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Autor: PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY   


©Pablo Felipe Pérez Goyry

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30 de enero de 2012

CUBA: ¿Quién es Yoani Sánchez? o ¿Quién dice la verdad?

CUBA: ¿Quién es Yoani Sánchez? o ¿Quién dice la verdad?

Tomado de: La pupila insomne

Con el título “Yoani Sánchez: ¿Bloguera o mercenaria?“, el periodista brasileño Altamiro Borges ha publicado una caracterización de la multipremiada bloguera que se viene a sumar a la información que en días recientes varios espacios alternativos de Brasil han venido difundiendo sobre este mediático personaje.
Yoani Sánches - Generación Y - Cuba
Complementando el trabajo de Altamiro, quien preside el Centro de Estudios de Medios Alternativos Barão de Itararé en la ciudad de Sao Paulo y es autor, entre otros títulos, del libro A ditadura da mídia,  y de otros periodistas brasileños, en La pupila insomne hemos elaborado  este dossier.
1. Empleada de la SINA:
- YS se reúne frecuentemente y recibe instrucciones de la Sección de Intereses de EEUU (SINA) en

5 de diciembre de 2011

Cuba: Etiqueta cantada - Por: Yoani Sánchez


Cuba: Etiqueta cantada

Por: Yoani Sánchez
Generación Y

Arquitectura que una vez fue atrevida, un césped cortado como pocos y las puertas bien custodiadas para evitar curiosos. El Palacio de las Convenciones ha sido la sede de tantos y tantos eventos organizados por el gobierno que es difícil separar su nombre de la palabra “oficial”. Hace las veces también de sala parlamentaria para una Asamblea Nacional que no tiene locación propia y se niega a utilizar el hermoso hemiciclo del Capitolio habanero. Justo ahí, en el sancto sanctórum de lo estatal y lo gobernativo, ha venido a celebrarse esta semana un foro sobre medios alternativos y redes sociales convocado por el Ministerio de Relaciones Exteriores. La hierba irregular de cualquier parque hubiera resultado un mejor escenario, pero sobre ella los participantes habrían estado expuestos a los paseantes no invitados… y eso –claro está– no se podía permitir.

20 de noviembre de 2011

Urnas de ultramar - Por: Yoani Sánchez

Urnas de ultramar

Por: Yoani Sánchez
Generación Y

Después de la cena se quedaron en la mesa del comedor para rellenar las boletas. Él nervioso, ella más decidida. Marcaron con cruces, a cuatro manos, mientras los niños jugueteaban en el sofá. Aquellos papeles recibidos en el Consulado español de La Habana olían a nuevo, a tinta fresca sobre el escudo de columnas y coronas. Pero lo más novedoso para la pareja resultaba el acto mismo de elegir en una lista de varios partidos, la acción de decidir entre diferentes colores políticos. Ambos, que hasta hace poco custodiaban urnas vestidos de pioneros, han emitido el primer voto desde su estrenada condición de naturalizados como españoles. Tomaron el bolígrafo con la determinación que jamás habían usado en una boleta nacional, eligieron a distancia, ya que aún no pueden hacerlo en la cercanía.

14 de noviembre de 2011

Estudio de tolerancia - Por: Yoani Sánchez

Yoani Sánchez vs. Mariela Castro

Estudio de tolerancia

Por: Yoani Sánchez
Generación Y

Hace algunos años se me había pegado una muletilla que intercalaba entre frase y frase. Un reiterativo “¿Me entiendes?” capaz de molestar incluso a mis amigos más comprensivos. Lo decía en los momentos menos adecuados y un día alguien me dio una lección “¿Por qué piensas que no te entiendo, no serás tú la que no te sabes explicar?” El lenguaje tiene así la cualidad de desvestirnos y dejarnos a la intemperie; las palabras revelan lo que escondemos bajo el barniz del buen talante. Especialmente, las redes sociales se han constituido en una pasarela por la que transitamos en paños menores ante la mirada escrutadora de los lectores, de los amigos y de la amplia legión de los críticos. Cada monosílabo que escribimos para estos conglomerados de opiniones nos delatan y nos desnudan.

20 de julio de 2011

Eliseo Alberto Diego 'Lichi' - Por: Yoani Sánchez

Eliseo Alberto Diego 'Lichi'

Por: Yoani Sánchez

Eliseo Alberto Diego
Eliseo Alberto Diego, para su amigos simplemente Lichi, conversa como si estuviera escribiendo, narra las historias más cotidianas como si hiciera literatura. Recuerdo algunas tardes en su casa del Vedado y él contándonos esas anécdotas que no podíamos precisar si eran totalmente inventadas o tenían algún miligramo de realidad. Porque a este grandulón de risa amplia le encanta narrar y narrar. Sus conocidos nos hemos convertido así en las “orejas” receptivas donde él ha probado la ficción que después llevaría a las páginas de sus libros. Nos erigimos, para nuestros infinito placer, en seres sobre los que testear y practicar –una y otra vez– su obra.

De ahí que cuando el gran fabulador de Lichi nos dijo que necesitaba un transplante de riñón, lo primero que pensamos es que se trataba de otro de sus trucos poéticos. Él ya era para ese entonces medio cubano y medio mexicano, medio poeta y medio novelista y ahora –sospechábamos– quería alardear de estar compuesto por la materia orgánica de varias personas. Parecía, vista con suspicacia, la más acabada de sus invenciones. Pero no, no hablaba de un personaje al estilo de los descritos en “Esther en alguna parte” o en “La eternidad por fin comienza un lunes”, sino de sí mismo. Su cuerpo estaba escribiendo, por él la más dramática de sus historias.

