión e incluso fusilarlos, ya más tarde se le complicaron las cosas y tuvo que hacer concesiones, pero siempre con su anuncio de que la “Revolución” no actúa bajo presión. No obstante, nuevamente se vio en la necesidad de sacar de prisión a los 75 opositores que fueron encarcelados en la Primavera Negra de 2003, proceso que demoró 8 años.

Así es precisamente como se mantiene la cúpula obsoleta que dirige el país, de aire en aire. En aquellos momentos pensaron que acabarían con la disidencia interna, y se equivocaron, surgió un movimiento de familiares de los presos políticos que los obligó a excarcelarlos, las Damas de Blanco jugaron un papel fundamental en ello, pero no se puede dejar de pensar en el asesinato de Orlando Zapata Tamayo, el trabajo constante de la oposición interna y el apoyo del exilio.

En el ciclo actual en que se encuentra la dictadura, intenta lo mismo que siempre, acabar con la oposición. Su juego se basa en tres estrategias, que han sido durante estos años como un lazo, algo que se repite y se vuelve a repetir, el propósito es: “desangrar” la disidencia, sacando del país a todos  los que accedan a irse; “desprestigiarla”, o sería mejor decir “tratar de desprestigiarla”, con sus videos televisivos que son palabras que se van al viento; y como siempre “dividirla”, para lo cual cuenta con numerosos cooperantes dentro de ella, que no merecen ser nombrados como agentes, porque en la mayoría de los casos actúan bajo chantaje.

En los últimos días se ha podido elaborar una lista parcial de aproximadamente 15 disidentes que han abandonado el país, junto con sus parientes y haciendo compañía a los presos que se han trasladado a España, sin tener relación familiar alguna con los excarcelados; y se conoce que hay otros en espera de esta oportunidad, que han sido momentáneamente acallados. En particular les molestan los miembros de la Coalición Central Opositora, que dirige Idania Yanes Contreras  y que tanto apoyo ha encontrado en la sociedad civil de las provincias centrales, cada día crece el número de personas que se le acercan, para buscar soluciones a los problemas que el régimen ni les hace caso.

La oposición, con menos miembros por un corto período, porque diariamente se suman personas a ella, seguirá haciendo su trabajo. Quizás algunos piensen que no significa nada, pero se equivocan, para el gobierno es algo desgastante, baste con echar una mirada a las movilizaciones que tiene que realizar cada vez que hay una actividad en cualquier lugar del país y es que existe un gran temor de que se conviertan en la punta de lanza que desaten las protestas generales del pueblo.

Sólo hay que esperar, el fruto de este trabajo de tantos años, ya no está verde, ha comenzado a madurar, los disidentes pueden vivir penetrados por la policía política, no hay necesidad ni de espantar estas moscas, todos las conocen y permiten que estén alrededor, porque ciertamente, aunque en algún momento puedan hacer algún daño, no es relevante; la oposición cubana, tanto dentro como fuera de la Isla, llevará a nuestra Patria a la libertad y la democracia.
La Habana, 28 de marzo de 2011
Foto: Internet


Pablo Felipe  Pérez Goyry

Freelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst

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