3 de enero de 2002

Colombia: La impúdica violencia...

Por Pablo Felipe Pérez Goyry.
Enero de 2002.

ABRUMA, al género humano, la impúdica violencia. Abarrota el corazón las cifras de muertes por acciones violentas el pasado año en Colombia; que alcanzó la cifra de más de treinta y siete mil; según reveló - el 2 de enero - el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, en la ciudad de Bogotá. Se comenta que es una cantidad alentadora, pues disminuyo dos por ciento, con relación al año 2000.

¿Por qué tanta violencia? ¿Es posible erradicarla?

No hay duda, para el convencimiento, que esto demuestra la necesidad: de líderes y personas de auténtica inteligencia renovadora; por ahora son pocas, para enfrentar los conflictos de fondo que hay en el país, por decenios.

En Colombia, y en el mundo - - entre otros acontecimientos: Afganistán; Argentina; Iraq; 11 de septiembre; Bloqueo contra Cuba; Medio Oriente; Etc.-, la violencia se puede erradicar. Empero es imperioso que toda la nación tenga sentido común, y alma educada; para pueda comprender los conflictos y sus orígenes, además, la importancia de construir con fe, cimientos estables de coexistencia pacífica.

La violencia primitiva debe exterminarse, y servir a la universalidad, en los problemas puntuales, con benevolencia; esto debe ser una prioridad esencial. Es la única manera de encauzar esfuerzos globales a una eficiente y suficiente planificación civilizada de la vida en sociedad; enfocado, con amor, al reajuste no atropellado de la estructura social, económica y política. Eso sí, con especificidad, y buena voluntad, y de ningún modo neo-liberal.

Pero... tiene que proliferar una transfiguración de la actitud mental en los individuos, sin fanatismo; también de las instituciones administrativas, religiosas y políticas; que se deben ajustar a una verdadera renovación de la realidad que viven los colombianos. Es decir, unir voluntades para establecer genuinas relaciones humanas.

Con acierto, un ilustre preceptor decía: "Sujeto maravillosamente vano, variable y fluctuante es el hombre, a quien cuesta trabajo formar juicio uniforme y constante". Admito, con el preclaro, que es la dolorosa y actual verdad de los mortales; los colombianos no son la excepción.

Una verdad innegable, no es difícil expresar desde el corazón los problemas que nos aquejan; no obstante... también, es verdad lo dificultoso que es exteriorizar y hacer realidad, desde el punto de vista corporal las soluciones. De ningún modo es un arcano que el ser humano no pone en práctica las enseñanzas (positivas) que han recibido.

¿Hay ausencia de una ética, en los comportamientos del ser humano? Está presente, directa o indirectamente, la negatividad materialista y espiritual.

Violencia en todas sus manifestaciones es una cotidianidad, en los campos y ciudades de Colombia. Un alto precio que pagan los nacionales; por el evidente separatismo en la coexistencia.

Asevera un antiguo: "Totus hic locus est contemnendus in nubis, nom negligendus in nostris". Cuidado es que debe desdeñarse para uno mismo y no descuidar para los suyos.

Creo, no equivocarme al afirmar, de que la violencia es un asunto evidente e "interminable"; y no anhelo enfadar la tolerancia de quien lea estas, consideraciones; aunque son objetivas, puedan teorizarse como crítica. Espero comprenda lo hago, sin egotismo, por no traicionar los impulsos de la intuición apenada y que me oprimido, al escrutar la usura humana.

A los estoicos y versados encomiendo la misión de "rumiar" sobre la impúdica violencia, en Colombia y el planeta; y busquen posibles vías para su exterminio. Mientras dejo mi alma, en un abrir y cerrar de ojos, desembarazada, pero con ética.

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