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Autor: PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY   


©Pablo Felipe Pérez Goyry

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27 de junio de 2011

Letra y forma con aroma de mujer - Por: Sergio Esteban Vélez Peláez

Letra y forma con aroma de mujer

Por: Sergio Esteban Vélez Peláez
sergiopoesia@yahoo.com

Hoy quiero referirme a dos poeta colombiana Bella Clara Ventura de excelencia en el universo de las artes y las letras.
Comenzaré con la poeta colombiana Bella Clara Ventura. Es importante y necesario que hablemos de ella en estos días, cuando el jurado del Premio Internacional de Poesía Guadalquivir Cautivo la ha proclamado como ganadora del primer premio en este concurso ibérico. En tal certamen, la talentosa Bella Clara hubo de competir con más de ciento cinco participantes de España, Argentina, México, Colombia, Venezuela, Uruguay, Cuba, Chile, Bolivia, Puerto Rico, Francia, Estados Unidos y Canadá.
Sergio Esteban Vélez Peláez
Dada la acogida internacional de este concurso, sorprende que los medios de nuestra patria no hayan hecho divulgación alguna del hecho de que sea una colombiana quien se haya alzado con el gajo de laurel apetecido.
Y no es este el primer honor que ofrece a Colombia la querida Bella Clara. Su trabajo por la unión internacional de los trabajadores de la poesía ha hecho que el movimiento Poetas del Mundo la nombrara “Embajadora” de esa organización. También fue honrada en Ginebra como Embajadora de la Paz. Como tal, y, por supuesto, como poeta innovadora, ha representado a nuestro país en numerosos congresos internacionales. Su obra, que comprende más de veinte libros publicados (además de los varios filmes que ha dirigido), ha dejado en alto el nombre de Colombia en naciones como Francia, Estados Unidos, Suecia, Brasil, México, Argentina, Chile, Puerto Rico, Ecuador, Uruguay, Cuba y Perú.
Todas nuestras felicitaciones para esta sobresaliente compatriota.

***

La otra artista de la cual nos ocuparemos hoy es . El Festival de Arte Latinoamericano de Montreal (Latinarte) acaba de inaugurar la exposición “Arrêt = la folie”, una selección de la más reciente obra de esta joven y prometedora embajadora de nuestra cultura.
Formada en el prestigioso Collège Marsan, de Montreal, Carrero hace poco fue noticia en el medio de los apasionados por el arte en el Canadá, al ganar el premio“ L’entraide ici comme à l’étranger”, con su trabajo fotográfico de temática social.
Esta semana, Radio Canada International ha presentado a Carrero como una artista polifacética que ha combinado su tarea como fotógrafa con una intensa labor humanitaria. Es socióloga de profesión, con especializaciones en universidades de Chile y de Venezuela.
Además del ejercicio del periodismo gráfico para medios diversos, Carrero ha estado al frente de numerosos proyectos relacionados con temáticas socioculturales y de conservación ambiental. Ha desarrollado, además, un activo voluntariado en el campo de la protección a las mujeres, la prevención del cáncer, la conservación del patrimonio cultural de los pueblos indígenas del Canadá y la sensibilización acerca de las condiciones de vida de las comunidades más pobres de Venezuela, de la mano de instituciones como la Alcaldía de Montreal, Amnistía Internacional y el Club Rotario.
Ojalá podamos tener pronto en nuestra ciudad una exposición de envergadura que presente ante nuestra comunidad la visión magistral de esta promisoria creadora artística que tantos elogios está mereciendo.

***

Punto aparte: Pareciera como si los distinguidos directivos de la Academia Brasileña de Letras hubieran perdido la razón, o, al menos, la vergüenza. Hace un par de semanas, esa ilustre institución, que generalmente rinde tributo a los más cimeros autores de lengua portuguesa, enalteció con su máxima condecoración al astro del fútbol Ronaldinho. El futbolista, quien asistió a la ceremonia portando jeans y tenis, fue presentado por los académicos como “Doctor Ronaldinho”.
Al parecer, el hecho de elevar a los profesionales del fútbol a la categoría de eminentes representantes de la lengua y la literatura ya se está convirtiendo en costumbre para la citada academia: en menos de un año, dos entrenadores del Flamengo también han recibido sendas condecoraciones del máximo órgano rector del portugués en Brasil.
Sabiendo cómo es nuestro país, donde tantos futbolistas han recibido la Cruz de Boyacá, no sería raro que dentro de pocos días nos enteráramos de que a los miembros de la Selección Colombia de Fútbol les serán concedidos doctorados honoris causa en Letras... aunque también podrían ser en Física o en Historia...
Foto: Internet

