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Autor: PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY   


©Pablo Felipe Pérez Goyry

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14 de julio de 2011

¿Cuántos pobres se necesitan para fabricar un rico? - Por: Alberto Rabilotta

¿Cuántos pobres se necesitan para fabricar un rico?

Por: Alberto Rabilotta

Creo que la pregunta que es el título de esta nota viene de una reflexión que atribuyo, quizás erróneamente, al economista francés Maurice Allais (1), pero que resume bien la razón de ser de todos los sistemas económicos basados en la explotación del trabajo humano y de la guerra de clases que la oligarquía estadounidense está llevando a cabo desde la era de Ronald Reagan para empobrecer masivamente a la mayoría de pueblos del planeta y fabricar esos súper-ricos citados por Forbes (2), y los súper-ricos que no están incluidos en esa lista pero que forman parte de la cúspide de la pirámide social, ese 0,1 por ciento que se apropia de la mayor parte de la riqueza del mundo.

Pauperización global a “pleno vapor”

Y si nos referimos a Allais es porque definió los “intereses que desean que el orden económico actual, cuyo funcionamiento les proporciona ventajas, perdure tal como es. Entre (esos intereses) se encuentran en particular las multinacionales que son las principales beneficiarias, con los medios bursátiles y bancarios, de un mecanismo económico que les enriquece, mientras que empobrece a la mayoría de la población francesa pero también mundial”.

Maurice Allais sitúa el comienzo de este proceso de pauperización, en el caso francés, en lo que denomina como “la ruptura de 1974, y escribe que en el período 1974-1979 la tasa de desempleo, como la define la Oficina Internacional del Trabajo, pasó de 2.84% a 12.45%, o sea un crecimiento de 1 a 4.4, y que al mismo tiempo la tasa de subempleo pasó de 3.39% a 23.6%, o sea un crecimiento de 1 a 7, lo que permite ver que “esta crisis del empleo se produjo por un cambio brutal que intervino en 1974”, cuando la Organización de Bruselas, antecesor de la Unión Europea, procedió a la liberalización de los intercambios comerciales con el exterior.

Para este Nóbel de la economía, que en un principio fue favorable e incluso formuló hipótesis que sirvieron a economistas como Paúl Samuelson para propugnar por la liberalización comercial, “la ideología de lo que llamo ‘el libre comercio mundialista’ produjo ya innumerables víctimas en todo el mundo. Por una razón simple, empíricamente verificada: la mundialización generalizada de los intercambios entre países caracterizados por niveles de salarios muy diferentes, provoca finalmente por todos lados, en países desarrollados como en los subdesarrollados, desempleo, reducción del crecimiento, desigualdades, miserias de todo tipo. Empero, esta mundialización no es inevitable, ni necesaria, ni deseable”.

Lo que en los últimos 15 años escribía Allais, devenido critico de la mundialización o globalización, coincide en el fondo con lo que Karl Marx definía en sus Elementos fundamentales para la critica de la economía política (borrador) de 1857-1858, como las tendencias principales de un capitalismo muy desarrollado que “más bien tiene que empobrecer( al trabajador), ya que la fuerza creadora de su trabajo en cuanto fuerza del capital, se establece frente a él como poder ajeno” porque –continúa más adelante- “todos los adelantos de la civilización, por consiguiente, o en otras palabras todo aumento de las fuerzas productivas sociales, si se quiere de las fuerzas productivas del trabajo mismo - tal como se derivan de la ciencia, los inventos, la división y combinación del trabajo, los medios de comunicación mejorados, creación del mercado mundial, maquinaria, etc. – no enriquecen al obrero sino al capital; una vez más, sólo acrecientan el poder que domina el trabajo; aumentan sólo la fuerza productiva del capital. Como el capital es la antitesis del obrero, aumentan únicamente el poder objetivo sobre el trabajo” (Paginas 248 y 249 del primer tomo de la obra citada, editada por Siglo XXI Editores, 1971).

De la lucha de clases a la guerra de clases

Ahora mismo, a la hora de escribir esta nota, el diario francés Le Figaro se hace eco de la lista de ricos de la revista Challenges (3) y de los más ricos en Francia. La parte interesante es cuando señala que “la fortuna total de los 500 más grandes patrimonios profesionales franceses han aumentado 25 por ciento en un año, pasando de 194 a 241 mil millones de euros”. Un aumento de 47 mil millones de euros en un solo año y con la economía francesa sufriendo por el débil crecimiento, el alto desempleo y una deuda pública que se agranda por las ventajas fiscales otorgadas a los ricos y al sistema financiero en general.

David Cay Johnston, ex reportero de asuntos fiscales en el New York Times, escribe en su portal Internet (4) sobre las estadísticas que muestran esta acumulación de la riqueza en el tope de la pirámide en Estados Unidos, y apunta que no siempre ha sido así, pero que ahora la riqueza está siendo apilada en el tope mientras se escabulle lo poco que quedaba en la base. Añade que durante las décadas de 1950 y 1960 el ingreso del 90 por ciento de la base de la pirámide tenía una tasa de crecimiento que era el doble de la tasa de quienes estaban en el tope. Pero en los últimos 30 años todo el crecimiento del ingreso (98 por ciento para ser precisos) se fue al 10 por ciento del tope, y en particular al 0,1 por ciento.

Los altos ingresos y los bajos impuestos ayudaron a apilar la riqueza en el tope, mientras la base de la pirámide, el 40 por ciento compuesto por 120 millones de estadounidenses, fue empujada hacia abajo en la distribución de la riqueza por el estancamiento o la baja de los salarios. Esos 120 millones de estadounidenses, resalta Johnston, solo poseen una pequeñísima fracción, el 0,3 por ciento, de la riqueza total.

