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Autor: PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY   


©Pablo Felipe Pérez Goyry

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27 de junio de 2011

Cuba: Combinado del Este - Por: Yoani Sánchez

Cuba: Combinado del Este

Por: Yoani Sánchez
Generación Y

Nueve de la mañana a las afueras del Combinado del Este, la mayor prisión de Cuba. Decenas de familias se agolpan para oír a una adusta militar que grita los apellidos de los presos. De inmediato, nos mandan a avanzar por un camino estrecho hacia la garita donde revisan los bolsos y pasan el detector de metales sobre nuestros cuerpos. Inspeccionan también los sacos de comida que durante semanas se han ido llenando de galletas, azúcar, refrescos instantáneos, cigarros y leche en polvo. Son el resultado del desvelo y del desprendimiento de los parientes que se privan de estos alimentos para donárselos a los reos.

Una mujer llora porque el guardia no le deja pasar los mangos maduros que trae para su hijo. En la cerca alrededor de la entrada la gente cuelga –sin ninguna protección– todo aquello que no le permiten entrar. Hay una bolsa con un teléfono móvil, una cartera de jovencita, un desodorante que el oficial dijo se podía convertir en alcohol destilado dentro de aquellos muros. A mi me revisan las revistas que llevo, me suben de un tirón la cremallera de la chaqueta y me meten los dedos entre el pelo. Delante de mi hay alguien que intenta colar un cake para un cumpleaños que de seguro ocurrió hace meses. Un joven se agarra con fuerza los pantalones pues le han impedido ingresar su cinto. Tal pareciera que vamos a sumergirnos en el infierno y –de alguna manera–- es así.

El local donde discurre la visita huele a sudor, a sudor y a encierro. Los dos presos italianos frente a mí ponen palabras una detrás de otras con desespero. Han sido detenidos por el asesinato de una menor en Bayamo, pero aseguran no haber estado en la Isla por lo días del crimen. Llevan ya más de un año encarcelados sin que se les haya hecho juicio y yo trato de reconstruir periodísticamente el derrotero del caso. Uno de ellos, Simone Pini, me habla de las irregularidades policiales y acuerdo con él indagar. “No puedo hacer mucho” –le aclaro– “y tampoco tengo acceso a los datos de la investigación, pero averiguaré”. No he terminado la frase cuando un militar grita mi nombre desde la reja del salón. Y me conducen hacia la otra cara del Combinado del Este. A la oficina pulcra, climatizada, forrada en madera, donde radica El Jefe. Quedó retenida en una parte diferente del mismo horror, mientras un teniente coronel me advierte que no me dejarán entrar, nunca más, a esa prisión. Cuando intento irme, noto que la puerta tiene un llavín con cuatro combinaciones. “Cuánto miedo”… pienso para mis adentros. Me escoltan hasta la salida y veo la fila de los parientes para la nueva visita que comienza al mediodía. Cargan sacos con nombres garabateados y alguien gime porque no le dejan entrar un regalo. Descubro en ese momento que algo triste se ha instalado en mí, como el peso de unos barrotes que desde entonces cargo hacia todos lados.
Imagen tomada de: http://www.sampsoniaway.org/ 

3 de noviembre de 2009

Estados Unidos y México: Familias y vidas divididas - Los muros que no han caído

Dos décadas después de la caída del muro de Berlín, el mundo sigue plagado de barreras que dividen a países, pueblos y familias de Brasil a Uzbekistán, de Cisjordania a México.

Las razones son múltiples: combatir la violencia, la inmigración ilegal o incluso la aftosa, pero el resultado es siempre el mismo: separar y atemorizar.

BBC Mundo le presenta una panorámica de 14 muros que aún siguen en pie, cuando muchos celebran que el 9 de noviembre de 1989 el más simbólico de todos fue derribado en la capital alemana.

Frontera Estados Unidos de Norteamérica y México

La frontera entre México y Estados Unidos tiene 3.200 kilómetros. El gobierno estadounidense ha construido un muro metálico en un tercio de su extensión y se estima que ha invertido más de US$2.400 millones en él para evitar el ingreso de inmigrantes indocumentados provenientes de México y Centroamérica.

Las primeras láminas del muro fronterizo comenzaron a aparecer en 1991, pero fue en 1994, cuando Estados Unidos decidió fortalecer la vigilancia bajo la denominada "Operación Guardián".