PROYECTO CONTEXTUS GLOBAL

1 de abril de 2011

Reconocimientos merecidos - Por: Sergio Esteban Vélez Peláez

Sergio Esteban y Sonia Osorio

Reconocimientos merecidos

Por: Sergio Esteban Vélez Peláez
info@sergioestebanvelez.com

- Esta semana, la cultura colombiana está de luto con la muerte de Sonia Osorio. Nadie ha trabajado nunca como ella por exaltar y divulgar lo más bello de ese tesoro que son las danzas folclóricas de nuestra patria. Qué mujer corajuda y perseverante hemos perdido. En sus últimos años, a pesar de sus problemas de salud y de sus dificultades auditivas, siguió comandando sin pausa su obra maestra, el Ballet de Colombia, orgullo nuestro. Este hijo suyo le mereció innumerables homenajes. Nunca en mi vida, ni siquiera en las casas de los mayores artistas plásticos y escritores de Suramérica, he visto un recinto tan lleno de condecoraciones como la biblioteca del apartamento de Sonia Osorio en Bogotá. Recuerdo que no me alcanzó el tiempo para repasar con mis ojos el conjunto entero de diplomas, medallas y trofeos de todos los países a los que llevó nuestro folclor. Se nos fue una de las más meritorias embajadoras de la cara positiva de Colombia. Su legado seguirá vivo mientras nuestra nación vibre con la danza. Sinceras condolencias a los suyos.
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- Qué desafortunada la columna “Cuervo sí, otro Caro” (El Espectador), en la cual, hace un par de semanas, Ana María Cano se va lanza en ristre contra don Miguel Antonio Caro y sugiere que el Instituto Caro y Cuervo suprima de su razón social el apellido de este cimero intelectual. Es increíble que una periodista que alguna vez impulsó a escritores colombianos se atreva a plantear que don Miguel Antonio no tiene méritos suficientes para que la cultura colombiana le rinda homenaje.
El simple hecho de que la columnista no esté de acuerdo con el pensamiento de don Miguel Antonio ni con sus realizaciones cuando estuvo en la Presidencia de la República, no le dan derecho para minimizar el valor de la obra literaria y lingüística de este insigne colombiano.
¿Podrá Cano ignorar que Caro, además de poeta de refinada lira, traductor perfeccionista, periodista aguerrido, lúcido ensayista y eminente educador, es todavía considerado como uno de los principales gramáticos de nuestra lengua? Y ni hablar de lo que él representó a la hora de apoyar el fecundo y excelso movimiento literario de su generación en nuestro país.
No puede ser justo que, por el hecho de haber profesado la fe católica y militado en el conservatismo, haya quienes quieran borrarlo de nuestra historia cultural.
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- Nuestro amigo el escultor paisa Joaquín Restrepo, a quien ya nos hemos dirigido en estas mismas páginas como el más promisorio artista colombiano menor de 30 años de edad, ha sido seleccionado para representar a Colombia, junto al maestro Fernando Botero, en el prestigioso Pabellón Latinoamericano de la Feria Internacional de Arte de Shanghái, que tendrá lugar dentro de tres semanas. En tan reputado evento, se presentará una muestra de la excelente producción escultórica de Restrepo, que ya le ha merecido los más altos elogios de la crítica nacional. En el catálogo acerca de estos trabajos en bronce, sobresale un texto del ex presidente Belisario Betancur, quien consagra a Restrepo como un “maestro ungido por los dioses”. Vale la pena recordar que en un par de subastas realizadas por la Casa Christie’s la obra de Restrepo ha alcanzado valores superiores a los de trabajos de los grandes maestros del arte moderno colombiano. Esperamos que este año finalmente podamos gozar de una exposición de Restrepo en Medellín.
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Me satisfizo muchísimo enterarme de la inclusión de la columnista Elbacé Restrepo en el libro de “Los 20 de Así va Antioquia 2010”, que acaba de lanzarse. Justo y merecido reconocimiento a una mujer sensata e inteligente que, con su estilo familiar, conciso y frentero, ha logrado catapultarse como una de las articulistas más leídas y comentadas de nuestro departamento. Somos muchos los que esperamos con ansias a que sea domingo para leer las reflexiones de Elbacé. En algunas ocasiones, nuestras opiniones divergen, pero la mayoría de las veces comparto sus preocupaciones y me alegro de que ella tenga la valentía necesaria para abordar temáticas importantísimas que han sido inexplicablemente soslayadas por nuestra prensa. Aplausos para ti, querida Elbacé.
Foto: Galería de Sergio Esteban Vélez

