7 de noviembre de 2008

La Caída del Muro de Berlín: fin de una ignominia...

Por Pablo Felipe Pérez Goyry*

Por su trascendencia histórica, he querido internarme en los eventos y la disputa que enfrentó a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y a los Estados Unidos de América, durante la llamada “Guerra fría” y su desenlace. De ahí que, sea indispensable desenmarañar esta pesadilla para buscar respuestas a muchas interrogantes y reflexionar sobre sus enseñanzas. Y estoy persuadido de que vale la pena, si tenemos en cuenta que “no hay mal que cien años dure ni imperio que lo resista”. Un refrán, que la sabiduría popular aporta como patrimonio y amalgama a la historia misma de la humanidad, muy acertado para el tema que se desperdiga en este lacónico ensayo.

Génesis de la “Guerra fría”

Desde 1945, después del fin de la guerra, la URSS intensifica el aislamiento en las zonas de Alemania y de Berlín, que se encontraban bajo su control, distanciándolas del proceso democrático fomentado por las naciones occidentales en el resto del territorio alemán. Las potencias occidentales al oponerse a la expansión soviética, estimulan el nerviosismo en los territorios alemanes ocupados y, germinan discrepancias diplomáticas y económicas entre los opuestos intereses soviéticos y estadounidenses. Enfrentamiento que condujo al acrecentamiento de la desconfianza y rivalidad mutuas, enmarcadas en una depravada ceguera ideológica y una bárbara carrera armamentista, cuyas consecuencias, aun hoy día, han dejado insondables heridas en las naciones de Europa oriental.
Al no ponerse de acuerdo las potencias vencedoras, sobre una política común para Alemania, en las zonas de influencia de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña deciden unificarlas, así nace la República Federal de Alemania; y los soviéticos establecen un sistema comunista en la zona oriental del país, y crea la República Democrática de Alemania. Esta situación, para los analistas, me incluyo, son las primeras señales de lo que en el futuro se conocería como la “Guerra fría”.
Poco después del fin de la II Guerra Mundial, el gobierno estadounidense veía con inquietud la amenaza soviética sobre Turquía e Irán. Además, un infortunado discurso de Stalin, en 1946, se interpreta como una “declaración de guerra ideológica”. El presidente Truman, ante estas posibles amenazas, en 1947, propuso la “Doctrina Truman”, que tenía dos objetivos fundamentales: “crear una aprobación pública por el cual los estadounidenses estarían dispuestos a combatir en un supuesto conflicto”; y “despachar ayuda estadounidense a las fuerzas anticomunistas de Grecia y Turquía”. Según los expertos y los registros históricos, estos objetivos los estadounidenses lo alcanzan.
Por esta época, en el Congreso estadounidense hubo una retahíla de interrogatorios a personas posiblemente relacionadas con actividades pro comunistas en Estados Unidos. La pasión, investigaciones y el amarillismo de la prensa, llevo a la notoriedad al senador Joseph Raymond McCarthy; su apellido dio nombre a un tenebroso periodo de intenso anticomunismo.
En 1948, los Estados Unidos lanzan el “Programa de Recuperación Europea”, conocido como “Plan Marshall”, que estaba dotado de 13.000 millones de dólares, con el fin de reconstruir Europa Central y Occidental. Asimismo, cuando Stalin respondió aumentando su control sobre Europa Oriental y amenazó la posición de Occidente en Alemania, el presidente Truman arrima el hombro para crear la “Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)” y fundar una Alemania Occidental independiente.
La “Guerra fría”, en los años 1949 y 1950, se amplificó porque los soviéticos realizan su primera explosión de una bomba atómica, y en Asia, los comunistas de Mao conquistan todo el país. China firma una alianza con Stalin, empero, el gobierno de Estados Unidos se negó a reconocer al nuevo régimen comunista. Ante esta realidad, en Japón, que estaba bajo control estadounidense, se implementa un plan que permita acelerar el desarrollo económico del archipiélago, para frenar la posible expansión del comunismo chino.
Otro acontecimiento importante, que exacerba las tensiones, es cuando en 1950 Corea del Norte (comunista) invade Corea del Sur. Sin dilación el presidente Truman envía tropas estadounidense para ayudar a los coreanos del sur. La conflagración, conocida como “Guerra de Corea”, deja miles de muertos y secuelas; concluyó tres años después. Una tregua y un posterior acuerdo que permite continúe una frontera anterior a la guerra, fracturan en dos a la península coreana.
En 1953 el presidente Truman abandona su cargo. También muere el dictador Stalin. No obstante, la “Guerra fría” continúa y ambos “imperios” siguieron su lucha. Cada superpotencia intenta influir en las nuevas naciones de Asia, África, Oriente Próximo y América Latina. Estados Unidos, instituye la “Doctrina de la Seguridad Nacional”, que será un factor omnipotente en el Hemisferio occidental. Además, América del Sur, el Caribe y en América Central tanto los movimientos insurgentes como los permanentes golpes de Estado, muchas veces estuvieron enmarcada en este conflicto entre potencias, que a final de cuentas desencadenó una guerra sin cuartel contra todo intento de cambiar el “statu quo” de los gobiernos y caciquismos de la región, con execrables violaciones de los derechos humanos...
Por su parte, en 1961, la URSS construye el “Muro de Berlín”, con el argumento de proteger a la Alemania comunista, y evitar que la población pasara al territorio de Alemania occidental.
Quizá, una de los momentos más críticos de la “Guerra fría”, es la relacionada con la “Crisis de los misiles de Cuba”, que en 1962 llevo a las dos superpotencias, y a Cuba, aliada de los soviéticos, a un enfrentamiento que estuvo al borde de una “catástrofe nuclear”. Sin embargo, la URSS y EE.UU. llegan a un acuerdo que consistía en que los soviéticos retiraban los misiles a cambio de la promesa del gobierno estadounidense de no invadir el archipiélago cubano.
Aunque la aparente calma vuelve al planeta, no durará por mucho tiempo: Los dirigentes chinos se divorcian de los soviéticos; en Europa del Este florece el descontento en algunos países comunistas; Estados Unidos, por conservar Vietnam del Sur, enfrenta la “Guerra de Vietnam”, un frustrado esfuerzo que cobra miles de víctimas en uno y otro bando. Una sangrienta acción militar que culmina con la retirada deshonrosa de las tropas estadounidenses. Mientras tanto, Alemania Occidental y Japón despuntan económicamente, y plantan cara, al poder económico estadounidense de posguerra.