Han pasado 15 años desde aquel entonces y según la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México han muerto más de 5.600 inmigrantes indocumentados en su intento por cruzar la frontera. La mayoría debido a las altas temperaturas del desierto.

En algunas zonas de la frontera no sólo hay un muro, sino tres vallas metálicas que impiden cualquier tipo de contacto a través del mismo. Su altura promedio bordea los 4 o 5 metros de altura y recientemente ha avanzado la construcción del llamado "muro virtual", una serie de dispositivos tecnológicos como detectores infrarrojos, cámaras, radares, torres de control y sensores de tierra que han hecho más eficiente el control del límite entre ambos países.

20 de septiembre de 2009

Colombia: El juicio de la década...


Hace un par de meses el coronel Alfonso Plazas se salió de casillas y agredió a familiares de los desaparecidos que gritaban a la salida del juzgado. Unas semanas después, él fue ultrajado por agentes que lo sedaron a la fuerza.

Semana.com
19.09.09

Las familias de las víctimas del Palacio de Justicia y del acusado, el coronel Plazas Vega, viven dramáticos momentos. El veredicto, ya sea a favor o en contra de él, será un hito en la historia de los derechos humanos en Colombia.

El país tal vez no se ha dado cuenta de lo que se está jugando en el juicio que en estos momentos se le sigue al coronel Alfonso Plazas Vega en Bogotá. Se trata de mucho más que un veredicto de absolución o condena. Este juicio dará respuesta a uno de los capítulos que han dejado una marca profunda en la historia reciente del país: ¿qué ocurrió y quién responde por las 11 personas que desaparecieron tras la retoma del Palacio Justicia, en 1985?

Y más aún, el fallo puede provocar un giro inesperado en la historia del juzgamiento a los militares en Colombia. Hasta ahora, se habían dado juicios como el del coronel Byron Carvajal, el del caso Jamundí, que terminó involucrado con criminales, o el de un general como el recién fallecido Yanine Díaz, investigado por omisión en una masacre. Pero esta es la primera vez que se pone en el banquillo a un militar de alta graduación por el delito de desaparición forzada. Un caso que parecía estar reservado para países del Cono Sur, como Argentina y Chile, en la época de las dictaduras.

La actual investigación arrancó hace casi cuatro años y esta semana concluyen los alegatos de cierre. El grado de tensión entre las partes ha llevado a penosos choques en las calles entre los familiares de los desaparecidos y el coronel. Aquellos buscan justicia por lo que creen es un crimen de Estado y del cual señalan al Ejército como responsable. Los seguidores del coronel Plazas, en su mayoría militares retirados, califican como inaudito que hoy haya cuatro altos militares detenidos (los generales Jesús Armando Arias Cabrales e Iván Ramírez y los coroneles Edilberto Sánchez y Alfonso Plazas Vega) y acusados de desaparición forzada.

El meollo del juicio es si tras la sangrienta incursión del M-19, que produjo un centenar de muertos, la Fuerza Pública retomó el Palacio, capturó civiles y los llevó a guarniciones militares acusándolos de guerrilleros. En los archivos desempolvados de los noticieros de entonces se han encontrado ahora registros como el del administrador de la cafetería Carlos Rodríguez, a quien se le ve salir del Palacio custodiado por soldados.

Entre tanto, los simpatizantes de Plazas alegan que la actuación del Ejército en el holocausto ya fue juzgada y están convencidos de que el juicio al coronel es parte de una estrategia de "guerra jurídica" de la guerrilla para contrarrestar los golpes que le ha propinado el Ejército.

Esta semana, cuando el juicio entró en su recta final, un centenar de personas se concentraron en la Plaza de Bolívar con pancartas y arengas a favor de Plazas Vega, que está recluido en el área de siquiatría del Hospital Militar. A 20 cuadras de esa concentración, los familiares de los desaparecidos ubicaron 11 sillas con los retratos de sus seres queridos frente a los juzgados especializados de Bogotá donde se lleva a cabo el juicio. Entre tanto, en el cuarto piso del edificio se daban los últimos alegatos. En el recinto, colmado de periodistas, la juez María Stella Jara presidió la audiencia con fuertes medidas de seguridad. "Nuestro sentido pésame, por su próxima desaparición junto a toda su querida familia", dice un sufragio que llegó a su despacho hace un mes.