13 de septiembre de 2009

Colombia: La clase dirigente contra las mayorías...

Los magistrados de la Corte Constitucional tienen una responsabilidad histórica. Arriba de izquierda a derecha: Gabriel Eduardo Mendoza Martelo, Jorge Iván Palacio Palacio, Humberto Antonio Sierra Porto, Jorge Pretelt Chaljub, Martha Victoria Sáchica, Mauricio González Cuervo. Abajo de izquierda a derecha: Juan Carlos Henao Pérez, María Victoria Calle, Nilson Pinilla, Luis Ernesto Vargas Silva.

Semana.com
Portada Edición no. 1428
Sábado 12 Septiembre 2009

Aumentan simultáneamente el apoyo popular a la reelección y el rechazo del establecimiento a la misma. ¿Cómo enfrentará la Corte este dilema?

La viabilidad de una segunda reelección del presidente Álvaro Uribe es quizá la decisión más importante que tome una alta Corte en más de un siglo. Sobre todo porque la Corte Constitucional enfrenta un gran dilema. Por un lado, un aumento en el apoyo popular de la reelección y, por el otro, un aumento en el rechazo del establecimiento ante la posibilidad de que Uribe repita una tercera vez.

Mientras en las últimas encuestas el apoyo a la gestión del Presidente subió de 71 a 74 por ciento y el 50 por ciento votaría a favor de reelegir al Presidente, crecientes sectores de la academia, los medios, los gremios, los empresarios, las ONG, la Iglesia -y hasta sectores de los estrato 5 y 6 que lo idolatraban-, han expresado los peligros que significa para la democracia que un hombre se perpetúe en el poder.

Así, mientras las mayorías claman espontáneamente a su líder y le dan una enorme legitimidad popular, la mayoría de la clase dirigente enarbola cada vez con más fuerza la defensa de las instituciones y la necesidad de alternar el poder.

Es, sin duda, una 'papa caliente' para la Corte Constitucional, donde habrá inevitablemente consideraciones de grueso calibre jurídico y de buenas dosis de filosofía política.

Paradójicamente, las numerosas irregularidades que han sido denunciadas a lo largo del trámite del referendo son por lo general sobre asuntos de forma. En este tortuoso camino, la lista de los posibles vicios de forma es larga: violación de los topes, donaciones en especie no registradas, sesiones extra irregulares convocadas por el Congreso, violación del principio de consecutividad, ilegalidad en la manera como los congresistas cambiaron la pregunta de origen popular, entre muchos otros. Sobre estos vicios, la Corte puede pronunciarse aunque a los reeleccionistas -y a la mayoría de los colombianos, por lo visto- no les parezca demasiado grave.

Sin embargo, las verdaderas amenazas que el referendo representa para la democracia son sobre asuntos de fondo. Lo que está en juego no son sólo la estabilidad de las instituciones, la separación de poderes y el sistema de pesos y contrapesos. Se trata, en el fondo, de que existe la posibilidad de que se estén socavando los pilares de la democracia colombiana. En particular, también está de por medio si ese concepto de mayorías tiene límites o si es automáticamente suficiente para alterar el conjunto de principios que han regido el país a lo largo de su historia. "La violación de la estructura básica de la Constitución es inconstitucional. Porque hay un conjunto de valores centrales en la Constitución que no se pueden tocar", afirmó en El Tiempo el ex ministro y constitucionalista Humberto de la Calle.

La realidad es que hay tantas irregularidades de forma que no le parecen graves a la mayoría de los reeleccionistas, y tantas implicaciones institucionales que les parecen gravísimas a las minorías antirreleeccionistas, que la Corte se encuentra en un sándwich entre esos dos extremos.

