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Autor: PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY   


©Pablo Felipe Pérez Goyry

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20 de agosto de 2008

HOMENAJE A RYSZARD KAPUSCINKI - 1932-2007


El caso Kapuscinki


Por Ricardo Cayuela Gally

Ryszard KapuscinKi, ha sido considerado, a su muerte, uno de los grandes periodistas del siglo XXI. Sin embargo, como afirma Cayuela Gally en este perfil, ese reconocimiento le vino en parte por razones erróneas e interesadas que no menoscaban el valor de su obra sino, al contrario, subrayan todavía más su independencia.
En los funerales de papel con que la prensa europea despidió a Ryszard Kapuscinski, varias muletillas se repitieron desde las ocho columnas hasta la más mísera de las notas al pie: se trataba de un “maestro de periodistas”, que convirtió el reportaje “en un arte universal” y para el que el periodismo “fue una misión, no una carrera”. La prensa misionera, nuestra irreductible aldea gala del dogmatismo ideológico, lo despidió entre loas libertarias y aleluyas antiimperialistas, en una insufrible cascada de tópicos. Imagino que no leyeron El Imperio, el impresionante testimonio de Kapuscinski sobre la extinta Unión Soviética, en que narra los cinco viajes que realizó al interior de sus confines para dibujar el estremecedor mapa del despotismo carcelario que fue la patria de los soviets.
Sorteando la burocracia y ajeno a los cantos de sirena de las informaciones oficiales, armado con un perfecto idioma ruso de salvoconducto, Kapuscinski se disfrazó de ciudadano común y corriente para visitar Vurkutá, las minas de carbón situadas más allá del Círculo Polar Ártico, y documentar las condiciones de esclavitud de sus trabajadores, cuya esperanza de vida no rebasaba los 35 años; o recorrer el antiguo pueblo de pescadores de Muinak, en el mar de Aral, ruina desértica y salada por culpa de los sucesivos planes faraónicos de los señores del Kremlin, que lograron el milagro inverso de la multiplicación de los peces; o recordar, desde las ruinas del sistema carcelario de Kolymá, en Siberia –indispensable el testimonio de Varlam Shalamov–, a los millones de seres humanos que ahí perdieron la vida. Por el otro lado, tampoco fueron menores las jeremiadas de nuestra prensa mercantil, cuya información está determinada por el espacio que deja libre el cierre de publicidad. Parece que no leyeron sus justas críticas al utilitarismo de los medios de comunicación, uno de los ejes del libro Los cínicos no sirven para este oficio, que recoge los sucesivos diálogos que sostuvo con Maria Nadotti, Andrea Semplici y John Berger en un encuentro en Capodarco, Italia, y que desconocen el núcleo argumental de Los cinco sentidos del periodista, edición no venal de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano. Por decirlo de una manera simple, el consenso que suscitó su muerte es producto de esta doble mala interpretación.
Hay una tercera: el peso de la fama. Kapuscinski se retiró del periodismo activo y se dedicó, como un escritor más del mainstream internacional, a recorrer marmóreas aulas magnas y lustrosas salas de conferencias. Un hombre satisfecho, siempre amable, modestísimo, que seducía por el triunfo del sentido común en sus opiniones, comedidas y correctas. Ese Kapuscinski políticamente correcto tenía poco que ver con el intrépido reportero que en realidad fue y que explican sus mejores libros. Lo ilustra como nada un pasaje de Un día más con vida, el libro-reportaje sobre la independencia de Angola y su larga guerra civil: Por casualidad había dado con un avión en Benguela que me había traído a Lubango. Un mulato a quien había encontrado por casualidad en el aeropuerto de Lubango me había llevado al estado mayor. Un extraño del que no sabía más que su nombre, Nelson, y a quien había visto por primera vez en mi vida, me había metido en un camión.
Y ese camión había arrancado enseguida y ahora rodaba pesadamente entre dos paredes de espinosa maleza selvática, hacia un destino que me era desconocido. El camión se detuvo en la ciudad de Pereira d’Eça, casi en la frontera con Namibia, bajo ocupación sudafricana, un peligrosísimo destino del que salió bien librado de milagro pero que le permitió dar la primicia mundial de la inminente invasión sudafricana de Angola.
Otra muestra de su afán periodístico se encuentra en un pasaje de La guerra del fútbol en el que cuenta cómo el jefe de redacción de la Agencia Polaca de Prensa le prohibió ir al Congo, donde el ejército se había rebelado contra el gobierno de Lumumba, recién declarada la independencia, y le compró a cambio un boleto para hacer un reportaje en Nigeria; un boleto que él, sin el consentimiento de sus jefes, cambió por un viaje a Jartum y a una pequeña ciudad del mismo Sudán llamada Juba, donde, en complicidad con dos periodistas checos, compró un destartalado Ford y cruzó la selva hasta la ciudad de Stanleyville: así, los tres se convirtieron en los únicos periodistas europeos en documentar el asesinato de Lumumba y el estallido de la guerra fraticida congoleña desde el corazón de las tinieblas. De Stanleyville lograron salir con vida gracias a los salvoconductos de un funcionario de Naciones Unidas, que se apiadó de ellos y los depositó en un vuelo con destino a Burundi, donde los capturó un grupo de militares paracaidistas belgas, que aún tenían bajo su control ese país, pues pensaron se trataba de espías; en esa ocasión, de nuevo, estuvieron a punto de ser fusilados y se salvaron por..., etcétera.
Ryszard Kapuscinski nació en Pinsk (entonces Polonia, hoy Bielorrusia) en 1932. La invasión polaca por los nazis (y después por los soviéticos, consecuencia del terrible pacto Ribbentrop Molotov) los convirtió a él y a su familia en nómadas en su propia tierra, huyendo del frente, de los bombardeos, de los “horrores de la guerra”. Su padre, un soldado capturado y evadido inesperadamente, fue durante el resto del conflicto un maestro clandestino empeñado en rescatar la cultura polaca que los nazis querían borrar de la faz de la tierra, como lo ha contado en las líneas autobiográficas del libro no traducido al español Busz po polsku (“La jungla polaca”), de 1962, parcialmente recogidas en la antología El mundo de hoy. En la guerra aprendió que sin zapatos la vida no vale nada en invierno y que una papa es algo más que una simple papa. Al término de la masacre, Kapuscinski se mudó a Varsovia, ciudad tan arrasada por la vesania nazi que tuvo que ser repoblada en un noventa por ciento por polacos de provincia; allí retomó sus estudios, y terminó el bachillerato con la vocación de ser poeta, actividad que nunca dejaría.
Esto le permitió entrar al reducido círculo cultural polaco de aquella época y empezar a colaborar con el diario Sztandar Mlodych (“El Estandarte de la juventud”), mientras estudiaba la carrera de Historia en un modelo heredero de la Escuela de los Annales de March Bloch, Fernand Braudel y compañía, justo antes de que los comunistas cambiaran el plan de estudios.
En el Sztandar Mlodych su trabajo consistía en recorrer Polonia como un titiritero en busca de la noticia. En ese diario trabajaba Marian Brandys, padre del reportaje moderno en lengua polaca y a quien Kapuscinski siempre reconoció como su gran maestro. Fue Brandys quien lo guió para la escritura de su primer triunfo como periodista: el reportaje “La otra verdad sobre Nowa Huta”, una radiografía extremadamente crítica de la ciudad obrera homónima, concebida por la propaganda oficial como el escaparate del nuevo régimen.
Provocó un verdadero escándalo que obligó a Kapuscinski a esconderse, seguro de que lo detendrían; pero ante el revuelo, el gobierno prefirió desenmascarar las “patrañas” del periodista, y para investigar la “verdad” nombró una comisión, que no hizo sino corroborar una por una sus denuncias. En lugar de meterlo preso, lo condecoraron con la cruz de oro al mérito. Por este paradójico éxito le concedieron su verdadero anhelo: viajar al extranjero; y cuando Kapuscinski pensaba entonces en el extranjero se refería a algo tan alejado y exótico de su realidad como Checoslovaquia. Su destino sería nada más y nada menos que la India, y se convertiría en un verdadero viaje iniciático. A esta primera salida le sucedería una segunda a China. Estos periplos, como cuenta en Viajes con Heródoto, sellaron su destino: descubrió la fascinación de sentirse libre, de descubrir nuevas culturas y lenguas, de ampliar sus horizontes. Podemos imaginar lo que para un sensible historiador y joven poeta polaco, periodista en ciernes, significaba dejar la grisura y la mediocridad de la Polonia comunista de la posguerra, y vivir a sus anchas en dos de las realidades culturales más fascinantes del mundo.
Para llevarse al viaje escogió, sin saberlo, a un autor clave, una suerte de amuleto, Heródoto, el historiador griego que en lugar de despreciar a las culturas no helénicas llamándolas bárbaras, quiso conocerlas, descubrir sus dioses, escuchar sus leyendas, registrar sus batallas, contar sus relatos. Y éste ha sido en muchos sentidos el destino literario de Kapuscinski, la épica cotidiana de los pueblos del mundo.
Al poco tiempo, la agencia oficial de noticias de Polonia lo contrató para que fuera su corresponsal extranjero, ofreciéndole la única plaza vacante: África. Ese continente será el eje vertebrador del resto de su vida y de casi toda su obra.
Cuando se dice en las solapas de los libros de Kapuscinski que cubrió veintisiete revoluciones (o diecisiete, según otras solapas, o doce frentes de guerra, o diecisiete golpes de Estado, o treinta...), lo que se olvida es que era el ÚNICO corresponsal de la agencia polaca para TODA África. Su trabajo cotidiano consistía en mandar despachos noticiosos sin casi recursos, de un continente por el que nadie se interesaba en Polonia, y en el que su país no tenía ningún interés estratégico, cultural o económico.
¡Kapuscinski era el vínculo! Para colmo, sus reportes eran sistemáticamente censurados, y el público polaco recibía una versión edulcorada y reducida de ellos. Curiosamente, sólo la jerarquía política, a través de un sistema de información exclusivo, tenía acceso a las versiones completas de sus notas.
Con una notable capacidad de empatía, facilidad de idiomas y suerte a lo largo de las décadas, Kapuscinski logró sobrevivir al torbellino de transformaciones que marcaron la segunda mitad
del siglo xx africano. En 1957, en su primera misión, en Acra, fue testigo de la independencia pionera de Ghana, liderada por Kwame Nkrumah, padre del panafricanismo. Uno a uno, irían cayendo el resto de las antiguas colonias europeas: a veces de manera pactada, como en el caso de la mayoría de los territorios británicos (Kenia, Uganda, Tanzania…), cuyos colonos aceptaron la independencia a cambio de mantener resguardados sus intereses económicos; otras, de manera violenta, como las colonias de origen belga y portugués (el Congo, Angola, Mozambique…) En el caso de Francia, a veces tras terribles y brutales enfrentamientos, como Argelia, y otras de manera pacífica pero a cambio de mantener una elite de cultura francesa en el poder (como Senegal, Costa
de Marfil, Camerún…) A estos movimientos de liberación le sucedió de inmediato una verdadera eclosión de conflictos que la opresión colonial había congelado: guerras étnicas, religiosas, tribales. Ante esos desórdenes, en la mayoría de los países la única institución que resistió fue el ejército, que dio sucesivos golpes de Estado de un signo y de otro, siempre crueles y contraproducentes, pero entendibles en esta lógica entrópica. Simultáneamente, África –sobre todo el África negra–, el viejo escenario de los caprichos, disputas y anhelos europeos, pasó a convertirse en otro frente, quizá el más activo, de la Guerra Fría, en donde las dos grandes potencias emergentes después de la Segunda Guerra Mundial apoyaban facciones en función de sus estrictos intereses. Éste era el escenario del que Kapuscinski fue testigo privilegiado e imprescindible cronista. Ébano, un clásico de nuestro tiempo, es la decantación de toda esta experiencia africana, un intento por capturar el alma del África negra al tiempo que un minucioso registro de sus particularismos. El trabajo de Ébano, además, fue elaborado muchos años después, desde Varsovia, apoyado por un importante trabajo fotográfico –su otra gran pasión–, sustentado en una imponente bibliografía y depurado como sólo logra hacerlo la memoria. ¿Cuál es el verdadero empeño de Kapuscinski en Ébano? Lograr la empatía con los africanos. Y para ello, durante todos los años que suman las estancias que pasó entre ellos, decidió vivir como uno más. Repitió muchas veces que quien viaja a África para hospedarse en un hotel de cinco estrellas y recorrer los acotados enclaves turísticos o parques salvajes, no conoce la esencia de África. Recorrer sus caminos, vivir en sus chozas, compartir su misma comida, le permitió comprender el verdadero rostro del continente. A últimas fechas, se ha cuestionado la información fáctica de Ébano y en general, del trabajo periodístico de Kapuscinski. Una de las más duras críticas la escribió John Ryle en el Times Literary Supplement: “A play in the bush of ghost”. La esencia de esta crítica es que Kapuscinski exagera o simplifica a propósito para dar coherencia a sus observaciones, además de una no despreciable cantidad de errores puntuales (nombres de tribus, de ciudades, datos históricos…) Yo creo, sin embargo, que la verdad de Ébano es el empeño humanista, herodotiano, de aceptar la magnífica diversidad del mundo, comprenderla y respetarla. Aparte, es un libro extraordinariamente bien construido, en el que el detalle significativo, la anécdota jocosa, la burla oportuna, van construyendo un poderoso relato coral que deja entrever la grandeza del espíritu africano en medio de la tierra muerta.
Sí, África engendra lilas en la superficie yerma.
Otra obra que reúne metafóricamente la esencia de la realidad oprobiosa de África es el magistral El emperador. A diferencia de Ébano, se concentra en un solo país, Etiopía, y en un solo momento histórico, el reinado grandiosamente bufo del emperador Haile Selassie. Esta obra, por cierto, también ha sido criticada por expertos académicos de la realidad etíope, pero de nuevo, la grandeza de El emperador no está en su acuciosidad histórica, aunque en una inmensa mayoría todo lo que se cuenta es cierto, sino en que funciona como una metáfora universal del poder despótico. Y esa metáfora tiene aún más valor, si cabe, escrita por un polaco de la era comunista.
Kapuscinski llegó a Etiopía después del golpe que derrotó a Selassie y descubrió que esa revolución estaba ya documentada, por lo que se centró en el proceso inverso: contar la tiranía del
gobierno recién derrocado. Buscó subrepticiamente por las calles de Addis Abeba supervivientes de la corte del Rey de Reyes, y los entrevistó de manera anónima para reconstruir los mecanismos del poder de Selassie. Por si fuera poco, hizo una investigación del lenguaje medieval polaco para referirse a las figuras de autoridad, y mezclando ambos elementos, reconstruyó el reinado del “León de Judá”, “el Elegido de Dios”, “el Muy Altísimo Señor”, “su Más Sublime Majestad”, Haile Selassie. La anécdota del súbdito que tenía que limpiar en las recepciones oficiales las deposiciones del emperador ha sido demasiado trillada, y se repite como un monotema cada vez que se habla de este libro; prefiero en cambio la del pobre infeliz, al mismo tiempo un privilegiado dentro de la pobreza etíope, cuya función exclusiva era indicar mediante reverencias la hora al señor Selassie. Un inmenso cucú humano.
Kapuscinski se interesó también, y muy profundamente, por América Latina. Residió en Santiago de Chile y en la ciudad de México, capital por la que siempre sintió nostalgia. Desde el DF, fungió como corresponsal durante siete años para toda Latinoamérica, cubriendo nuestras tristes vicisitudes, muchas veces análogas a las africanas. Uno de sus mejores trabajos periodísticos sobre América Latina está recogido en el libro La guerra del fútbol, donde documenta la tragicómica batalla entre Honduras y El Salvador, producto de causas muy profundas, pero cuya chispa fue el mutuo maltrato a los hinchas de sus respectivas selecciones de fútbol. Una guerra que en cien horas ocasionó miles de víctimas, que fue totalmente inútil y cuyo mejor testimonio es justamente el de este Heródoto moderno.
El otro gran proceso que Kapuscinski documentó y estudió a fondo fue el gobierno del Sha Reza Pahlevi en Irán y la revolución de los ayatolás que lo depusieron. El Sha o la desmesura del poder conjuga algunos de los mejores talentos periodísticos de Kapuscinski: la solidez histórica y la atención al detalle. El libro es un brillante recorrido por la antigua Persia, desde la dinastía Kadjar hasta el derrocamiento de Pahlevi, pasando por las sucesivas ocupaciones rusa e inglesa, al tiempo que una indagación de los orígenes de Jomeini; y es también la crónica de las calles de Teherán, de las multitudinarias manifestaciones en contra del Sha y de anécdotas que pasarían inadvertidas
para la mayoría. Lo nimio como significante. Así descubre qué día habría caos en las calles por las persianas cerradas de un comerciante armenio del centro de la ciudad. La tesis del libro es que el Sha logró aglutinar en su contra a cada vez más grupos sociales iraníes, y que los ayatolás aprovecharon el instante del derrocamiento para imponer su fuero y su verdad al resto de las facciones revolucionarias. El Sha es también un curioso rompecabezas de documentos y fotografías que al describirse sucesivamente van reconstruyendo el cuerpo de una nación en crisis. El mundo vive hoy al borde del abismo por el desafío nuclear de Irán, pues bien: algunas claves están en este libro, y por eso su lectura es más acuciante que nunca.
Conocí a Ryszard Kapuscinski en junio de 2002, en Varsovia, cuando aceptó conceder una entrevista a Letras Libres. Vivía en una vieja casona de un barrio modesto de la capital polaca.
En el ático de esa casa, la “guarida del nómada”, tenía un amplio estudio donde se apilaban libros, recortes, fotografías, objetos de su paso por el mundo, y cual ropa tendida al sol, hojas colgadas manuscritas con sus apuntes de viaje, clasificadas de una manera “no cartesiana”, que no eran sino la auténtica materia prima de la que extraería, a través de su método de trabajo, el cuerpo de sus libros. Estaba, pues, ante el verdadero magma primigenio del escritor Ryszard Kapuscinski. Recuerdo que me sorprendió que antes de tener tiempo siquiera de empezar mi trabajo, era él, sin que me diera cuenta, quién me estaba entrevistando a mí: quería saber todo sobre México, sobre la revista, sobre mi vida, en aquel entonces por España. Su genuino interés por un interlocutor desconocido fue quizá la verdadera enseñanza de aquella tarde inolvidable. Ryszard Kapuscinski no fue un autor de libros de viaje, ni un narrador, ni un historiador, ni, en sentido estricto, un periodista: fue una suma caprichosa de lo mejor de estos géneros. Ahora tiene la palabra ese insobornable sinodal que es la posteridad. ~

