16 de mayo de 2011

España: “¿Qué sucede?” - Por: Federico Mayor Zaragoza

España: “¿Qué sucede?”

Por: Federico Mayor Zaragoza

Silencio  del profesorado ante el anuncio de “nuevas medidas educativas”,  especialmente en la Comunidad de Madrid.
Federico Mayor Zaragoza
Todo  lo que concierne a la educación, auténtica clave del futuro que anhelamos basado  en la igual dignidad humana y la justicia social, debe merecer un tratamiento  especial por parte de las autoridades.

Antes  de modificar las pautas actuales deben consultarse:

1)  En primer lugar, los profesores de los grados, disciplinas y edades afectados  por la pretendida reforma, para conocer su opinión, que es fundamental para cualquier disposición  que quiera adoptarse. La experiencia de los educadores debe considerarse  determinante, cuando se respalda por una amplia mayoría, para cualquier  modificación.

2)  Las asociaciones de madres y padres de familia, recabando los puntos de vista de  los que realmente asisten a las  reuniones, ya que, sobre todo en lo que respecta a la concurrencia paterna,  dista mucho de ser ejemplar. Y no valen las reacciones esporádicas o inducidas.  Las responsabilidad de la educación de los hijos no puede desplazarse  íntegramente a la escuela ni dejarse influir por intereses electorales,  ideológicos, religiosos,…

3)  Personas e instituciones nacionales e internaciones de reconocido prestigio e  imparcialidad en pedagogía.

Si  no se hace así, los modelos educativos no tardan en sufrir nuevos cambios… que  los alumnos padecen especialmente, llegando en algunos casos a truncarse  irresponsablemente trayectorias humanas…

La  educación debe situarse por encima  del debate político. No se ha querido alcanzar un Pacto Nacional que parecía  razonable… y ahora se ofrecen, como atractivos cebos de los próximos comicios,  una serie de propuestas que espero, por el bien de la educación que, como suele  suceder, no se lleven después a efecto.

En  términos generales, asusta pensar que pueda eliminarse el aprendizaje de  una ciudadanía democrática y de los  derechos humanos, piedra angular de una educación que “permita dirigir  con sentido la propia vida” y actuar en virtud de la reflexiones personales.

Y  que se siga creyendo que la “autoridad” del docente se eleva con la altura de la  tarima… cuando la realidad es exactamente la contraria: la autoridad del maestro  aumenta cuando “desciende” hasta el estudiante, cuando lo conoce bien y  “personaliza” en toda la medida de lo posible la  enseñanza.

Y  que, ya en términos más concretos de las Comunidad de Madrid, se establezca, con  apariencias de mayor libertad, la elección del centro por la familia, lo que, en  la práctica, constituye una segregación encubierta favoreciendo a quienes tienen  los medios y condiciones apropiados para llevar a sus hijos a centro concertados  (que, por cierto, no debería olvidarse que también corren a cargo, en buena  medida, del erario público). Este es un tema bien regulado actualmente y es  peligroso añadir “variantes privatizadoras”.

O  que se generalice “la otra” segregación: la de los “listos” de los “menos  listos”… sin tener en cuenta la inequívoca opinión de los más acreditados  educadores del mundo sobre el tema. Lo que debe promoverse es la emulación,  favorecer el encuentro y la amistad entre los mejores en unas disciplinas con  los más avezados en otras… La decisión de “separar” que se toma en una edad  determinada, cuando en muy poco tiempo hay cambios muy considerables en el  comportamiento, ilusión, capacidad de aprendizaje, afición,… de numerosos  alumnos, constituye un gravísimo error.Luego resulta que ni eran todos los que estaban ni estaban todos los que  eran… y es una experiencia que puede dejar huellas negativas de hondo  calado.

En  la “nueva era” que está emergiendo en el ciberespacio, el “encuentro” está  desprovisto de condiciones sociales y materiales. Lo que cuenta son las ideas,  los enfoques, la capacidad creadora.

Aunque  no lo comparta -y tengo motivos muy serios y aquilatados durante años para ello-  puedo llegar a admitir que -cuando “todo vale”- se  hagan estos anuncios fosforescentes en las turbulencias  electorales.

Lo  que no me explico es el silencio de todos los que, pacífica pero firmemente,  deberían exponer su disconformidad: especialmente, el profesorado. ¿Qué  sucede?
Fotografía: Internet