Por lo pronto, el futuro de la democracia colombiana está en manos de estos magistrados que pueden fallar en cualquier sentido, pues existen argumentos que pueden ser convincentes para cada una de las dos interpretaciones.

La Corte, en su decisión final, tendrá que partir de la base de dos premisas: primero, que la mayoría de los colombianos quiere la reelección de Álvaro Uribe. Y segundo, que la forma como el Presidente está buscando perpetuarse, mal que bien, se ajusta a la normatividad jurídica vigente.

Por lo tanto, lo que hay que determinar no es si hay un golpe de Estado constitucional, pues no lo habría si se surten los pasos que dicen las normas, sino si se está corriendo demasiado la cerca en materia institucional. Es decir, que por la vía de la legalidad, se estarían afectando los principios básicos de la Constitución y de la democracia colombiana.

Sobre este tema ha corrido mucha tinta en los últimos meses. La mayoría ha sido de expresiones de oposición a que se perpetúe una persona en el poder o a críticas personales contra el Presidente. En la avalancha de protestas hay toda suerte de fuegos artificiales: la dialéctica efectista de los columnistas de opinión, las voces académicas e intelectuales que no salen de su burbuja, las declaraciones efímeras de la Iglesia, las palabras de los gremios que se las lleva el viento, y el inconformismo silencioso y táctico de muchos empresarios. Pero detrás de todo este cuadro de angustia y preocupación sobre el impacto de la reelección en la estabilidad del país, ha habido más convicción que argumentación.

Sin embargo, en medio del mar de escritos que ha nutrido el debate sobre el tema hay algunos aportes conceptuales de sustancia que vale la pena registrar.

El primero es el del historiador Jorge Orlando Melo, quien desde una perspectiva histórica mostró que cuando en Colombia las mayorías han decidido a través de fórmulas plebiscitarias cambiar las reglas del juego sin consentimiento de las minorías, esas experiencias han desembocado en guerras o períodos de alta turbulencia política.

Esto llevó a la dictadura de Simón Bolívar en nombre del pueblo, y ocurrió en 1859 y 1898 cuando el Congreso expidió leyes electorales que favorecían al gobierno de turno y que, en ambos casos, terminaron en guerra civil. Para Melo, sólo la reforma de 1910, que dio derechos limitados a las minorías, generó una época de cierta tranquilidad política. Por esa razón, en Estados Unidos, la Constitución no se puede cambiar sin que lo apruebe la minoría. "Esta idea de que la mayoría tiene el derecho a decidir sola las reglas del juego produce, como es lógico, inestabilidad y caos. Cambiar las reglas a mitad de partido, cuando conviene a la mayoría, es contra la lógica de una democracia madura. En Colombia se ha hecho muchas veces y los resultados han sido siempre malos", dice el historiador Melo.

Otro argumento que ha sobresalido en medio de la artillería antirreleecionista es el del ex ministro Juan Camilo Restrepo cuando advierte que no se está frente a un referendo, sino frente a un plebiscito. Un referendo es una pregunta que se le hace a la sociedad sobre un tema para que esta decida qué hacer. Por ejemplo, si los violadores de menores merecen cadena perpetua o si las parejas de homosexuales pueden adoptar o no. Lo hacen con frecuencia los países europeos. En cambio, el plebiscito "suele ser sobre las personas, sobre el deseo ciudadano de que determinada persona permanezca o no en el poder (...) y nuestra Constitución permite los referendos, pero no los plebiscitos". Para Restrepo, el gobierno está metiendo gato por liebre.

"Con el referendo reeleccionista se les está dando una burda transmutación a los dos conceptos: lo que en el fondo y en realidad es un plebiscito se envuelve ahora en el atractivo papel celofán de los referendos y del Estado de opinión", escribió Restrepo en Portafolio. Este es un punto central para que la Corte decida si se trata realmente de un referendo o si es, más bien, un "plebiscito disfrazado".

