27 de agosto de 2007

Cuba: De la transición y la diversidad racial cubana


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.
27 de agosto de 2007.

Sé de estas cuartillas tratarán un tema peliagudo, y que muy pocos tiene la audacia de abordarlo con urbanidad. Antes de continuar, yo, con el sincero respeto al leedor que se aventura echar un vistazo a estas líneas, pido paciencia y disculpas por si el asunto no es de su agrado, pero sólo quiero entienda que es mi intención alertar de peligros que asechan. Luego, con su imparcialidad e indulgencia por los posibles yerros, ya es hora de que exteriorice con libertad mis pensamientos.

Extendido en el Mar Caribe, el archipiélago cubano se ha comparado con un caimán. Es el territorio más extenso de las Antillas. Se calcula de se agranda, de Oeste a Este, mil doscientos cincuenta kilómetros, que es poco más o menos el estado de Filadelfia, en Estados Unidos de América. Cuba tiene unos seis mil kilómetros de litoral marítimo, con unas trescientas playas, las mejores exclusivamente para el turismo extranjero. Además, el territorio está limitado por unas mil doscientas a cuatro mil pequeñas islas, cantidad que pudiera ser superior si se contaran los islotes y cayos.

En este maravilloso archipiélago, convive la generalidad de la nación cubana. Un “pueblo” que está aglutinado alrededor de su dilatado historial saturado de sufrimientos. Sin embargo, no ha renunciado a su estirpe. A pesar de sus desesperanzas, el cubano es sensual y de indiscutible calidez. Es como si perseverara por tener el privilegio de la “alegría de vivir”, a pesar de las privaciones y ausencias que en la actualidad sobrelleva. El bailoteo, la música y el gozo sexual, son propios de su rutina social, que es fuente de inspiración de rimadores y compositores. Otra característica del cubano, es de que tiene la aptitud y actitud de inventar para remediar las necesidades. A esta realidad, hay que sumar el jugar dominó y el diálogo ameno, que al igual que el béisbol podrían definirse como irreemplazables entretenimientos nacionales.

También, Cuba es un país con una prolífera diversidad étnica. Tiene una población negra ―que supera el cincuenta por ciento del total de habitantes― en gran parte descendientes de esclavos traídos de África Occidental o emigrantes de Jamaica y Haití. También están los mulatos, que son descendientes de la unión entre hispánicos y negros. Los blancos que residen en el archipiélago, descienden de europeos, especialmente hispanos. A propósito de blancos, se habla con cierta seguridad, de que la mayoría de los naturales, en el exilio, son blancos.

No son las diferencias del pigmento de la piel, las que incitan escribir estos papeles. Mucho menos de conceptos errados de “igualdad marxista”. Se trata de la manera de comportarse y accionar, de negros, mulatos y blancos en el seno de la sociedad. Precisamente, esta diversidad étnica, encierra en su médula evolutiva, típicos privilegios espirituales y síquicos, que es lo que hace que los cubanos tengan genuina beldad, que es su razón de ser.

Esta excepcional complejidad étnica, en prácticamente toda la historia nacional, se sabe y no es un secreto de los negros y mulatos siempre han recibido un trato degradante e injusto, no sólo como trabajadores, también en ciertas zonas residenciales del país, en las playas y hoteles, porque eran exclusivamente para los blancos. Por eso se argumenta, sea cierto o no, de que la población negra se ha beneficiado con la llegada al poder del dictador Fidel Castro y su proyecto marxista-fidelista. Los defensores de la dictadura, afirman, de la “Revolución Cubana” ha extirpado la discriminación racial. Con todo, en casi medio siglo de despotismo comunista, los negros y mulatos tienen una miserable representación en los cargos gubernamentales y partidistas, así como, en la infraestructura turística y los estratos altos de la sociedad cubana, aunque se pudiera aceptar un restringido consuelo en sus perspectivas de empleo.

Otro problema, a solucionar en una transición, es el papel de la mujer en el seno de la sociedad. Porque ellas, hoy día, no escapan a la deplorable cotidianidad en la isla, las carencias y restricciones de su libertad plena, sino que a pesar de las normas legales vigentes, están sometidas por el machismo que está íntimamente arraigado en el sentimiento masculino.

No menos espinoso es el tema del legendario “guajiro”, con el típico “sombrero de paja y el machete colgado de su cinturón”. El mismo que por generaciones ha arado la tierra con sus disciplinados bueyes, laborado en las plantaciones y cosechado sus cultivos. Quién en su momento fue capaz de enfrentar en la manigua a la metrópoli española.

Y los homosexuales... A esta humana conducta, que respeto, ha sufrirdo en carne propia momentos de angustia y represión en los primeros años de la revolución, porque se les califico de “ser un mal de la sociedad capitalista decadente”. Muchos homosexuales como “Cuco” ―un obeso y prestigioso santero del barrio los Pocitos, en el municipio de Marianao―, junto a miles de compatriotas que disentían del establecimiento, fueron confinados a “campos de concentración” que se conocerían como “Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), donde tenían que realizar trabajo forzados en la agricultura y aceptar ser “reeducados ideológicamente”. Si bien el concepto de anti-gay aún prevalece en la sociedad cubana, sus efectos son mínimos. La misma dictadura, anulo en 1987 “una ley que prohibía las manifestaciones públicas de la homosexualidad”. Quién no conoce la realidad cubana, pensaría que la dictadura respeta las libertades individuales.