¿Por qué dos Alemania?

En la última etapa de la II Guerra Mundial, los máximos dirigentes de Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se reunieron en la Conferencia de Potsdam, celebrada entre julio y agosto de 1945. Al final, decidieron dividir temporalmente Alemania en cuatro zonas de ocupación: francesa al suroeste, inglesa al noroeste, estadounidense al sur y soviética al este. La ciudad de Berlín, dentro de la zona soviética, también se reparte entre las cuatro potencias.
Cuando el III Reich acepta la rendición incondicional, la alianza que había obtenido la victoria en la II Guerra Mundial sufre una ruptura, porque la URSS comenzó a establecer gobiernos comunistas en Europa Oriental y aplicó los principios políticos y dictatoriales del socialismo soviético. Como respuesta, el 23 de mayo de 1949, surgió la República Federal de Alemania, conocida popularmente como Alemania del Oeste o Alemania Occidental. Esta república, situada en Europa central, limitaba al Norte con el mar Báltico, el mar del Norte, y Dinamarca; al Sur con Austria y Suiza; al Este con la actual República Checa y la República Democrática Alemana; y al Oeste con Francia, Luxemburgo, Bélgica y los Países Bajos. Tenía 248.577 kilómetros cuadrados de extensión y oficialmente se funda con la denominación de República Federal de Alemania (RFA; en alemán, Bundesrepublik Deutschland), que incluyó los estados (länder) de Baden-Württemberg, Baviera, Bremen, Hamburgo, Hesse, Baja Sajonia, Renania del Norte-Westfalia, Renania-Palatinado, Sarre y Schleswig-Holstein. Se escoge como la capital de Alemania Occidental la tradicional ciudad universitaria de Bonn, situada a orillas del río Rin.
También, el 7 de octubre de 1949, con una extensión de 108.178 kilómetros cuadrados, se funda oficialmente la Alemania del Este, con la denominación de República Democrática de Alemania (RDA, en alemán, Deutsche Demokratische Republik), como uno de los dos países sucesores de la “Alemania de Adolfo Hitler”, después de la derrota del III Reich. La RDA, conocida como la Alemania Oriental o Alemania del Este, limitaba al Norte con el mar Báltico; al Sur y al Oeste con la antigua República Federal de Alemania; al Sur con la actual República Checa; y tenía fronteras con Polonia al Este. La República Democrática de Alemania ocupaba las zonas que actualmente forman los estados alemanes de: Berlín, Brandeburgo, Mecklemburgo-Pomerania Anterior, Sajonia, Sajonia-Anhalt y Turingia; y como capital se designó a Berlín Este.