Recuerdo que mi esposo Reinaldo le ofreció uno de sus riñones, pero Lichi no quiso creerle o no se permitió dejar al amigo de tantas batallas sin uno de esos órganos. Anoche, nos llegó la noticia de que su cuerpo alberga ahora un fragmento de una adolescente mexicana que murió en un accidente. La solidaridad de una familia, la espera –a veces no tan paciente– del hijo del gran Eliseo y los deseos de sus amigos, se han combinado para empezar a darle un final feliz a esta aventura. Ahora, cuando nos vuelva a embelesar con sus cuentos, irremediablemente tendremos que creerle un poco más. Porque Lichi, el hábil cuentero de nuestras tardes habaneras, ha estado muy cerca de una experiencia que sólo él nos puede narrar.
Foto: Tomada de ELPAIS.com

14 de julio de 2011

Mis motivos para el puente - Por: Yoani Sánchez

Mis motivos para el puente

A propósito de la nueva enmienda presentada en el congreso
norteamericano para limitar viajes y envío de remesa a Cuba.

Por: Yoani Sánchez

Vivíamos un oscuro 1992 y esta hija de maquinista sin tren había decidido no continuar el preuniversitario. Me levanté temprano y se lo dije a mi madre. Las manos en la cabeza, los gritos por la casa, el perro ladrando del susto. “No voy más, Mami, no voy más”, concluí categórica y me acosté de nuevo. Se me habían roto mis únicos zapatos, que había heredado de una amiga cuando estos ya tenían enormes huecos en las suelas. Con ellos aprendí a caminar rozando el piso para que no se notaran las roturas, pero poco podía hacer para esconderlas cuando llegaba la clase de Preparación Militar. Ahí debía tenderme boca abajo, arrastrarme por terrenos que –imaginariamente- estaban bajo el fuego enemigo. Y entonces caían sobre mí los proyectiles, no del imperialismo sino de las bromas, la chanza cruel de los que tenían un calzado mejor.

Durante varios días, mis padres me dieron todo tipo de argumentos para seguir. ¡Cómo vas a echar por la borda las altas calificaciones, el sacrificio del estudio, todo por ese “pequeño detalle”! me repetían… pero con 16 años yo estaba dispuesta a quedarme sin diploma antes que sufrir nuevamente el escarnio. La decisión estaba tomada. Mi madre bajó corriendo a casa de una vecina. Se pasó la noche marcando el número de unas tías de mi padre que vivían en esa otra orilla satanizada por la prensa oficial. Unas semanas después, llegó el paquete. Junto a cuadritos de sopa y un ungüento contra los dolores reumáticos, estaban unos flamantes tenis blancos. Regresé a mi aula de 11no grado al otro día.

Es cierto que la ayuda económica que llega desde afuera ha hecho que muchos cubanos se construyan una burbuja apática y apolítica, pero también ha permitido a otros sobrevivir y crecer. Sin ese auxilio que una vez alguien envió para mí desde La Florida, mi vida hubiera sido totalmente diferente. No hubiera terminado la enseñanza media superior, probablemente habría zarpado –sobre una puerta de madera- durante la crisis de los balseros o me habría hundido en el conformismo que da la falta de horizontes. Sin embargo logré, con ese apoyo, continuar. Al terminar la universidad todavía usaba aquellos zapatos salvadores.

Ahora mismo, miles de adolescentes, cuentapropistas, ancianos, estudiantes y bebés necesitan que el flujo entre las familias del exilio y de la Isla crezca, que no se interrumpa. En muchos hogares cubanos, la superación personal de miles de individuos depende de que ese puente se mantenga y su futuro como ciudadanos cuelga del brazo solidario tendido desde afuera.
Foto: Generación Y

29 de junio de 2011

Paseo orgulloso - Por: Yoani Sánchez

Paseo orgulloso

Por: Yoani Sánchez
Generación Y

El Paseo del Prado se extiende hoy entre el casco histórico repleto de turistas y esa otra parte de la ciudad superpoblada y disfuncional que es Centro Habana. Las esculturas de leones en cada esquina muestran la misma hidalguía de antaño, el viejo sueño de grandeza que acariciaba la nación a principios del siglo XX. Aunque el amplio parque vivió momentos de franco olvido –quizás por haber sido ideado y construido durante la república–, hace unos años el Prado tuvo un proceso de restauración que mejoró su arboleda y recuperó algunas farolas. Pero ni en los momentos de menor atención, sus felinos de bronce dejaron de ser referencia obligada para quienes venían desde provincia y querían llevar de vuelta una foto de su estancia en la capital. Tal vez por toda esta historia de fastuosidad y omisión, ha sido el lugar elegido para celebrar el día del orgullo gay en Cuba. Una comunidad relegada, atrapada por décadas entre el machismo de nuestra cultura y las políticas represivas del gobierno, quiere salir a la calle este 28 de junio a las 3 de la tarde. La convocatoria ha sido lanzada por un grupo alternativo que vela por los derechos de gay, lesbianas, bisexuales y transexuales.

Vale la pena reconocer que en los últimos años en Cuba se ha avanzado en el respeto a la diferencia de orientación sexual, pero de ahí a permitir que la comunidad LGBT se afilie de manera espontánea y se lance a las calles a festejar su diversidad va un largo tramo. Hasta ahora, las campañas para aceptar la pluralidad de elección amorosa han estado en manos de instituciones oficiales, sin dejar que sean los propios interesados quienes se representen a sí mismos. Esto se enmarca, claro está, en la extendida imposibilidad de asociarse libremente de la que padece toda nuestra sociedad.

