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Autor: PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY   


©Pablo Felipe Pérez Goyry

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29 de mayo de 2011

Tú no princesa, tú no - Por: Yoani Sánchez

Tú no princesa, tú no

Por: Yoani Sánchez
Generación Y
Tú saldrás de esta cochambre de muertos de hambre…
Joan Manuel Serrat

Yoani Sánchez
Fue criada para triunfar. De chiquita, su madre se quitaba el huevo frito del plato –si hacía falta– para dárselo a ella, porque la niña era una promesa de la que colgaba toda la familia. No la dejaban siquiera fregar, para que sus manos no fueran a cuartearse o endurecerse con el estropajo y el hollín. Cuando le peinaba el ensortijado pelo, su hermana mayor le predecía que una vez se casaría con un francés, un español o un belga, con alguien de la “nobleza” monárquica o empresarial. “¡Todos van a enamorarse de ti!” gritaba la abuela, a quien por lavar y planchar para la calle, durante medio siglo, se le habían torcido los dedos con la artritis. Ni siquiera la dejaban tener novio en el vecindario, pues ella debía preservarse para el futuro que le esperaba, para el potentado que vendría a llevársela de aquel atestado solar en la calle Zanja y de aquel país varado en el Caribe.

Un día, cuando apenas salía de la adolescencia, lo encontró. Era mucho mayor y no pertenecía a ninguna familia acaudalada, pero tenía un pasaporte italiano. Físicamente tampoco le gustaba, aunque la sola idea de imaginarse con él en Milán hacía que su abultado abdomen cervecero no le pareciera tan grande. El aroma de la ropa nueva que le traía cada vez que viajaba a La Habana cubría también el olor a nicotina y alcohol que siempre le salía de la boca. En casa, la familia de ella estaba encantada. “La niña se nos va a vivir a Europa” le decían a las vecinas y la propia madre paró en seco una conversación donde ella le contaba que su prometido de vez en cuando se ponía violento y la golpeaba. Así la empujaron hasta la consultoría jurídica donde se oficializó el matrimonio. En las fotos de la boda, ella parecía una princesa triste, pero una princesa.

Cuando el avión aterrizó en el invierno italiano, ya él no se parecía al amable señor que 24 horas antes le había prometido a su madre que la cuidaría. La llevo al club esa misma noche, donde ella debía trabajar sirviendo a los clientes licores y hasta su propio cuerpo. Durante meses, ella le escribió a la abuela sobre los perfumes y la comida que había probado en su nueva vida. Recreó en sus cartas y en sus llamadas telefónicas una realidad muy diferente a la que vivía. Ni una palabra de la extorsión ni del marido que se había evaporado dejándola en manos de un “jefe” al que debía obedecer. En el solar habanero, todos la hacían mimada y feliz, no podía defraudarlos. Cuando la policía italiana desmanteló la red de prostitución en la que ella estaba atrapada, mando un breve sms a los parientes del lado de acá del Atlántico, para no preocuparlos: “No podré llamarlos por varias semanas. Me voy de vacaciones a Venecia para celebrar aniversario de bodas. Los quiere a todos, la princesa”.
Foto: Internet

11 de abril de 2011

Cuatro años, nueve meses y una vida - Por: Yoani Sánchez


Cuatro años, nueve meses y una vida


Por: Yoani Sánchez

Justo cuando habías olvidado cómo enseñar a un bebé a caminar, te da por parir un blog. Un sitio web al que ayudar a articular sus primeras palabras, al que advertir de los peligros y mostrar un mundo que ni tú misma comprendías bien. Pensabas que ya no ibas a tener otro hijo, por aquello del déficit habitacional, la carestía y la protesta cívica -y silenciosa- de tu útero vacío, pero se te ocurrió ponerte a juguetear con la alquimia de los kilobytes. El parto ha sido doloroso, prolongado: no ha durado unas horas sino cuatro años. Con él te surgió una hemorragia imparable que se lleva tu tiempo y tu energía; también emergieron los supuestos doctores que te cuestionan: ¿por qué te metiste en todo esto?


Después de un embarazo azaroso, la criatura nació por cesárea, te cosieron unos puntos quirúrgicos dolorosos alrededor de tu vida y aunque todavía puedes ponerte bikinis ya no te dejan entrar a los cines, participar de una conferencia cualquiera, viajar fuera de tu país, salir de la ciudad sin la constante persecusión de esas sombras que también han llegado con el alumbramiento.

Eres la madre de un ente peculiar y novedoso, en una sociedad donde la diferencia no es bien vista. Quieres explicar a tus familiares y amigos que hubieras reventado si no sacabas fuera de ti este ser autónomo que es hoy tu bitácora virtual. Sin embargo, muchos no quieren creerte. Adjudicar a tu matriz la real autoría de este fruto sería confesar que ellos mismos han abortado una y mil veces por temor a ser emplazados públicamente. Sólo te queda arropar al bebé, verlo crecer y acostumbrarte a su rostro cruzado de sonrisas y cicatrices, escuchar a tu instinto y saber que ese es el retoño que has dado a luz, el que siempre quisiste tener.

Lo ves salir un día al mundo con la zozobra de si sobrevivirá al cinismo allá afuera, al insulto y la burla. Sin embargo, en lugar de regresar acongojado viene acompañado de otros iguales, de decenas de blog estigmatizados y satanizados, arropados por quienes -como tú- tampoco pudieron dejar de pujar. De manera que ahora el hijo-blog parte su pastel de cumpleaños y te guiña un ojo: le has regalado el respirar, el volar por el ciberespacio y el aletear en Internet. Pero ni siquiera siendo la progenitora tienes control sobre su vida. Ya pertenece a la blogósfera alternativa cubana y no tiene porqué llevar sobre sus espaldas esas dolorosas contracciones que tú sentiste el 9 de abril de 2007.
Foto: Generación Y


Pablo Felipe  Pérez Goyry

Freelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst

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