Un sondeo de Norton y Ariely (http://bit.ly//d2WSRg) sobre impuestos y riqueza en Estados Unidos –efectuado a partir de un muestreo de cinco mil 522 personas- muestra una real “desconexión” entre lo que el pueblo estadounidense cree y la realidad. Al ser interrogados sobre la “distribución ideal de la riqueza” una aplastante mayoría de encuestados opino que el 20 por ciento del tope de la pirámide posee entre el 30 y 40 por ciento de la riqueza, o sea como en Suecia, cuando en realidad posee más del 85 por ciento del total. En Estados Unidos el 15 por ciento de la riqueza es compartida por el 80 por ciento restante de la población.

Johnston se pregunta por qué tantos estadounidenses siguen siendo pasivos después de tantos años de estancamiento o bajas de salarios, de beneficios reducidos y de creciente ansiedad sobre si se quedarán sin empleo antes de que puedan retirarse y recibir alguna jubilación. Más aun, se pregunta por qué los que están protestando son los adherentes del Tea Party, personas con ingresos superiores al promedio general, y no los 120 millones de empobrecidos estadounidenses, y cita al profesor Daniel Ariely de Duke University, quien opina que esta pasividad es en realidad el resultado de un “entrenamiento a la impotencia”, un entrenamiento como el que se efectúa con los perros para que sean obedientes, pasivos y repriman su natural agresividad. Una impotencia introducida de manera externa para que uno no pueda relacionar la causa y el efecto, devenga depresivo y acepte la situación.

Impotencia, humillación y temor son términos que un creciente número de observadores sociales utilizan para definir esa apatía y el desencanto político y social que afecta a las masas en muchos países. Pero esto no es producto de una “generación espontánea” sino el resultado de una guerra de clases para controlar a ese 80 por ciento de la población que está siendo sometida a un rápido empobrecimiento para mantener, como se vio en Francia, un sistema que permite a los más ricos multiplicar su riqueza anualmente.

En ese sentido se ha superado la concepción tradicional de “lucha de clases”, que implicaba que los trabajadores tenían las fuerzas, la capacidad y organización para ser parte beligerante en esa lucha por una más igualitaria repartición de la riqueza. En la actual correlación de fuerzas, como se ve a nivel sindical, político y social, las masas de trabajadores no pueden resistir a las políticas gubernamentales para rebajar salarios y jubilaciones en la mayoría de los países capitalistas avanzados, ni impedir que se apliquen los severos e injustificados planes de austeridad. La correlación de fuerzas, por el momento, es totalmente favorable al gran capital, que aprovechando la coyuntura se ha lanzado a una guerra total para someter la población trabajadora a un régimen de servidumbre.

Las armas y los medios de esta guerra

Una guerra de clases que comenzó hace más de tres décadas pero que se amplificó e intensificó desde la llegada de George W. Bush a la Casa Blanca, cuando –como escribe Franklin C. Spinney, ex analista militar del Pentágono- Estados Unidos fue sumido en “la guerra perpetua” y su sistema político quedó esclavo del “temor perpetuo”: “Si duda de esto piense solamente sobre la reciente expansión de los asaltos con ‘drones’ en Libia y Somalia, o en su próxima invasiva (y humillante) baja de pantalones en un aeropuerto, o en la continuación de la costosa Ley Patriot”, que instauró un invasivo sistema de control y vigilancia de la población (5). Y añade que además de los factores ligados al deseo de mantener el imperio, la guerra perpetua es básicamente el resultado de una mutación en la política interior estadounidense por el imperativo de seguir propulsando un esclerótico Complejo Militaro-Industrial-Congresista que es una facción económica y política que perdió su razón de ser cuando terminó la Guerra Fría, y ahora necesita la perpetuación de la amenaza de guerra para a través de ella succionar dineros, para sobrevivir y florecer en sus propios términos y a expensas de los demás.

Lo que sugiere Spinney es totalmente verificable y forma parte de la imposición de controles sociales cada vez más autoritarios y totalitarios, del “entrenamiento” –vía la influencia de los monopolizados medios de comunicación masiva y de la narrativa que vehiculan los think tanks financiados por el mundo empresarial- para que los ciudadanos se sientan impotentes y humillados frente a una situación que los intimida y ante la cual no tienen posibilidad de relacionar la “causa con el efecto”, como indica Ariely.

En una entrevista con el diario The New York Times en el 2006, refiriéndose a la tributación fiscal que favorece a los ricos en detrimento de los trabajadores, el inversionista multimillonario Warren Buffett dijo textualmente lo siguiente: Existe una guerra de clases, bien entendido, pero es mi clase, la clase de los ricos, que está librando esa guerra, y la estamos ganando. Y quienes dirigen esta guerra de clases tienen nuevas armas y muchos más medios a su disposición (6).

Como escribe la analista Linda McQuaig en el diario Toronto Star (4 de julio 2011), en el caso canadiense hay una revolución conservadora que ha obscurecido la guerra de clases que han estado librando silenciosamente, mientras nos mantienen distraídos con aventuras militares en el extranjero, atractivas visitas de personajes reales y de otras celebridades. Y mientras la guerra de clases ha sido llevada a cabo sin descanso, agrega, los ingresos del tope de la pirámide social siguen aumentando y los ingresos de los canadienses ordinarios son sistemáticamente erosionados: “El ingreso real promedio de una familia canadiense no ha aumentado desde finales de los años 70, aun cuando hoy día en una familia típica hay dos ingresos, comparado a un ingreso por familia hace tres décadas. En otras palabras las familias canadienses están trabajando el doble y duro para mantenerse donde estaban en la generación pasada”. Lo mismo puede decirse de Francia, España, Italia, Japón o cualquier otro país del “mundo industrializado”.

¿Cómo se está logrando esta pauperización? Combatiendo y destruyendo los sindicatos, amenazando a los trabajadores con despidos y obligándolos a aceptar salarios más bajos y menos beneficios marginales, y sentando las bases, como puntualiza McQuaig, para que los nuevos empleados que serán contratados reciban salarios más bajos y menores beneficios marginales. Y cita a David Doorey, profesor de relaciones laborales en la Universidad York de Toronto, quien revela que en los últimos 15 años los gobiernos provinciales canadienses han cambiado las legislaciones para dificultar la sindicalización de los trabajadores.