En un gesto fiestero y alegre, los promotores de la celebración han difundido la invitación desde hace semanas. Haber elegido el Paseo del Prado como sitio para el encuentro los beneficia y protege, pues los turistas con sus inquietas cámaras, los niños curiosos que revoletean por todos lados y las parejitas incautas que se abrazan sentadas en los bancos serán testigos de esta parada de la diversidad. Y los leones ¡ay los leones! tendrán su minuto de gloria nuevamente, entre las banderas de colorines, las serpentinas y los apretones de mano. Las garras y las melenas fundidas con el bronce de una guerra pasada parecerán menos agresivas, con una dosis menor de testosterona, con una pizca más de vida.
Foto: Internet

27 de junio de 2011

Cuba: Combinado del Este - Por: Yoani Sánchez

Cuba: Combinado del Este

Por: Yoani Sánchez
Generación Y

Nueve de la mañana a las afueras del Combinado del Este, la mayor prisión de Cuba. Decenas de familias se agolpan para oír a una adusta militar que grita los apellidos de los presos. De inmediato, nos mandan a avanzar por un camino estrecho hacia la garita donde revisan los bolsos y pasan el detector de metales sobre nuestros cuerpos. Inspeccionan también los sacos de comida que durante semanas se han ido llenando de galletas, azúcar, refrescos instantáneos, cigarros y leche en polvo. Son el resultado del desvelo y del desprendimiento de los parientes que se privan de estos alimentos para donárselos a los reos.

Una mujer llora porque el guardia no le deja pasar los mangos maduros que trae para su hijo. En la cerca alrededor de la entrada la gente cuelga –sin ninguna protección– todo aquello que no le permiten entrar. Hay una bolsa con un teléfono móvil, una cartera de jovencita, un desodorante que el oficial dijo se podía convertir en alcohol destilado dentro de aquellos muros. A mi me revisan las revistas que llevo, me suben de un tirón la cremallera de la chaqueta y me meten los dedos entre el pelo. Delante de mi hay alguien que intenta colar un cake para un cumpleaños que de seguro ocurrió hace meses. Un joven se agarra con fuerza los pantalones pues le han impedido ingresar su cinto. Tal pareciera que vamos a sumergirnos en el infierno y –de alguna manera–- es así.

El local donde discurre la visita huele a sudor, a sudor y a encierro. Los dos presos italianos frente a mí ponen palabras una detrás de otras con desespero. Han sido detenidos por el asesinato de una menor en Bayamo, pero aseguran no haber estado en la Isla por lo días del crimen. Llevan ya más de un año encarcelados sin que se les haya hecho juicio y yo trato de reconstruir periodísticamente el derrotero del caso. Uno de ellos, Simone Pini, me habla de las irregularidades policiales y acuerdo con él indagar. “No puedo hacer mucho” –le aclaro– “y tampoco tengo acceso a los datos de la investigación, pero averiguaré”. No he terminado la frase cuando un militar grita mi nombre desde la reja del salón. Y me conducen hacia la otra cara del Combinado del Este. A la oficina pulcra, climatizada, forrada en madera, donde radica El Jefe. Quedó retenida en una parte diferente del mismo horror, mientras un teniente coronel me advierte que no me dejarán entrar, nunca más, a esa prisión. Cuando intento irme, noto que la puerta tiene un llavín con cuatro combinaciones. “Cuánto miedo”… pienso para mis adentros. Me escoltan hasta la salida y veo la fila de los parientes para la nueva visita que comienza al mediodía. Cargan sacos con nombres garabateados y alguien gime porque no le dejan entrar un regalo. Descubro en ese momento que algo triste se ha instalado en mí, como el peso de unos barrotes que desde entonces cargo hacia todos lados.
Imagen tomada de: http://www.sampsoniaway.org/ 

Repasadores - Por: Yoani Sánchez

Repasadores

Por: Yoani Sánchez
Generación Y

Yoani Sánchez
Junio es el mes en que los alumnos finalistas se lanzan sobre los libros, los estudiantes aplicados revisan sus notas y los padres vemos peligrar el bolsillo por el pago a profesores particulares. Durante años, la existencia de estos maestros informales ha sido subestimada a la hora de hacer el balance de la educación en Cuba, pero quienes tenemos hijos en la enseñanza media bien que conocemos su importancia. Ahora mismo, si un adolescente no recibe la atención extraescolar de un repasador tiene pocas posibilidades –o ninguna- de acceder a la universidad. La enseñanza –paradójicamente– se ha privatizado, pero sin reconocerlo públicamente.

La demanda es tan alta que en estas últimas semanas de curso las casas de estos profesores freelance están abarrotadas. El costo de una hora de repaso, oscila entre 20 y 25 pesos cubanos, la décima parte de un salario medio mensual. Asistir a esas clases compensa el bajísimo nivel de los educadores de secundaria y preuniversitario, especialmente en temas como matemáticas, física, química y gramática. Pero también debe decirse que hay muchos colegiales que quieren atrapar en el último minuto el contenido al que no prestaron atención en más de diez meses de clases. La depauperación material y conceptual, el excesivo adoctrinamiento ideológico y la poca seriedad en el cumplimiento del horario escolar, pasan factura durante los exámenes finales y miles de padres están dispuestos a pagar antes que aceptar un reprobado.