Tomado de Letras Libres / Marzo 2007 / Págs. 53-54.
Transcripción: Pablo Felipe Pérez Goyry.


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11.1. Hotel Metropol
RYSZARD KAPUSCINSKI

Vivo en una balsa que se encuentra en un callejón del barrio comercial de Acra. La balsa, que se levanta sobre unos postes, alcanza la altura de un primer piso y se llama Hotel Metropol. En la época de las lluvias, esta rareza arquitectónica se pudre y se enmohece, y en los meses de sequía cruje y se resquebraja. Y, sin embargo, ¡se mantiene en pie! En el centro de la balsa hay una construcción dividida en ocho compartimentos.
Son nuestras habitaciones. El resto del espacio, rodeado por una barandilla de madera tallada, lleva el nombre de terraza. Allí tenemos una mesa grande, donde comemos y cenamos, y varias pequeñas, donde nos sentamos para tomar whisky y cerveza.
En el trópico, beber se convierte en una necesidad perentoria. En Europa, cuando se encuentran dos personas, se saludan diciendo ¡Hola!, ¿qué tal?: “¿Qué vas a tomar?”
Aunque también se beba durante el día, el beber verdadero, obligado, metódico, empieza con la puesta del sol, cuando se sabe que pronto se hará de noche, y la noche aguarda agazapada acechando al osado que pretenda desdeñar el alcohol.
La noche tropical es un aliado incondicional de las fábricas de whisky, coñac, cerveza y toda clase de licores y aguardientes. A todo aquel que no contribuya al aumento de las ganancias de las destilerías lo combate y lo vence la noche esgrimiendo su mejor arma: el insomnio. El insomnio es siempre agotador, pero en el trópico puede llegar a ser mortal.
Maltratado por el sol durante el día y martirizado, el hombre tiene que dormir.
Se dice pronto, pero ¿cómo, si no puede pegar ojo?
Hace demasiado bochorno. El aire pegajosos y sofocante llena la habitación. Ni siquiera es aire, sino algodón húmedo. Respirar equivale a tragar bolas de algodón empapado en agua caliente. Es algo inaguantable. Es algo que da náuseas, que envilece, doblega y exaspera. Los mosquitos pican implacables y gritan los monos. El cuerpo, empapado de sudor, se vuelve pegajoso y repugnante al tacto. El tiempo se detiene y el sueño reparador no llega. A las seis de la mañana –invariablemente a las seis, todos los días del año- sale al sol, añadiendo el abrasador calor de sus rayos al bochorno de esta sauna, sofocante y petrificada. Hay que levantarse, pero faltan fuerzas para hacerlo.
Napoleón no se ata los cordones de los zapatos porque dice que agacharse hasta el suelo le supone un esfuerzo demasiado grande. Una noche así causa estragos en el ánimo. La persona se siente derrotada e inútil como zapatilla vieja. Apagada, aplastada, inerte. La atormentan añoranzas extrañas, nostalgias inexplicables, pesimismos lúgubres. Espera que se acabe el día, que se acabe la noche, ¡que todo se acabe de una puñetera vez!
Y, ¿cómo no?, bebe. Bebe contra la noche, contra la desesperanza, contra la inmundicia de la cloaca de su destino. Es la única batalla que es capaz de dar.
El tío Wally tiene un motivo más para beber: su tuberculosis. Asegura que el alcohol les sienta bien a sus pulmones. Es un hombre sumamente delgado, de respiración dificultosa y sibilante. Se sienta en la terraza y grita: “¡Papá, lo de siempre!” Papá se dirige al bar y vuelve con una botella. Las manos del tío Wally empiezan a temblar. Vierte un poco de whisky en el vaso, que acaba de llenar con agua fría. Lo apura hasta la última gota y sin perder un segundo se prepara el siguiente. Los ojos se le llenan de lágrimas y el cuerpo se estremece entre las sacudidas de un llanto silencioso. Está hecho una ruina, una piltrafa. Londinense, en Inglaterra trabajó como maestro de albañil. La guerra lo arrastró hasta África. Y aquí se quedó. Sigue siendo albañil, sólo que ahora se ha dado a la bebida y tiene los pulmones tan podridos que ni siquiera intenta curárselos. Y aunque quisiera, ¿de dónde sacaría dinero para pagar el tratamiento? Una mitad del sueldo se le va en el hotel y la otra en whisky. No tiene nada, nada en el sentido estricto de la palabra. Unas camisas hechas jirones, un único par de pantalones, remendados y zurcidos, y unas sandalias que dan pena. Sus compatriotas, impecablemente elegantes, se apartaron de él como de un apestado y lo expulsaron de su círculo, prohibiéndole incluso llamarse inglés.
Dirty lump ¡Sucio despojo! Cincuenta y cuatro años de vida. ¿Qué le queda? El poder beber un poco de whisky e irse de este mundo. Así que bebe mientras espera su turno para bajar al sepulcro. “No te cabrees con los racistas”, me dice, “ni con los burgueses. ¿Acaso piensas que no acabarán criando malvas en la misma tierra que tú?”
Su amor por An. ¡Dios mío, vaya un amor! An venía cuando le faltaba dinero para pagar taxi. Tiempo atrás había sido novia de Papá, y seguía exigiendo por ello pequeñas recompensas: dos chelines. Tenía la cara llena de tatuajes porque provenía de los Nankani, una tribu del norte donde tatúan los rostros de los recién nacidos. La costumbre había surgido en la época en que las tribus del sur conquistaban a las del norte para luego venderlas como esclavos a los blancos. De modo que los norteños se desfiguraban la frente, las mejillas y la nariz, para así convertirse en una mercancía invendible. En la lengua nankani, feo equivale a libre, son sinónimos. An tenía unos ojos rebosantes de ternura y sensualidad. Aquellos ojos se fundían con ella en un todo. Lanzaba hacia alguien una de sus miradas largas y felinas, y cuando sabía que lo tenía atrapado, esbozaba una sonrisa y pedía: “Dame dos chelines para el taxi” El tío Wally no falló nunca; se los dio todas y cada una de las veces. Luego le servía un whisky y le sonreía mientras se le llenaban los ojos de lágrimas. Solía decirle”:An quédate conmigo. Dejaré de beber. Te compraré un coche.” Ella le contestaba: “¿Para qué quiero yo un coche? Prefiero hacer el amor.” Y seguía él, insistente “También vamos hacer el amor, tú y yo.” “Dónde”, preguntó ella en una ocasión. Wally se levantó de la mesa y recorrió los pocos pasos que lo separaban de su habitación. Abrió la puerta y, aferrando convulsivamente el picaporte, la aguardó en una espera llena de tensión. En su lóbrega pocilga no había sino una cama de hierro y una mesilla de noche. “¿Aquí? ¡No me hagas reír! El lugar para mí está en los palacios. ¡En los palacios de los reyes blancos!”
Todos presenciamos la escena. Papá se acercó a An, la cogió del hombro y gruñó:
“Desaparece”. Divertida, An se alejó agitando el brazo en señal de despedida, bye, bye. El tío Wally volvió a la mesa. Agarró la botella, se la llevó a la boca y se puso a beber a grandes tragos. Antes de acabarla, cayó sobre la silla, derrotado. Lo llevamos a su cuchitril y lo acostamos en la sábana blanca que cubría su camastro de hierro..., sin An.
Desde aquella escena, solía decirme: “Red, tu madre es la única mujer que nunca te traicionará. No cuentes con nadie más.” Me gustaba escucharle; era todo un sabio. Una vez me dijo: “Las mantis religiosas son más honestas que nuestras mujeres. ¿Las conoces?
En su mundo, el período de galanteo no dura mucho. Después de las nupcias, los insectos consuman el apareamiento durante la noche de bodas, y por la mañana la hembra devora al macho. ¿Para qué martirizarlo toda la vida? El resultado sería el mismo. Y como lo hacen antes, al principio, es más honesto.”
Esa nota amarga en las divagaciones del tío Wally le preocupaba mucho a Papá. Él nos tenía sometidos a una severa disciplina. Cada vez que me disponía a salir, tenía que decirle a dónde iba y para qué. Si no se le decía me echaba una bronca. “¡Tengo miedo de lo que pueda pasarte!”, gritaba. Pero cuando el que grita es un árabe, no hay que tomárselo demasiado a pecho. Es su forma de hablar. Y Papá era árabe, libanés. Aviv Zacca.
Arrendaba el hotel desde hacía un año. “Después del gran Desastre”, solía decir. Y era cierto. La mala suerte lo había golpeado con saña. “¿Zacca? Zacca era millonario, ¡millonario!, exclamaba un amigo suyo. “Zacca tenía un chalet, coches, tiendas, jardines.”
“Cuando se me paraba el reloj, lo tiraba por la ventana”, suspiraba Papá. “Mi casa tenía las puertas siempre abiertas. Día tras día se llenaba de invitados. Come, bebe, has lo que quieras, ésta es tu casa. ¿Y ahora? Ahora hacen como que no me conocen. Tengo que presentarme, decir quién soy, a esos mismos que no hacen tanto se atiborraban bajo mi techo de carísimos manjares.” Papá llegó a Ghana hace veinte años. Para empezar, abrió una pequeña tienda de artículos textiles, y logró amasar una fortuna considerable, que luego perdió en un año, apostando en las carreras. “los caballos acabaron conmigo, Red”.
Me llevó a ver sus establos. Los tenía en un palmeral en as afueras de la ciudad. Nueve caballos blancos, magníficos ejemplares de raza árabe. ¡Qué bien los conocía, cómo los acariciaba! Todo lo contrario que a su mujer, que tenía que aguantar sus frecuentes broncas. Papá mimaba a sus caballos como un tierno amante. Sacó uno para enseñármelo.
