8 de junio de 2003

Cuba: ¡Redimir la Patria es posible!


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.
08 de junio de 2003.

"LA Iglesia no tiene la misión de ser partido de oposición que lamentablemente no existe en Cuba. Yo quisiera que hubiera uno, dos o tres partidos con pensamiento distinto, pero no los hay".

De esta manera diáfana y sugerente, para considerar, se manifestó hace pocos días el cardenal Jaime Ortega y Alamino, arzobispo de La Habana; durante una conferencia - sobre el futuro de la Iglesia - en la parroquia San Juan de Letrán, de la capital cubana.

El prelado, salvaguardado en la razón de ser de la Iglesia, ha dejado bien definido que defenderá los derechos de la institución y no relegará en modo alguno su principal servicio para los cubanos según las reglas y prácticas apostólicas. Argumentos, para encarar con sabiduría la conminación y pretensión de algunos opositores, de asuma la Iglesia partido frente al absolutismo imperante en la isla.

Todo mi ser coincide con está admirable posición, si tenemos en cuenta de que existen más de 360 organizaciones no gubernamentales de oposición, entre las que se conocen Agencias de Prensa; Asociaciones; Coaliciones; Movimientos; Confederaciones; Alianzas; Corrientes; Sindicatos; Uniones, etc. Prueba indiscutible de la ausencia de unidad política, aunque quién sabe algunas coincidan en el fin.

La Iglesia bien pudiera ser intermediaria en una probable concertación y conciliación - ejemplos hay en otros países -; pero está consciente y consciente de la insuficiente unidad en la oposición, y el vacío de líderes convincentes, y coherentes preceptos éticos y sensibles. En último análisis, sentido común.

Por más de cuarenta años se ha desaprovechado la conveniencia de dialogar entre nacionales, y especialmente el escuchar con sapiencia las verdades. Actualmente, es una certeza la máxima política enunciada por Maquiavelo: "Divide ut regnes"; que es la cotidianidad de algunos disidentes, opositores o defensores de los derechos humanos. El principal pecado: la arrogancia, vestida de protagonismo, perniciosos en la transformación de los seres humanos, para domine las "pasiones" y su intelecto.

Escéptica está la generalidad de cubanos, en le día a día, de sea realizable una transición hacia la democracia, pues, se ha edificado en el corazón un altar, olvidando no hacer del corazón un sanctasanctórum. Porque se ha hecho oposición, al absolutismo castrista, con ad ostentationem. También, realizado escaramuzas, con la complicidad de las bajas pasiones y la obsesión. Los "poderosos" del exilio rechazan cualquier criterio sanamente igual, superior o discordante, que pongan en peligro sus intereses especulativos. La prueba más reciente "Cuba Refe 2003", un antijurídico y desatinado refendum.

Una mediación imparcial de la Iglesia, permitiría - a opositores y oficialismo - un diálogo con prudencia y comedimiento. Un Proyecto Varela, el magnífico trabajo de Cambio Cubano, pudieran ser alternativas que ayuden a sustentar la soberanía de Cuba. Pero... hace falta concertación.

Se ha demostrado que en el proceso evolutivo, de los seres humanos, es inevitable el antagonismo, bajo el principio de causa-acción-reacción-efecto. No obstante, la lucha se debe subordinar a las rectas relaciones humanas, con un enfoque honesto e integrador; y total desapego a las experiencias dominadas por la miopía e "ignorancia", que obstaculizan el acercamiento. ¿Es posible la unidad del pueblo cubano - como nación -, para una transición democrática? ¡Sí! En el momento que la oposición tenga la capacidad de prestar atención, discernir con franqueza, y el corazón sé conmueva, más allá de la aspiración del beneficio personal.

En este punto es cardinal saber que, salvo excepciones, la oposición esta carente de honesta identidad entre discurso y propósitos, pues se antepone lo personal y se descuida sistemáticamente el contexto en que viven la mayoría de los nacionales, en Cuba y el exilio. Nunca la unidad de propósitos debe perjudicar lo sustancial y probo del universo cubano. Ya que la convivencia y los poderes "legales" no podrán, de ningún modo, justificar los argumentos peyorativos de la descalificación y las actitudes permisivas, en concomitancia con la "obsecuencia" de los gorrones. Si se aspira construir una democracia en Cuba, es vital tener voluntad, con mente abierta al discernimiento, la circunspección, y el afecto; siempre presentes en el apostolado del Padre Varela.

Ahora no faltara una nueva equivocación, de algunos opositores, sobre las declaraciones del cardenal Jaime Ortega. Unos lo acusaran de que es un colaborador del régimen y cómplice de Fidel Castro; otros lo calificaran de marxista-leninista; y quién sabe hasta lo incriminen para sea anatematizado por el Vaticano.

Empero, hay que tener fe de estos reclamos se silencien; porque auténticos cubanos saben hay necesidad de servir al país con pundonor; motivados en primer lugar por la conmiseración, luego el convencimiento de la esencialidad y el indispensable amor. Aspectos que educan el alma nacional; con su rica experiencia del perdonar y el crecimiento espiritual; legítima consagración, urbanidad, y constante reorientación ante las circunstancias y la vida misma.

Es pertinente reflexionen los disidentes, opositores, y defensores de derechos humanos, y no coaccionar a la Iglesia cubana para hacer política. Más talentoso es el pensar cómo pudiera la institución - de manera neutral - ser arbitro, en posibles diálogos entre todas las orientaciones políticas, sociales y religiosas; para finalmente hacer frente al gobierno de la isla, con una estrategia fusionada.

Estoy convencido de lo benéfico y la percepción que tiene la Iglesia, también de su comprensible posición. Hay que respetar la rectitud del cardenal Jaime Ortega y Alamino, porque es para los cubanos una mano amiga, pródiga de indulgencia. Compatriota de pura cepa y excelso representante de la fe cristiana. Además, firme protector de la misión pastoral de la Iglesia, para el pueblo cubano esté más cerca de la Esencia divina y prevalezca la Paz en Cuba.

¡Redimir la Patria es posible! En la medida de que los cubanos - sin parcialidad - sean sensatos, a la par de ideas creadoras y planes dirigidos al bien común; ausentes de contumacia. Es decir, encauzar la energía física y espiritual desde el corazón, para enaltecer las acciones altruistas y de buena voluntad, con decoroso propósito parabién de la concordia nacional.

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