.


¡ADQUIÉRALOS! LIBROS DISPONIBLES EN AMAZON.COM

Autor: PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY   


©Pablo Felipe Pérez Goyry

#género #narrativa #drama #lírico #ética #fantasía #épica #amor 
#literaura #ficción #historia #autoayuda #Colombia #lectura #arte
#aventuras #terror #romance #cubano #autor #biografía #cuento 
#libros #recomendados #digitales #crimen #Cuba #os #noficción 
#literatura #leer #frases #amor #escritos #lector #política #ol #a
#letras #escritor #novela #reflexiones #enespañol #clásico #e #n
#cultura #pensamientos #escritores #libreria #megusta #poesía 
#misterio #thriller #suspenso #ensayo #relato #referencia #ciencias
#religión #espiritualidad #didáctica #sociales #leyenda #libertad 
#amazon #kindle #unlimited #lectores #lecturas #recomendadas 
#ebook #o #escritos #disponibles #independiente #pensamientos
.



Mostrando entradas con la etiqueta Orlando Luis Pardo Lazo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Orlando Luis Pardo Lazo. Mostrar todas las entradas

15 de mayo de 2011

Salir de una, entrar en otra - Por: Yoani Sánchez


Salir de una, entrar en otra

Por: Yoani Sánchez

Este año, no hemos podido bañarnos todavía en el primer aguacero de mayo. En La Habana, la sequía nos ha quitado esa lluvia que la tradición popular relaciona con la buena suerte. Los mangos que cuelgan de las ramas parecen aguardar la llegada de un chaparrón y quedar listos así para nuestras bocas. Estrías sobre la tierra, flamboyanes que apenas tienen flores y ese polvo pegajoso en el aire que sólo se irá cuando comience a diluviar. ¡Cómo extraño el chin-chin en la ventana, el olor a humedad, las gotas que quedan en las hojas de los árboles después de un temporal!

Aunque lo peor es la soledad de las tuberías, el hilillo entrecortado que sale de los grifos, los vecinos de la zona cargando el agua a cubos porque el acueducto apenas si tiene reservas para bombear. Las caras llenas de sudor, las camisas con olores fuertes, las tendederas casi vacías porque el preciado líquido no alcanza. ¡No te demores en el baño! le grito a Reinaldo, para evitar que el tanque que tenemos en el balcón se vaya a quedar seco. Mientras, la cisterna del edificio se vuelve un charco triste, al que sólo las mangueras de las pipas logran hacer superar su límite mínimo.

Y encima de tanta sequedad, la convicción de que este año los resultados agrícolas pueden estar peor que el anterior, si no acaba de llover de una vez y por todas. Ya veremos los titulares en la prensa diciendo que la producción de plátanos decreció, que el arroz no ha resistido la aridez y que los frutales han sido los más afectados. Y esta sensación de que siempre hay algo para que el dichoso plato no se llene y los salarios no alcancen. Ya sea la mala gestión, la falta de estimulo material a los campesinos o la terca lluvia que hoy nos niega obstinadamente sus favores.
Foto: Orlando Luis Pardo Lazo

29 de junio de 2010

Los abuelos descansan en mi jardín - Por: Yoani Sánchez


Los abuelos descansan en mi jardín


Generación Y

Un jarrón de color azulado se destaca desde hace un par de días entre las plantas de nuestro jardín, a catorce pisos de altura. Aún no tenemos una idea clara de qué vamos a hacer con las cenizas de mis abuelos. Por el momento, están cobijadas entre los helechos y la sombra de una estirada yagruma que sobresale más allá del muro del balcón. Mi madre logró –después de apelar a varias amistades y de estimular materialmente a los funcionarios indicados– cremar a sus padres que yacían en un panteón público del Cementerio de Colón. Terminada la acción del fuego, el resultado fue a parar al interior de un recipiente de barro al que se le nota –en cada centímetro– que contiene los restos de una persona.

Dentro del ánfora están Ana y Eliseo, los dos abuelos junto a los que nací y crecí en una cuartería de Centro Habana. Ella lavaba y planchaba para la calle, él trabajaba en el ferrocarril y fumaba su pipa frente a las dos curiosas niñas que éramos mi hermana y yo. Semianalfabetos los dos, habían levantado una pequeña familia a golpe de batea y jabón, de pico y pala sobre la línea del tren. Ambos exhibían esa mezcla de genio y autoridad que nos hacía quererlos y temerles. Tenían sangre asturiana y canaria, quizás por eso a “Papán” le deleitaban los guateques campesinos y a Ana en el barrio todos la apodaban “la gallega”. Sus máximas posesiones eran un escaparate y una cama de caoba y la vitrina con copas que nunca pudimos usar porque eran sólo para adornar la diminuta sala-comedor-dormitorio.