“El mejor caballo de toda África”, dijo con desesperanzas, porque su campeón tenía una llaga incurable en la cuartilla. Los demás caballos también tenían el mismo tipo de llagas, y se iban muriendo uno tras otro. Para él, esas muertes suponían una tragedia muy superior a la pérdida de un millón. Sin caballos se veía privado de la única pasión de su vida. En los días en que no podía visitar el establo, se ponía furioso, cualquier cosa lo sacaba de quicio. Sólo se calmaba en el palmeral, contemplando cómo el mozo de cuadra hacía desfilar ante él, uno a uno, los veloces ejemplares de raza árabe con ojos del color de la sangre.
A su mujer, Papá nunca la llevó a ver los caballos. La trataba con severidad y dureza.
Ella solía sentarse en un sillón, inmóvil y en silencio, mientras se fumaba un cigarrillo. Un día le pregunté: “¿Cuántos años tiene, señora?” “Veintiocho”. Veintiocho años y el pelo blanco como una paloma, una tez extremadamente pálida y el rostro cubierto de arrugas.
Había dado a luz cuatro hijos, dos de los cuales vivían en Líbano y otros dos en el Acra.
Algunas veces había traído a Ghana a su hija, una niña subnormal que se arrastraba a cuatro patas por el suelo, víctima de convulsiones, y que chillaba de forma tan inhumana que al oírla se nos helaba la sangre en las venas. Aunque había cumplido los diez años, no sabía andar ni hablar. Gateando, se arrastraba hasta el rincón donde estaba el gramófono, alzaba la cabeza y lanzaba miradas suplicantes. La madre ponía un disco de Dalida. La voz de la cantante se oía entremezclada con un agudo y aterrador aullido de la niña. Su rostro irradiaba felicidad. Terminando el disco, la garganta de la criatura emitía un gruñido ininteligible: pedía más música.
La pequeña se había encariñado con Primer Ministro. Sólo él sabía sonreírle. Ella se abrazaba a sus pies, se restregaba contra sus piernas, ronroneaba. Él le acariciaba la cabeza y le daba suaves tironcitos de las orejas. Lo llamábamos Primer Ministro porque se jactaba de ser amigo personal de muchos de los miembros del gobierno de Guinea. Antes, había vivido en Konkari, dedicado a comerciar con Dios sabe qué. “Si alguno de vosotros se dispone a viajar a Guinea, sólo tiene que decírmelo. Le daré una carta para Sékou Touré”, decía dándoles importancia. “Es un amiguete mío. ¿Los ministros? ¡Qué ministros ni qué ocho cuartos! No merece la pena ni gastar saliva con tan poco cosa.”
Para Primer Ministro soy algo así como un cómplice. Me coge por banda y me invita a una cerveza. “Escúchame, Red”, empieza, “tú que has viajado tanto por el mundo, dime, ¿en qué país podré yo montar un gran business? En Ghana tengo un business pequeño. Un business muy pequeño.”
Contemplo el rostro sudoroso de este gordinflón, su cara de perro apaleado. ¿Qué puedo aconsejarle? Pienso para mis adentros: he aquí un hombrecillo con ambiciones de capitalista, de ningún modo un tiburón de las finanzas sino uno más del vasto ejército de pequeños comerciantes. Debería sugerirles alguna idea. ¿Por qué no? Se me ocurren Birmania, Japón, Pakistán. Pero todos esos lugares ya están más que saturados. “¿La India, tal vez?”, pregunta Primer Ministro. De ninguna manera, pienso, La India es muy difícil.
Además, en todos esos países se han instalado monopolios poderosos. “Demasiados monopolios”, le digo “maldito capitalismo.” Él asiente con la cabeza y, dándome la razón, repite apesadumbrado: “Maldito Capitalismo.” Primer Ministro recorre el país en un intento de hacerse un lugar en el mercado, de crecer en importancia. Bajo no pocos cielos ha intentado desplegar su tienda. Pero nada de han servido sus esfuerzos. En vano se consume en una lucha estéril que no lo lleva sino al desgaste y a la desilusión. “¿No existirá un país donde montar un gran business?”, pregunta. “Me parece que no”, le contestó, “al menos eso creo.”
Primer Ministro me da pena. Deambula, sopesa posibilidades, hace preguntas. Se ha comprado un globo terráqueo, y lo recorre con la mano. A veces se detiene el dedo en un lugar determinado y se dirige a mí, interrogante “¿Y aquí, Red? Miro hacia el punto que señala Filipinas, “No”, le digo, “lo tienen copado los americanos.” “¿Los americanos?”, pregunta respetuosos, cerciorándose de haber oído bien. “Así pues, ¿no queda sino un pequeño business? “Eso es”, confirmo sus temores, “no queda sino un pequeño business.”
Se pone a reflexionar, y al cabo de un rato me confiesa: “Quisiera tener un gran business.
Me gusta más que las mujeres”, le interrumpo. “También poco es eso. De todas formas, las mujeres más bellas son las de Dakar.”
Respecto de esta materia, Primer Ministro siempre discute con el joven Khouri, hijo del Gran Khouri (libaneses todos). El joven Khouri-Nadir es un verdadero hombre de mundo. Tiene coches esperándolo en París, Londres y Roma. También es un perfecto majadero. Nada me divierte más que una charla con él. “Ven conmigo a Australia”, me propone. “No puedo, no tengo dinero”, respondo. “Pues no tienes más que escribir a tu padre diciéndole que te lo envíe.” “Mi padre es un tacaño”, le explico. “No me permite volar a mis anchas.” Nadir no conoce límite en lo que al despilfarro y la vida disoluta se refiere. Lo tiene todo. Su padre no para de forrarlo de dinero. El Gran khouri adora al khouri pequeño. El viejo vive en Nsawan, un pueblo de las afueras de Acra, en una casa humilde que amenaza ruina y entre escasos muebles, modestos. El conjunto ofrece un
aspecto pobre, por no decir mísero. Y pensar que se trata de la residencia del que tal vez sea el hombre más rico del África occidental, el multimillonario Gran Khouri. Poseedor de un gran capital, este comerciante callejero de Beirut no parece tener exigencias ni necesidades. Se alimenta de tortas de trigo mientras multiplica unos beneficios que alcanzan sumas astronómicas. Es un anciano que quizá morirá este mismo año. Dueño de toda una calle de casas en Beirut, no las ha visto en su vida. Gran Khouri es analfabeto.
Necesita a alguien de confianza para que escriba las cartas comerciales.
Convivía con nosotros en el Metropol otro hombre. El joven Khouri sentía por él un gran respeto. “Es un intelectual”, me explicaba con una actitud rayana en la veneración.
Sociable y divertido, el intelectual se pasaba horas contándonos chistes. También solía enseñarnos fotografías en las que aparecía, bajo una sombrilla, una señora de aspecto agradable, ya entrada en años. “ Es mi novia”, aclaraba. “Vive en California y lleva quince años esperándome. Esperará otros quince y se morirá. Pero la muerte no es tan terrible.
Sólo hay que estar suficientemente cansado.” Y soltaba una carcajada. El intelectual se emborrachaba a escondidas, nunca en la terraza. Sostenía que beber en público era una muestra de mala educación. Se levantaba en medio de una conversación y se metía en su cuarto para allí vaciar ávidamente el contenido de una botella. Luego oíamos, el ruido sordo de un cuerpo que caía desplomado sobre el suelo; nunca le dio tiempo de llegar hasta la cama.
El intelectual, cuando no escribía cartas para Khouri, se enzarzaba en unas disputas interminables con Napoleón. Era éste un hombrecillo, dotado de una pequeña redondez: la barriga. “Echo d menos mi casa”, solía decir, “cuánto le echo de menos”. Pero no hacía ningún esfuerzo por marcharse. Recorría la terraza de un extremo a otro, paso dl desfile militar. Sacaba un espejo y contaba sus arrugas. “Tengo sesenta años, y, sin embargo, ya veis lo joven y fuerte que me mantengo. Puedo caminar durante horas ¡sin una pizca de cansancio! ¿Qué edad me echaríais, eh?” Papá le contestaba: “Unos veinte.” “Ya lo habéis oído. ¿No os lo decía ya?, celebraba su triunfo al tiempo que sacaba el pecho y tensaba los músculos con un esfuerzo tal que sus sienes cubrían de venas abultadas. Creo que estaba chalado. Un buen día, por fin, se marchó. Sus pasos marciales dejaron de sonar.
Disfrutamos del silencio.
Iluminada por varias bombillas de poca potencia, nuestra terraza se veía desde la calle.
A la débil luz se podían divisar desde abajo unas sombras moviéndose sobre la basa, sombras que no pertenecían a nadie, a pesar de que protagonizaban su muda pantomima, su daza lenta, en pleno corazón de Kokompe. Sin embargo, el barrio –negro por excelencia- las ignoraba por completo. Kokompe tenía su propia vida, inaccesible y ajena a los del Metropol. Para el barrio, las sombras de la balsa pertenecían a otro mundo, al mundo poblado por bungalows de los representantes blancos de la administración y el comercio, al barrio de Cantonments. “¡Sois como ellos, ésa es vuestra familia!”, decía Kokompe mientras multitud de sus habitantes pasaban indiferentes por delante del hotel.
A los ojos de Cantonments, sin embargo, las sombras tampoco existían. ¡Hasta ahí podíamos llegar! El barrio de Cantonments les volvía la espada, en una muestra de desprecio mezclado con vergüenza. Para Cantonments, ese burócrata europeo y esnob, ese burgués rico y de exquisitos modales, la balsa constituía una deshonra que era preferible ignorar.
En resumidas cuentas, la balsa no quedaba amarrada a ningún barco; las sombras existían por sí mismas. Podían multiplicarse o desaparecer; no tenía importancia. “¿Y qué es lo importante?”, preguntaba el tío Wally, pero nunca le contestó nadie.