El martes de la semana pasada, la fiscal Ángela María Buitrago, reconocida como una especie de fiscal de hierro por la envergadura de los casos que lleva en su despacho, comenzó los alegatos finales. Para este caso, en los últimos tres años ha espulgado guarniciones militares y archivos olvidados en busca de la verdad perdida del Palacio. Y su conclusión es tajante. Pide condenar al coronel Plazas por el secuestro y la desaparición forzada de 11 personas que salieron vivas ese 7 de noviembre.

Presentó en detalle un voluminoso acopio de documentos y testimonios inéditos. Según ella, el coronel Plazas figuraba como el responsable de una estrategia conocida como el 'Plan Tricolor', diseñada para contrarrestar la toma guerrillera. Y en algunos de los testimonios que presentó de militares de la época, entre ellos el de Édgar Villamizar, dijo demostrar que el coronel sí tuvo relación directa con los desaparecidos.

La Procuraduría, por su parte, el jueves pidió absolver al coronel. Admitió que hay videos y fotos irrefutables para concluir que por lo menos ocho de los desaparecidos salieron vivos del Palacio y que fueron llevados por el Ejército a la casa Museo del Florero. Pero a la vez señaló que no hay una prueba plena para culpar a Plazas ya que no se puede verificar que él tuviera el comando absoluto y exclusivo de las tropas.

Luego fue el turno del abogado de las víctimas, Jorge Molano, quien se presenta como discípulo de Eduardo Umaña, el primer defensor en este caso y asesinado en 1998. Molano dijo a los periodistas que con su concepto la Procuraduría "está torturando a las víctimas". Comenzó su alegato con un extenso preámbulo que incluyó poemas y retazos de anécdotas de los desaparecidos. Al cabo de una hora la juez Jara tuvo que pedirle que se adentrara en la controversia probatoria.

Esta semana se acabarán los alegatos. Sólo falta la intervención del defensor del coronel Plazas. SEMANA pudo establecer que con documentos en mano pondrá de presente un rosario de irregularidades que considera se han cometido en el proceso, incluida la compra de testigos presentados por la Fiscalía. Los seguidores de Plazas hablan de una "cadena de arbitrariedades" que han hecho de los últimos meses los más amargos en los 65 años de vida del coronel. Afirman que a pesar de las insistentes peticiones no se le concedió un permiso oportuno para despedirse de su padre, Alfonso Plazas Solarte, que murió en marzo sin ver a su hijo mayor.

"Acabaron con su salud, con su imagen y con el patrimonio de nuestra familia", dice la esposa del coronel, Tania Vega, quien le pidió al presidente Belisario Betancur un pronunciamiento público de respaldo al coronel Plazas. Aún está esperando respuesta. Ella recuerda como la peor infamia lo ocurrido el pasado 20 de agosto. A eso de las 11 de la noche una delegación del Inpec irrumpió en el Hospital Militar, donde estaba Plazas a pesar de que Medicina Legal había certificado que gozaba de buen estado de salud. "Entraron violentamente y dos mujeres me sujetaron. Mi esposo reaccionó, intentó protegerme y les gritó '¡malditos, malditos!'. Entonces unos ocho hombres lo sedaron a la fuerza y se lo llevaron. Yo entré en 'shock'. Luego supe que era una comitiva del Inpec que lo trasladó a La Picota".

Al respecto, el Inpec explicó que el traslado se hizo atendiendo una orden judicial de la juez Jara, y que ante la resistencia del procesado fue necesario aplicarle un calmante. La Procuraduría ordenó una investigación y un siquiatra que valoró al coronel ordenó de nuevo su traslado al Hospital Militar, donde recibe un tratamiento de ansiolíticos para atender un cuadro agudo de desórdenes siquiátricos y estrés. Los médicos han prohibido transmitirle malas noticias. Su esposa asegura que está sumido en una tristeza abrumadora.

Los testimonios de las familias de los desaparecidos revelan una tragedia tanto o más amarga. Ya son varios los padres que han muerto aguardando conocer la verdad sobre la suerte de sus hijos y suplicando por sus restos para sepultarlos y cerrar el duelo.

