30 de mayo de 2003

Cuba: Una transición democrática con justo proceder


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.
30 de mayo de 2003.

LAS divagaciones internas en la vida cotidiana de los cubanos, no abdica en modo alguno vivir con pundonor en Cuba o el exilio, más allá de la ilusión y método para resolver el vía crucis y la diáspora, a partir de dogmas, salvo excepciones. Paradoja de una existencia donde la certidumbre, de un destino próspero con unidad nacional pareciera una utopía, y una acentuada identificación con el criollismo genuino. Es decir, una existencia quizá "real y maravillosa", sumergida en un "realismo mágico", que ultraja la dictadura de Fidel Castro.

Fuera de la isla y adentro, millones de cubanos claman por una transición. Si bien, debe estar centrada en conformar un plan unificado, que contenga el amplio espectro de convicciones económicas, sociales, políticas, religiosas, etc.; y hay que agregar, objetivos relacionados con las acciones sociales, filosóficas y de opinión de todas las corrientes que existen en la comunidad cubana. Estos requisitos se sustentan en la cantidad de organizaciones opositoras que existen en la actualidad.

No obstante, fiel a su talante, el pueblo cubano marcha con certitud e ilustración, hacia una pacífica transformación democrática; que le va a permitir cimentar un país redimido y socialmente integrado. Empero... eso sí, no hay lugar para las equivocaciones patrocinadas por fanáticos y embaucadores. Además, hay que tener presente los desaciertos del pasado, y asumirlos como experiencia; pues innumerables son las razones que han generado rechazo a los opositores que abogan por acciones violentas, y la estrangulación de la economía cubana, por Leyes como la Helms-Burton; gracias a estas agresiones, la mayoría de los cubanos están resentidos.

Una transformación democrática, por la vía noviolenta, evitará traumatismos. Es esencial realizar los cambios de manera coherente, teniendo como divisa el organizar un orden nacional; con ayuda del diálogo franco, y plena percepción para escudriñar - con sapiencia - iniciativas que permitan persuadir; sin estar sometido a un rígido orden lógico demostrativo.

La Patria llama a todos sus hijos - sin preferencias - a encarar sin temor ni exasperación una transición democrática en Cuba. Se necesitan voluntades diamantinas, que permitan se expongan las verdades que se han ocultado – por castristas y opositores - por más de cuatro décadas. Verdades con respetuoso diálogo socrático y las manos en el corazón. Pese a que algunos aseguran es una utopía, tal vez llena de mágico realismo.

Los nacionales anhelamos democracia plena en Cuba. Algunos profesan de es más fácil alcanzar la meta por la vía de anexar la isla a EE.UU., con ayuda de una injerencia directa; otros apuestan por un recrudecimiento del embargo económico, para estrangular al régimen castrista - olvidando se perjudica al pueblo -. Por más de cuarenta años, todos conocemos las secuelas de la violencia. Este humilde ser humano, respalda - al igual que la mayoría - el cese del embargo y las presiones violentas contra Cuba, porque los principales afectados sufren con estoicismo en la isla.

Inevitable es la transición. Proceso complejo, con innumerables escollos; como los políticos corruptos, aquellos truhanes que estimulan la desvergüenza, el latrocinio y el terrorismo. También los que afrentan al adversario reseñando que hacen mal otros, pero nunca lo que ellos van a hacer. No sólo son despreciables los especimenes que han causado profundas heridas, y desgarrado el alma de la nación en otros tiempos y hoy vive lejos de la Patria, también los que no ha mucho y hoy se cobijan en Cuba.

No es factible, tampoco intuitivo, consentir de que una facción minoritaria incite un modo de discernir que atenta contra el decoro del pueblo cubano. Es importante estar alerta, porque en Cuba debe prevalecer - en el futuro – la dignidad, honradez, humanidad y buena voluntad; dejando a un lado del camino democrático, postrado de muerte, la mezquindad de los oportunistas, las ambiciones, e ilusiones caprichosas. Por sobre todas las cosas, él deber es zanjar los problemas del país, con ética; desprovisto de máscara, sin sectarismo. No se debe dejar florecer la indecisión y el temor, estas carcomen el espíritu.

Estoy convencido de que una transformación hacia la democracia es posible. Se vencerán los obstáculos, con ingenio positivo. A pesar de que existe un compás de espera, día a día se agiganta la fe de los cubanos; que tienen un maravilloso poder en lo mental, excelsa persuasión a través del intelecto, y capacidad de ideación. Han demostrado, como nación, poseer voluntad sobrada para vencer las adversidades, el sufrimiento, la desolación y las tribulaciones.

Sé, es fértil una transición democrática con justo proceder. También, es una valiente alternativa que permite triunfar y alcanzar la libertad en Cuba; porque se actúa con benevolencia y amor, para con todos los compatriotas. En aras de la paz y la benevolencia que debe existir entre todos, se hace necesario trabajar con erudición, y hacer razonable - sin protagonismo - el sentido común de la nación. Ejemplos singulares de esta amorosa búsqueda de unidad nacional, son el Proyecto Varela y el quehacer de Cambio Cubano; el primero está liderado por Oswaldo Payá, el segundo por Eloy Gutiérrez Menoyo. A estas opciones pacíficas y maravillosas me adhiero; porque son posibles legitimar si nos unimos, pues en ellas reside la esencia y pujanza de la Patria.

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