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Autor: PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY   


©Pablo Felipe Pérez Goyry

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16 de marzo de 2011

Alain Simard y sus festivales - Por Sergio Esteban Vélez Peláes

Alain Simard y sus festivales

Por Sergio Esteban Vélez Peláes

Alain Simard

Desde que estoy fuera del país, he tenido la oportunidad de conocer el trabajo de algunos de los principales humanistas y gestores culturales del Canadá. Y uno de los perfiles que más han llamado mi atención y admiración ha sido el de Alain Simard, quien ha logrado convertirse en un símbolo vivo de la revitalización cultural de Montreal y de la propulsión de la imagen de esta ciudad como urbe de festivales y de pasión por el arte. Como sé que su nombre no es muy conocido en nuestro país, me parece oportuno dedicarle mi columna de hoy.

Podríamos decir que la primera etapa de importancia en la labor inefable de este forjador de utopías comenzó en 1977, cuando, de la mano de Denyse McCann y André Ménard, fundó el Équipe Spectra. A través de esta entidad, materializaría, tres años más tarde, el sueño de que Montreal tuviera un Festival de Jazz. En ese momento, Simard no imaginaba que ese incipiente evento llegaría a ser el festival más importante del mundo en su categoría y todo un emblema de Montreal.

En un comienzo, talvez lo más difícil para la consolidación de este proyecto era la consecución de los recursos financieros necesarios. Pero la elocuencia del discurso de Simard fue más que suficiente, y poco después ya contaba con el respaldo de distinguidos organismos que le apostaron a los loables objetivos culturales de este gestor. Con su inherente constancia y creyendo solamente en excelencia, Simard logró ganarles la pelea a aquellos que consideraban que el Estado no debía “despilfarrar” fondos en temas “no prioritarios” como los culturales. Dispuso entonces de un torrente de creatividad y procedió a realizar programas especiales con artistas de la más alta calidad y reputación, en escenarios diversos e inusitados, para acercar el Jazz (y todas sus variantes) al público masivo, de todas las edades y clases sociales. Y su iniciativa regeneradora dio más frutos de los esperados, pues, gracias a esta labor, consiguió multiplicar el presupuesto del festival y aumentar contundentemente las estadísticas del público asistente a los actos y conciertos de este certamen (¡hoy congrega anualmente a más de dos millones y medio de espectadores!).

Al convertir en una empresa sólida y rentable aquel proyecto suyo en el cual pocos habían creído en un comienzo, la comunidad principió a reconocerlo como un líder corajudo capaz de desarrollar las más inteligentes estrategias “salvadoras” ante panoramas “nublados”.

Teniendo en cuenta el éxito de su iniciativa de fundar un festival de Jazz de talla universal, Simard se sintió con fuerzas suficientes para crear y sacar adelante otros dos festivales de la más alta categoría: el de las Francofolies y el de Montréal en Lumière. A través del primero (cuya primera edición se realizó en 1989), se ha consagrado al fomento de la canción en lengua francesa, con excelente respuesta de los espectadores (aproximadamente un millón, el año pasado). Y el segundo, creado en el 2000, es un evento dedicado a la promoción de casi todas las artes (música, artes plásticas, danza, teatro, artes circenses...) en la época del año en que el invierno azota con más rudeza a Montreal.

Alain Simard, por medio sus festivales, ha conseguido mejor que nadie exaltar y divulgar el precioso patrimonio urbanístico de Montreal, una de las más bellas capitales de Norteamérica.

Hoy, gracias a él, el movimiento económico de su ciudad se eleva significativamente tres veces año ¡gracias a la cultura!

Su visión y su liderazgo demostrados hicieron que su nombre comenzara a hacerse visible en el plano nacional y a figurar, desde su juventud, en las más selectas listas de promotores de la cultura en el Canadá.

Por todo esto, Simard ha sido condecorado por el gobierno de Francia como Caballero de la Orden de las Arte y las Letras y fue escogido por el diario The Gazette como uno de los montrealeses más eminentes del milenio. No nos cabría mencionar las decenas de premios y reconocimientos que ha merecido.

Estoy seguro de que un estudio más acucioso de sus ejecutorias bien podría contribuir para que algunos de nuestros principales eventos culturales adquieran mayor vigor y proyección.
Foto: Internet

24 de febrero de 2011

Los liberales, todavía difamados - Por Sergio Esteban Vélez Peláes

Los liberales, todavía difamados

Por Sergio Esteban Vélez Peláes
Sergio Esteban Vélez Peláes

Con su pluma aparentemente sosegada (pero potencialmente incendiaria), pareciera como si el sacerdote en retiro Ernesto Ochoa Moreno quisiera revivir los tiempos en los cuales la Iglesia azuzaba a sus fieles contra el Partido Liberal. A pesar de la prudencia y sabiduría que exige la categoría vitalicia de “intermediario entre Dios y los hombres” que le ha concedido la ordenación sacerdotal (aunque su ministerio esté inactivo), Ochoa, en su columna del pasado sábado, publicada en El Colombiano, declara “maldita” la herencia que ha dejado a Colombia el general Francisco de Paula Santander, forjador de nuestra república.

Esta maldición afecta de paso al Partido Liberal y a sus dirigentes, que han tenido como inspiración y guía, durante más de 160 años, el pensamiento y la obra magnánima del general Santander.