Parecería que al cabo de más de dos décadas del holocausto el drama humano es lo único común entre las partes enfrentadas. El veredicto, ya sea a favor o en contra del coronel, marcará un hito en la historia de los derechos humanos en Colombia.

3 de diciembre de 1998

Colombia: Trabajos de todos con la mano en el corazón para lograr la paz...

Medellín, diciembre de 1998.

Señor director
El Semanal de Medellín.

Reciban usted y el equipo de El semanal mis felicitaciones por el empeño de cada día, para llevar a los lectores cultura, educación y meditación con honestidad y ética, actitud indispensable en los periodistas.
Quisiera trasmitir mis condolencias y solidaridad a todas las familias afectadas por los acontecimientos de violencia ocurridos en Machuca. Por otro lado, el asesinato del alcalde Héctor Emilio Piedrahita y de la personera Adriana María Casas, ambos del municipio de Anorí. Sumándose a esta ola de violencia, la muerte de Jorge Ortega, vicepresidente de la central Unitaria de Trabajadores en la ciudad de Bogotá, a manos de sicarios.
Una vez más el luto y el dolor de los humildes, oprimen el corazón de las personas honestas de Colombia; una vez más la impunidad se adueña de la tierra colombiana. ¿Cuándo llegará la paz definitiva?
Alzo mi voz solidaria de repudio a tan alevosos crímenes. Genocidios como el acaecido en machuca deben terminar, pues la peor parte la sufrieron los niños. Debe ser preocupación de los artífices de la guerra velar por su bienestar y futuro; no mancillarlo.
No es un secreto que la violencia en Colombia suma varias décadas de existencia. Se ha justificado de las más disímiles maneras, pero siempre los más afectados han sido los que menos tienen. Se impone una reflexión profunda para cada uno de nosotros, para los grupos armados en conflicto, por el bien de todos, para salvar la nación que clama por la convivencia pacífica a las puertas del nuevo milenio.
El país se encuentra en una crisis financiera grave; las secuelas de la guerra y la violencia cobran cada día más muertes inocentes, más desaparecidos, más desplazados; un desempleo galopante cercano al 18%; crisis en los sectores de la educación, la salud y la agricultura. La situación a todas luces es de suma gravedad y las perspectivas de solución apuntan a ser sólo posibles a largo plazo, si no se logra un acuerdo de paz con la mayor brevedad.
Es hora de meditar con valentía y firmeza sobre la realidad que nos rodea; son cada vez más las voces de todo un pueblo las que se suman al rechazo de actos violentos. El silencio cada día es menos presente en el país. Nos toca participar en las actividades encaminadas a la obtención de la tan ansiada paz. Esto será posible en la medida en que unidos con hidalguía, con profundo concepto de amor a la patria, nos propongamos tan impostergable tarea ciudadana. Tienen la palabra los actores del conflicto armado.
Todos somos, en mayor o menor grado, protagonistas directos e indirectos de la realidad que vive el país. No hay la menor duda de que los obstáculos a enfrentar para alcanzar la paz son muchos, pero el diálogo sincero y la razón, en los que prevalezca la verdad como premisa fundamental, deben ser los instrumentos presentes en los diálogos de paz.
Hago un llamado sincero a los que tienen los destinos de la nación en sus manos para que cada jornada de sus vidas, con la mano en el corazón todos, se pregunten: ¿Cómo actuar y ayudar con amor sincero a la patria y a nuestros hermanos, para lograr la paz ansiada sin violencia?
Ejemplos como los emprendidos por El Semanal y otros medios de comunicación, apoyando los esfuerzos de los sectores honestos de la sociedad, con profesionales de la comunicación sensibilizados con la realidad colombiana, unidos todos en buscar caminos viables para la paz definitiva. Ejemplos como éstos deben ser asumidos con seriedad por la sociedad.
Agradezco su amable atención y la posibilidad de compartir en momentos nada agradables la presente reflexión. ¡En verdad vale la pena!
Dios bendiga a todos y nos guíe acertadamente por el camino correcto que nos conduzca a obtener la paz.

Atentamente,

Pablo Felipe Pérez Goyry.

(Carta publicada en El Semanal en la sección Llegan Cartas, el 4 de diciembre de 1998)


Pablo Felipe  Pérez Goyry

Freelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst

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