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27 de mayo de 2010
Las Cinco Leyes de Sun Tzu - Por Paulo Coelho
15 de abril de 2010
El problema de los otros - Paulo Coelho
2 de abril de 2010
Anotaciones en aeropuertos
Por Paulo Coelho
Gerrero de la Luz
Moisés separa las aguas
-A veces la gente se acostumbra a lo que ve en las películas, y termina olvidándose de la verdadera historia -dice un amigo, mientras observamos juntos el puerto de Miami -. ¿Te acuerdas de “Los diez mandamientos”?
-Claro que me acuerdo. Moisés (Charlton Heston) en un momento dado levanta su bastón, las aguas se separan, y el pueblo hebreo pasa a través de la gran masa de agua.
-En la Biblia no ocurre eso – comenta mi amigo – Allí Dios le ordena a Moisés: “Diles a los hijos de Israel que caminen” y sólo después de haber comenzado todos a andar, Moisés levanta el bastón y el Mar Rojo se abre.
»Sólo la valentía durante el camino hace que el camino se manifieste.
San Agustín y la lógica
San Agustín se convirtió por una sencilla señal. Durante años buscó en varias corrientes filosóficas una respuesta para el sentido de la vida. Cierta tarde, en el jardín de su casa de Milán, reflexionaba sobre el fracaso de toda su búsqueda. En ese momento, escuchó que un niño cantaba en la calle: “¡Tome y lea! ¡Tome y lea!”.
Aunque siempre se había regido por la lógica, resolvió – en un impulso – abrir el libro que le quedaba más cerca. Era la Biblia, y allí leyó un pasaje de San Pablo que incluía las respuestas que estaba buscando.
A partir de entonces, en el pensamiento de Agustín, la lógica le dejó un lugar también a la fe, de manera que ésta tuviese también su participación. Fue por esto por lo que él llegaría a ser uno de los mayores teólogos de la Iglesia.
El sentido de la verdad
En nombre de la verdad, la especie humana ha cometido sus peores crímenes. Hombres y mujeres fueron quemados vivos. Se destruyó la cultura de civilizaciones enteras. Se marginó a los que buscaban un camino diferente.
Uno de ellos, en nombre de la “verdad”, acabó crucificado. Pero, antes de morir, nos dejó la gran definición de la Verdad.
No es lo que nos da certezas. No es lo que nos da profundidad. No es los que nos hace mejores que los demás. No es lo que nos mantiene en la prisión de los prejuicios.
La verdad es lo que nos da la libertad. “Conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará libres”, dice Jesús.
Artistas de la vida
He de vivir todas las gracias que Dios me ha dado hoy. Las gracias no se pueden ahorrar. No existe un banco en el que poder depositar las gracias recibidas, para ir empleándolas de acuerdo a nuestro deseo. Si no disfruto de estas bendiciones, voy a perderlas irremediablemente.
Dios sabe que somos artistas de la vida. Un día nos da un formón para esculpir, otro, pinceles y un lienzo, y otro día nos da una pluma para escribir. Pero nunca conseguiremos usar el formón en telas, o plumas en esculturas. A cada día, su milagro. He de aceptar las bendiciones de hoy, para crear lo que tengo; si hago esto con distanciamiento y sin culpa, mañana recibiré más.
El sapo y el agua
Un abogado amigo mío, Renato Pacca, me envía un texto interesante: varios estudios biológicos demuestran que un sapo colocado en un recipiente con el agua de su propia laguna, se queda inmóvil mientras estamos calentando el líquido. El sapo no reacciona al gradual aumento de la temperatura (cambios de ambiente) y muere cuando el agua hierve, hinchado y feliz.
Por otro lado, otro sapo que dejemos caer en ese mismo recipiente con el agua ya hirviendo, saltará fuera inmediatamente. Medio chamuscado, ¡pero vivo!
En ocasiones, somos sapos hervidos. No nos damos cuenta de los cambios. Nos parece que todo marcha muy bien, o que lo que no anda bien va a pasar, que es sólo cuestión de tiempo. Estamos a punto de morir, pero nos quedamos flotando, estables y apáticos, en el agua que no deja de calentarse minuto a minuto. Acabamos muriendo, hinchaditos y felices, sin haber llegado a sentir los cambios que se producían a nuestro alrededor.
Hay sapos hervidos que aún creen que lo fundamental es la obediencia, y no la competencia: manda quien puede, y obedece quien tiene juicio. En definitiva, ¿dónde está la vida de verdad? Es mejor salir medio chamuscados de una situación, pero vivos y listos para la acción.
