Sorores et Fratres: Soy defendedor de causas sociales-políticas nobles pundonorosas. Empero, no creo en defensores mefistofélicos que lucran con los anhelos de equidad y buena voluntad universal, de los seres humanos. Porque la justicia demanda ética, discernimiento y valor. Y en lo aparentemente indescifrable es menester descubrir su esencia de verdad. ¡Estoy a favor de la Paz! Abrazo comedido, afectos y los mejores pensamientos, para que Dios y el Universo bendigan a usted, familiares, amigos y ... con su luz y sabiduría, con su amor y misericordia, con su paz y alegría. ¡Dios, ilumina y bendice las buenas obras e ideas! ¡Dios, ilumina mi fe y caridad! ¡Dios guíame para saber que pensar, decir, hacer, evitar y cómo realizar obras de misericordia a través de mis actos, palabra, oración y servicio a los que más necesitan!
¡Misericordia Divina, en ti confío!
¡Jesús, en ti confío!
Amén. 
©Pablo Felipe Pérez Goyry


                       

17 de agosto de 2003

Vive plenamente


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.

LA historia que les voy a contar fue real y de alguna manera fortaleció mi espiritualidad.

Carlos Muralla, era una persona que muchos le "execraban". Porque siempre tenía buen humor y palabras positivas que manifestar.

En resumen, un genuino modelo de buena voluntad y hermandad; el optimismo en Cuerpo y Alma.

Si alguien, conocido o no, le interrogaba como vivir en armonía; él ni corto ni remolón respondía con una sonrisa:

- "No puedo estar mejor, gracias a Dios no soy de los elegidos para estar mal".

Carlitos, como le llamábamos los más allegados, era propietario del mejor restaurante del barrio. La cafetería había sido del tío, que aún vivo se la dio como herencia.

La "Buena Vida", que así se llamaba el establecimiento, tenía talante alegre. Unas hermosas y bien construidas camareras, tenían la responsabilidad de servir a los parroquianos que ocupaban veinte mesas. Y para bien de Carlitos, todas ellas se morían de amor por él.

Carlitos se conocía a sí mismo. Él nos hacía sentir a gusto con su sola presencia. En síntesis, nos decía que la fortuna ayudaba a los audaces.

Ese era él, un ejemplo de ser humano que todos quisiéramos imitar. Toda persona con verdadera circunspección, hubiera anhelado la filantropía que practicaba Carlitos.

Para atender las adversidades de los demás, siempre tenía tiempo. Pensar que Dios lo había llamado y elegido, no era un disparate. Sí un alguna persona enfermaba, el primero en presentarse era él; para saber en que podía ayudar. Estaba en cuerpo y ánima, si alguien fallecía, con su ofrenda floral; en la funeraria y el entierro.

En todos los incidentes siempre comentaba con optimismo, el punto de vista positivo que tenía el problema en cuestión.

Un día, no refrene por más tiempo la curiosidad y fui a visitar la cafetería. Él me acogió con una amplia sonrisa y su acostumbrado buen espíritu. Luego del abrazo protocolar y sentado ingiriendo una gaseosa, invitación de la casa, le dije:

- Carlitos... cómo haces para estar siempre con esa actitud positiva ante la vida. En verdad, amigo, no creo sea posible que una persona pueda estar siempre con ese ánimo. Me encantaría conocer la receta, si no es un secreto. De esta manera todos tus amigos podríamos lograr tener buen ánimo también... Amigo mío, ¿cómo lo haces?

Él, asevero:

- Cuando me despierto cada amanecida, después de meditar y hacer mis invocaciones a Dios y a todas las almas, reitero una y otra vez a mi subconsciente:

- "¡Carlitos, eres una persona maravillosa! Porque sirves al mundo con benevolencia. Además, tienes dos opciones hoy; puedes escoger estar de buen humor o puedes escoger estar de mal humor. Entonces tomo la decisión de estar todo el día de buen espíritu y amigable con todo lo que me rodea. No puedes olvidar jamás: que con la vara que midas, serás medido. Eres hijo de Dios y como tal dbes ser benevolente".

- Sí por alguna causa algo malo me sucede, puedo escoger entre ser una víctima o aprender la experiencia por dolorosa que esta sea.

- Y si alguien acude a mí, para lamentarse de las tribulaciones que la vida le entrega, puedo rechazar su queja o puedo mostrarle el lado positivo de la existencia. Mi deber e servir y enseñar. Enseñar con buena voluntad a toda persona que lo necesite, para aprenda enfrentar y dar solución de los problemas.

- Bonita filosofía, pero no es de ninguna manera fácil - le reproche -.

- Amigo, cuando el sol sale, sale para todo el mundo - me dijo con su permanente sonrisa -. En la vida uno se mueve por elecciones. Cuando eliminas lo malo de algo, queda lo bueno. Ya vez que cada situación es una elección. Las persona escoge lo que piensa adecuado, según su parecer. Eliges cosas buenas en la vida o malas. Es que acaso tú no eliges cómo reaccionar ante cada problema que se te presenta en la vida.