La realidad se burla así de las consignas. Quienes tienen recursos pueden proveer a sus retoños de un maestro adicional; quienes no, tendrán que conformarse con enmarcar sobre la pared apenas un diploma de noveno grado. Por estos días, en la sala de un apartamento cualquiera, se ven manos que escriben apresuradamente, toman nota como nunca, guardan silencio y muestran un interés que sorprende. Son los estudiantes frente a su profesor particular, ese apoyo extra docente sin el cual no podrán llegar muy lejos. Saben que cada una de estas clases es un sacrificio para toda la familia, así que absorben las palabras, los dígitos, los teoremas. Estarán, sin dudas, un paso más adelante en la línea de arrancada, con una ventaja adicional sobre quienes nunca tuvieron un repasador.
Foto: Internet

11 de junio de 2011

Mangos de cada verano - Por: Yoani Sánchez


Mangos de cada verano

Por: Yoani Sánchez

Los gajos se doblan bajo el peso y los niños tratan de tumbar los frutos a golpe de pedradas o se suben en las ramas para sacudirlas. Es la temporada del mango. Como en un ciclo de vida que trasciende las crisis, las estrecheces, los planes agrícolas incumplidos, llegan otra vez las mangas, los filipinos y los bizcochuelos. Estamos justo en el momento en que el patio más humilde de un pueblito perdido puede equipararse en valor con el jardín mejor atendido de Miramar. Basta que la vieja mata de mangos que sembraron los abuelos esté parida y entonces toda la familia empieza a girar en torno a ella.

Ahora mismo, mientras corto unos mangos que nos regaló Agustín, pienso en cómo mi vida está marcada por los recuerdos asociados a este olor y a esta textura. Aquellos pequeños y almibarados que comía durante mis vacaciones en el pueblito de Rodas, los verdes y ácidos a los que echábamos sal en las escuelas al campo y esos otros que robábamos –pinchados por el hambre– de la finca la Experimental en el municipio Güira, durante los años oscuros del Período Especial. Y después de una mordida, los hilillos que se me quedaban entre los dientes, la gota de zumo corriendo por el mentón y embarrándome la ropa, la semilla chupada hasta quedar en su blancura y la cáscara que tirada sobre el piso era tan peligrosa como la del plátano.

Los mangos me evocan todos las etapas de mi existencia, cada uno de los períodos por los que últimamente ha atravesado esta Isla. Me recuerdan aquel mercado liberado conocido como Centro –en los años del subsidio soviético– donde probé por primera vez los jugos Taoro. Después vino el proceso de “rectificación de errores y tendencias negativas”, con él se barrieron los rezagos pequeñoburgueses y el Taoro demoró diez años en reaparecer, pero esta vez en moneda convertible.

Este fruto tiene el mérito de haber probado su increíble resistencia a las granjas estatales, a los desatinos que absorbieron miles de hectáreas de tierra como la Zafra de los 10 millones, el plan para cultivar plátanos microjet y hasta el indeseado avance del marabú. Y aquí sigue el empecinado mango, marcando nuestras vidas con su sabor, haciendo de cualquier patio pobre un reducto de prosperidad, al menos mientras dure el verano.
Fotografía: Generación Y

5 de junio de 2011

Claroscuros - Por: Yoani Sánchez

Claroscuros

Por: Yoani Sánchez

Hace casi dos años que no me atiendo en un hospital. La última vez fue en aquel noviembre de golpes y secuestro donde mi zona lumbar quedó muy mal parada. En esa ocasión aprendí una lección duradera: que puestos a elegir entre el juramento de  y la fidelidad ideológica, muchos galenos prefieren violar la privacidad del paciente –comparada al secreto confesional de un sacerdote– que oponerse con la verdad al estado que los emplea. Ejemplos de esto han sobrado en la tele oficial durante los últimos meses y han alimentado más mi desconfianza con el sistema de Salud Pública cubano. Así que me curo con las plantas que siembro en mi balcón, hago ejercicios cada día para evitar enfermarme y hasta me compré un Vademécum por si necesitara auto recetarme en algún momento. No obstante mi “rebeldía médica”, no he dejado de observar e indagar por el deterioro creciente de este sector.

Entre los recortes hospitalarios de los últimos tiempos, uno de los más notables tiene que ver con los recursos para el diagnóstico. Los doctores reciben asignaciones muy reducidas de radiografías, ultrasonidos o resonancias magnéticas que tendrán que distribuir entre sus pacientes. Las anécdotas de fracturas que se entablillan sin pasar por los rayos X, de dolores abdominales que se complican porque no se les puede hacer una exploración, son tantas que ya ni nos sorprenden. Tal situación se presta además para el clientelismo, donde quienes pueden hacer un regalo o pagar subrepticiamente obtienen una mejor atención que otros. El trozo de queso regalado a la enfermera y el indispensable jabón de tocador que muchos le obsequian al estomatólogo aceleran notablemente el tratamiento y compensan los subvalorados salarios de estos profesionales de la medicina.

Un termómetro resulta, desde hace tiempo, un objeto ausente de los estantes de las farmacias en moneda nacional, mientras las que son en moneda fuerte tienen los modelos más modernos y digitales. Hacerse unas gafas para paliar la miopía puede demorar meses por los caminos del subsidio estatal o veinticuatro horas en las Ópticas Miramar donde se paga en pesos convertibles. Los cuerpos de guardia de los hospitales tampoco escapan de esos contrastes: podemos toparnos con el neurocirujano más capacitado de toda la región del Caribe, pero no tiene ni una aspirina para darnos. Son esos claroscuros que también enferman, que desgastan al paciente, a sus familiares y al propio personal médico. Y nos van dejando una sensación de estafa, de que esa conquista largamente enarbolada frente a nuestros rostros se desmorona y ni siquiera nos permiten quejarnos de ella.