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11.2. ENTREVISTA PERSONAL CON AGATA ORZESZEK

La suya es una labor indispensable no sólo para el mundo de los libros sino para el entendimiento entre los hombres y las mujeres. Una vez que se tiene de frente un texto de algún pensador francés o un escritor chino, por ejemplo, pocas ocasiones surge la idea de si el español es la lengua en la que escribe originalmente quien firma el material. En octubre de 2000 envió una carta a El País para quejarse al respecto. Al publicar un adelanto de diez cuartillas de la nueva obra, Ébano, de un prestigiado periodista polaco, el diario español omitió un pie de página con dos palabras: el nombre y el apellido de Agata Orzeszek, traductora de los cinco libros de Ryszard Kapuscinski (Polonia, 1932) publicados por la editorial española Anagrama: El sha (sobre la caída del monarca iraní Reza Palhevi), El imperio (en torno al desmoronamiento del mundo soviético), El emperador (sobre Haile Selassie de Etiopía), La guerra del fútbol (antología de reportajes) y Ébano (sobre África).
A pesar de la soltura con que usa el español, Kapuscinski es un autor empeñado en escribir en su lengua materna, por lo que en lugar de apuntar “Negros cristales de la noche”, como titula el capítulo 17 de Ébano, estampa “Czarne krysztaly nocy” y continúa escribiendo: “Na koncu drogi, ktora jedziemy, widac staczajaca sie za horyzont kule slonca”. El texto así de verdad que no se entiende, pero Orzeszek se ha encargado de convertirlo al castellano en procesos largos y trabajosos.
Orzeszek me indica que la forma correcta en que debe escribirse Kapuscinski es con acentos sobre la “n” y la primera “s”. Pero soy incapaz de encontrar el atributo que mi computadora debe tener para acentuar consonantes. Continuaré escribiendo sin tildes el apellido de autor, considerado uno de los mejores reporteros del mundo: entre 1958 y 1981 cubrió para una agencia polaca de noticias revoluciones, golpes de Estado, guerras y movilizaciones en países de América Latina, Asia, África y el extinto imperio soviético.
Sin dejar de viajar y escribir, las últimas dos décadas ha estado concentrado en la producción de libros en los que reconstruyen toda su experiencia reporteril, eje vivo de sus relatos vinculados con el periodismo y en los que conjuga autobiografía, historia, filosofía y, por la forma en que están escritos, “literatura de collage” ha dicho él, una escritura de altos vuelos narrativos.
Su traductora, Orzeszek, catedrática de lengua y literatura rusas en la Facultad de Traducción de la Universidad Autónoma de Barcelona, me informa que existen otras traducciones en nuestra lengua de algunas obra de Kapuscinski, como de El emperador y La guerra del fútbol, editado bajo el título de Las botas. Me dice también que existe una edición en español, no publicada por Anagrama, de La guerra de Angola cuyo título original es Un día más de vida. Orzeszek está enterada del interés que la editorial de El País tiene por publicar otra obra de Kapuscinski que ya tiene traducida: Lapidarium; “pero aún no se han puesto en contacto conmigo”, aclara.
La labor de traducción de Orzeszek también está extendida a otros autores polacos como Andrzejewski, célebre (gracias a la película de Wajda) por Cenizas y diamantes; Hlasko y Tryzna; y a Turguénev del ruso.
Como traductora habitual de Kapuscinski, Orzeszek responde mis preguntas.

José Garza: ¿Cómo descubrió la obra de Ryszard Kapuscinski?
Agata Orzeszek: Fácil: estudié con su hija en la Universidad de Varsovia y, a mis veinte años, debo reconocer (no sin cierto rubor de vergüenza), conocí antes al autor que a
su obra.
J.G.: ¿Por qué decidió traducir al español la obra de Kapuscinski? ¿Existieron, existen, retos o motivaciones especiales para emprender esa labor? ¿Traducir a Kapuscinski al español ha sido una iniciativa del autor, de la editorial, de usted?
A.O.: Traducir a Kapuscinski era traducir a un amigo, así que al establecerme en España (para entonces, 1977, ya conocía por supuesto toda su obra escrita hasta aquella fecha y tenía perfectamente formada la idea de su valor) no tuve que pensar mucho a la hora de proponer sus libros (“textos”, como a él le gusta definirlos) a las editoriales barcelonesas. La respuesta, empero, fue “no” en un primer momento, porque en España las editoriales suelen esperar a que el libro tenga éxito internacional. Y así fue: tras la Feria de Francfort de 1986 (creo recordar) donde se habló mucho de El sha, Jorge Herralde, de Anagrama, me llamó (aún se acordaba de mi visita en su despacho varios años antes con la encarecida propuesta de publicar El emperador) para encargarme la traducción de El sha, que decidió subtitular (siguiendo a los franceses: y le aplaudí la decisión) “o la desmesura del poder”.
J.G.: ¿Cuál es el proceso de traducción? ¿Cuál es su relación con Kapuscinski como traductora de su obra al español? ¿Durante el proceso de traducción usted consulta al autor, trabaja junto con él o trabaja en forma independiente sin que el resultado tenga que estar aprobado por el autor?
A.O.: El proceso es largo (por suerte, la sabiduría traductora y editora de Anagrama hace que Herralde nunca me haya apremiado con plazos de entrega imposibles: siempre dispongo de un mínimo de seis meses) y trabajoso. En primer lugar porque la prosa de Kapuscinski es exacta y rigurosa al tiempo que extremadamente trabajada desde el punto de vista literario. A él no le basta el dato; la reelaboración literaria es tan (o más) importante que los hechos descritos (espero que se note en mis traducciones). Además, al no ser el español mi lengua materna, mis traducciones pasan por la exigente criba de un catedrático de lengua y literatura española: no las entrego a la editorial sin sus correcciones. La relación es muy buena: desde la primera (que ojeó en persona y de la que había oído comentarios halagadores, aunque esto resulta poco modesto por mi parte, pero es cierto) se fía ciegamente de mis traducciones. Y no, no trabajo con él, porque tal cosa es imposible. Cuando escribe un nuevo libro, no está disponible para nadie. Y cuando no escribe, no está en su casa de Varsovia: viaja. Pero nunca cunde el pánico: cuando hay algo que necesito consultar envío una lista de dudas a su mujer y ella me manda la respuesta lo antes que puede (conoce muchas respuestas de antemano –no debo ser la única traductora que le consulta cosas– y las que ignora se las plantea a su marido por teléfono, cuando él la llama desde... Paraguay, por ejemplo). Lo dicho en el punto anterior (confianza ciega) aclara la cuestión del visto bueno del autor: no lo necesito.
J.G.: ¿Cuál es el idioma en el que Kapuscinski escribe originalmente y en qué idioma o idiomas está mejor traducido y es más conveniente leerlo?
A.O.: A pesar de conocer muchas lenguas, escribe exclusivamente en polaco. Es muy delicado (no me corresponde a mí hacerlo) hablar de otros colegas traductores. Lo que sí puedo decir (lo comprobé al traducir El sha o El emperador: el editor me había facilitado la traducción al inglés, edición norteamericana) es que los estadounidenses omiten algunos fragmentos, curiosamente aquellos que se refieren a su intervención e indigna participación en los hechos descritos (antes esto se llamaba censura política, pero creo adivinar que ahora lo definirían como lo políticamente correcto).
J.G.: ¿Cómo describe la escritura de Kapuscinski?
A.O.: Exacta, rigurosa, literariamente trabajada. Kapuscinski cambia de registro cada vez que lo necesita su texto inmediato. Por ejemplo, barroco y rebuscado cuando describe el interior de un piso pequeño burgués bonaerense; escueto, hasta telegráfico, cuando los acontecimientos descritos se precipitan y quiere dar la impresión de una crónica periodística; cuasi naturalista o impresionista cuando plasma el horror (guerra) o la belleza (un paisaje); natural y coloquial en los poquísimos diálogos; bíblico o con sabor a la antigüedad cuando lo considera oportuno (ya me ve a mí empapándome de la Biblia o de Fray Luis de Granada antes de abordar la traducción de un capítulo de El emperador: me consta que él hace lo mismo). En resumen: sus muchos estilos (escritura acorde con lo que se dice, o, lo que es lo mismo, forma al servicio del fondo) han formado un estilo propio de Kapuscinski.
J.G.: ¿A quién evoca la escritura de Kapuscinski? ¿Estilísticamente dónde se nutre este autor?
A.O.: No evoca a nadie en concreto. Se nutre de todo (no exagero: su biblioteca es impresionante y, lo más importante: está leída).
J.G.: ¿La traducción de la obra de Kapuscinski también está sujeta al rigor periodístico en cuanto a la oportunidad en que debe aparecer? (Y es que la aparición de la traducción es casi simultánea a la publicación del original; El imperio, por ejemplo, apareció en 1993 y su traducción en 1994).
A.O.: No. Un "no" rotundo. El imperio y Ébano salieron tan deprisa porque Kapuscinski ya era mucho Kapuscinski en el mercado editorial. Pero El emperador salió bastantes años más tarde, una década, creo (incluso más tarde que El sha, que es posterior). No se trata de una escritura inmediata: sus libros son tal válidos hoy como lo fueron ayer y como lo serán mañana.
J.G.:¿Cuáles son las principales dificultades al traducir su obra? ¿Qué obra le ha resultado con más escollos?
A.O.: Dar con el registro de lengua exacto. Documentarse hasta la saciedad, buscar equivalencias españolas (cuando existen) para todo lo “exótico” (que no es poco) hasta por debajo de las piedras o inventar palabras cuando él las inventa. El emperador, sin duda alguna.
J.G.: ¿La traducción al español de la obra de Kapuscinski implica modificaciones a la misma, es decir si implica cambios de estructura, gramática?
A.O.: Por supuesto implica cambios gramaticales: he aquí el escollo: cómo ingeniárselas para decir lo mismo e igual de bien que en el original sin modificar el “espíritu” de lo dicho y de cómo está dicho.
J.G.: ¿La traducción, en su caso, qué dimensiones tiene, es decir: es un fiel espejo de la obra traducida, es una versión o es otra obra? ¿Cómo define usted la traducción?
A.O.: Para ser escueta, diré que es espejo sin acabar de serlo. Más bien es un retrato, no
fotografía.
J.G.: La obra de Kapuscinski conjuga una serie de relaciones del periodismo con la literatura, la historia, la filosofía y la política. ¿Cómo traductora usted cuestiona, digamos, la fiabilidad del narrador o este tipo de aspectos están fuera de sus competencias?
A.O.: Como persona (y se supone que pensante) puedo cuestionar cosas (y no dejo de hacerlo, diciéndoselo al autor cada vez que tengo oportunidad). Como traductora tengo que ceñirme a su texto, y es lo que hago.
J.G.: La obra de Kapuscinski es rica en visibilidad en cuanto a que siempre muestra los hechos por medio de la acción: usa palabras efectivas y usa verbos: nos ofrece acción. ¿Es esta una de las virtudes de su escritura? ¿Qué piensa usted al respecto, cuál es el aspecto más atractivo de la escritura de Kapuscinski? ¿Qué obra ha disfrutado más al traducir?
A.O.En la traducción, los verbos (excepto los de movimiento: pesadilla de mis estudiantes de ruso y mía cuando traduzco del polaco) son lo que menos me preocupan. En cambio los sustantivos, los adjetivos y las estructuras adverbiales (tan naturales en polaco) y, sobre todo, el uso que él hace de ellos me hacen pasar noches en vela cuando lo traduzco. El aspecto más atractivo: el detalle elevado a una categoría (por ejemplo: el alambre de espino en El imperio).
Por eso mismo sus libros no son inmediatos: hay un pensamiento filosófico detrás de lo narrado.
No sabría decirle qué obra he disfrutado más al traducir. Cuando traduzco, lucho (con cada palabra, cada frase). Disfruto cuando veo la traducción publicada y la leo. A veces (no pocas) no comprendo cómo se me había ocurrido tal o cual solución.