“El Muro de la infamia”

Desde que se estableció, en 1949 hasta mediados de 1961, al menos 2,7 millones de alemanes escaparon de la RDA a través de Berlín Occidental —ocupado por fuerzas británicas, francesas y estadounidenses—, para desde allí llegar a la República Federal de Alemania.
Ante esta realidad, durante la noche del 13 de agosto de 1961, los soldados de la RDA y miembros de su milicia, los Kampfgruppen (grupos de combate), construyeron fortificaciones, que fueron prontamente sustituidas por un muro de hormigón, de 47 kilómetros de longitud y 4 metros de altura, alrededor del Berlín Occidental. Además, se tapiaron varios edificios cercanos, entre las dos zonas de la ciudad, y se reservaron dos puntos de paso escrupulosamente custodiados. Si bien, el presidente Walter Ulbricht, “anuncia que era una medida antifascista tomada para evitar una invasión por parte de la República Federal de Alemania, colocando en el lado oriental minas antitanque y construyéndose zanjas que rodeaban todo el Muro”. Es evidente que era una “torpe construcción” con el único objetivo de amordazar y enterrar en vida a los ciudadanos de la RDA, separando Berlín Occidental de Berlín Oriental, y obstaculizar la libre circulación en ambas zonas. Entre 1961 y 1989, se estima que al menos 70 personas murieron al intentar cruzar el límite, empero, algunos estudios afirman que la cifra de muertos superó el centenar.
Hacia 1973, las dos superpotencias acuerdan desarrollar una política de distensión. Un intento por contener la dispendiosa “carrera armamentista” y la irracional competencia militar, política y económica, particularmente en países del “Tercer Mundo”. Con todo, los esfuerzos de la distensión colapsan en 1980, cuando tropas soviéticas invaden Afganistán, para apuntalar en el poder al régimen marxista gobernante. Ronald Reagan, el recién elegido presidente estadounidense, inicia una escalada encaminada a la concentración de armas, y enfrentar a los grupos apoyados por los soviéticos en las naciones emergentes.
En 1985, una nueva generación de líderes soviéticos, llega al poder en la URSS, encabezada por Mijaíl Gorbachov. Él y Reagan acuerdan disminuir la presencia de las superpotencias en Europa y moderar el “antagonismo ideológico”. Ciertamente, las tensiones se redujeron “cuando se retiraron las tropas soviéticas de Afganistán”. Por otra parte, a principios los 90s, Gorbachov colabora en gran medida “con los esfuerzos militares estadounidenses para derrotar la agresión de Iraq en Oriente próximo”.
La “Guerra fría” terminó cuando las recién liberadas naciones de Europa Oriental eligieron gobiernos democráticos y se unificó Alemania, “se detuvo la carrera armamentista y al ponerse en duda el comunismo la competencia ideológica cesó”. Deliberadamente, el presidente estadounidense George Bush declaró “la necesidad de un ‘nuevo orden mundial’ para sustituir la rivalidad de las superpotencias que había dividido el mundo y alimentado la Guerra fría”. Así, en mayo de 1997, se firma un acuerdo entre Rusia, presidida por Borís Yeltsin, y la OTAN, cuyo secretario general era el español Javier Solana, “que permitía la ampliación de este organismo a los países del antiguo bloque soviético sin que aquel Estado lo considerase un acto hostil”. Dicho acuerdo, recogido en el Acta fundacional sobre las relaciones mutuas de cooperación y seguridad entre la OTAN y la Federación Rusa (ratificado el 27 de mayo en París), suponía que dicho organismo y dicho Estado dejaban de considerarse adversarios, razón por la cual numerosos analistas lo consideran el fin definitivo de la “Guerra fría”.