El abuelo murió el mismo año del éxodo del Mariel. Su corazón estaba acolchado en la grasa de los chicharrones de cerdo que tanto le gustaban. Se fue en paz y dejó a Ana bajo su nueva condición de viuda, al menos durante cinco años. La partida de ella fue mucho más triste: estaba sentada en la silla equivocada en la cafetería El Lluera, cuando un par de borrachos entró tirando botellas y una la alcanzó en la frente. La etapa de tener abuelos se nos acabó pronto. Adiós a las malcriadeces, a las medias remendadas por unas manos diestras y a la leche tibia llevada hasta la cama. En todo este tiempo nunca fui a ver sus tumbas, para que el granito gris no reemplazara los recuerdos que tenía de ellos. Hoy –testarudamente– han retornado junto a mí, en un pequeño jarrón tan sencillo y efímero como sus propias vidas.

16 de junio de 2010

Iré a Jequié - Por Yoani Sánchez


Iré a Jequié

Por Yoani Sánchez

Después de una negativa, la mayoría de los que solicitan un permiso de viaje desiste de volver a pedirlo. Pocos, muy pocos, siguen insistiendo cuando ya han escuchado más de tres veces la escueta frase “Usted no está autorizado a viajar”. Sólo un puñado de testarudos –entre los que me incluyo– regresa al Departamento de Inmigración y Extranjería para reclamar la llamada tarjeta blanca si se la han negado en cuatro ocasiones. Aunque con cada nueva petición parecería que las posibilidades se vuelven más remotas, me impulsa el dejar claro que mi reclusión en esta Isla no ha sido por no haber agotado todos los caminos legales.

Bajo esta filosofía de lo imposible me he lanzado a otro trámite en la dirección del DIE del municipio Plaza, esta vez para ir a la ciudad de Jequié-Bahía en Brasil. En julio se hará un festival de documentales donde un joven realizador presenta un corto sobre bloggers cubanos; si me lo pierdo será porque habré recibido el sexto “no” en apenas dos años.  Como en todos los anteriores trámites, la carta de invitación ha estado a tiempo, mi pasaporte está actualizado y mis antecedentes penales se mantienen limpios. En teoría, cumplo con todos los requisitos vigentes para traspasar la frontera nacional, pero sigo emitiendo opiniones críticas y eso ya me convierte en un tipo especial de delincuente.

Para este viaje, he decidido tocar tantas puertas como sea posible y hasta le mandé una carta al presidente brasileño Luis Inácio Lula da Silva. Quién sabe si a falta de escuchar demandas de sus propios ciudadanos, el gobierno de mi país tenga oídos receptivos para cuando le habla un dignatario extranjero. Mis amigos me insinúan que he pasado a ser un “medio básico” con una chapilla numerada puesta sobre los omóplatos, como esos muebles inventariados que pertenecen a instituciones estatales. Sólo queda sonreír ante bromas así y sacudirse la desesperanza con un simpático juego de palabras: “me voy, sí… me voy acostumbrando  a quedarme”.

27 de febrero de 2010

Ganas de gritar - Yoani Sánchez

Por Yoani Sánchez
Generación Y

La vida nunca vuelve a la normalidad. No retorna a ese momento antes de la tragedia que ahora –ilusoriamente- evocamos como un período de calma. Abro la agenda, intento reanudar mi vida, el blog, los mensajes en Twitter… pero nada me sale. Estos últimos días han sido demasiado intensos. Sólo tengo cabeza para repasar el rostro en penumbras de Reina Tamayo frente al necrocomio, donde preparó y vistió a su hijo para el viaje más largo. Después, se me apilan las imágenes del miércoles: detenciones, golpes, violencia, un calabozo con peste a orine que colindaba con otro donde Eugenio Leal y Ricardo Santiago exigían sus derechos. El resto del tiempo ha sido caminar como un maniquí, mirar sin ver, teclear con furia.

Así no hay quien escriba una línea coherente y moderada. Tengo tantas ganas de gritar, pero me quedé ronca el 24 de febrero.

Fotografía: Orlando Luis Pardo Lazo.


Pablo Felipe  Pérez Goyry

Freelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst

contextus.pablofeliperezg@gmail.com
https://bit.ly/3I7Jf0o
facebook
twitter
instagram