29 de mayo de 2011

Tú no princesa, tú no - Por: Yoani Sánchez

Tú no princesa, tú no

Por: Yoani Sánchez
Generación Y
Tú saldrás de esta cochambre de muertos de hambre…
Joan Manuel Serrat

Yoani Sánchez
Fue criada para triunfar. De chiquita, su madre se quitaba el huevo frito del plato –si hacía falta– para dárselo a ella, porque la niña era una promesa de la que colgaba toda la familia. No la dejaban siquiera fregar, para que sus manos no fueran a cuartearse o endurecerse con el estropajo y el hollín. Cuando le peinaba el ensortijado pelo, su hermana mayor le predecía que una vez se casaría con un francés, un español o un belga, con alguien de la “nobleza” monárquica o empresarial. “¡Todos van a enamorarse de ti!” gritaba la abuela, a quien por lavar y planchar para la calle, durante medio siglo, se le habían torcido los dedos con la artritis. Ni siquiera la dejaban tener novio en el vecindario, pues ella debía preservarse para el futuro que le esperaba, para el potentado que vendría a llevársela de aquel atestado solar en la calle Zanja y de aquel país varado en el Caribe.

Un día, cuando apenas salía de la adolescencia, lo encontró. Era mucho mayor y no pertenecía a ninguna familia acaudalada, pero tenía un pasaporte italiano. Físicamente tampoco le gustaba, aunque la sola idea de imaginarse con él en Milán hacía que su abultado abdomen cervecero no le pareciera tan grande. El aroma de la ropa nueva que le traía cada vez que viajaba a La Habana cubría también el olor a nicotina y alcohol que siempre le salía de la boca. En casa, la familia de ella estaba encantada. “La niña se nos va a vivir a Europa” le decían a las vecinas y la propia madre paró en seco una conversación donde ella le contaba que su prometido de vez en cuando se ponía violento y la golpeaba. Así la empujaron hasta la consultoría jurídica donde se oficializó el matrimonio. En las fotos de la boda, ella parecía una princesa triste, pero una princesa.

Cuando el avión aterrizó en el invierno italiano, ya él no se parecía al amable señor que 24 horas antes le había prometido a su madre que la cuidaría. La llevo al club esa misma noche, donde ella debía trabajar sirviendo a los clientes licores y hasta su propio cuerpo. Durante meses, ella le escribió a la abuela sobre los perfumes y la comida que había probado en su nueva vida. Recreó en sus cartas y en sus llamadas telefónicas una realidad muy diferente a la que vivía. Ni una palabra de la extorsión ni del marido que se había evaporado dejándola en manos de un “jefe” al que debía obedecer. En el solar habanero, todos la hacían mimada y feliz, no podía defraudarlos. Cuando la policía italiana desmanteló la red de prostitución en la que ella estaba atrapada, mando un breve sms a los parientes del lado de acá del Atlántico, para no preocuparlos: “No podré llamarlos por varias semanas. Me voy de vacaciones a Venecia para celebrar aniversario de bodas. Los quiere a todos, la princesa”.
Foto: Internet

15 de mayo de 2011

Salir de una, entrar en otra - Por: Yoani Sánchez


Salir de una, entrar en otra

Por: Yoani Sánchez

Este año, no hemos podido bañarnos todavía en el primer aguacero de mayo. En La Habana, la sequía nos ha quitado esa lluvia que la tradición popular relaciona con la buena suerte. Los mangos que cuelgan de las ramas parecen aguardar la llegada de un chaparrón y quedar listos así para nuestras bocas. Estrías sobre la tierra, flamboyanes que apenas tienen flores y ese polvo pegajoso en el aire que sólo se irá cuando comience a diluviar. ¡Cómo extraño el chin-chin en la ventana, el olor a humedad, las gotas que quedan en las hojas de los árboles después de un temporal!

Aunque lo peor es la soledad de las tuberías, el hilillo entrecortado que sale de los grifos, los vecinos de la zona cargando el agua a cubos porque el acueducto apenas si tiene reservas para bombear. Las caras llenas de sudor, las camisas con olores fuertes, las tendederas casi vacías porque el preciado líquido no alcanza. ¡No te demores en el baño! le grito a Reinaldo, para evitar que el tanque que tenemos en el balcón se vaya a quedar seco. Mientras, la cisterna del edificio se vuelve un charco triste, al que sólo las mangueras de las pipas logran hacer superar su límite mínimo.

Y encima de tanta sequedad, la convicción de que este año los resultados agrícolas pueden estar peor que el anterior, si no acaba de llover de una vez y por todas. Ya veremos los titulares en la prensa diciendo que la producción de plátanos decreció, que el arroz no ha resistido la aridez y que los frutales han sido los más afectados. Y esta sensación de que siempre hay algo para que el dichoso plato no se llene y los salarios no alcancen. Ya sea la mala gestión, la falta de estimulo material a los campesinos o la terca lluvia que hoy nos niega obstinadamente sus favores.
Foto: Orlando Luis Pardo Lazo

12 de mayo de 2011

¿Un manual o un soneto? - Por: Yoani Sánchez

¿Un manual o un soneto?
Por: Yoani Sánchez
Yoani.Sanchez@gmail.com

Hace mucho leí que la prueba de fuego de un poeta era hacer un soneto. La camisa de fuerza de la métrica y la cadencia obligada de su composición sacaban lo peor o lo mejor de quienes ya se habían ejercitado en las lides de la rima asonante. Confieso que con mis irreverentes diecisiete años me parecía que esos endecasílabos, agrupados en dos cuartetos y dos tercetos, eran sólo para aquellos que no habían podido probarse en la libertad de la poesía moderna. Alardes de novedad de los que me pavoneaba, hasta que leí a Quevedo y la teoría de rechazar la combinación de “cuidado” con “enamorado” se me cayó al piso.