Reunificación alemana

Con la llegada al poder de Mijaíl Gorbachov, a finales de la década de 1980, las “dictaduras comunistas” de Europa del Este intentaron sobrellevar la evolución caótica y perdida del control político en sus respectivos países. Estas circunstancias trastornan impetuosamente las relaciones entre las dos Alemania.
El 9 de noviembre de 1989, ciudadanos vehementes y personal oficial —pocas horas después de que las autoridades de la agonizante RDA permitieran la apertura de sus puntos de paso— comienzan la demolición del “Muro de la infamia”. Miles de alemanes orientales entran en la RFA. El gobierno, presidido por el canciller Helmut Kohl, acogió a los nuevos inmigrantes. Después de la destrucción del “Muro de Berlín”, la RDA que estuvo bajo la “órbita soviética” desde su misma creación (octubre de 1949), sucumbe a finales de diciembre de 1989.
En Moscú, el 12 de septiembre de 1990, los gobiernos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Francia, Reino Unido, y Estados Unidos, por un lado, y los de la República Federal de Alemania y la República Democrática de Alemania, acuerdan iniciar el proceso de reunificación de Alemania. Esto puso fin a un antagonismo político-militar que se había iniciado en 1945 —con la derrota de Hitler y la partición del territorio alemán— tras el final de la II Guerra Mundial.
En la RDA, en diciembre de 1989, se convocaron las primeras, y únicas, elecciones libres desde su existencia, poco después de que se acordara la supresión del Partido Socialista Unificado (el único partido durante toda la existencia de la Alemania Oriental). Los resultados de los comicios legislativos, en marzo del año siguiente, dan el triunfo a la candidatura democristiana y la inmediata formación de un gobierno presidido por Lothar de Maizière, encargado de gestionar el proceso de unificación con la RFA.
Ambos estados llevaron a cabo una unión tanto monetaria como económica el 1 de julio de 1990. El 3 de octubre se disolvió la RDA, de forma que todos sus habitantes se convirtieron en ciudadanos de la RFA, después de “haberse notificado, en los parlamentos de ambos países, el Tratado de Unificación acordado un mes antes. Acuerdo denominado ‘Tratado 2+4’, firmado en Moscú el 12 de septiembre de 1990, por Francia, Reino Unido, Estados Unidos y la URSS, por un lado, así como por los respectivos gobierno de la RFA y de la RDA, por otro”. De modo que, con este acuerdo —entre las principales potencias internacionales, responsables de la partición de Alemania en 1945, tras el final de la II Guerra Mundial— se autorizan los pasos finales que permitirían el nacimiento de “una única Alemania”.
La también llamada “segunda unificación alemana”, se materializa con la creación del único Estado alemán el 3 de octubre de 1990, después de la unión de la República Federal de Alemania y la República Democrática de Alemania. Realmente, se trató de la disolución de la RDA y su integración a la RFA. La denominación oficial del país conocido en la actualidad es Alemania.

¡Principio y fin de la pesadilla!