Ahora el gobierno federal conservador canadiense del primer ministro Stephen Harper está atacando el último bastión sindical, el sector público, que está sindicalizado en un 71 por ciento, comparado al 16 por ciento para el sector privado. Y McQuaig recuerda la importancia de las victorias sindicales en el sector público, notando que fue la huelga de 41 días en 1981 en el sector postal federal que permitió ganar la licencia pagada para la maternidad para todo el sector público, algo que fue incorporado en las leyes federales, provinciales y en los contratos colectivos firmados por los sindicatos con las empresas privadas.

Más armas en el arsenal del gran capital

La contrarrevolución que ha permitido al gran capital financiero estadounidense tomar el poder estatal e institucional del país en todo el sentido posible para luego expandir esta contrarrevolución al resto del mundo mediante las políticas neoliberales y los medios políticos y militares del imperio, tiene su origen en el “Powell Manifestó” de 1971, redactado por Lewis Powell y dirigido a la poderosa Cámara de Comercio de Estados Unidos (ver realdemocracy.org). Esta contrarrevolución tiene ya todos los medios institucionales a su disposición, en particular la Corte Suprema de Estados Unidos a la cual Lewis Powell fue nombrado poco después de escribir su “manifiesto”, y desde donde llevó a cabo su misión subversiva hasta 1987.

Y desde hace cuatro décadas, con algunos breves intervalos explicables por cambios en la correlación de fuerzas entre jueces “liberales” y “conservadores”, la Corte Suprema ha seguido con empeño el desmantelamiento de las legislaciones y regulaciones del “Estado benefactor” de la época del New Deal para darle al gran capital nuevas y más poderosas armas legales que le permitan destruir todas las conquistas laborales, sociales y económicas ganadas por los trabajadores, consumidores y el conjunto de los ciudadanos estadounidenses.

Y es bien conocido que por las “exigencias” de mantener idénticos niveles “competitivos” en un “mundo globalizado” –la no aceptación de las asimetrías entre las economías que denuncia Allais-, cada medida que aplasta los intereses de los trabajadores y consumidores en Estados Unidos deviene inmediatamente el rasero que debe ser adoptado por el resto del mundo capitalista. Y la Corte Suprema estadounidense está ahora, bajo la presidencia de Barack Obama, en una fase muy prolífica porque la mayoría de jueces –cinco de nueve- están totalmente del lado del gran capital, lo que explica que en las últimas semanas esta máxima instancia judicial haya dado nuevas y más poderosas armas al gran capital, como explica Dahlia Lithwick en su artículo titulado “Operating Instructions” (7).

Una reciente decisión la Corte Suprema rechazó la demanda colectiva de un millón y medio de mujeres empleadas y discriminadas en términos salariales y de promoción laboral por la cadena comercial Wal-Mart (principal empleador en Estados Unidos), y de paso puso severas limitaciones a cualquier tipo de demanda colectiva (class-action) que será presentada en el futuro contra cualquier empresa. Lithwick resalta que la decisión adoptada por la mayoría conservadora -los cinco jueces- y redactada por el conocido juez conservador Antonin Scalia, expresa que Wal-Mart “no puede ser imputable por discriminaciones salariales y promociones” laborales debido a la falta de “pruebas convincentes de una política de discriminación salarial y de promociones por parte de toda la compañía”, y luego Scalia proporcionó a Wal-Mart y a todas las grandes empresas estadounidenses, según el análisis de Lithwick, una guía virtual de cómo mejor discriminar: Háganlo masivamente y en toda la cadena de comando, desde arriba y hasta abajo, y asegúrense de que lo hacen en todos los niveles posibles.

Mas aun, esta decisión no solo provee a los empleadores con esa “guía virtual” sino que les permite en el futuro inmunizarse de cualquier reclamo legal por discriminación de genero mediante una política empresarial escrita que deje en claro que ‘nosotros no discriminamos’, y un sistema de toma de decisiones que sea descentralizado.

Las decisiones de la Corte Suprema, en Estados Unidos y cualquier otro país, no solo tienen valor legal en los casos específicos sino que constituyen el marco legal en el cual el resto de las empresas deben operar. El propósito de las demandas civiles no es solo reparar las pasadas injusticias sino promover un mejor comportamiento en el futuro, en particular en situaciones en las cuales las partes tienen poderes muy desiguales. Y Lithwick resalta que cuando se eliminan las posibilidades de base de las demandas civiles, por definición se está ayudando a que las grandes empresas aprieten las tuercas sobre los pobres.

En este y otros casos citados por Lithwick –como los rechazos de la Corte Suprema a la demanda colectiva de consumidores contra la empresa telefónica AT&T, y de la demanda por fraude de First Derivative Traders contra la financiera Janus Capital Group- la más alta instancia estadounidense sentó las bases para impedir que los consumidores se defiendan colectivamente: Las grandes empresas están (ahora) en capacidad de decidir por su propia voluntad cuales de los derechos civiles y protecciones a los consumidores quieren respetar, sabiendo de antemano que sus víctimas no tendrán medios efectivos para exigir reparaciones. Peor aun, no solo la mayoría conservadora radical de la Corte Suprema dañó la capacidad de los consumidores o empleados de buscar justicia, sino que efectivamente removió cualquier incentivo para que las grandes empresas se comporten respetando los límites legales. ¿Por qué actuar legalmente si sus victimas carecen de recursos legales?

Dicho en otras palabras, ya están sentadas las bases para que se proclame e imponga un “régimen absolutista del gran capital”, y esta vez a nivel global. [La Vèrdiere, Francia.]