Al comienzo de la citada columna, Ochoa maldice la corrupción que ha asolado a Colombia (cuya responsabilidad el columnista imputa a los seguidores de Santander), y, en el penúltimo párrafo del texto, maldice explícitamente al santanderismo como tal (mejor conocido en Colombia como el Liberalismo).

Al leer el sectarista artículo de Ochoa Moreno, lo primero que pensé fue que esta maldición suya a un significativo sector de la población colombiana no sólo era gravísima por venir de un líder de opinión, sino altamente peligrosa por haber sido emitida por un religioso, mucho más cuando en Colombia hemos sufrido ya dolorosos episodios causados por declaraciones como la que capta hoy nuestra atención. No podemos olvidar a algunos célebres obispos y a numerosos sacerdotes que, hasta hace medio siglo, condenaban “el pecado de ser liberal” y se abstenían de suministrar los sacramentos a los militantes del Liberalismo y a los hijos de estos. Eruditos historiadores señalan que esta actitud de la Iglesia fue uno de los principales factores para el desencadenamiento en nuestra patria de “La Violencia” partidista, que dejó más de 300.000 muertos y otros cientos de miles de desplazados.

Por lo demás, ¿no es, acaso, consciente Ochoa Moreno de lo que en el ámbito de la Catolicidad significa una “maldición de cura”?

Además de su ominoso fundamentalismo, al artículo de Ochoa debe criticársele la falta de rigor histórico. Dice, por ejemplo, que el fundador del Partido Conservador fue don Miguel Antonio Caro (cuando la verdad es que don Miguel Antonio era apenas un niño cuando ese partido fue fundado por Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro).

Según Ochoa Moreno, su condena a la figura y a las realizaciones de “el Hombre de las Leyes” tiene sustento en el libro “Santander”, que publicara el antioqueño Fernando González en tiempos del Gobierno el presidente Eduardo Santos, a quien González llamara despectivamente “indio”. Ignora Ochoa que, en la opinión de numerosos intelectuales, de la talla Rafael Gutiérrez Girardot, González no merece ser llamado filósofo y su obra está llena de incoherencias, trivialidades y contradicciones.

Las virulentas críticas de Fernando González contra los gobiernos no fueron ajenas a sus intereses personales. En tres oportunidades, sus furibundos vituperios contra nuestros gobernantes tuvieron que quedar en suspenso, cuando aceptó los altos cargos diplomáticos en Europa que le ofrecieron los partidos tradicionales. Y su paso de ser antibolivariano a seudodevoto de Bolívar y recalcitrante enemigo de Santander viene también de la venta de su pensamiento, en este caso al deseo de acercarse al sangriento dictador venezolano Juan Vicente Gómez y de obtener los favores de este. Como todos sabemos, Gómez manipuló la imagen de Bolívar tan mañosamente como lo ha hecho su álter ego, Hugo Chávez.

La abyección de González, según el cual Gómez era un segundo Bolívar, llegó hasta el extremo de haber publicado un libro entero de homenaje al dictador, quien pasara a la historia por sus asesinatos, torturas, encarcelamientos y ejecuciones sumarias de sus opositores y por el expolio al que sometió a Venezuela. ¡Y se atrevió luego Fernando González a escribir un panfleto para mancillar la memoria del general Santander, padre de nuestra democracia, ejemplo de justicia y de respeto por la ley y precursor del enfoque liberal de nuestra legislación! ¿Qué tal las bases ideológicas de Ochoa Moreno?

Como nuestro espacio es limitado, no podemos extendernos en evocar las ejecutorias monumentales de Santander, ni en desvirtuar las injurias que sobre él se han divulgado malintencionadamente. A quienes estén interesados en conocer la realidad acerca de las supuestas actitudes de Santander que critica Ochoa Moreno en su columna, los invito a consultar el libro “El gran calumniado”, en el cual Germán Riaño Cano despeja la leyenda negra de “el Hombre de las Leyes”. Este libro, que me fue recomendado por el historiador Rodrigo Llano Isaza, es herramienta fundamental para todo colombiano que quiera estar seguro de la probidad moral y de la lucidez de Santander, el primer gran precursor de la educación en Colombia, como me comentara hace unos meses el doctor Otto Morales Benítez.

Y valga la pena aclarar que, al defender a Santander, no pretendemos, en absoluto, demeritar a “el Libertador”. Talvez nuestros lectores recuerden el extenso artículo que, hace tres semanas, publicamos acerca de la gloria de Bolívar.

Cuando residía en Colombia, conocí, en las reuniones de la Sociedad Santanderista de Antioquia, a distinguidos seguidores de “el Hombre de las Leyes” que eran también fervorosos bolivarianos, y a otros apasionados por Santander, que, no obstante no ser bolivarianos, reconocían y exaltaban los méritos y el heroísmo de Bolívar. Logré, entonces, una mejor conceptualización histórica del período inicial de Colombia como república y comprendí que es vana la disputa radical entre santanderistas y bolivarianos y que hacen mal quienes, como Ernesto Ochoa Moreno, pretenden reanimar el odio entre liberales y conservadores.
Foto: Internet


Pablo Felipe  Pérez Goyry

Freelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst

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