Un tercer argumento va al corazón del poder legislativo en su facultad para afectar la Constitución y lo plantea el investigador y columnista de El Espectador Mauricio García, cuando señala que si bien el Congreso puede reformar la Constitución, no puede sustituirla. Y con la aprobación del referendo se sustituye, ya que la segunda reelección de Uribe acaba con los controles institucionales y con la alternación política que son, para García, los dos elementos esenciales de la Constitución. "Uno de los principios esenciales del derecho moderno es que las normas son generales y abstractas. No están hechas para fulanos de tal como sucedía en las monarquías o como sucede en los regímenes clientelistas. Pero en Colombia el referendo está hecho para ambas cosas, para beneficiar al fulano que nos gobierna y para otorgarles favores a quienes lo apoyan", escribió García en su columna.

Pero para algunos sectores del establecimiento, la democracia está tan lesionada, que la prioridad ya no es defenderla sino restaurarla. Eso cree la columnista de El Tiempo Claudia López, cuando afirma que con la primera reelección -y ahora con la segunda- se le ha dado un golpe mortal a la institucionalidad que existía en el país y que había sido clave para enfrentar los flagelos de la violencia y el narcotráfico.

Lo que tiene indignados a muchos en la clase dirigente y la intelectualidad es que se estén cambiando las reglas y amañando el Estado para una persona, algo que va en contravía de la cultura política y de la tradición constitucional del país. Lo expresó de una manera dura y franca la columnista Cristina de la Torre cuando escribió hace unos días: "Uribe halaga la soberanía popular, los voticos, y los envuelve en miel para feriar, de golpe, 200 años de una democracia en construcción".

Esa frase, por violenta que parezca, hace eco de un sentimiento que tienen algunos sectores de la clase dirigente, o lo que se podría llamar la intelligentsia colombiana, de que el Presidente está manejando al país como si fuera su finca. Las instituciones de una nación son un patrimonio colectivo que ha tomado siglos en ser edificado. El poder en la democracia, por otra parte, es prestado y transitorio. Álvaro Uribe parece estar desconociendo estos dos principios. Y no deja de sorprender que una persona tan seria y tan digna como él lo haga. Porque llevarse por delante las tradiciones y las instituciones de un país en la forma como lo está haciendo no es ni serio ni digno.

Además ningún país serio, ni ninguna democracia madura, ni ninguna sociedad civilizada tiene leyes que se confeccionan para una sola persona. Y eso, increíble como parezca, está sucediendo en Colombia.

Frente al peso histórico de una tradición democrática, pero al mismo tiempo frente a la presión inevitable de unas mayorías que tienen una expresión política, la Corte Constitucional no la va a tener fácil. Es tal el desafío, que cada magistrado tendrá en sus manos una parte del destino de la Nación.

Sin embargo, los mayores problemas que enfrenta la Corte no son ninguno de los conceptos jurídicos expresados por terceros hasta ahora, sino los expresados por la propia Corte cuando sentó jurisprudencia al aprobar la primera reelección. En esa oportunidad, la Corporación anterior dictaminó de manera taxativa que ninguna persona podría ser elegida más de dos veces Presidente de Colombia. Para que este tercer período sea posible, sería necesario que ese organismo constitucional cambiara radicalmente ese criterio, yendo en contravía de lo que conceptuó hace cuatro años.

Puede que esto suceda. Esto querría decir que si el primer mandatario ya resolvió su encrucijada al decidir quedarse en el poder, empieza ahora la encrucijada de la Corte, que tendrá que decidir si se lo permite.

Opiniones:

Cardenal Pedro Rubiano Sáenz: Le sugiero al Presidente Uribe un descanso. Hay que dar la oportunidad a otros para gobernar, es parte de la democracia.

Marta Lucía Ramírez: Soy una fiel defensora del proyecto político del presidente Uribe. Sin embargo, desde hace dos años, manifesté que era inconveniente para la democracia una nueva reelección.

Humberto de la Calle: Lo que hay en juego es un problema sobre la concepción de la democracia. Yo pertenezco a quienes creen que no basta usar las mayorías para que un esquema sea democrático.

Enrique Peñalosa: Les hace un daño grave a las instituciones. Si Uribe sigue en el poder 4 años más, los jóvenes que tengan 18 ó 20 años hacia 2014, no van a haber conocido a ningún otro gobernante distinto a él, como si hubieran vivido bajo un rey.

Mauricio García Villegas: La norma del referendo está hecha para el presidente de turno y eso, en cualquier país serio, es un escándalo.