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11.3. RYSZARD KAPUSCINSKY: RESEÑA BIOGRÁFICA

Ryszard Kapuscinsky (1932-2007)

Ryszard Kapuscinski nació en Pinsk (Bielorrusia) en 1932. Ingresó en 1951 en la Universidad de Varsovia, en la que estudió Historia y obtuvo un master en Arte (1955). Ha impartido clases en las Universidades de Caracas (1978) y en la Temple University de Filadelfia (1988) como profesor visitante, y como lector en Harvard, Londres, Canberra, Bonn y la British Columbia University de Vancouver (Canadá).
Entre los años 1959 y 1981 se dedicó al periodismo como corresponsal de la agencia de noticias Polish Press en África, Asia y América Latina y colaboró con publicaciones como Time, The New York Times y Frankfurter Allgemeine Zeitung. Está considerado como uno de los mejores reporteros del mundo. Es miembro de varios consejos editoriales, ha compaginado desde 1962 sus colaboraciones periodísticas (que han llevado a García Márquez a llamarle “maestro”) con la actividad literaria. Es autor de diecinueve libros de los que se han vendido cerca de un millón de ejemplares y de los que algunos se han traducido a más de treinta idiomas. Bus po polsku (1962) fue la primera de sus obras, a la que siguieron títulos como El Emperador (1978, sobre la decadencia del reinado en Etiopía de Haile Selassie), El Sha (1987), La guerra del fútbol (1992), Lapidarium (1990), El imperio (1994, sobre la descomposición de la Unión Soviética), Ébano (1998, sobre el futuro del continente africano), así como el álbum de fotografías Desde África (2000). En 2002 publicó una obra, Los cíniucos no sirven para este oficio, que es una lección y una reflexión sobre el periodismo plenas de sabiduría, humildad y claridad.
Ryszard Kapuscinsky fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Silesia en 1997, ha obtenido diversos galardones por su creación literaria como el premio Alfred Jurzykowski (Nueva York, 1994), el Hansischer Goethe (Hamburgo, 1998), o el Imegna (Italia, 2000). Ha sido Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2003. Ryszard Kapuscinsky es uno de los periodistas más respetados y reconocidos del mundo. (Ryszard Kapuscinsky, muere en 2007)

Nota: Hotel Metropol de RYSZARD KAPUSCINSKI; la ENTREVISTA PERSONAL CON AGATA ORZESZEK, y RYSZARD KAPUSCINSKY: RESEÑA BIOGRÁFICA, fueron tomados de APÉNDICES VIGENCIA DEL RELATO COMO SENTIDO DE LA REALIDAD. ANÁLISIS DE REPORTAJES HISTÓRICOS, tesis doctoral de CELSO JOSÉ GARZA ACUÑA, 2003.
Transcripción: Pablo Felipe Pérez Goyry.


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Libros publicados en Español:

Un día más con vida / 1976. (Anagrama 2003)
El Emperador / 1978. (Anagrama 1989)
La Guerra del Fútbol y otros reportajes / 1978. (Anagrama 1992)
El Sha o la desmesura del poder / 1982. (Anagrama 1987)
El imperio / 1993. (Anagrama 1994)
Ébano / 1998. (Anagrama 2000)
Los cínicos no sirven para este oficio. Sobre el buen periodismo. / 2000. (Anagrama 2002)
Lapidarium I, II, III, y IV. (Anagrama 2003, Lapidarium IV)
Desde África / 2000. (Anagrama 2001)
Los cinco sentidos del periodista (estar, ver, oír, compartir, pensar) / 2003. (FNPI-FCE)
Viajes con Heródoto / 2004. (Anagrama 2006)
El Mundo de Hoy / 2004. (Anagrama)
Encuentro con el otro / 2006. (Anagrama 2006)


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“Todo el lado humanista de nuestra escritura de reporteros radica en el esfuerzo de trasmitir la imagen del mundo auténtica, verdadera, y no una colección de estereotipos. Es una de las misiones que tiene encomendada la literatura. Y el arte. Toda la manifestación de la cultura”. (El mundo de hoy / 2004)

“Si entre muchas verdades eliges una sola y la persigues ciegamente, se convertirá en falsedad, y tu, en un fanático”. (Lapidarium II)

"Es necesario diferenciar: una cosa es ser escépticos, realistas, prudentes. Esto es absolutamente necesario, de otro modo, no se podría hacer periodismo. Algo muy distinto es ser cínicos, una actitud incompatible con la profesión de periodista. El cinismo es una actitud inhumana, que nos aleja automáticamente de nuestro oficio, al menos si uno lo concibe de una forma seria. Naturalmente, aquí estamos hablando sólo del gran periodismo, que es el único del que vale la pena ocuparse, y no de esa forma detestable de interpretarlo que con frecuencia encontramos". (Los cínicos no sirven para este oficio / 2000)



16 de agosto de 2008

A propósito del Calentamiento Global y la falta de alimentos

Principios de mi razón de ser, son que soy defendedor de causas sociales y políticas nobles. Empero, no creo en mefistofélicos defensores que lucran con los anhelos de fraternidad y buena voluntad universal de los seres humanos.
A propósito del Calentamiento Global y la falta de alimentos, es inaplazable escudriñar en lo aparentemente indescifrable para descubrir su esencia y verdad, como alternativa inteligente para solucionar el problema.
En lo personal, tengo la percepción de es insustituible la justicia, y que esta para ser coherente demanda ética, discernimiento y valor.
¡Namaste!
Pablo Felipe Pérez Goyry.
Analista y Periodista Independiente Alternativo Cubano.

29 de julio de 2008

De la libertad y democracia en Colombia

Escrito por Pablo Felipe Pérez Goyry.
Analista y Periodista Independiente Alternativo
Miembro del Instituto Nacional de Periodismo Latinoamericano

Las sociedades son diferenciadas y cada estrato social disfruta de particularidades psicológicas especiales y personalidad propias. Quizá, por esta razón, y con incuestionable sabiduría, sé cree que uno de los rasgos que caracterizan al hábito social, es el de aceptar acríticamente la ideología, el orden existente y las normas-valores dogmáticos.
Esta particular psicología ―de los individuos y la sociedad―, se manifiesta en ocasiones agachando la cabeza y acomodándose a la influencia del conjunto, y a las opiniones de la mayoría. Tomando en cuenta estos argumentos, es precisamente esta psicología individual y colectiva la que propicia el fortalecimiento centrista del Estado, para este pueda manipular a las masas o por el contrario, como en Colombia, sean utilizadas por las guerrillas marxistas FARC y el ELN, y los grupos paramilitares.
Sin lugar a dudas, en Colombia, se hace necesario el fortalecimiento de las normas e instituciones democráticas, para se respete la libertad y garantice con responsabilidad la organización del Estado. Los colombianos sufren la ausencia de un congruente equilibrio socio-económico-político, que impida la rapacería en el país. Es decir, el Estado tiene la obligación de establecer las adecuadas normas e instituciones jurídicas, para salvaguardar la libertad mediante la fiscalización del quehacer de la política, economía y sociedad, incluyendo la aplicación de la constitución y las leyes. Durante más de medio siglo, estas premisas se han ultrajado.
Tengo la percepción de que una parte de la sociedad colombiana se ha acostumbrado a una realidad donde la impotencia y el terror son los que determinan la conducta y las decisiones, y de los que tienen el poder son los que se imponen cada día.
Durante décadas, los colombianos han soportado, lo he visto, la incapacidad de los gobiernos para derrotar a los grupos al margen de la ley. Para algunos analistas, los insuficientes recursos son un factor decisivo. Otros, dicen que se debe a la corrupción política y la desacertada organización de las Fuerzas Armadas. Para los más escépticos, es la psicología individual y colectiva del colombiano, sumado a la frustración y el deterioro del carácter, que limitan la lucha contra el narcotráfico, la corrupción, las guerrillas, los paramilitares y la delincuencia común.
No comparto totalmente el argumento de la incapacidad psicológica de los colombianos ―para procesar un punto de vista propio y, de no tener capacidad de discernir y tomar decisiones de manera autónoma― para luchar contra una realidad que les tiene secuestrada la libertad. Prefiero adherirme a la tesis de que esta psicología está trastornada por la ausencia de libertad y, el no adecuado mejoramiento estructural de la educación y la cultura cívico-política, como herramientas que permitan vivificar la personalidad de los colombianos, para pueda ser creativo, tenga discernimiento por cuenta propia. La libertad es un derecho y no debe ponerse en peligro.
Las guerrillas comunistas de las FARC y del ELN, dicen de van ha tomar el poder y anuncian que es dable. Lo que no deja de ser una utopía, pues, es incuestionable el fracaso de su narco lucha, que han sumergido en la desesperanza e indefensión a la generalidad de ciudadano, y convertido a Colombia en un país empobrecido y despojado de sus libertades. No hay dudas de serán derrotadas porque están desacreditadas, desmoralizadas, y les ocurrirá lo mismo que las guerrillas en Venezuela, Perú, Bolivia, Argentina, Uruguay, Ecuador, El Salvador, Guatemala.
En Colombia la pobreza es alarmante, que es el caldo de cultivo para se incremente las actividades al margen de la ley, y se desparramen por el territorio nacional. En tanto, por décadas, vemos a un Estado devorado hasta los tuétanos por la corrupción e infectado por la parapolítica y el narcotráfico. Las perspectivas de un mejoramiento de la situación conflictiva que vive el país, no son muy halagadoras.
Así las cosas, entre muchas, para los colombianos puedan gozar de paz y libertad, es imprescindible, estructurar una buena educación y cultura política, pues, estas permiten el desarrollo de la personalidad en los seres humanos, como complemento de esta libertad y cultura, que son unidad modular de la cultura cívica (civismo), y que tiene como virtud el disciplinar las relaciones entre los ciudadanos, los grupos políticos, las instituciones gubernamentales nacionales y global. Está en las manos de los colombianos, cuando tengan una percepción diferente y asuman sus responsabilidades, cambiar este sombrío panorama.
Empero, se hace necesario líderes creíbles y honestos que den prioridad a la tarea de fortalecer la libertad y democracia, y enfrente con bravura a las fuerzas que están al margen de la ley. De igual manera, vigorizar los programas educativos e ilustrar a la sociedad, para pueda saber al dedillo como defender la libertad.
A todas luces, para prospere la libertad y democracia, es medular las oportunidades, la educación y cultura política honesta, pues, estas incentivan el desarrollo de la personalidad, como apéndice de la autonomía y conocimiento, que son elementos del pundonor, y que tiene como atributo el salvaguardar la convivencia coherente y fraternal entre todos los colombianos.
En Colombia, no tendrá sentido hablar de paz y reconciliación, a no ser que los nacionales reaccionen y busquen alternativas para abrir la puerta que permitan dar solución a determinados problemas críticos:

· desplazamiento forzado y pobreza endémica,
· pobreza eterna y desempleo arraigado,
· corrupción divinizada y complicidad desvergonzado,
· exclusión ignominioso y marginación execrable,
· desesperanza de la juventud y débil identidad nacional,
· baja calidad y cobertura de la educación,
· inseguridad en la seguridad social,
· atropellamiento de las libertades y el asesinato de la democracia.
· violencia desenfrenada e impunidad escandalosa,
· odios enquistados y conflictos geopolíticos,
· desequilibrios regionales y economía subterránea,
· desconocimiento, deterioro y desaprovechamiento de los recursos naturales,
· atraso científico y tecnológico,
· prejuicios históricos e indiferencia de los dirigentes políticos, gamonales y caciques.

Más allá de las imperfecciones, no hay que borrar de la memoria, la excelsitud del ser humano está en su discernimiento y benevolencia, que deben ser la base ética de toda acción personal y social. Los colombianos no carecen de estas esenciales particularidades.
Con respeto, por todas estas razones, yo opino que en Colombia el futuro de la libertad, democracia y paz, no es una utopía. Eso sí, será posible cuando los colombianos acojan, con responsabilidad, un sistema universal de derechos, otorguen interés a la equidad y competitividad para la realización integral del ser humano, y, cuando el Estado y los ciudadanos, sin paños tibios, acepten con civismo ser juzgados por las mismas normas éticas. Tiene la palabra amiga, amigo... ¡Namaste!

Ciudad de la Eterna Primavera, 5 de agosto de 2007.
©Derechos Reservados: Pablo Felipe Pérez Goyry.