Pues bien, tengo que decirles que al igual que un soneto, no hay nada más difícil de escribir que un manual técnico. Ya sé, ustedes se reirán, dirán que cualquiera alcanza a redactar el prospecto de un medicamento o las explicaciones de uso de una lavadora. Inténtenlo a ver si pueden, experimenten para que vean cuán difícil es hacer un folleto de instrucciones y que éste no contenga la misma cantaleta aburrida y falta de gracia que tienen tantos otros. Se percatarán entonces de cuán arduo resulta no parecer demasiado didácticos ni petulantemente profesorales, para evitar que el aburrimiento haga desistir a los lectores.

Les cuento esto porque acabo de terminar un manual sobre WordPress con el título “Un blog para hablar al mundo”. Cuando repaso las más de cuatrocientas páginas que redacté, me preguntó cómo encontré –en esta Cuba inestable– el tiempo, la paz y la destreza para terminar tal libro. Algunos amigos me dicen que he incursionado en un género menor… y eso me hace reír. En realidad –les revelo– sólo he hecho mi propio y delicado soneto, con veinte capítulos que vienen a ser como catorce versos y algunos consejos técnicos a falta de declaraciones de amor. Mi libro, vaya coincidencias de la vida, se presentará en Madrid el próximo 21 de mayo, justo donde nació aquel poeta de gafas redondeadas y nariz aguileña. El mismo insolente que escribió “nadar sabe mi llama la agua fría y perderle el respeto a ley severa”, como si en lugar de un romance eterno relatara el acto de gestionar un blog desde un país hundido en la censura.

Yoani Sánchez. Un blog para hablar al mundo
Video

Imagen y Video: Generación Y

20 de abril de 2011

A su manera - Por: Yoani Sánchez


A su manera
And now, the end is near and so
I face the final curtain...
Por: Yoani Sánchez
Yoani.Sanchez@gmail.com

Decir adiós puede lograrse apenas con una breve nota dejada sobre la mesa o con una llamada telefónica con la que nos despedimos definitivamente. En los preparativos para marcharse del país, el fin de una relación amorosa o de la vida misma, hay gente que pretende dejar amarrados los más pequeños detalles, trazados esos límites que obligarán a quienes se quedan a seguir su rumbo. Unos se van tirando la puerta y otros reclaman antes de la partida el gran homenaje que creen merecer. Los hay que distribuyen equitativamente sus bienes y también seres con tanto poder que cambian la constitución de un país para que nadie deshaga su obra cuando ellos ya no estén.

Los preparativos para el VI congreso del Partido Comunista Cubano y sus sesiones en el Palacio de las Convenciones han sido como un gran réquiem público para Fidel Castro. El escenario de su despedida, el ceremonial minucioso reclamado por él y realizado –sin escatimar recursos– por su hermano menor. Ya en los excesos organizativos del desfile militar, efectuado el 16 de abril, se percibía una intención de “gastárselas todas” en un homenaje final a alguien que no pudo asistir a la tribuna. Resultaba evidente que al anunciar los nombres de quienes asumirían los máximos cargos del PCC, ya no sería leído el del hombre que decidió el rumbo de esta nación por casi cincuenta años. No obstante, él se sentó en la mesa principal del evento para validar con su presencia la transferencia de mando a Raúl Castro. Estar allí fue como acudir –en vida– a la lectura de su propio testamento.

Llegó entonces la ovación cerrada, las lágrimas de alguna que otra delegada al cónclave partidista y las frases de compromiso eterno con el anciano de barba casi blanca. A través de la pantalla del televisor, algunos sentimos aquello como el crujir de las flores secas o el sonido de las paletadas de tierra. Queda por ver si el General Presidente podrá sostener el pesado legado que ha recibido, o si bajo la mirada supervisora de su Gran Hermano preferirá no contradecirlo con reformas medulares. Falta comprobar cuán auténtica es esta despedida de Fidel Castro de la vida política y si su sustituto optará por seguir defraudándonos o por negarlo a él.
Foto: Generacion Y
 Proyecto Contextus Periodismo RadioVideo Digital

11 de abril de 2011

Cuatro años, nueve meses y una vida - Por: Yoani Sánchez


Cuatro años, nueve meses y una vida


Por: Yoani Sánchez

Justo cuando habías olvidado cómo enseñar a un bebé a caminar, te da por parir un blog. Un sitio web al que ayudar a articular sus primeras palabras, al que advertir de los peligros y mostrar un mundo que ni tú misma comprendías bien. Pensabas que ya no ibas a tener otro hijo, por aquello del déficit habitacional, la carestía y la protesta cívica -y silenciosa- de tu útero vacío, pero se te ocurrió ponerte a juguetear con la alquimia de los kilobytes. El parto ha sido doloroso, prolongado: no ha durado unas horas sino cuatro años. Con él te surgió una hemorragia imparable que se lleva tu tiempo y tu energía; también emergieron los supuestos doctores que te cuestionan: ¿por qué te metiste en todo esto?


