11 de septiembre de 2008

Detrás de Ike, las pesadillas y secuelas...

Por Pablo Felipe Pérez Goyry*

El pueblo cubano se debate entre códigos y sensaciones que lo sumergen en la incertidumbre y confinamiento, la turbación y desesperanza. Pareciera que es una contestación, conciente o consciente, de un país enmarañado en contrastes exagerados. Ahora, después del paso del huracán Ike, esta realidad se acentúa a más no poder. Los cubanos están sufriendo en carne propia castigo inclemente, consecuencia de esa fuerza natural ciclópea. El huracán se ha marchado y ha dejado después de su andadura: desolación espeluznante, destrucción apocalíptica y muertes inmerecidas.

Se habla de más de 30 mil viviendas afectadas y aproximadamente el 70 por ciento de las áreas agrícolas están arruinadas. En pocas palabras, la catástrofe es descomunal no-solo en viviendas y la agricultura, también en toda la infraestructura económica del país y son numerosas las personas damnificadas.
No es un secreto la difícil situación de los cubanos, que sobreviven en un aletargado contextus implantado por un régimen totalitario. Ahora mismo, los nacionales sobrellevan una de las mayores tragedias ocasionadas por un huracán, que traerá más pobreza y represión.
Pero si algo es repudiable es la incapacidad que enfrentan los compatriotas que viven en los EE.UU., a quienes se les niega la posibilidad de ayudar con remesas y paquetes postales a sus familiares, pues, Bush no quiere declarar una moratoria de 90 días a estas restricciones. De igual manera, si execrable es la actitud del gobierno estadounidense, es hipócrita la de aquellos que por décadas ha promovido y apoyado prohibiciones como esta. ¿Acaso estos no tiene familiares en la isla? ¿Por qué ahora solicitan ayuda directa para los cubanos que viven en la isla?
No quiero pensar mal, empero, tengo la percepción que estos “cubanos”, amalgamados al gobierno norteamericano, les remuerde la conciencia o ya están buscando votos para el partido republicano o demócrata, para las muy cercanas elecciones presidenciales. De ser así, no me extrañaría, pues, no es la primera vez que cosas parecidas ocurren en el exilio floridano. Es posible que, ellos, interpretan al dedillo que la procacidad conoce “el precio de todo y el valor de nada”. Sin embargo, acepto la pipa de la paz, porque en horas trágicas como las que viven los cubanos, decente es vigorizar lo anotado por la compatriota Beatriz del Carmen Pedrosa y cito: “En tiempos de catástrofe el tesoro más grande que pueda guardar la humanidad es la inteligencia seguida de la compasión y el amor al prójimo”. (Véase ‘Tiempos de cambio para una catástrofe’. Pedroso, Beatriz del Carmen. Misceláneas de Cuba. 6 de septiembre de 2008)
Desde esta tribuna, quiero sumar mi voz a las que hacen un llamado sincero a la comunidad internacional, para que más allá de los dogmas políticos llegue ayuda urgente al archipiélago. Detrás del huracán Ike, las pesadillas y secuelas, sumadas a las ya endémicas, abarrotan a los cubanos en un calvario interminable e inhumano; es esencial la solidaridad desinteresada y prudente para pueda llegar con celeridad la colaboración que permita mitigar la crisis humanitaria que existe en Cuba. ¡Namaste!
*Pablo Felipe Pérez Goyry.
Analista y Periodista Independiente.
Web Contextus: http://es.geocities.com/libertadeopinion/
Blog Contextus: http://contextuspablofeliperezg.blogspot.com/

Septiembre de 2008.