Junio de 2001
La vida es como una gran carrera de ciclismo, cuya meta es hacer realidad la Leyenda Personal.
En la salida partimos juntos, llenos de camaradería y entusiasmo. Pero, a medida que la carrera se desarrolla, la alegría inicial deja su lugar a los verdaderos desafíos: el cansancio, la monotonía, las dudas sobre la propia capacidad.
Nos damos cuenta de que algunos amigos ya han desistido, y de que otros apenas siguen corriendo porque no pueden parar en mitad de una carretera. Estos son numerosos, y todos pedalean al lado del coche de apoyo, conversan entre sí y cumplen una obligación.
Terminamos por distanciarnos de ellos; y entonces nos vemos obligados a enfrentar la soledad, las sorpresas con las curvas desconocidas, los problemas con la bicicleta. En un momento dado, tras algunas caídas sin tener a nadie cerca para ayudarnos, terminamos preguntándonos si vale la pena tanto esfuerzo.
15 de octubre de 2009
Problemas de comunicación - Paulo Coelho
Por Paulo Coelho.Guerrero de la Luz
Frente a la catedral
Me estaba sintiendo muy solo en plena ciudad de Nueva York, a la salida de una misa en la catedral de Saint Patrick, cuando, de repente, se me acercó un brasileño:
- Tengo una gran necesidad de hablar con usted – me dijo.
Me entusiasmé tanto con el encuentro, que comencé a hablar de todo lo que me parecía importante: de magia, de bendiciones divinas, de amor. Él lo escuchó todo en silencio, me dio las gracias, y se fue.
En lugar de alegría, yo sentí entonces una soledad aún mayor que la de antes. Sólo más tarde me daría cuenta de que, llevado por el entusiasmo, no le había prestado la debida atención al deseo de aquel brasileño:
El de hablar conmigo.
En realidad todas mis palabras se perdieron en el aire, pues no era eso lo que el Universo quería entonces de mí. Yo habría resultado mucho más útil si me hubiera parado a escuchar lo que él tenía que contarme.
¿A quién queremos?
Ya de niños, nos preguntan: ¿Quieres a papá? ¿Quieres a la tía? ¿Quieres a tu profesor?
Nadie nos pregunta: ¿Tú te quieres a ti mismo?
Y terminamos gastando gran parte de nuestra vida y de nuestra energía en intentar agradar a los demás. Pero, ¿y qué hay de nosotros? El jesuita Anthony Mello cuenta una genial historia sobre este asunto.
Una mujer y su hijo se encuentran en una cafetería. Tras escuchar el pedido de la madre, la camarera se dirige al niño:
-¿Y tú qué vas a querer?
-Un perrito caliente.
-De eso nada – salta la madre – Lo que él quiere es un filete de ternera con guarnición de verduras.
La camarera, ignorando el comentario, le pregunta al chico:
-¿Lo quieres con mostaza o con kétchup?
-Con los dos – responde el chico.
Y a continuación se vuelve hacia la madre, todo sorprendido:
-¡Mamá! ¡ELLA CREE QUE SOY DE VERDAD!
Nadie se lo cree
Cuenta la leyenda que, justo después de su Iluminación, Buda decidió pasear por los campos. En el camino se cruzó con un labrador, que se quedó impresionado con la luz que emanaba del maestro.
-Amigo, ¿quién eres tú? – preguntó el labrador – Pues tengo la sensación de estar delante de un ángel, o de un Dios.
-No soy ni lo uno ni lo otro – respondió Buda.
-¿Acaso eres entonces un poderoso hechicero?
-No, tampoco.
-En ese caso, ¿qué es lo que te hace tan diferente de los demás hasta el punto de que un simple campesino como yo pueda sentirlo?
-Soy apenas alguien que despertó a la vida. Nada más. Pero le digo esto a todo el mundo, y nadie se lo cree.
El paraguas
Como ordena la tradición, antes de entrar en la casa del maestro zen, el discípulo dejó junto a la puerta sus zapatos y su paraguas.
-He visto por la ventana que estabas llegando – comentó el maestro - ¿Has dejado los zapatos a la derecha o a la izquierda del paraguas?
-No tengo ni la menor idea. Pero, ¿qué importancia tiene? ¡Yo estaba pensando en el secreto del Zen!
-Si no le prestas atención a la vida, nunca aprenderás nada. Comunícate con la vida, dale a cada segundo la atención que merece; éste es el único secreto del Zen.
Pablo Felipe Pérez GoyryFreelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst | |||||||||||||||||||||
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