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Autor: PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY   


©Pablo Felipe Pérez Goyry

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21 de diciembre de 2010

Tania es mucha Tania - Por Yoani Sánchez

Tania es mucha Tania
Por Yoani Sánchez
Generación Y

Tania Brugera

Recuerdo muy bien aquella jornada de la Bienal de La Habana, en la que Tania Bruguera instaló un par de micrófonos para que cualquiera pudiera disfrutar de su minuto de libertad en el podio. Poco tiempo después, esta artista irreverente y universal se fue a Colombia y conmocionó a todos al repartir –a manera de performance– cocaína entre su público. En Cuba, nos regaló una dosis intensa de opinión sin mordazas; en Bogotá los contrastó a ellos con la evidencia de la droga, principio y fin de muchos problemas en esa nación. Las autoridades colombianas respondieron escandalizadas, pero al final aceptaron que el arte es así de transgresor. Sin embargo, a algunos de los que aquí participamos en El susurro de Tatlin se nos sigue impidiendo entrar a un cine, a un teatro, a un concierto cualquiera.

Hace una semana supe que Tania –nuestra Tania– ha decidido fundar un partido de inmigrantes con sede en New York y Berlín. La nueva entidad está pensada para la defensa de esos que siendo niños llegaron a tierra norteamericana y hoy se sienten en peligro de deportación, pero también quiere enfocarse en los yugoslavos sin papeles que habitan en Madrid, los nigerianos que se esconden de la policía en París o los tamiles que falsean su pasaporte para quedarse en Zürich. Su nueva obra de arte-política se basa en aquellos a quienes los sueños personales, las estrecheces económicas, la guerra, la reunificación familiar o las desiguales condiciones de este mundo, los han empujado a instalarse como indocumentados en otro país.

Declaro que he tenido el impulso de militar en ese partido de inmigrantes, pues once millones de cubanos somos segregados en nuestra propia nación con trozos de territorio a los que no tenemos acceso, cruceros que surcan nuestras aguas sobre los que están prohibidos los pasaportes nacionales, tierras que se dan en 99 años de usufructo sólo a quienes pueden demostrar que no han nacido aquí y empresas mixtas para gente que habla con la “zeta” o dice “Madame” y “Monsieur”. Encima de eso, nos imponen fuertes restricciones para entrar y salir de nuestras fronteras, restricciones que evocan a la garita donde retienen a los ilegales en un aeropuerto. Hay momentos en que uno siente que nuestra nacionalidad es como una visa vencida, una tarjeta de residencia caducada, un permiso de estancia que cualquier día nos pueden revocar.
Foto: Nuria Curras

28 de enero de 2010

Por las calles de Sofía - Paulo Coelho


Por Paulo Coelho
Guerreo de la Luz

Después de pasar cinco días especiales en Sofía, capital de Bulgaria, entro por primera vez en un avión de Bulgaria Air, que me llevará al próximo destino de este viaje sin (muchos) planes, que hago en homenaje a los 20 años de mi peregrinación por el Camino de Santiago.

Debido a la prohibición de encender el ordenador antes y durante el despegue, paseo mis ojos distraídamente por la revista de a bordo. Como en todas las revistas de las compañias aéreas, sé que allí deben estar describiendo las maravillas del país y no tengo mucho interés en el asunto ya que mi visita fue óptima y no necesito que nadie me diga que el lugar es maravilloso. Hace años durante el durísimo régimen comunista, cuando nadie podía visitar el lugar, un escritor brasileño escribió un libro poniendo en cuestión la propia existencia de Bulgaria: según él, jamás había conocido a una sola persona que hubiese venido hasta aquí. De esta manera, quien sabe, todo no pasaba de una gran conspiración para hacernos creer en una realidad inexistente? Es evidente que el libro fue realizado co! n mucho sentido de humor, sin ninguna crítica a los búlgaros, pero explotando el hecho de que el imaginario colectivo, algunas veces puede ser manipulado.


Estoy pensando en este escritor, cuando leo la revista de a bordo, en las páginas donde normalmente se encuentran consejos a respecto de hoteles, restaurantes, procedimientos de embarque, algo que me deja fascinado y sorprendido.


A] Caminar por el centro de Sofía, significa enfrentarse con coches estacionados en el cordón de la vereda, gente bocinando en sus oídos, perros sueltos, agujeros que surgen sin cualquier aviso.


B] Si quiere entrar en un ómnibus, recuerde que la puerta es pequeña y hay una gran posibilidad de golpearse contra el batiente. Tire una moneda de 1 lev (moneda local) en la falda del chofer, grite donde desea bajarse y sepa que ni siempre los ómnibus van a respetar las paradas. No pierda su buen humor por causa de eso.


C) Para conducir tenga en consideración los requisitos siguientes: su registro de conductor, pasaporte, nervios de acero inoxidable, ojos que no pueden parpadear en ningún momento, señales de tránsito que se parecen a jeroglíficos (Bulgaria usa alfabeto cirílico), motoristas desvariados.


E] Al parar en un semáforo, esté listo para ver su coche cercado por una multitud de niños dispuestos a limpiar su para-brisas: sea firme, no acepte!


F] Los guardias de tránsito son extremadamente venales (está escrito: "prodigiously venal"!) y no le sacan el ojo de encima. Compórtese como un santo, no se estrese, a no ser que desee pagar una “multa en la hora”, lo que nada más es que un tipo de corrupción.


G] Bulgaria tiene un alto índice de criminalidad, pero por favor, relaje! Usted estará tan seguro, o inseguro, como en New York, Londres, Paris o cualquier otra ciudad.


H] La iluminación es pésima durante la noche.


I] Los comerciantes nunca tienen cambio. Pida en su hotel billetes chicos o se estará arriesgando a quedarse esperando por el vendedor que fue hasta lo de un vecino o al banco más cercano, para conseguir cambio.


J] Volvamos al ómnibus: existen algunos que tienen una máquina asustadora en la entrada, y usted necesita descubrir en la hora como conseguir sacar su ticket de allí. Recuerde que en cualquier lugar del mundo el transporte público es pago. Es evidente que hay grandes chances de ver, durante el recorrido, inspectores entrando y pidiendo los billetes a los pasajeros, la gran mayoría no los tendrá, habrá una discusión y serán obligado a pagar una multa. Ya que usted superó todos los problemas y compró el suyo, vea estas peleas sin miedo.


Seamos honestos: casi todas las grandes ciudades del mundo tienen la mayoría de estos problemas (ese del ticket, por ejemplo, yo lo viví en Amsterdan), pero por primera vez una compañía aérea habla abiertamente sobre ellos. Felicitaciones por el coraje que me hace amar más todavía, al país y a su pueblo.


Pablo Felipe  Pérez Goyry

Freelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst

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