Notas:

1.- Maurice Allais, economista francés y premio Nóbel de Economía de 1988, quien murió en octubre del 2010. Para explorar sus críticas al sistema actual ver http://allais.maurice.free.fr/monde01.htm y http://www.marianne2.fr/Le-testament-de-Maurice-Allais_a198475.html

2.- El mínimo para figurar en la lista de Forbes es una fortuna personal de mil millones de dólares: http://www.forbes.com/lists/2010/10/billionaires-2010_The-Worlds-Billionaires_Rank.html


4.- Ver United in Our Delusion en Johnston’s Take Tax Notes y los reveladores sondeos de Norton and Ariely Survey sobre la desigualdad de los ingresos y la (falsa) percepción que los estadounidenses tienen de la realidad: http://taxprof.typepad.com/files/129tn0251.pdf ; Sobre las estadísticas de ingresos ver los análisis del profesor de historia Steve Hochstadt en: http://www.myjournalcourier.com/news/rich-33934-richer-relation.html

5.- Franklin C. Spinney es un antiguo analista militar del Pentágono. Ver http://www.counterpunch.org/spinney07052011.html

6.- Warren Buffet dijo lo siguiente: There’s class warfare, all right, but it’s my class, the rich class, that’s making war, and we’re winning. http://www.nytimes.com/2006/11/26/business/yourmoney/26every.html

7.- Dahlia Lithwick, Operating Instructions, Slate, julio 1, 2011 http://www.slate.com/id/2298330/

Imagen: Internet

30 de junio de 2011

La crisis hegemónica y el cambio de régimen internacional - Por: Oscar Ugarteche

La crisis hegemónica y el cambio de régimen internacional

Por: Oscar Ugarteche

Oscar Ugarteche
En el presente trabajo se hará una revisión de los elementos que marcan la crisis de hegemonía estadounidense y la crisis general del capitalismo en curso. Se revisarán los procesos que han afectado a la crisis económica y se intentará revisar la crisis hegemónica stricto senso. La hipótesis es que hay un traslado del poder de las viejas economías del G7 a otro conjunto de economías pero que hay una pugna por el poder de parte de las potencias en decadencia y una falta de toma de iniciativa de parte de las nuevas. Los países del nuevo G7 parecen estar comportándose igual que los viejos en América Latina. Todo indica que estamos en un cambio de tiempos que conlleva un cambio de régimen internacional.

La crisis hegemónica y su desenvolvimiento 2007-2011

Para quienes han reflexionado sobre la crisis, la actual ha demostrado estar mejor reflejada en ondas sinuosas, más cercanas a las ondas sonoras que a las letras. Lo cierto es que en efecto es una crisis de dos velocidades con lo que se demostró que la economía de Estados Unidos ya no cumple con su papel de difusor del crecimiento como entre 1930 y 1990. Se decía de Estados Unidos que si le daba un estornudo, al mundo le daba pulmonía. La verdad es que la pulmonía de Estados Unidos le dio unos estornudos a América del Sur, agripó a la Cuenca del Caribe y tras un breve dolor de cabeza, dejó a Asia intacta. En cambio a las economías más maduras y articuladas entre sí les transmitió la pulmonía en pleno, primero al sistema financiero, luego al productivo, y tras los ajustes, al consumo y al gasto público. Lo que diferencia esta crisis de la del 29 es la deuda pública de las economías ricas, que entonces no tuvo gran relevancia. La crisis de 1929 se llevó a las economías en desarrollo por la misma razón que en 1981: el alza de las tasa de interés y la baja de las materias primas. Este no es el caso ahora.

Aunque antes de la crisis no era evidente que Europa y Japón ya eran naciones ricas altamente endeudas (NRAE) la realidad fue que después del 2007 junto con Estados Unidos comenzaron a sentir los impactos de su alto nivel de endeudamiento privado y público. La dimensión del problema de 2007 en adelante fue menos evidente para Estados Unidos que con una altísima deuda interna por consumo, no se esperaba que entrara en una espiral contractiva marcada. Se pensó que habría un ajuste en las cuentas hipotecarias y se retomaría el camino del crecimiento. Cuatro años más tarde todos anticipan que no habrá crecimiento en ninguna de las economías líderes salvo quizás Alemania. Lo que empezó como un problema de finanzas, como en 1929, se está transformando en un problema mayor de paradigma productivo y de reglas del juego: es decir de paradigma teórico. Aunque este sea un aspecto académico, no debe dejar de remarcarse que los ajustes económicos que el FMI les pide a los europeos son análogos a los que le pedía a América Latina en su tiempo, y en esa medida, su visión teórica del mundo permanece estática aunque lo que causara esta crisis haya sido la teoría donde los mercados desregulados resuelven sus problemas y a menor intervención del Estado mayor crecimiento económico.

Algunos alcances sobre el cambio de régimen internacional

Las instituciones internacionales creadas para el orden mundial de post guerra se han ido convirtiendo lentamente en obsoletas. El régimen internacional construido en torno a la hegemonía estadounidense y la pax americana han llegado a su fin. La privatización de la guerra mostrada antes y la difusión del objeto de la guerra son parte del declive hegemónico. La imposibilidad de imponer sus reglas del juego al mundo y de liderar una salida de la crisis parece estar consolidando aún más la idea del cambio de régimen internacional.

La Organización Mundial del Comercio es la primera institución cuya creación a fines del régimen anterior la hacen ver obsoleta antes de haber despegado. El propio Estados Unidos minó la multilateralidad a su favor para crear sistema bilateral que deslegitiman el multilateralismo de post guerra y abre una competencia singular. El temor neoconservador al multilateralismo de la era Bush es un síntoma del cambio de régimen. Si el nuevo esquema internacional pasa por acuerdos bilaterales en todos los campos, la competencia será en desmedro del hegemón y le abrirá las puertas a los hegemones regionales. En ese sentido, por ejemplo, el uso del dólar como moneda de intercambio posiblemente entre en decadencia junto con los cambios en el sistema monetario internacional que tienden a regionalizarse. De hecho, ante la volatilidad del dólar hay una tendencia al uso de monedas nacionales en el pago del comercio internacional, tanto desde China en su esfera de influencia, como de Brasil en la suya y de Rusia en la suya. La pérdida de la hegemonía estadounidense es evidente y su sostenimiento por la vía militar no parece facilitarle una nueva dinámica económica sino al revés, profundizar el declive tanto económico como de legitimidad política.