Después de un embarazo azaroso, la criatura nació por cesárea, te cosieron unos puntos quirúrgicos dolorosos alrededor de tu vida y aunque todavía puedes ponerte bikinis ya no te dejan entrar a los cines, participar de una conferencia cualquiera, viajar fuera de tu país, salir de la ciudad sin la constante persecusión de esas sombras que también han llegado con el alumbramiento.

Eres la madre de un ente peculiar y novedoso, en una sociedad donde la diferencia no es bien vista. Quieres explicar a tus familiares y amigos que hubieras reventado si no sacabas fuera de ti este ser autónomo que es hoy tu bitácora virtual. Sin embargo, muchos no quieren creerte. Adjudicar a tu matriz la real autoría de este fruto sería confesar que ellos mismos han abortado una y mil veces por temor a ser emplazados públicamente. Sólo te queda arropar al bebé, verlo crecer y acostumbrarte a su rostro cruzado de sonrisas y cicatrices, escuchar a tu instinto y saber que ese es el retoño que has dado a luz, el que siempre quisiste tener.

Lo ves salir un día al mundo con la zozobra de si sobrevivirá al cinismo allá afuera, al insulto y la burla. Sin embargo, en lugar de regresar acongojado viene acompañado de otros iguales, de decenas de blog estigmatizados y satanizados, arropados por quienes -como tú- tampoco pudieron dejar de pujar. De manera que ahora el hijo-blog parte su pastel de cumpleaños y te guiña un ojo: le has regalado el respirar, el volar por el ciberespacio y el aletear en Internet. Pero ni siquiera siendo la progenitora tienes control sobre su vida. Ya pertenece a la blogósfera alternativa cubana y no tiene porqué llevar sobre sus espaldas esas dolorosas contracciones que tú sentiste el 9 de abril de 2007.
Foto: Generación Y

5 de abril de 2011

Añorado desfile - Por: Yoani Sánchez


Añorado desfile

Por: Yoani Sánchez

El eco de los gritos llega hasta mi balcón, en un compás marcado inicialmente con las piernas y acompañado por las gargantas. Faltan menos de dos semanas para el gran desfile que se planea hacer en la Plaza de la Revolución y los vecinos de varios kilómetros a la redonda ya estamos agotados por tantos preparativos. Calles cerradas, policías impidiendo el tráfico y pelotones haciendo estremecer las avenidas y sus aceras, por donde deberían estar circulando ahora autos, gente, cochecitos de bebé.

Me subo a la azotea para ver la coreografía de la guerra en toda su extensión. Mal van las cosas si el congreso del PCC comienza con esta procesión de bayonetas. Si realmente se quisiera dar una imagen de reformas, no serían estos uniformes de verde olivo los que se exhibirían en la jornada del sábado 16 de abril. ¡Cuánto desearíamos que ocurriera ese día una peregrinación de resultados, no de miedos! ¡Que se mostrara la larga fila de lo que pudiésemos lograr, no la aplastante demostración de un poderío militar que ni siquiera tenemos! ¿Se imaginan? ¿La calle Paseo y sus inmediaciones dando cobija a los sueños que proyectamos, no a los fusiles AK de metal frío y gatillo amenazante?

Este podría ser el desfile de las cosas que añoramos, una romería de júbilo en la que no habría que obligar a nadie a participar. Ningún director reclutaría a los escolares para pasar bajo el sol saludando hacia la tribuna y los trabajadores sentirían que el ausentarse no provocará una mácula en su expediente laboral. Una verdadera parada popular no derrocharía en un día los recursos que a la Nación le lleva varios meses gastar. Más bien brotaría espontánea, sacaría a la gente sonriendo a la calle y no nos dejaría con esta sensación de congoja que estos gritos sincopados nos producen hoy.

30 de marzo de 2011

La pionerita y el presidente - Por: Yoani Sánchez


La pionerita y el presidente
Por: Yoani Sánchez
Yoani.Sanchez@gmail.com

Fue el primer presidente norteamericano contra el que grité una consigna. Ya no recuerdo con precisión las palabras de aquel insulto, pues han pasado casi treinta años. Sin embargo, guardo la sensación de mis puños crispados, de mi uniforme rojo y blanco sacudido con cada alarido que le lanzaba a Jimmy Carter, quien –según mi maestra de preescolar– iba a destruirnos la isla, las palmas, los pupitres del aula, la alegría.

Y tres décadas después estoy aquí, en La Habana, conversando con él y junto a otros rostros conocidos de nuestra incipiente sociedad civil. En poco me parezco ahora a aquella pionerita hundida en la histeria de los slogans políticos y este hombre con el que hablo no me encaja en el papel del gobernante que fue blanco de mis insultos. Ahora es un mediador, un hombre que no parece interesado en borrar a Cuba del mapa, como una vez me aseguraron en la escuela primaria. Así que la niña que debió ser el “hombre nuevo” y el ex comandante de las fuerzas armadas de Estados Unidos se han encontrado en un momento de sus vidas en que ninguno de los dos tiene la misma posición de antaño; en que el camino de ambos ha tomado la dirección del diálogo, aunque un día hubiéramos podido matarnos, enfrentados en algún campo de batalla.

Lo veo hablar y me pregunto si él sabrá que a mí me formaron para odiarlo ¿Estará al tanto de que fue el malo de mis cuentos infantiles, el rostro de las grotescas caricaturas de los periódicos oficiales, el hombre al que la propaganda gubernamental culpaba de todos nuestros males? Claro que lo sabe y aún así me extiende su mano, me dirige la palabra, me lanza una pregunta. Aún así, el que fue “el enemigo” me regala sus frases amables.