27 de julio de 2008

Democracia no es libertinaje morboso y desgobierno gorrón

Por PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY
Analista y Periodista Independiente Alternativo

En una verdadera “democracia” la generalidad del pueblo no debe estar a merced de los patrioteros y las fuerzas financieras usureras. Como están muchos países gobernados por dictaduras monárquicas o presidenciales. Una autentica democracia debe implementar un correcto empleo de los sistemas educativos y de salud, además de entrenar de manera no obligatoria a todo el pueblo para reconozca los correctos valores con un punto de vista más justo, que permita la unidad cooperadora encaminada hacia un fin reconocido por la totalidad.
Es evidente de hay corrupción en Cuba, pero no comparable con las inmoralidades de algunos políticos de América Latina. No es posible ocultar de hay presos políticos en Cuba, quintacolumnistas y conspiradores de todo tipo; como los hay en otros países del mundo. Los DD.HH. en Cuba se violan sistemáticamente, que es "el pan de cada día" en muchos países según válidos testimonios presentados ante la ONU, Amnistía Internacional, la Asociación Contra la Tortura, el TAT y otras prestigiosas instituciones.
Cuba no es el único país donde existe machismo, prostitución, etcétera, que son normas de convivencia para algunos sectores de la sociedad. No solo en Cuba hay racismo, porque desde que el mundo se creó impera. Únicamente en Cuba no hay plena libertad de expresión, si tenemos en cuenta de vivimos en un mundo unipolar radicalizado, donde los medios de información están en manos poderosas que dictan las normas de “estas conmigo o en contra”. ¿Acaso en el mundo no hay estos males?
Sé que al abordar estos temas, el avispero se revuelve, y no son pocos los que defienden a “capa y espada” sus puntos de vista con ilustradas razones. Y no estamos en contra de este contexto, que es precisamente lo que exhorta a finalmente deba existir un dialogo nacional, con relación al futuro de la Nación Cubana. Es en definitiva el asunto que trata estas cuartillas.
Como dato a tener en cuenta, actualmente todas las organizaciones opositoras cubanas tienen sus propios proyectos. Son numerosos los conceptos sobre cómo debe de hacerse una “transición en Cuba”. Hay defensores, belicosos y radicales, de creen está garantizado el futuro de la isla con una intervención directa de EE.UU., que elimine físicamente de la vida política a agónico Castro. Otros como Oswaldo J. Payá Sardiñas, del Movimiento Cristiano Liberación, enfocan sus esfuerzos en un llamado “Diálogo Nacional y Programa Transitorio”, que es un complemento del “Proyecto Varela”. Un excelente programa transitorio, que serviría como una hoja de ruta coherente para pueda realizarse una Consulta Popular en un Diálogo Nacional y lograr un programa de consenso. Por otro lado, el doctor Roberto Simeón, del Partido Social-Revolucionario Democrático de Cuba, promueve él dialogo entre cubanos y trata de conseguir la unanimidad necesaria para la reconciliación nacional, y se pueda discutir el “Ante-proyecto de Constitución”, que se consideraría en una Asamblea Nacional Constituyente soberana. Este “Ante-proyecto” para una nueva Constitución, aspira perfeccionar el socialismo y entre otras cosas aceptar toda legitimidad del estado, cualquiera que sea su característica, ha de ser expresada en una Constitución acordada por una Asamblea Nacional Constituyente Soberana. Los liberales buscan unir esfuerzos para un proyecto unificado que facilite una transición coherente.
Si bien me inclino por un sistema político parlamentario por los fracasos presidencialistas en América Latina, en honor a la verdad todas las propuestas son válidas. Porque tienen como premisa la realidad en el archipiélago y que solo es posible defender los intereses de los cubanos si no hay retorno a un “plattismo”.
Soy defendedor de en el futuro exista un gobierno participativo popular en Cuba; que rectifique el derrotero histórico, defienda los intereses del pueblo y la soberanía nacional contra perversas intromisiones foráneas que impongan a los cubanos una transición “plattinizada”. No debe aceptarse un presidente como Estrada Palma, Machado, Batista o Castro, y el “retorno al primitivo caciquismo criollo con garras ensangrentadas. Tampoco consentir en Cuba lo que pretende hacer en Venezuela el presidente Hugo Chávez. Los cubanos deben aprender que los acontecimientos en Iraq son un buen ejemplo de “transición democrática” malintencionada.
Es válida la salvaguardia de los Derechos Universales, que es el anhelo de libertad de cualquier ser humano y una aspiración natural de aquellos cubanos que velan por los destinos de su tierra natal. Pero los primeros pasos para realizar reformas se deben enfocar en el diálogo, para activar los mecanismos de una Asamblea Constituyente, que sólo será dable con el consentimiento de los cubanos, y la mayoría está en la isla. Eso sí, no faltaran los conflictos, demoras, cansancios y enigmas a descifrar en un proceso de transición. Es el costo simbólico de la virtud humana para su propia determinación y juicio, como causa de sus actos.
Una de los arcanos está en la insistencia de aquellos que reclaman cambios "democráticos" en la isla. Será como la que existe en Haití y Bolivia. Quizá la turbulencia política de Pakistán o Iraq. Así comienzan las dudas. ¿Acaso las personas más iluminadas no la han sentido en carne propia? Con todo ¿quién no la ha experimentado alguna vez? Y es que la duda forma parte de los obstáculos que todo ser humano debe enfrentar con valentía y de manera individual; que va a afectar a la totalidad. La duda es una cuota imprescindible para obligarnos a reflexionar y sacar conclusiones antes de decidir. Aún así, como no somos perfectos podemos correr el riesgo de equivocarnos.
La imperfección en las acciones de los seres humanos está asida a las costumbres y en la práctica no son ideales. Por este motivo las personas y los pueblos están condicionados a perseverantemente reorientar y rectificar cada paso cuando transitan por la vida, para de esta manera vigorizar el alma. Todos los cubanos necesitamos rectificar, como condición indispensable para dialogar con respeto. Pues, rectificar es el primer síntoma del sendero que conduce a la sabiduría, y esto facilita que el alma quede libre para rendir libre culto a la persuasión decorosa.
Sé de hay hendiduras profundas y antagonismos entre las diferentes corrientes ideológicas curtidas por la traumática historia y la polémica evolución política del país. Respetables son las ideas que se proclaman a través de los diversos grupos opositores que no dejan de tener buenas intenciones y propósitos encaminados a la reconciliación nacional, en algunos casos con marcada benevolencia.
Empero, Democracia no es libertinaje morboso y desgobierno gorrón. Quiere decir, que la nueva ciencia política y de gobierno en Cuba debe ser diferente, ajustada a los nuevos tiempos. Para nazca “una democracia participativa y protagónica” reforzada por la liberalidad, el pundonor, las rectas relaciones humanas y la espiritualidad.
Frente a las adversidades, triunfan los sanos ideales cuando prevalecen la voluntad, virtud, perseverancia, talento, y sabiduría. Ya que, la regla de oro es la de asumir con madurez que: “No se puede guiar a un pueblo contra el alma que la mueve, o sin ella. No está lejano el día en que el pensar nacional se moverá en esta dirección.
Los cubanos honestos deben buscar erudición en la historia y con la luz del discernimiento respuestas para postrados en acto de modestia e inspirados por la irradiación divina de la experiencia construir el futuro de la nación. Es deber de los cubanos el reflexionar como nación y aprender que es esencial diferenciar entre la razón y el impulso, la lógica y las emociones, y hacer un adecuado uso de ellas. Empero... ¿El pueblo cubano está preparado para un cambio político? ¿Marcha rumbo a una transición democrática no-violenta? ¿Cuál será el actual desarrollo y potencial desenlace de los acontecimientos, al interior de Cuba? Preguntas difíciles de responder. Tiene la palabra amiga, amigo... ¡NAMASTE!

Ciudad de la Eterna Primavera, 01 de abril de 2008.
©Pablo Felipe Pérez Goyry.

25 de julio de 2008

Democracia, la legítima forma para un gobierno racional

Por Pablo Felipe Pérez Goyry.
Analista y Periodista Independiente.
Miembro del Instituto Nacional de Periodismo Latinoamericano.

Nadie se atreve a vaticinar, pronosticar, profetizar o adivinar de si está cercano el día en que se generen cambios estructurales en la sociedad cubana. Sin embargo, Castro sigue ahí, detrás del trono en la dirección de la cúpula marxistafidelista. Expresamente, dan fe de estas aseveraciones las últimas declaraciones de Fidel, la farsa electoral del 20 de enero y la pasividad expectante de la oposición patriótica.
Por cerca de medio siglo y de manera temeraria se ha engañado y obligado con presiones psicológicas, coacciones, la explotación de las elementales necesidades y los irracionales temores para hacer creer con expectativas engañosas, a los cubanos dentro y fuera de Cuba, del final de la dictadura es una realidad. Con todo, la dictadura continúa en el poder.
Dicen que la esperanza es una necesidad para dar sentido a la existencia misma, empero, a todas luces, el continuismo de la arcaica dictadura marxistafidelista está en manos de Raúl Castro. Y con la muerte de su hermano Fidel, llegaran tiempos tormentosos y muy delicados para los cubanos que viven en la isla.
Si el caudillo Fidel, en Cuba no permitió la libertad individual y colectiva; la autorealización y autodecisión; equidad e igual de oportunidades; política social sin paternalismo y progreso; pluralismo y descentralización; respeto por el medio ambiente y naturaleza; buen gobierno y democracia. Raúl al frente de la “revolución cubana” no hará significativos cambios hacia la autentica democracia y libertad.
No es un secreto de que existe una pacífica oposición patriótica cubana, periodistas independientes y defensores de los derechos humanos, y que sus activistas han sufrido por décadas un inescrupuloso trato injusto y particular castigo sectario. Con Raúl continuarán sufriendo sus métodos stalinista de intimidación, encarcelación, interrogatorios y juicios lacónico. Métodos célebres, que han sentido en carne propia hombres y mujeres que han sido vilipendiados, reprendidos y finalmente encarcelados en mazmorras infernales después de ser sometidos a juicios sumarísimos con tribunales carentes de garantía procesal, y posteriormente privados de la libertad. Para el régimen, únicamente se trata de un asunto encaminado a salvaguardar la soberanía de Cuba, para la oposición y sociedad civil una sistemática violación a los Derechos Humanos.
Ya en los años noventa se aventuraban algunos a apostar por el derrumbe de la dictadura, como Andrés Oppenheimer en su libro “La hora final de Castro”, que si bien es excelente en sus argumentos y compendio de testimonios, en la práctica no fue acertado en su tesis.
La oposición patriótica debe convencer con acciones noviolentas activas, dentro y fuera de Cuba, y trazar estrategias que faciliten ilustrar a la generalidad de cubanos en la impostergable necesidad del establecimiento de la democracia, como legítima forma para un gobierno racional, un derecho que la dictadura le ha negado a la nación cubana durante 49 años.
Los que disienten del régimen, tienen por delante una tarea titánica, de alto vuelo e imprevisibles peligros para los que residen en el archipiélago. Y sobre todas las cosas, los líderes de la oposición y sociedad civil deben reconocer con franqueza si ¿existen las condiciones organizativas y de apoyo ciudadano para un cambio o transición hacia la democracia en Cuba?
De ahí que me adhiera, a la muy oportuna y con sobradas razones, a lo que afirma con sabiduría un artículo del periódico “La Primavera de Cuba”: “Los hechos, los acontecimientos, las palabras y las cosas adquieren una dimensión más cercana a lo real y más próxima a la búsqueda de la verdad cuando pasan el tamiz de la pluralidad, la diversidad y el análisis dinámico”.
Sé que ahora no faltan los obsesivos que aseguran que el principio del fin de la dictadura ya es un hecho y, que muy pronto retornará la libertad y la democracia al archipiélago cubano. En lo personal no creo en especulaciones oportunistas y razonamientos marrulleros, que sólo entorpecen y embrollan a la opinión pública nacional e internacional, y crea morbosas expectativas sobre una transición hacia la democracia.
Guardar silencio y hacer ojos ciegos a lo que hoy en día acontece en Cuba, es ser cómplice de la dictadura marxistafidelista y de su demencial terrorismo de Estado: como el fusilamiento de tres adolescentes por el delito de intentar huir de la isla cárcel, el encarcelamiento de 75 opositores cubanos en la Primavera Negra o el sistemático acoso paranoico a las Damas de Blanco.
Sobre lo dicho en estas cuartillas y con sincero respeto, mi punto de vista es que los medios de comunicación y las personas honestas deben seguir de cerca los acontecimientos en la isla e iniciar sin demora una pundonorosa cruzada internacional de apoyo a una pacífica transición hacia la democracia y la libertad, para evitar en Cuba bestiales acontecimientos como los eventos de Myanmar y otros países con gobiernos dictatoriales. Tiene la palabra amiga, amigo. ¡NAMASTE!

Ciudad de la Eterna Primavera, 5 de febrero de 2008.
©Pablo Felipe Pérez G.

24 de julio de 2008

Ética Pública_Ser Ético_Servir con Convicción

Respeto: Reconocimiento de la diferencia del otro, valorando y aceptando su forma de pensar y actuar.

Confianza: Respuesta y disposición personal a favor de la solidaridad y la satisfacción de las necesidades de la comunidad.

Imparcialidad: Capacidad para decidir con ecuanimidad.

Responsabilidad:
Capacidad para realizar los compromisos adquiridos y para prever, asumir o evitar según sea el caso, sus consecuencias.

Honestidad:
Proceder correctamente, con honradez, respetando lo que le pertenece.