Desde la economía política internacional, Ruggie (1982) propone que los regímenes internacionales han sido definidos como instituciones sociales alrededor de las cuales convergen expectativas de actores en un área dada de relaciones internacionales. Los regímenes internacionales dice, son semejantes al lenguaje: podemos pensar en ellos como la parte del "lenguaje de acción estatal" (380). “Las formaciones y transformaciones de regímenes internacionales puede representar una manifestación concreta de la internacionalización de la autoridad política” (380). Y agrega: “En la organización de un orden liberal, se le da su lugar a la racionalidad de mercado. Esto no quiere decir que la autoridad esté ausente de tal orden. Quiere decir que las relaciones de autoridad se construyen de tal modo de darle el alcance máximo a las fuerzas del mercado más que restringirlas” (381). Esto sin embargo no permite comprender las transformaciones de los regímenes internacionales.

Para Ruggie, la estructura de la internacionalización de la autoridad política refleja la fusión del poder con el legítimo propósito social. Es el propósito social lo que diferencia una misma iniciativa desde dos ejes de poder distintos. La forma puede ser la misma pero el contenido distinto. Para comprender el contenido hay que ver cómo se fusionan el poder y el propósito social y cómo le proyecta autoridad política al sistema internacional. “La relación entre los regímenes económicos y las transacciones internacionales es intrínsecamente problemática, porque el ámbito de los regímenes internacionales consisten en el comportamiento de los estados, el uno con respecto del otro y de ambos respecto del mercado, no del mercado en sí mismo.”(383), “Los regímenes económicos internacionales proporcionan un entorno permisivo para la aparición de los tipos de flujos de transacción internacionales concretas que los actores toman como complementario a la fusión particular de poder y propósito social que está incorporado dentro de aquellos regímenes” (383).

El modelo realista propone una fuente y dos direcciones de cambio de régimen, que muestra el ascenso o descenso del hegemón y la apertura o cierre. En la visión de Ruggie esto abre varias posibilidades: Más hegemonía con cierre, pérdida de hegemonía con apertura o, lo visto tras la Pax Americana, más hegemonía con apertura. Es necesario tener esto en cuenta para comprender las maneras como en las distintas regiones del mundo se están conformando espacios político-económicos nuevos, que dibujan un horizonte post Pax Americana, con hegemones regionales y una nueva arquitectura del poder internacional reflejo de nuevos flujos de comercio e inversión desde nuevos ejes de poder. Parece existir en los primeros años del siglo XXI una fuerte covarianza entre cambios de ejes de poder y cambios de propósito social. Estos son en parte reflejo de la debilidad del viejo poder plasmado en el “viejo” G7 liderado por Estados Unidos. Los problemas de la depreciación del dólar ante el euro y las monedas latinoamericanas entre el 2002 y 2010, expresan al revés el fortalecimiento de los nuevos ejes de poder y la dinámica del crecimiento económico desde nuevos ejes regionales en medio de la crisis global, reflejan la debilidad de los viejos ejes de poder.

El llamado mundo post Consenso de Washington se refleja en América Latina en una docena de países, en Asia en casi todos, mientras en Europa hay una retractación a su diseño social de post guerra, que se alinea con el diseño del obsoleto Consenso de Washington en desmedro de su proyecto propio, como antes lo hiciera Gran Bretaña. La debilidad hegemónica no quiere decir que los intereses financieros que predominan en la dinámica capitalista contemporánea se han debilitado. Lo que parece es que dichos intereses se han despegado del interés nacional y, al igual que lo militar, se ha vuelto un fin en si mismo, acentuando la debilidad hegemónica.

(*) Oscar Ugarteche, economista peruano, trabaja en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, México. Es presidente de ALAI y coordinador del Observatorio Económico de América Latina (OBELA) www.obela.org
Foto: Internet

2 de junio de 2011

Lineamientos - Por: Martha Beatriz Roque

Lineamientos

Por: Martha Beatriz Roque Cabello

Martha Beatriz Roque Cabello
¡No!, no piense que se trata de volver a mencionar el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, los nuevos lineamientos no son los únicos que han sido trazados en el país, hay otros que se han convertido en rasgos característicos del acontecer diario en la isla, entre ellos: los malos hábitos. No es que estén escritos, pero sí permitidos, por consiguiente viven en los cubanos de las últimas tres generaciones, en particular en jóvenes y niños; pero la tolerancia gubernamental hacia ellos agudiza la penosa situación que causan.

El propio Raúl Castro habló de una de estas deplorables costumbres: la música alta. Constantemente sale en la prensa una que otra queja sobre el particular, pero sin solución. Personalmente, me siento afectada por estos jóvenes que quieren terminar con la membrana que recubre el oído medio de sus vecinos. En el edificio de dos plantas donde vivo, que es prácticamente un solar, tanto abajo como arriba hay practicantes de escándalo musical que emulan para ver cuántos decibelios más son capaces de alterar.

Uno de ellos además practica el “karaoke” con todo género de palabras obscenas y su poco de “mareo”, no se puede decir producido por qué, los pone a hablar con media lengua. Cualquier día de la semana la serenata puede comenzar en horas de la tarde y durar hasta bien entrada la madrugada. ¿Quién protesta? Nadie. Cabría señalar que en el propio edificio uno de los diez apartamentos lo ocupa el presidente del CDR, (Comité de Defensa de la Revolución) nombrado Javier.

A este señor le molestó sobremanera cuando tuve que arreglar un descorchado de mi techo y bajó a mi vivienda a exigir que inmediatamente dejara de golpear; pero a estos jóvenes nada les reclama, porque no hay dudas de que este ruido es elemento de los lineamientos que tiene su organización.

Por otra parte en el llamado “trapicheo” de las casas, el apartamiento de atrás, fue comprado por un matrimonio de “nuevos ricos”, ella es Gerente de una tienda y él su Jefe de Almacén, según cuentan los vecinos que siempre quieren ser veraces y comunicativos.