Fuera del hotel Santa Isabel donde nos hemos reunido, en algún colegio de la zona, otra niña repite sus consignas, aprieta las manos, vocifera, centra su mente en el rostro de un hombre al que dice aborrecer. Afortunadamente, ella también olvidará los vocablos que grita en este minuto, borrará de su mente los lemas cargados de resentimiento que hoy le hacen corear.
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P.D: A continuación pongo el mensaje, acompañado de un presente, que entregamos al señor Jimmy Carter en nombre de varios bloggers y otros cubanos:

La Habana 30 de marzo de 2011

Señor Jimmy Carter:

En nombre de varios bloggers alternativos y de otras personas de la sociedad civil cubana, queremos entregarle este presente. Se trata de una muestra pequeña de los alimentos que trabajadores por cuenta propia logran hacer a partir del maní, palabra con la que en Cuba nombramos al cacahuete, ese fruto seco que usted conoce tan bien.

A lo largo de medio siglo, el maní ha sido uno de los pocos productos que ha escapado del control planificador de nuestro estado. Incluso en los días más duros del llamado período especial una de las pocas cosas que podía comprarse en mercado libre producido por personas independientes eran estos cucuruchos y confituras que hoy aquí le entregamos. Hubo momentos en que tuvo que pasar prácticamente a la clandestinidad y el tradicional pregón de “maní, el manisero llegó…” se convirtió en una frase susurrada en los oídos de los clientes.

Este transgresor alimento popular, al alcance de todos los bolsillos, se ha erigido en emblema de la resistencia ciudadana ante las pretensiones totalitarias, en un reducto de creatividad e ingenio ante el centralismo y el control. He aquí el maní, un vencedor de las dificultades, un porfiado desobediente transformado ahora en símbolo de unión, en punto de confluencia entre su pueblo y el nuestro.
Fotos: Generación Y
Proyecto Contextus Periodismo RadioVideo Digital

2 de enero de 2011

Un pasaporte, un salvoconducto - Por Yoani Sánchez

Un pasaporte, un salvoconducto
Por Yoani Sánchez
Generación Y

Tiene apenas treinta y dos páginas y una sobria cubierta azul. El pasaporte cubano parece más un salvoconducto que una identificación. Con él podemos saltarnos la insularidad, pero su tenencia tampoco garantiza que logremos tomar un avión. Vivimos en el único país del mundo donde para adquirir dicho documento de viaje hay que pagar en una moneda diferente a la que se reciben los salarios. Su costo de “cincuenta y cinco pesos convertibles” significa para un trabajador promedio guardar el sueldo íntegro de tres meses en aras de conseguir ese librito de filigrana y hojas numeradas.

Sin embargo, en este principio del siglo XXI ya no es tan inusual encontrar a un cubano con pasaporte, algo raro en los años setenta y ochenta, cuando sólo unos pocos elegidos podían mostrar uno. Nos volvimos un pueblo inmóvil y los pocos que salían iban en misión oficial o camino al exilio definitivo. Cruzar la barrera del mar era un premio para los fieles y la gran masa de los “no confiables” no podía ni soñar con dejar atrás el archipiélago. Afortunadamente, eso cambió gracias quizás al arribo de turistas que nos contagiaron la curiosidad por el afuera o por la caída del campo socialista que puso al gobierno ante la evidencia de que ya no podría regalarles “viaje de estímulos” a los más leales.

Ahora, en cuanto consiguen nacionalizarse en otro país, mis compatriotas respiran aliviados de contar con otro documento de identificación que les devuelva el sentido de pertenencia a algún lugar. Unas breves páginas, una carátula forrada en piel y el escudo de otra nación, pueden hacer la diferencia. Mientras, el librito azulado donde dice que nacieron en Cuba, queda escondido en la gaveta, a la espera de que algún día sea motivo de orgullo y no de pena.

*Aprovecho para contar que la oficina de Inmigración y extranjería mantiene retenido mi pasaporte desde mi última solicitud de permiso de salida. ¿Habré pasado a ser una indocumentada?
Foto: Generación Y

30 de diciembre de 2010

Los deseos, los sueños - Por Yoani Sánchez

Los deseos, los sueños
Por Yoani Sánchez
Yoani.Sanchez@gmail.com
Generación Y




Yoani Sánchez

El 24 de diciembre me levanté tecleando en mi teléfono móvil algunos deseos, breves vaticinios de lo que 2011 podría traernos a los que habitamos sobre esta Isla. Después de lanzar varios textos en 140 caracteres hacia Twitter, se me ocurrió pedirles a mis amigos y conocidos que me enviaran sus propias esperanzas y yo me comprometía a catapultarlas al ciberespacio. En apenas un par de horas la bandeja de entrada de mi Motorola colapsó, de tantos pronósticos y expectativas que generan en nosotros los próximos doce meses. Curiosamente, una palabra se repetía en la mayoría de estos mensajes, la escurridiza “libertad” copaba con sus ocho letras una buena parte de los sms que me llegaron en las vísperas de Navidad.

Por eso, quiero en estos últimos días de 2010 colgar en Generación Y mi propio concepto de libertad. En estas imágenes, filmadas por un par de jóvenes cineastas alemanas, se resume mi relación con ese concepto ausente de nuestra vida, pero no de nuestras aspiraciones.

* El video es un fragmento del filme “Soy Libre” que aún está en proceso de edición, dirigido por Andrea Roggon de Alemania
Foto: Internet


Pablo Felipe  Pérez Goyry

Freelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst

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