Transparencia: Actuación con claridad y óptima utilización de todos los recursos, generando confianza en la comunidad.

Probidad: Es la integridad en el obrar.

Compromiso: Disposición y respuesta personal a favor de la solidaridad y la satisfacción de las necesidades de la comunidad.

23 de julio de 2008

PREMIO ORTEGA Y GASSET 2008 DE PERIODISMO DIGITAL

Yoani Sánchez, una cubana genuina, licenciada en Filología, que reside en La Habana y teje su cotidianidad sumergida en el acabose de una ciudad dominada por la especulación morbosa alimentada por las carencias y la desesperanza.
Sin embargo, junto a su esposo e hijo, fomenta su sueño de libertad con su pasión por la informática y su labor en el Portal Desde Cuba, donde escribe su Blog Generación Y.
He descargado todos los escritos desde Generación Y, que sin excepción gozan de clase y estilo exquisito, además, de un agudo sentido autóctono y espiritual, que en último análisis es el sentir de los cubanos.
Desde aquí, envió a Yoani felicitaciones por el Premio Ortega y Gasset de Periodismo Digital 2008, y por ser reconocida por la prestigiosa revista estadounidense TIME como una de las 100 personalidades más influyentes del planeta. Enhorabuena compatriota.
Saludos cordiales, para usted, esposo e hijo, con un abrazo sincero desde el alma y los mejores pensamientos.
¡Namaste!
Pablo Felipe Pérez Goyry.
Analista y Periodista Independiente Alternativo Cubano.
Blog Contextus: contextuspablofeliperezg.blogspot.com/
Correo electrónico: pablofeliperezg@gmail.com

Nota: Blog Generación Y: http://www.desdecuba.com/generaciony/
Contacto: yoanisanchez@desdecuba.com / yoani.sanchez@gmail.com

PROYECTO CONTEXTUS PAZ GLOBAL (Periodismo Digital)


PROYECTO CONTEXTUS PAZ GLOBAL
(Periodismo Digital)


Proyecto Contextus Paz Global (Periodismo Digital) nace con el objetivo de ser un medio de información interactivo virtual, para contribuir a la reflexión e investigación sobre educación, cultura, religión, derechos humanos, política y acciones enfocados en temas esenciales que faciliten el respeto y la construcción de una cultura de paz, para prevalezca la buena voluntad universal en el contextus nacional e internacional.

Proyecto Contextus Paz Global (Periodismo Digital) defenderá con pundonor la democracia y los derechos humanos, la educación, la cultura y la ética, el desarrollo endógeno y sostenible.

Proyecto Contextus Paz Global (Periodismo Digital) se enfocará en publicar investigaciones, opiniones e historias que realmente describan e ilustren a los ciudadanos para ejerza pacíficamente sus derechos constitucionales y universales, en cualquier parte del mundo. Asimismo, conozcan las estrategias para comedidamente coexistir con las diferencias de ideas e intereses que respaldan las grandes decisiones nacionales e internacionales.

Proyecto Contextus Paz Global (Periodismo Digital) quiere ser ejemplo de buen periodismo. Más que formular juicios absolutistas, buscará respuestas a las inquietudes de la ciudadanía y develar la versión más cercana a la verdad mostrando las dos caras de la moneda.

Proyecto Contextus Paz Global (Periodismo Digital) es autónomo sin fines de lucro, de libre pensamiento, palabra y opinión.

Proyecto Contextus Paz Global (Periodismo Digital) sin pretender simplificar las cosas y agradar a un segmento del gran público. El proyecto busca ayudar a todos los segmentos formadores de opinión para se comprenda los asuntos fundamentales, descubrir y publicar eventos precisos para encontrar sus conexiones y trascendencia.

Proyecto Contextus Paz Global (Periodismo Digital) enfocará sus esfuerzos a generar cobertura informativa con características especificas del periodismo ético y profesional.

Proyecto Contextus Paz Global (Periodismo Digital) tendrá como fuentes de inspiración, filosofía y motivación:

·  La Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz, aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 13 de septiembre de 1999, que en su espíritu resume los principios esenciales de la Carta de las Naciones Unidas, la Constitución de la UNESCO, la Declaración de los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario. Asimismo, el Llamamiento de la Haya para la Paz, de 1999, el Manifiesto 2000 y la Declaración de Delfos sobre los Niños y la Paz de junio 2000.

·   La impostergable necesidad de establecer un Nuevo Contrato Global Social, Ético, Cultural y Medio Ambiente.

·  'La prensa libre debe abogar siempre por el progreso y las reformas. Nunca tolerar la injusticia ni la corrupción. Luchar contra los demagogos de todos los signos... Oponerse a los privilegios de clases y al pillaje público... Ofrecer su simpatía a los pobres y mantenerse siempre devota al público'. 'El periodismo verdadero se asegura de no parcializarse jamás, pase lo que pase... Si el periodismo es ético y profesional ofrecerá las dos caras de una moneda, la versión de cada bando en un conflicto, y las mostrará siempre en partes iguales... Si no lo hace, entonces no es periodismo: Es sólo basura, y de la peor clase, es decir, la típica basura que se vende a si misma a cualquier otro interés político o económico distinto de la verdad real de las cosas'.  Joseph Pulitzer.

Proyecto Contextus Paz Global (Periodismo Digital) Estará abierto a escuchar propuestas encaminadas a desarrollar y perfeccionar el proyecto. De esta manera, podrá integrase a la corriente de la Web 2.0 y los usuarios interactúen -mediante la suscripción gratuita-, aportando materiales propios, a través del sistema de subida de textos, fotos y videos.

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Pablo Felipe Pérez Goyry
Gestor, Director y Analista Sociopolítico
Proyecto Contextus Paz Global (Periodismo Digital)

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22 de julio de 2008

¿Not to be, será el destino de la nación cubana?


Por PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY
Analista y Periodista Independiente.

Actualmente, son disímiles las polémicas y enfoques sobre qué es la Democracia. También, no hay un consenso para ponerla en práctica e interpretarla. Democracia, es un término peliagudo y nace de las palabras helena “demos” (pueblo) y “cratos” (autoridad).
Para los politólogos escrupulosos, la democracia tiene como precepto vital, de que las mayorías deben gobernar sobre las minorías, sin desestimar los derechos colectivos y particulares de los ciudadanos. Por sobre todas las cosas se deben salvaguardar los derechos fundamentales de carácter universal de todas las personas.
En una legítima democracia se reconoce al pueblo como indiscutible poder que tiene la responsabilidad de asegurar la votación que elegirá los órganos administrativos nacionales, regionales y locales del Estado-nación. Además, el pueblo establece la justificada vigilancia de la gestión estatal y de los funcionarios públicos. Quiere decir, que el pueblo goza de la privilegiada sabiduría e inconfundible facultad para cohabitar con autoridad sobre sus representantes y el gobierno.
La autonomía y representatividad entre poderes y el respeto de los derechos de las minorías, son principios esenciales de una democracia. Si cualquiera de estos se violenta la “democracia real” pasará a ser una “democracia formal”. Para remediar este conflicto de intereses, surgen diferentes percepciones que se han experimentado en la historia. Conocida es la irónica “democracia representativa” estrujada en Occidente; la “democracia dirigida” cobijada por algunos países asiáticos; y la “democracia directa o indirecta”.
En la República de Cuba, durante más de cuatro décadas, se implantó la llamada “democracia popular”. Término utilizado, sin el menor decoro, por la dictadura de Fidel Castro para emperifollar la ausencia de una “democracia real”. De esta manera, desde 1959, el Estado con su estructura miscelánea está en las manos de Castro y su comparsa. Así las cosas, las consecuencias catastróficas del marxismo-fidelismo tienen a los cubanos que residen en el archipiélago ahogados en la pesadilla de estar esclavizados por un régimen que les niega sus derechos universales y puedan gozar de los principios de libertad y democracia.
La “revolución cubana” se ha pervertido con las coacciones impuestas por Castro, que neutraliza sistemáticamente las aspiraciones de opositores y disidentes, utilizando refinados métodos de intimidación y manipula sin escrúpulo la verdad, dizque para salvaguardar los intereses del pueblo y el gobierno. Un ejemplo es que en cada jornada, los métodos de exaltación del espíritu por medio de arengas dañosa con promesas quiméricas y, la demagogia autoritaria que rebosa la desesperanza de los cubanos y descorazona el alma de la nación.
La “República unitaria y democrática cubana” están en manos de una dictadura que elude la obligación de proteger los Derechos Humanos básicos, como la libertad religiosa y de expresión; la aplicación de la ley con escrupulosidad; respetar a las organizaciones sociales, económicas y políticas opositoras, así como la participación activa de estas en la vida del país. Castro es el “Cacique” que controla todos los aspectos de la vida en el archipiélago cubano y es la personalización de la teoría-práctica del oportunismo político con poder ilimitado y con ayuda del Partido Comunista, las organizaciones de masas, la maquinaria de Seguridad del Estado (hermana de la Gestapo hitleriana y la KGB estalinista), la burocracia del Consejo de Ministro y de Estado mantiene el control absoluto para la aplicación radical de su experimento social-económico-político como sí los cubanos fueran ratillas de laboratorio.
Con todo, los adeptos del régimen marxista-fidelista insisten de en Cuba hay un Estado-nación democrático, regido por un sistema de gobierno presidencial que facilita la realización de elecciones. Olvidan los defensores de la dictadura castrista de las elecciones democráticas deben ser legitimas contiendas incluyentes avaladas por el pueblo y que no favorecen la desvergüenza tras la que se enmascara un dictador o partido único político.
Los gobiernos democráticos están sometidos al Estado de Derecho para garantizar la equidad en la aplicación de las leyes, como parte de las obligaciones de un sistema legal acrisolado. Algo que nunca se ha aplicado a las personas fusiladas o los cientos de opositores y disidentes encarcelados en Cuba. Las democracias son el reflejo de las características particulares de la vida política, económica, social y cultural de cada país. Todo ciudadano tiene responsabilidades y derecho de participar en el sistema político-social-económico para salvaguardar sus intereses. Es cierto de en la práctica, las democracias son diferentes y es una utopía pretender sean iguales. Empero, esto tiene como explicación de las democracias se sustentan en principios fundamentales y en ningún caso a prácticas estáticas uniformes. ¡En Cuba no hay democrática!
Al presente, fruto de una disparatada gestión y baja productividad de una economía centralizada, ineficazmente administrada por el Estado, y los avatares de la revolución irreverente, tienen a Cuba hundida en la escasez jeroglífica de bienes de consumo y alimentos (según Óscar Lewis “cultura de la pobreza”)En las calles del archipiélago cubano se propaga el espectro del ayuno forzoso, el incremento del meretricio, la indigencia y un salario promedio mensual que no alcanza los 10 dólares. El pueblo cubano sufre el síndrome del apartheid del turismo, que se resume en: no poder disfrutar las hermosas playas de la isla, los mejores hoteles, clubes nocturnos y restaurantes con apetitosos bufé. Pareciera que para el régimen su prioridad es el bienestar de los extranjeros relegando al olvido al pueblo.
Aunque la dictadura hace esfuerzos para maquillar la realidad, introduciendo reformas del “libre mercado” como táctica castrista para dar tímidas señales de alivios macroeconómicos, la generalidad de cubanos vive en el embrollo de las tiendas desérticas, las dilatadas colas, las famélicas raciones, el comercio negro, el trueque y él rebusque de dólares.
¡No hay democracia en Cuba! La dictadura existe y es parte esencial en la vida y ambiciones atornilladas de la elite marxista-fidelista, presidida por Castro. El “Cacique cubano” continúa pervirtiendo los destinos del país y coacciona a los nacionales con la enérgica ayuda de la red de vigilancia con agentes encubiertos, informantes, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y las Brigadas de Respuesta Rápida (BRR)Castro y su comitiva se obstinan en controlar el país y obligan al pueblo cubano a ser comunista.
En Cuba está prohibido el pluripartidismo y tener una opinión diferente al gobierno. Además, la tortura psíquica, depresión, neurosis, y desilusión total obliga a un sinnúmero de cubanos salir del país. Los menos afortunados han muerto y están sepultados en la hondura de las aguas del Estrecho de la Florida y el Golfo de México. Otros están en la isla muertos o muertos en vida.
Es incuestionable de Castro es un activo dictador y excelente discípulo de Nicolás Maquiavelo (1469-1527) y es bien conocida su afirmación de que “el fin justifica los medios”. Es decir, utilizar las malas artes de la hipocresía y perversidad con el fin de lograr ganancia lucrativa de un resultado, como una variedad del pragmatismo. Castro aprendió bien la lección y es la encarnación de la teoría-practica del engaño-desengaño y a causa de su prepotencia el pueblo cubano tiene secuestrada su libertad.
Por todas estas razones, es cierto que la urgencia de un compromiso de reconciliación nacional es impostergable y que no es posible alcanzarlo si como obstáculo domina la terquedad del régimen y el discurso de algunos líderes de la oposición. Estas condiciones hacen improbable el desarrollo de una conciencia democrática que facilite un proceso de apertura y reestructuración económica-política-social en Cuba.
Tengo la respetuosa percepción de los cubanos pundonorosos no permitirán que Cuba quede maniatada a la desventura y la indigencia esclavicen el decoro del alma de la nación. El fanatismo y el egoísmo no tienen cabida en el futuro de Cuba con libertad y democracia, porque estará basado en los principios de: independencia, honor, voluntad férrea y equidad. Por último y con el corazón en la mano las preguntas a responder son: ¿Not to be, libertad y democracia será el destino de la nación cubana? Tiene la palabra amiga, amigo... ¡NAMASTE!