El lugar lo están reparando y modernizando, por ejemplo le han levantado los pisos y han tumbado algunas paredes, todo una bicoca para los que tienen el privilegio de trabajar en lugares en los que se puede “acceder” a los medios sin que se tenga la vigilancia gubernamental, ya que basta ser fiel, ir a los desfiles, militar en el Partido y si la tienda estuviera en Centro Habana, asistir a los Mítines de Repudio que le dan a las Damas de Blanco, lo demás no importa.

Los trabajadores que tienen contratados, botan en la calle los escombros y todo lo que rompen, hasta el viejo servicio sanitario (inodoro), que no juega con el futuro de la casa, que pensando bien y mal, tendrá pisos de la “shopping”, (nombre que se utiliza para las tiendas de divisas) y todo de primera mano.

Las tongas de basura no permiten prácticamente caminar por el lugar, pero nadie dice nada; no hay una multa, no hay una queja, todo queda tapado por la misma sábana de los “revolucionarios”. ¡¿Qué importa que la venta de la casa sea ilegal?! Total, dentro de poco se podrá comprar y vender viviendas según los nuevos lineamientos. ¡Ah, eso sí!, en los viejos ya estaba permitido para algunas personas de linaje político.

También hay algunas otras cosas más autorizadas que suceden en el barrio, como por ejemplo el bodeguero y el carnicero venden algunos productos por fuera (entiéndase en bolsa negra), pero entre los clientes están miembros del Comité de de Defensa de la Revolución, de la Federación de Mujeres e incluso del Partido y la Unión de Jóvenes Comunistas, esto también está institucionalizado, porque ya en la segunda decena del mes la alimentación se hace deficiente y hay que acudir a estos métodos, buscando que sea un poco más barato que el en mercado campesino o en la tienda de divisas.

Como es de esperar, ante algo tan masivo, el gobierno se hace el de la vista gorda, no se pueden matar todas las moscas a la misma vez y es por eso que solo se espantan algunas y otras se eliminan por métodos muy rústicos, a los cuales no se les presta mucha atención, ya que hay que dejar que los que están en la base tomen sus propias decisiones y sean capaces de demostrar su apoyo al sistema.

Ninguna de estas y otras cosas que suceden diariamente están escritas, pero no hace falta, son un dogma, el régimen se retroalimenta al consentir que se desarrolle de esta forma la conducta social, así se permite mantener el poder.
Foto: Internet

20 de agosto de 2010

'Cuba en la Encrucijada' - Por: Roberto Rodríguez Tejera


'Cuba en la Encrucijada'

Diario Las Américas

Por los últimos 52 años los cubanos hemos insistido, más allá de toda lógica, en que algún día Cuba será libre e independiente. El momento puede que esté llegando. Depende ahora de nosotros asegurarnos de que los que sacrifican la libertad de los pueblos en nombre de una paz y una estabilidad artificial no triunfen una vez más. Estaremos los cubanos a la altura de las circunstancias? Espero que sí. El fin de los Castro se acerca: eso no esta en discusión. Estamos a punto de ver la derrota de un sistema que colapsa por el peso de los fracasos, los años y la intransigencia, y el cansancio y la desidia. Sin embargo, la desinformación del régimen, y la activa colaboración de los que debieran ser aliados y dolientes, nos impiden ver lo cercano de la victoria, que por demás, viene disfrazada para que no la podamos reconocer.

Los que nos dicen que la oposición ha sido derrotada por el tiempo, por nuestros pecados y por nuestra incapacidad, o se equivocan, o mienten para salvar los restos del castrismo. Lo que termina, lo que se agota, lo que tiene que morir, es el castrismo. Y tiene que morir para que Cuba viva. A los que nos dicen que la única alternativa que tenemos los cubanos es la reforma del modelo castrista por los mismos que lo implantaron o, en su defecto, la perpetuación del modelo en su expresión más grosera y represiva, tenemos que responderle que, cuando menos, se equivocan; que la victoria está al alcance de la mano y que la derrota no es aceptable, porque aceptarla sería aceptar el fin de un proyecto de nación que se empezó a gestar en el siglo XVIII y que todavía sobrevive a pesar del castrismo. Un proyecto de nación que insiste en que la nacionalidad es fuente de derecho y que lo cubano no lo define un proyecto político en particular.

Los cubanos que pensamos que Cuba no es ni Castro ni la revolución tenemos la obligación de no aceptar nada menos que la rendición incondicional del proyecto castrista. Todo intento de reconciliación y todo proceso de transición política tienen que comenzar por denunciar al castrismo como lo que es: una aberración política que hay que desarraigar de la vida nacional.

Sin ese requisito previo el perdón no es posible, la reconciliación sería una farsa y el futuro una quimera.

Lo que está en juego no es la victoria de un partido político sobre otro. Lo que está en juego es el mismo concepto de Nación, la posibilidad de La República. Aceptar la interpretación castrista de la nación y desde esa perspectiva comenzar la oposición a participar de un proceso de reconciliación nacional sin antes exigir ese exorcismo nacional, sería aceptar la perpetuación del Castrismo como concepto de nación.

Fidel Castro nos impuso un modo de sociedad medieval que tiene que ser desmantelado y, cuanto antes lo hagamos, mejor para todos.

La única negociación posible sería aquella que sirviera para pactar los términos y condiciones del desmantelamiento total del sistema castrista.

No nace este planteamiento de la vana soberbia que ha definido al castrismo en los últimos 50 años, ni tampoco están presentes el revanchismo ni el machismo tan característicos de este proceso y, lamentablemnte, de nuestra cultura. El futuro del país no puede ni debe estar al servicio, ni de una oposición que aspire a excluir totalmente a los que hoy están en el poder, ni tampoco de los que, al lado de los Castro, aspiren a sucederlos excluyendo del futuro de Cuba a otros cubanos.

El peligro para los funcionarios del régimen no viene de una oposición que aspira a una Cuba “con todos y para el bien de todos”. El peligro para ellos viene de las palabras y acciones de los más altos representantes del régimen, especialmente de los más recientes discursos de Raúl Castro y la reaparición de Fidel Castro.

