16 de octubre de 2007

Cuba: Allanando el camino para una transición razonable


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.
16 de octubre de 2007.


EL FINAL DE LA DICTADURA MARXISTA-FIDELISTA, es lioso de profetizar e indescifrable sus consecuencias. Su agónico estado, requiere conceptuarlo que está en cuidados intensivos y con pronostico reservado.

Hay que sumar ―después de más de 14 meses de ser llevado de emergencia a una cirugía intestinal, y transitoriamente delegara el poder a su hermano Raúl― la aparición de Castro, sorpresivamente, durante el programa dominical del gobernante venezolano Chávez, que se transmitió desde la ciudad de Santa Clara, como homenaje al Che Guevara, en el 40 aniversario de la muerte del guerrillero de origen argentino, el dictador cubano habló por teléfono con su discípulo.

Las opiniones no se han hecho esperar. Para Chávez, destrón del castrismo, fue una oportunidad para el pueblo cubano escuchar “en vivo” a Castro. Según el Nuevo Herald, el Departamento de Estado informó: “... que le complacía que el presidente cubano Fidel Castro haya tenido un diálogo con su colega venezolano Hugo Chávez, pero lamentaba que Castro nunca tuviera una conversación parecida con el pueblo cubano”.

El portavoz Tom Casey dijo: "Me complace que Fidel Castro haya tenido una oportunidad de discutir cosas con su buen amigo el presidente Chávez. Pero está muy mal que en casi medio siglo de desgobierno en Cuba no haya tenido la misma conversación con su propio pueblo”. Si fue en vivo o grabado, el esperpento repitió cháchara, como nueva dosis para buscar las cosquillas al embrollo y vivificar los arcanos.

No se puede negar que la “revolución cubana” se estructuro en sus inicios con buenas intenciones. Los eventos han demostrado que se convirtió para algunos en la salvación del universo, para otros (me adhiero) en una dictadura o tiranía.

Desdichadamente, Castro tiene excelentes amigos, especialmente trasnochados intelectuales izquierdistas de América Latina y gobernantes encubridores, que aún en este momento son promovedores y adeptos al misticismo de la “revolución fidelista”. Con todo, creo en las personas decentes que colaboran en la búsqueda para se pueda materializar la Transición, aunque esta sea lenta en el quehacer y dilatada en el tiempo.

Así las cosas, para continuar en el poder, la dictadura eterniza el anacrónico hermetismo y la reescritura de sus estrategias, con el objetivo de desvirtuar la desharrapada existencia de los cubanos y el inocultable desastre del marxismo-fidelismo.

Para las personas honestas, no es un secreto que Cuba está estancada y asfixiada en la indigencia, la sociedad vive hastiada y en la desesperanza. Aunque, pareciera de la generalidad de los cubanos están resignados a ser zombis, tampoco es un secreto de actualmente el archipiélago se debate entre el estatismo arcaico y una eventual Transición democrática con libertad integral sin prejuicios y respeto por los derechos políticos y civiles.

La visita a Cuba de Mijail Gorbachov (2 de abril de 1989) y los acontecimientos posteriores en Europa Oriental, permitió a muchos cubanos percibir una enseñanza moderna para cómo pacíficamente dar respuesta al problema cubano. Poco a poco, ha venido aliñándose en la conciencia civilista y contestataria cubana de la Transición ocurrirá inevitablemente.

A todas luces, el achacoso estado de la dictadura castrista indica su final cercano. Aunque los esfuerzos del régimen, por desvirtuar esta realidad, estén dirigidos a silenciar las voces de la oposición y la opinión pública nacional e internacional. La última aparición de Castro, vía telefónica, es una prueba. Juntamente, el pueblo cubano mal vive y espera se devele la incógnita sobre cuál será el futuro de Cuba, después de la muerte del comandante.

Mi punto de vista al respecto es que, no está inaccesible el día en que los cubanos tengan la responsabilidad de realizar acciones políticas que propugnen limitar el poder del nuevo Estado y establecer marcos legales como soporte del Estado de Derecho. De igual manera, será necesario unificar esfuerzos para defender el respeto a la libertad individual, la propiedad privada, y la garantía de la equidad ante las leyes.

También, erigir la infraestructura de una globalizada economía de dinámica competencia, con libertad comercial y libre empresa, así como el sostenimiento de un sistema monetario que impida al gobierno la morbosa especulación inflacionaria.

Por lo dicho y por decir, la Transición es símbolo de progreso y bienestar para todos los cubanos, sin excepción, estén en Cuba o fuera. El cambio, más que un deseo es una necesidad impostergable.

Definitivamente, por todas las razones expuestas y las acciones sistemáticas de la oposición ―interna y externa―, son evidencias de que adelantadamente se está allanando el camino para una Transición razonable, y es el mejor síntoma de se está hollando con paso firme el sendero que conduce a la reedificación coherente de la República. Cuando se llegue a la meta, con la mano en el corazón y a los pies de la Patria, será menester dar fe del deber cumplido. Empero... dejo al paciente leedor la pregunta que inquieta el espíritu: ¿La nación cubana está preparada para una transición? Tiene la palabra amiga, amigo... ¡NAMASTE!