Definitivamente, con las reformas económicas y sociales en la URSS, introducidas por el dirigente soviético Mijaíl Gorbachov durante la segunda mitad de la década de 1980, los regímenes patrocinados por la Unión Soviética en Europa Oriental comienzan a sentir el deterioro del control totalitario sobre sus respectivos ciudadanos. Con la demolición del “Muro de Berlín” y otras barreras a la emigración, más de 200.000 ciudadanos alemanes del Este y otros países del bloque entraron en Alemania Occidental. Afortunadamente, el gobierno de la RFA no sólo aceptó el éxodo masivo y ayudó a los nuevos emigrantes, sino que más tarde realizó una gran inyección de capital para reforzar la arruinada economía de Alemania Oriental. Empero, se alteraron profundamente las relaciones entre las dos repúblicas. Estos procesos de inestabilidad socio-político-económicos llegan a su punto culminante cuando se puso fin a la pesadilla con la caída del “Muro de Berlín” y la desaparición del bloque comunista de Europa Oriental.
Felizmente, ambos países unieron sus sistemas financieros en julio de 1990, y el 3 de octubre de ese año la República Democrática de Alemania se disuelve y se integra en la República Federal de Alemania; es decir, acontecía el sueño de la reunificación alemana. La coalición democristiana, dirigida por Kohl, ganó las elecciones legislativas de diciembre de 1990, “que permitieron a aquél formara el primer gobierno de la Alemania unificada en calidad de canciller. Berlín pasó a ser la capital de la reunificada Alemania”.
Hoy día, se conservan restos de las secciones del “Muro de Berlín”, como mudos testigos de la monstruosidad comunista y cuál fue el fin de esa ignominia... También, una muestra de que con la caída del “Muro de Berlín”, comenzó el preámbulo de la reunificación alemana, el fin de los regímenes comunistas en Europa Oriental, y la última etapa de la “Guerra fría”... Sin embargo, con frecuencia se discute “si Gorbachov causó el colapso de los regimenes comunistas de Europa central, si toleró dicho colapso o si se vio obligado a aceptarlo”. Tengo la percepción de que él acepto obligado por las circunstancias...
Para finalizar, en mi opinión y lo que yo creo de toda estas galimatías es que: La Die Wende, reunificación o el cambio, permitió la reunificación de familias y amigos separados por el “Muro de la infamia”, empero, de la misma manera se acrecentaron múltiples problemas económicos y sociales. Por ejemplo, los déficit presupuestarios causados por la unificación provocaron la reducción de las ayudas gubernamentales, el recorte en los servicios sociales, un incremento de los impuestos, el aumento de la privatización de empresas. Asimismo, resultaba evidente el abismo entre las dos Alemania, en cuanto a los niveles de vida, capacidad productiva e infraestructuras y. “Muchos alemanes occidentales pensaron que estaban sacrificando sus niveles de vida para mantener a sus nuevos compatriotas, y, muchos alemanes orientales se sintieron marginados”.
A todas luces, no se puede negar que miles de personas de Alemania comunista buscaron asilo en Alemania Occidental y esto limitó su crecimiento económico. Hacia 1992 la tasa de desempleo retornó al índice normal en los estados occidentales, sin embargo, se mantuvo por encima del 15% en los de la antigua Alemania Oriental.
Antes de concluir, no puedo dejar de ensalzar la valentía de los innumerables y excelsos protagonistas de las transiciones en los países ex comunistas del Este europeo, como: Mijail Gorbachov, Galina Starovoitova, Jan Rumi, Lech Walesa, Stanislau Shushkevich, Mart Laar, Víctor Yuschenko, Václav Havel... Magníficos ejemplos de liderazgo, con sus humanos aciertos y errores, que bien pudieran servir de referencia para los que deben dirigir posibles transiciones hacia la democracia. También, un comentario para tener en cuenta es lo que dice Kissinger al referirse a los alemanes como nación: “La Alemania creada por Bismark conservó su sentido de unidad a través de las derrotas en dos guerras mundiales, la ocupación francesa de la zona del Ruth en 1923 y la imposición soviética de un Estado satélite en la Alemania oriental hasta una generación después de la segunda Guerra Mundial”. De ahí que, el sentido de herencia y unidad, permitió que sobreviviera Nación Alemana.
Por último... ¡Ojalá! En Cuba se pueda alcanzar la reunificación nacional y materialice una autentica transición hacia la democracia. A propósito de las aspiraciones de cambios en el archipiélago: Los cubanos, dentro y fuera de Cuba, no deben ignorar los eventos acontecidos en los últimos sesenta años y las experiencias de las transiciones en los países de Europa del Este. Es hora de no pecar de ignorancia, porque son tiempos de diplomacia y diálogo. A buen entendedor pocas palabras bastan. ¡Dios salvaguarde a todos los seres humanos y al planeta!Ω

Bibliografía:

- Arendt, Hannah. Los orígenes del totalitarismo. 3 vols. Alianza Editorial, Madrid, 1983.
- Arias King, Fredo. Transiciones: La experiencia de Europa del Este. Fund. Cadal. Buenos Aíres, 2005.
- Bracher, Karl Dietrich. Controversias de historia contemporánea sobre fascismo, totalitarismo, democracia. Laia, Barcelona, 1983.
- Clinton, Bill. Enfrentándose a los desafíos de un mundo más vasto, Discurso ante la Asamblea General de la ONU, Nueva York, 27 de septiembre de 1993.
- Colloti, Enzo. La Alemania nazi. Desde la República de Weimar a la caída del Reich hitleriano. Alianza Editorial, Madrid, 1973.
- Fontain, A. Historia de la Guerra fría. 2 vols. Luís de Caralt Editor, Barcelona, 1970.
- Gorbachov, Mijail, Perestroika: Nuevo pensamiento para mi país y el mundo. Editorial Oveja Negra Ltda., Bogotá, 1997.
- Heffer, J. y Launay, M. La Guerra fría. 1945-1972. Ediciones Akal, Madrid, 1992.
- Kennedy, John F. Trece días, Plaza y Janés, Barcelona, 1971.
- Kissinger, Henry. La diplomacia, Fondo de Cultura Económica. México, D.F., 1995.
- Küng, Hans. Una ética mundial para la economía y la política, Editorial Trotta S.A., Madrid, 1999.
- Martínez de Sas, Milagros. El mundo de los bloques (1945-1989). Grupo Anaya, Madrid, 1989.
- Pereira, Juan Carlos. Historia y presente de la Guerra fría. Ediciones Istmo, Madrid, 1989.

*Pablo Felipe Pérez Goyry.
Analista y Periodista Independiente.
Miembro del Instituto Nacional de Periodismo Latinoamericano.
Web: http://es.geocities.com/libertadeopinion/
Blog: http://contextuspablofeliperezg.blogspot.com/

Noviembre de 2008.