Los funcionarios del régimen no tienen que temer al exilio, la oposición interna, o a los Estados Unidos; por ahora ni siquiera a un pueblo ya cansado y lleno de legítimos reclamos, sino a la ira, la incapacidad y el desprecio por todos los cubanos de los Castro y su equipo de gobierno, anquilosados por los años, el temor y el dogmatismo.

En 1959 Castro nos impuso a los cubanos la peor de las guerras: una guerra civil. Seguimos en guerra los cubanos porque la dictadura nunca ha querido, ni quiere, repito, ni quiere, pactar la paz con la oposición; porque no ha permitido, ni planea permitir, ninguna interpretación de país que no sea la de su proyecto. Como alternativa, nos han dado los paredones de fusilamiento, la cárcel, el destierro, o el convertirnos en no-personas dentro de un país que, por voluntad de un dictador, pasó a ser un feudo suyo y de un grupo de sus seguidores, y no la patria común de todos los cubanos.

Todo se puede pactar, todo se puede negociar entre la oposición y los funcionarios dispuestos a abandonar el régimen, para la formación de un gobierno de transición; todo, menos la supervivencia de un castrismo sin Castro. El gobierno de transición, para que sea creíble, no puede incluir a nadie que no rechace de antemano todo lo que ha representado el castrismo en la vida nacional.

Se acerca el momento en que Cuba, después de 50 años, sea gobernada por un grupo de cubanos cuyo apellido no será Castro. Si fuéramos a sintetizar la misión de ese equipo de gobierno, el gobierno de transición, habría que decir que ha de ser la erradicación del concepto castrista de nación, y la implementación, al mismo tiempo, de la metodología democrática que pueda llevar a Cuba, en poco tiempo, a su transformación en un estado de derecho basado en el ideal que nació en la manigua y creció con Martí, en una República donde “la ley primera… sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

Como se ha demostrado en los últimos meses, ni la oposición interna, ni el país en diáspora, podrán ser sometidos por la fuerza, ni asumidos por la mentira y la manipulación. Tratar de ignorarlos sería condenar al fracaso todo intento de transición verdadera. Los funcionarios desencantados del castrismo que no hayan tenido responsabilidad directa en hechos de represión brutal resultan indispensables también a todo proceso de transición que, tal como lo reclama el bienestar de la nación, le cierre el paso al revanchismo y la venganza. Estos tres elementos –oposición interna, exilio y exfuncionarios limpios- están llamados a forjar la alianza que garantice el fin del continuismo, la re-fundación del estado de derecho y la rápida desembocadura en una República democrática, y es esa alianza lo único que puede ofrecer las necesarias garantías de paz para el desarrollo del proceso de transición.

Algunos, dentro de las filas de los que aspiran a suceder a los hermanos Castro, quizás crean que su supervivencia física y su supervivencia política estarán garantizadas por su habilidad para reprimir a los cubanos en la isla y por su capacidad de negociar con Estados Unidos, o sea, siguiendo, de esa forma, el modelo castrista. Confían en que la oposición será negociada por Washington. Sin embargo, se equivocan los que piensan que el gobierno de los Estados Unidos podrá imponerle a los opositores cubanos, en el exterior, o dentro del país, lealtad, sumisión y cooperación con cualquier intento de gobierno que pretenda suceder a los Castro. El gobierno de la transición deberá ser pactado de antemano e integrado por opositores y exfuncionarios desvinculados de la represión o no cesaremos, en la oposición, en nuestros esfuerzos por lograr para Cuba lo que Cuba y los cubanos se merecen: libertad política, democracia económica, y respeto pleno a la dignidad de todos los cubanos sin importar sus preferencias políticas.

Solamente la participación de la oposición en el gobierno que suceda a los Castro puede garantizar que las negociaciones con el gobierno de Estados Unidos no se conviertan en una deshonrosa y costosísima capitulación política y económica para la República de Cuba.

Solamente la oposición, como parte del gobierno de transición, puede garantizar la paz social y la esperanza. Sólo la lealtad y apoyo de la oposición al proyecto de país que se quiera construir pueden ayudar a garantizarle a Cuba su soberanía y su independencia. La credibilidad ante el pueblo está en las manos de los opositores. Sin el aporte de la oposición, los cambios económicos serían solamente oportunidades para la desestabilización del gobierno y la pérdida de la paz social. El tiempo se acaba y la crisis es de tal magnitud que ni la represión, ni la voluntad que tiene la oposición para que los cambios se realicen de forma pacífica y pactada, pueden garantizar que el pueblo tenga la paciencia y la tolerancia para continuar esperando. Si la violencia se desata, nadie puede garantizar nada.

Para que Cuba sobreviva la guerra que se inició en 1959, esa guerra tiene que terminar. Llegó el momento de pactar la paz: sin los Castro y sin el castrismo. Entre cubanos.

Ningún cubano deberá ser fusilado, ni encarcelado, ni declarado apátrida, ni traidor, ni agente de gobierno extranjero alguno, ni perseguido jamás, ni obligado a vivir fuera de Cuba, por defender una idea política. Todo esto hay que desterrarlo del futuro de la nación.

Tenemos que pactar una paz basada en la posibilidad de una patria para todos: para la oposición, para los exfuncionarios del régimen, para los negros, para los mestizos y para los blancos, para los exilados políticos y para los inmigrantes económicos, para los creyentes y para los ateos.

Se podrán abrir las cárceles para dejar salir presos politicos, antes se ha hecho. Pero mientras no digamos todos juntos ¡NUNCA MAS!, esas cárceles se pueden volver a llenar. Una meta indispensable tiene que ser la de no más presos políticos; no más presidio político.

Se podrá dejar de perseguir a los cubanos por sus ideas, por practicar una religión en específico, por su raza o por sus preferencias sexuales, pero hasta que la cultura de intolerancia y el carácter dogmático del castrismo no sean condenados por todos, no se comenzarán a erradicar esas taras que el propio castrismo nos quiere legar.