Hoy día, a pesar de los pesares ―negros, mulatos, blancos, homosexuales, santeros, fidelistas, disidentes, hombres, mujeres, niños y niñas―, los cubanos continúan siendo generosos entre ellos mismos y con el que visita el archipiélago, la fraternidad está por sobre todas las cosas. No falta el nacional que sin el menor complejo lleva a su hogar al visitante y comparte lo poco o mucho que tenga de comer o beber, donde no falta el café-chícharo, “colado” con un retazo de tela sobre un colgador metálico de producción artesanal.

El dramaturgo cubano, José Triana, escribió: “Jamás he confundido al gobierno con el pueblo. Hay grandes virtudes que hacen destacar a los cubanos en el concierto de las naciones. Entre ellas, señalaría su paciencia y generosidad sin parangón... Creo que ningún gobierno jamás ha representado a nuestro pueblo. Al contrario, todos los gobiernos se han aprovechado de esa paciencia y esa generosidad”. Y no dijo mentiras. Los cubanos todos, gozan de una prodigiosa dote patriótica y de una excelsa honradez. Esto le facilita ser fiel a la patria, aunque certifiquen o no su gobierno. Antes y después de la transición, hay que impedir a como de lugar gobiernos felones que lucren con ese estoicismo y esa benevolencia.

Los peligros de una transición en Cuba son innumerables. No sólo la economía de mercado, estructurar un buen gobierno y establecer un estado de derecho, serían la solución para los cubanos puedan gozar de una república libre y democrática. Debe ser analizado con lujo de detalles, el asunto social y de convivencia, entre los que están en Cuba y los del exilio; entre negros, mulatos y blancos; entre los que han sido favorecidos por la revolución cubana y los que regresan para recuperar las propiedades que el castrismo les arrebató. Un estudio, con tiempo y antes de los acontecimientos, pudiera evitar un enfrentamiento no solo entre los que apoyan la dictadura y los que disienten, sino también entre representantes étnicos. Es saludable, para todos los cubanos, poner manos a la obra en este sentido.

Sería quimérico y estúpido, creer de la totalidad de cubanos viven en el archipiélago quieren cambiar la dictadura por un sistema donde prevalezca la libertad y democracia. Muchos consideran como buena idea un cambio, pero de continúe el castrismo en el poder. Otros, los más, ven con cierto recelo toda la algarabía del exilio de Miami, y al gobierno de Estados Unidos de América que dice apoyará la reconstrucción del país después de Castro.

Soy de los que están convencidos de que Cuba, “fue colonia de los españoles. Después, como seudo república, colonia de los estadounidenses. Más tarde, colonia de los soviéticos”. Sería un error ciclópeo de los cubanos flirteen con la idea de repetir la historia.

Cuba es multiétnica y no se puede olvidar el inevitable protagonismo de los negros, mulatos y blancos en una eventual transición. De igual manera, es vital buscar un equilibrio de interese sociales-económicos-políticos entre todos los actores que participaran en la transición. Esto no se debe negar y mucho menos ocultar, porque es evidente y existe en un contexto cubano especial y en crisis.

Aunque la mayoría aceptaría un cambio pacífico, un arreglo político, es real de existen sectores en el exilio, alejados por décadas de la realidad y con poder económico, que no piensan lo mismo. Una transición en Cuba será delicada y conflictiva, ojala no ensangrentada.

Si bien tengo fe en el talento de los demócratas y sé de la ilustración de eminente líderes cubanos, dentro y fuera de Cuba, no me cansare de expresar mi inquietud por los eventos que a futuro se puedan desarrollar en Cuba, en un proceso de transición. En este momento, mas que nunca, es esencial para mi llevar un mensaje de unidad a la nación cubana, a negros, mulatos y blancos.

Hace algún tiempo, en diciembre de 2004, preguntaba a los lectores si ¿los cubanos estaban preparados para un cambio? Hoy el panorama sigue sin una respuesta convincente. Hipótesis y tesis, sobre la necesidad de una transición, son debatidas en los más heterogéneos escenarios, pocos se refieren a los potenciales conflicto desde el punto de vista étnico.

Como expresara en aquella oportunidad, estamos abocados a problemas que deben ser encarados por los cubanos honestos, con ayuda de la sapiencia y la luz del discernimiento, y al mismo tiempo sepan encontrar estrategias coherentes que eviten el enfrentamiento desmedido y sectario.

El futuro esta saturado de escollos y mezquinos peligros. Empero, estoy convencido de que la democracia en Cuba es posible. Se derribaran los obstáculos, con intuición auténtica. Sé de los cubanos disfrutan de un admirable saber en lo intelectual, excelsa persuasión a través del entendimiento, y capacidad de ideación.

Los cubanos han demostrado poseer voluntad sobrada para vencer los reveses, la impaciencia, los lutos y la añoranza. Por todas estas razones, otras ya mencionadas o por explicar, es deber de todos los cubanos el madurar como nación ―los que sufren las privaciones en el terruño amado, los que fuera de ella están sometidos al ostracismo, los negros, mulatos o blancos― para a los pies de la Patria, puedan en la nueva república tener justicia y libertad.

En mi opinión, es menester dejar lo pretérito y enfocar las energías en el futuro cercano. Empero los cubanos, respetando el color de la piel, debemos aprender a diferenciar entre la sabiduría y el fanatismo, el entendimiento y la emoción, y ser capaces de hacer un correcto uso de ellas. A estos conceptos pacíficos y estupendos me adhiero, para con humildad e inspirados en la historia y la experiencia construir la nueva república.
Por lo dicho y por decir, sólo si nos unimos con preclaro propósito ―para el bien de todas las fuerzas políticas y de la sociedad civil―, será posible un perdurable pacto social nacional que permita legitimar a los líderes honestos en una transición. Precisamente en esto debe sustentarse la rectitud de todos los cubanos, porque es la fortaleza de la Patria. Tiene la palabra amiga, amigo... ¡Namaste!