Fernando Londoño Hoyos: Soy enemigo de la reelección del Presidente. Creo que ocho años son suficientes. Una reelección lo pone a competir con Chávez y Correa. El es un demócrata transparente y muy importante como para ponerse a competir con estos dictadorzuelos de pacotilla.

1 de julio de 1999

Colombia: ¿Un nuevo Kosovo?

Por Pablo Felipe Pérez Goyry
02 de julio de 1999.

"Estamos preparando planes de contingencia para tal eventualidad". (General Charles Wilkelm. Jefe Comando Sur EE.UU.)

En los últimos tiempos hemos observado con estupor el indiscutible atropello, de los medios de comunicación, al tratar temas relacionados con la violencia, los secuestros, la corrupción.

Es una certitud de que algunos periodistas se han encargado de sacar buen partido al espectáculo noticioso; aplicando embrollos y desinformación, ataviándose con el banderín de la libertad de expresión. Pero... olvidan, en determinados sucesos, la ética periodística, su discernimiento como integrantes activos la sociedad. Es decir, esclarecer, informar, educar, y contribuir con soluciones. Del mismo modo, ser salvaguardas de la imagen del país, escudriñando en los problemas - a corto, mediano y largo plazo – e ilustrar a la opinión pública.

Causa pesadumbre el ver como se desangra la nación, en medio de las disputas; desde las callejeras, pasando por el "conflicto armado", hasta culminar con los asuntos públicos; y los medios de comunicación en rebusque de más público. Al final solo está perdiendo Colombia y los colombianos, pues su imagen es cada día más martirizada y inquietante.

¿Estamos obligados a consentir se violen con impunidad los más elementales derechos de la sociedad?, ¿Por cuánto tiempo tendrán que desplazarse, de sus tierras, los campesinos, que representan más del 37% de la población colombiana?, ¿Se debe continuar ignorando el clamoreo, por sus derechos, de los indígenas?, ¿Hasta cuándo se permitirá prolongar la solución a los problemas de fondo que están a la vista, de Colombia y el Mundo?, ¿Hasta cuándo una mayoría
debe sufrir las depravadas, irresponsabilidades y corrupción de unos pocos?. ¿Por cuánto tiempo debemos postergar una paz seria y duradera?

Muchos individuos no ven más allá de sus intereses personales, y relegan los del pueblo colombiano.

Cada día son más las noticias enternecedoras, sobre acontecimientos nada esperanzadores; en medio de una perniciosa tarea, para lograr la paz para Colombia.

Los informes e imputación, sobre la violación de los Derechos Humanos, son innumerables por décadas.

Tampoco escapa el país a la desvergüenza de los que violan el bienestar y armonía de los ciudadanos; tampoco faltan los gorrones y "paladines" de la democracia, que solo buscan protagonismo y violan los esenciales derechos ciudadanos.

Hasta la fecha son pocos los que, conscientemente, han valorado la dimensión del conflicto y sus secuelas a corto, mediano y largo plazo.

Un repaso a la historia, de América Latina, nos revelará una respuesta contundente de a que se expone Colombia de no lograrse un equilibrio Político y Social, mediante diálogos de paz, en el menor plazo posible.

La preocupación, esta sustentada en los resientes acontecimientos de Kosovo, aunque no es el único ejemplo que podemos citar; los resultados a la larga se verán, para mal de los que menos tienen. Todos en mayor o menor grado conocemos las consecuencias de una guerra.

Terminada esta aventura de la OTAN, debemos pensar: ¿Qué nuevo proyecto de hegemonía tendrán las poderosas industrias armamentistas, fundamentalmente las de estados Unidos, en un mundo unipolar?.

Desde hace algún tiempo, y mucho antes de la situación de Kosovo; se ha manipulado con gran cautela el peligro que representa la situación interna colombiana para la estabilidad y seguridad de la "democracia" en los países vecinos. No hay la menor duda que existen intenciones ocultas, nada buenas para el futuro de Colombia, en los próximos diez años.

No son ideas o especulaciones las que motivan nuestra llamada de alerta, veamos algunas evidencias recientes.