Se podrá insistir en el principio martiano de “dígase cubano y se habrá dicho todo” y seguiremos cultivando una metáfora, imprescindible como meta, pero que no se ajusta a la realidad de ayer, ni a la de hoy.

Es hora de plantearse como parte imprescindible del proyecto nacional la integración de la poblacion negra en los asuntos económicos y políticos. Esto requiere que todos hagamos desde ahora un compromiso serio, concertado y bien financiado en su momento por parte del estado cubano para ayudar a la población negra, tan pronto comience la transición, a despegar económicamente con las mismas oportunidades de éxito que los blancos con familia en el exterior o los que han ocupado trabajos en áreas dólar.

Si queremos paz social, unidad nacional y una transición exitosa después del castrismo, la poblacion negra tiene que ser incorporada desde el primer momento. Esto no admite demora.

Cuba, por su insularidad y geografía, requiere unas fuerzas armadas modernas, profesionales y listas para enfrentar los retos del siglo XXI. Igualmente requiere órganos de seguridad provistos con los instrumentos técnicos y jurídicos necesarios en una sociedad moderna.

Sin embargo, para que esas instituciones puedan obtener el respeto del pueblo y el respaldo de la oposición, el gobierno de transición, una vez establecido, debe ordenar inmediatamente la exclusión de los órganos de seguridad y defensa del país de los represores y de los agentes políticos del estado, así como de los mandos que hayan colaborado con las autoridades políticas en detrimento de esas instituciones.

Nunca más la tortura, el abuso, ni la violación de los derechos humanos deben tener cabida en organismos cuyo objetivo es defender al pueblo, y no reprimirlo.

Es requisito indispensable que se eliminen del Código Penal y de los códigos civiles actualmente vigentes las limitaciones políticas, de reunión, de libre expresión y de acceso a los medios de comunicación, así como cualquier otra limitación que impida echar a andar el proceso de participación de todos los sectores interesados en la transición, además de eliminar inmediatamente el papel rector del Partido Comunista en los asuntos del país. De igual manera, se necesita que el gobierno de transición asuma a los cubanos que vivan en el exterior y a los hijos de estos como parte de la nación, reconociéndoles iguales derechos políticos y legales que a los cubanos que vivan en el territorio nacional. La Nación supera la geografia nacional, y eso es indispensable reconocerlo de inmediato.

Para lograr la necesaria legitimidad, el gobierno de transición deberá disolver de inmediato la Asamblea Nacional del Poder Popular y convocar a elecciones nacionales para establecer un cuerpo legislativo verdaderamente representativo, independiente y legítimo, eliminando toda restricción en el proceso de postulación y posterior selección de los ganadores. Ese cuerpo legislativo, libremente electo y representativo de todos los ciudadanos, incluyendo a los cubanos en la diáspora, debe de ser la máxima autoridad en los asuntos legislativos del país y, de forma soberana, debe legislar los cambios legales necesarios para garantizar el éxito de la transición.

El futuro se nos hace presente mucho más rápidamente de lo que pensamos. Entender e identificar desde ahora y, si es posible, fortalecer a elementos dentro del régimen que aspiren a superar el castrismo una vez que comience la transición, es indispensable, así como lo es también el aislamiento de pequeños, pero poderosos, grupos de intransigentes que nos quieren imponer el continuismo.

Nos encontramos los cubanos, nuevamente, en una encrucijada muy parecida a la que tuvimos que enfrentar en 1959. Por una parte una dictadura a punto de colapsar y como remedio, en ese momento, como alternativa de futuro, tuvimos que escoger entre el castrismo o el socialismo democrático de las fuerzas progresistas. El resultado Uds. lo conocen, no hace falta abundar.

El error, la imposición, la manipulación, la conspiración, como ustedes quieran llamarle, nos ha costado muy caro: 52 años de dictadura. Quizás, porque el tiempo no está de nuestro lado, un error ahora puede ser fatal para la República. A los que nos quieren imponer un castrismo reformado, confiando en su interpretación del tiempo, o su poder económico, o sus intereses personales o económicos, o simplemente porque se creen derrotados por un régimen que los intimida y manipula aún desde su tumba, tenemos que decirle que el momento de Cuba es ahora. Que el desmonte del castrismo no es negociable, así lo quieran algunos en Washington, en el Vaticano, en Miami o en La Habana.

No es por unos pocos, ni para unos pocos: es para todos y, para siempre, que Cuba, tiene, debe y va a renacer. Y permítanme terminar diciendo, como Agustín Tamargo, y en la mejor tradición del cubano que ni se rinde ni pierde la fe: Cuba primero, Cuba después, y Cuba siempre.

24 de septiembre de 2009

Grave incidente antes de Concierto por La Paz en Cuba




Por Pablo Felipe Pérez Goyry
Contextus

En el video, se ve claramente las presiones a que sometió el régimen castrista a Juanes y sus compañeros de concierto.

Lo importante, que se repusieron del mal rato, no tuvieron miedo, y con valor, dignidad..., realizaron un concierto que por mucho tiempo pasará a la historia.

Ahora, con el mismo valor, dignidad, y sin miedo, toca el turno a los artistas cubanos del exilio... ¿Ocurrirá algún día? Bueno sería que aconteciera. Sin embargo, prefiero ser escéptico...

REFLEXIÓN: Todo lo que es inteligente puede perfectamente ya haber sido pensado siete veces. Pero, pensada de nuevo, cada vez en un tiempo y en una situación diferentes, la cosa ya no es la misma. No solamente el pensador, sino que también y sobre todo la cosa que hay que pensar, ha cambiado entre tanto. La inteligencia debe de nuevo dar pruebas de ... Leer más su valor y la prueba de su propia novedad. Fue el caso —con consecuencias particularmente importantes— con los grandes pensadores orientales. Ellos al mismo tiempo salvaron y metamorfosearon las luces griegas. [Ernst Bloch]

¡Namaste!, para todos los que hicieron posible el Concierto Sin Frontera, en La Habana, Cuba.


Pablo Felipe  Pérez Goyry

Freelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst

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