- Los seres humanos son los únicos responsables de lo que eligen y esto esta directamente en proporción con el ánimo. Eliges como la gente afectará tu estado de ánimo. También eliges estar de buen o mal humor. No puedes pensar que el mundo está lleno de ingratos. En resumen, ¡tú escoges como vives la vida!

Luego de exponer esta concepción filosófica universal; se marcha porque tenía que atender una llamada telefónica y a "La Buena Vida".

Terminé de beber la gaseosa y abandone de la cafetería.

Al tiempo que caminaba, rumbo a mi casa, iba reflexiona que reflexiona; acerca de lo que Carlitos me había explicado. Pero nada que encontraba la médula del asunto.

Meses después del encuentro filosófico, quede sin empleo. Con los dineros que me entregaron, de la liquidación, decidí establecer mi propio negocio.

Por mucho tiempo no vi a Carlitos, porque me fui para otra ciudad a poner mi negocio. Y aunque perdimos el contacto, siempre y con mucha frecuencia me acordaba de él; sobre todo cuando tenía que hacer una elección en la vida y no debía reaccionar con emociones ante ella.

Años más tarde me encontré con Raúl Alberto. Amigo de la infancia y que también conocía a Carlos Muralla.

Raúl me contó que nuestro amigo había hecho algo que no debió hacer:

- "Un día, Carlitos, dejó una de las puertas de la cafetería abierta. Tres malhechores bien armados irrumpen y lo atracan. En tanto que él pretendía abrir la caja fuerte, para complacer las exigencias de los ladrones; por el nerviosismo temblequea su mano y resbalo de la combinación".

- "Los rufianes se sintieron burlados, y agobiados por el desespero le dispararon varias veces antes de marcharse de ‘La Buena vida".

- "Pero como la suerte siempre está del lado de Carlitos, pudo ser llevado con prontitud a una clínica; porque lo encuentra oportunamente una de las empleadas, que llego temprano".

- "Cuando arribó a la clínica, fue conducido directamente al quirófano, luego de los preparativos necesarios en estos casos".

- "Después, de diez horas de cirugía, lo trasladaron a terapia intensiva; allí residió varias semanas entre la vida y la muerte. Varios meses después salió de la clínica. Amalgamado en su cuerpo llevaba la presencia de un plomo, de uno de los proyectiles".

Un día, al tiempo que realizaba los trámites en la aduana del aeropuerto, en un viaje al extranjero, vaya sorpresa. Ahí frente a mí estaba el "resucitado" Carlos Muralla. En él nada había cambiado después del problema del asalto. Solo que los años no pasan por gusto: pero los cincuenta años no se le notaban.

No pude contener mi indiscreción y le pregunté como estaba de salud y me respondió:

- Mejor no podría estar, estoy viviendo mis mejores años.

Sin salir de mi sorpresa, le pregunté:

- Carlitos, ¿qué pasó por tú mente cuando sucedió lo del asalto?.

Con la seguridad de siempre me contestó:

- Lo primero que vino a mi mente fue que debí haber cerrado con llave la puerta de atrás de la cafetería. Cuando estaba tirado y herido en el piso recordé que tenía dos opciones: Podía elegir vivir o podía elegir morir. Yo elegí vivir.

Sin permitir que terminara de hablar le insistí:

- ¿Y no sentiste miedo de la muerte?.

Carlos, inmutable continúo:

- Imagínate, amigo, que los médicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Me llevaron al quirófano; al ver las expresiones de sus semblantes y ojos, me asuste... podía descifrar en sus miradas: ‘Es hombre muerto’. Comprendí que debía tomar una decisión.

- ¿Que decisión?... exclame.

- Bueno... uno de los médicos me pregunto si era alérgico a algún medicamento. Respire hondo y grité: ¡ Sí a las balas! Y mientras se burlaban les dije: Estoy eligiendo vivir... opérenme como si estuviera vivo, no muerto.

- Nos despedimos y hasta la fecha nunca más nos hemos visto.

Mientras el avión me transportaba, vino a mi mente Carlos Muralla. El Carlitos que no solo vivió por la maestría de los médicos. También vivió por su asombrosa actitud, ante los momentos difíciles de su vida. Y pienso que hoy vive plenamente.

De Carlos Muralla aprendí la lección de que cada día todos tenemos la elección de vivir plenamente desde el alma. Porque más hace el que quiere que el que no puede.

Es evidente, al menos para mí, que la actitud, al final, lo es todo. Porque el hombre contiene en sus adentro: Voluntad, Amor, Sabiduría, Inteligencia Activa. Esto solo es posible comprenderlo si estamos conscientes de que somos almas amorosas.

(Este documento puede ser reeditado - total o parcial - citando Autor y Fuente).

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