Al concluir la XXIX Asamblea General de la OEA, en Guatemala; donde fue reelegido el ex presidente de Colombia, César Gaviria, como Secretario General, se conoció del rechazo a la propuesta - de Estados Unidos de Norteamérica – para la creación de una instancia multinacional que pudiera intervenir de una manera u otra en aquellos países donde la "democracia" corriera peligro. Este proyecto fue rechazado, aunque no faltaron quienes lo vieron como un acto de protección continental; olvidando que solo es una formalidad del buen vecino. Todos conocemos la prepotencia, al abordar estas cuestiones, de los Estados Unidos. No se puede olvidar las violaciones, estadounidenses, de las reglas más elementales y diplomáticas en el concierto mundial. En la historia de América Latina no faltan ejemplos y los colombianos han vivido esta experiencia.

El presidente de Perú, también a promovido su gran preocupación sobre los peligros en su frontera, por la guerra interna en Colombia. Ciudadanos de Colombia han cruzado las fronteras de Venezuela y Brasil, en busca de protección; ante los embates de guerrilleros, paramilitares y fuerzas militares. También han incursionado narcotraficantes y guerrilla dentro del territorio de Panamá. El Presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, a catalogado la situación colombiana como un potencial Kosovo en Iberoamérica.

Ahora, para colmo de males, el Norte de Santander pide su independencia de Colombia. Existen síntomas para sospechar, en una posible internacionalización del conflicto colombiano, en el próximo decenio.

Por otro lado, con mucha fuerza, el Jefe del Comando Sur de Estados Unidos, General Charles Wilhelm, quien en los últimos tiempos visita con frecuencia Colombia, argumenta y no sin razón, sobre los peligros de una guerra en el país, para la seguridad del Canal interoceánico; ante la incapacidad militar de los panameños. Con este alegato acusa a las Farc y los narcotraficantes como un grave inconveniente. A esto se suma la noticia de la llegada de 45 mil militares estadounidenses - en los próximos dos años - al sudeste colombiano para "combatir el narcotráfico".

Pero es bueno, por la gravedad, considerar, las declaraciones subidas de tono, del General Wilhelm, y cito: "...estamos conscientes de nuestra obligación de intervenir, sea en cooperación con los panameños o de manera unilateral, si las condiciones lo requieren". "Estamos preparando planes de contingencia para tal eventualidad".

Con este torbellino de acontecimientos, los hombres dignos no podemos dormitar, ante lo que implican estas aseveraciones, del estadounidense. Las condiciones se están dando. Ninguna voz de alerta se ha escuchado, ante una eventual balcanización del conflicto colombiano. Agudización con un solo objetivo: "combate contra el terrorismo y las drogas".

El conflicto interno en Colombia, tiene una urgente necesidad de solución. Una intervención militar, justificada para una minoría - los que todo lo tienen -, no justificada; no para la mayoría - los que poco o nada tienen – que no quiere se violen sus fronteras; porque es una intervención en los asuntos internos de una nación soberana e independiente.

Todos - los actores del conflicto armado, los políticos, los hombres de bien, los que vivimos en esta hermosa nación - con una consciencia real y sin utopías, emprendamos la marcha por el camino correcto para lograr la paz. Hay que evitar más aplazamientos a la solución de un problema que dura más de cinco décadas. Una intervención militar en Colombia agudizaría más los problemas actuales y se sumarían otros, en lo político, social y económico.

Existe la solución, encontrar la paz definitiva. No puede permitirse la destrucción de la nación. Los colombianos deben aprender la lección de cómo se debe vivir en convivencia, como personas civilizadas. Son bochornosas las alusiones sobre la incapacidad de ser consecuentes con la razón de patria, para todos.

Hace falta construir sólidas y perdurables vías para encontrar la paz. Y tener presente los colombianos de que en la unión esta la fuerza, y solo pensando como nación, como un todo coherente y homogéneo - sin que predominen las tendencias políticas o intereses personales - será posible encontrar la paz definitiva.

Agotar todas las alternativas políticas y pacíficas, con un profundo sentido de fraternidad nacionalista, buena voluntad, el respeto a Colombia es la tarea, que debe ser asumida con valentía y dignidad. Créanme hermanos, vale la pena. Con estos elementos debemos responder la pregunta: ¿Colombia puede ser un nuevo Kosovo? (Este documento puede ser reeditado - total o parcial - citando autor y fuente).


Pablo Felipe  Pérez Goyry

Freelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst

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