Ciudad de la Eterna Primavera, 07 de abril de 2008.
©Pablo Felipe Pérez Goyry.

21 de julio de 2008

Éxodos y exilio, la tabla de salvación para los cubanos

Por PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY
Analista y Periodista Independiente Cubano
Miembro del Instituto Nacional de Periodistas Latinoamericanos.

Frente a la costa norte de Cuba, a 130 kilómetros de la península de Hicacos, está incitante Key West. Génesis de inspiración para miles de cubanos que durante cerca de medio siglo han visto en la Florida la tabla de salvación para no sólo huir de la dictadura marxiatfidelista, sino también la posibilidad de alcanzar el “sueño americano”.
Para algunos, una quimera suntuosa que anima la pasión, hace perder la moderación y la calma de la mayoría de los cubanos. La prueba irrebatible, es que a partir 1959 más de un millón de cubanos han dejado atrás las penurias impuestas por la “revolución cubana” y han decidido emigrar o exiliarse en los Estados Unidos de América y otros países.
Entre 1965 y 1971, alrededor de 200.000 cubanos abandonaron el archipiélago en los primeros años después de 1959, y 250.000 “levantaron velas” amparados en el “Programa de Alas por la Libertad”. No es un secreto que en su mayoría los primeros emigrantes o exiliados cubanos eran de la clase acomodada criolla y que tenían mucho que perder bajo el comunismo. Posteriormente, partirán otros isleños de diferentes sectores de la sociedad.
Aunque, este éxodo beneficiará las ambiciones de Fidel Castro y su proyecto revolucionario, puesto que despachaba fuera de la isla a los descontentos y a cualquier persona que pudiera forjar la oposición política, de la misma manera despojaba a Cuba de profesionales y ciudadanos cualificados.
Estas emigraciones o éxodos, no serán los únicos. Quizás el más neurálgico para Castro fue el que se inicia con la entrada en la Embajada del Perú en la Habana, el 1ro de abril de 1980, de miles de cubanos que deseaban salir de Cuba. Más de 10 mil personas en su mayoría adolescentes y jóvenes, en el transcurso de cuarenta y ocho horas, penetraron en la embajada y se acomodaron en los techos, jardines, pasillos y el patio de la sede diplomática.
La historia llega a su fin, cuando durante tres meses más de 125.000 cubanos fueron recogidos en el puerto de Mariel, al Oeste de La Habana, por embarcaciones llegadas de la Florida. Entre los llamados marielitos cruzaron el Estrecho de la Florida unas 25.000 personas que el dictador ordeno liberar de las prisiones. Ante la indudable argucia y mala fe de la dictadura, el éxodo que salía del Mariel fue taponado por James Carter, por aquellos años el Presidente de Estados Unidos.
De esta manera, resultaba evidente que la “revolución cubana” y el “paraíso socialista” tenía espinosas falencias como modelo para los países en vías de desarrollo.
En 1994, Castro consintió premeditadamente la emigración de unos 30.000 balseros, que salieron hacia Florida en pequeñas e improvisadas embarcaciones fabricadas con neumáticos, corcho, madera. Esto obligó a las autoridades estadounidense impedir otra entrada de cubanos en proporciones análogas a las del éxodo del Mariel e indignados al comprobar que la política de emigración de Estados Unidos estaba siendo manipulada a su antojo por Castro, en 1995 el presidente Clinton dio la orden de cancelar la tradicional política del gobierno de Estados Unidos de otorgar asilo político a todo cubano que llegará a sus costas.
La mayoría de los balseros fueron interceptados por los guardacostas estadounidense y trasladados a la base naval de Guantánamo. Con todo, después de permanecer, en los campamentos de Guantánamo, durante un mes en duras condiciones, son aceptados como refugiados y trasladados a Estados Unidos.
Al inicio de estas cuartillas, señalaba que los primeros emigrantes o exiliados cubanos eran los ricos del país, y no los más pobres, lo cual los diferenciaba de la mayoría de otras acostumbradas inmigraciones en la historia de los Estados Unidos.
No hay dudas de que algunos cubanos en el exilio han sufrido la inevitable nostalgia y la resignación de no saber cuando regresaran a la isla. Empero, esto no ha impedido que muchos tengan éxito en sus quehaceres profesionales, como los músicos Arturo Sandoval, Meme Solís, Paquito de Rivera y Celia Cruz. También, escritores y periodistas como Claudia Márquez Linares, Alejandro Armengol, Carlos Alberto Montaner, Alberto Lauro, Zoe Valdez, Raúl Rivero, Pedro Corzo, Manuel Vázquez Portal, Rafael Rojas, Norberto Fuentes, Guillermo Cabrera Infante y Reinaldo Arenas.
O el virtuosismo incomparable del actor, director y productor de cine Andy García; la meritoria labor de los que hacen posible el periódico “La Primavera de Cuba” y la “Revista Misceláneas de Cuba”, que se editan en Suecia; la presencia en el ciberespacio de páginas web diseñadas por cubanos, como “Cuba Democracia y Vida” (Guillermo Milán) y “Contacto Cuba” (Jay Martínez); el prestigioso trabajo del Instituto Nacional de Periodismo Latinoamericano, el Instituto de Estudios Cubanos, y el Instituto de la Memoria Histórica Cubana Contra el Totalitarismo.
En lo político, es posible que el más conocido sea el caso de Jorge Mas Canosa, un cubano que se dice comenzó lavando platos y de esta manera logro convertirse en millonario y en presidente auto designado en el exilio, como líder de la Fundación Nacional Cubano Americana (CANF), hasta su muerte en 1997.
La CANF, cuestionada por unos y alabada por otros, es célebre por ser el grupo de presión de cubanos estadounidenses más poderoso en Washington, y tiene una influencia sobresaliente en la política de Estados Unidos hacia Cuba.
Asimismo, otros exiliados o emigrantes integran grupos anticastristas muy activos, fundamentalmente en Miami. Como la organización “Hermanos al Rescate”, que consagra sus esfuerzos en ayudar a los refugiados cubanos en alta mar y que en 1996 lanzó propaganda sobre La Habana, desatando una crisis internacional cuando dos de sus aviones acusados de violar el espacio aéreo cubano fueron abatidos por aviones de la fuerza aérea de Castro.
Por las evidencias y propia experiencia personal, coincido con el periodista Jay Martínez, que señala en uno de sus comentarios: “El exilio cubano esta compuesto por cubanos de todas clases. Los que salieron en los sesenta y setenta, los de los ochentas, los noventas y los de ahora del siglo 21”.
En suma, puedo asegurar al paciente lector, que la lista de excelsos cubanos de la diáspora es extensa. Al mismo tiempo, es importante destacar que los cubanos dispersos por el planeta son los principales financista de la economía cubana con las remesas que envían a sus familiares en la isla cárcel.
Por lo demás, a la mayoría de los cubanos que residen fuera de Cuba, definitivamente les preocupa el bienestar de los familiares que están en la isla y los visitan regularmente. Un ejemplo, en este sentido, son las encuestas del gobierno estadounidense, donde se insiste que muchos emigrantes y exiliados cubanos de segunda o tercera generación se ven así mismos más como ciudadanos de Estados Unidos que de Cuba. Algo a tener en cuenta para cuando ocurra una transición hacia la democracia en Cuba.
Durante más de cuarenta años y cercanos al medio siglo, los éxodos y exilios han desparramado por todo el planeta a los insulanos. Empero, la mayoría se han afincado en territorio estadounidense, especialmente en Miami, que es una ciudad que dominan numérica, cultural, económica y políticamente. El corazón cubano de la ciudad está en la zona conocida como la “Pequeña Habana”, donde proliferan los negocios y restaurantes que ofrecen especialidades cubanas, muy al estilo de los años precedentes al 1959.
Hoy día, los gobiernos de Estados Unidos consideran a los cubanos que intentan llegar a sus fronteras como “emigrantes económicos ilegales” y no “refugiados políticos”, y como mantienen un acuerdo migratorio con la dictadura los devuelve a la isla cárcel. Parte de este acuerdo, que hasta el momento se ha respetado, tiene el “compromiso” de conceder visado a 20.000 cubanos al año para puedan emigrar a través de conductos oficiales a territorio estadounidense.
A modo de conclusión, durante todos estos años, miles de cubanos han abandonado la isla cárcel, emigrando ilegalmente en botes y balsas improvisadas, o nadando hasta la base naval de Guantánamo, en el sudeste de la isla. También, centenares de balseros se han ahogado, han muerto de sed y hambre o han sido devorados por tiburones en su intento de llegar a Florida.
Finalmente, tengo la percepción que estos acontecimientos son síntomas de los yerros políticos de la dictadura marxistafidelista y la desesperanza de los cubanos que viven en Cuba, que sumado a otros eventos represivos como la Primavera de Cuba en el 2003, son pruebas irrefutables del fracaso de la “revolución cubana” y su intento de ser un ejemplo socio-económico-político a tener en cuenta por los países de América Latina. ¿Será que únicamente los éxodos y el exilio son la tabla de salvación para los cubanos? Tiene la palabra amiga, amigo. ¡NAMASTE!

Ciudad de la Eterna Primavera, 14 de abril de 2008.
©Pablo Felipe Pérez Goyry.

20 de julio de 2008

El final del fin de la dictadura marxistafidelista

Por PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY.
Analista y Periodista Independiente Cubano.
Miembro del Instituto Nacional de Periodismo Latinoamericano.

Son inagotables los pronósticos sobre qué puede acontecer en el futuro cercano con el nombramiento de Raúl Castro como presidente de Cuba. Para los fieles seguidores del castrismo traerá reformas económicas al estilo de la “China comunista”. Para los opositores más optimistas, ya se puede percibir los estertóreos de la dictadura marxistafidelista y una transición libre y democrática.
Hoy día el régimen hace esfuerzos para aplicar cambios que no embrollen la esencia socialista de la revolución. En este sentido, a propósito de cambios, es posible que Raúl haga una apertura social y económica en el archipiélago, y remendar los “errores de la revolución” cuando Fidel exhale el último suspiro. Opino que es irresponsable pronosticar con certeza lo que pudiera ocurrir en el futuro cercano. Esta convicción se sustenta en la discapacidad de Fidel y la entrega de las riendas de la “revolución cubana” a su hermano Raúl desde el año 2007.
No obstante, hay que reconocer que Raúl con su practicidad y estilo personal a voces censura los yerros del gobierno, admite el fracaso del sistema para cubrir las carencias básicas de la población, critica la depravación e ineptitud de algunos funcionarios; reconoce la ruina económica que afronta el archipiélago y que es improrrogable hacer ajustes estructurales. Empero, a las fuerzas opositoras en la isla, Raúl las divide ut regnes.
Es esencial no relegar al olvido de que “las sociedades en general y las democráticas en particular, avanzan en atención a consensos básicos establecidos entre sus ciudadanos. Consentimientos que funcionan como una especie de marco o terreno de juego que todos respetan de manera implícita o explícita y dentro del cual se desarrollan iniciativas desde distintas perspectivas”. De este modo, la libertad está respaldada en dos pilares valiosos. El primero trata de la soberanía de las personas al forzamiento interno profesado por el convencionalismo, la esclavitud y los ideales exacerbados por la causticidad. Un segundo, que es la independencia de los seres humanos de toda coacción externa incoherente e indigna.
Sin ser pesimista, no se vislumbra el final del fin de la dictadura marxistafidelista que avasalla la libertad del alma de la nación cubana. La prueba más contundente de esta afirmación la encontramos en lo acontecido el pasado día 20 de enero cuando en la isla se celebró la “farsa electoral” para elegir a 614 diputados, que el 24 de febrero tuvo la responsabilidad de escoger la cúpula gubernamental, encabezada hoy día por el nuevo presidente Raúl Castro. Obviamente, se cumplieron elecciones formales para un parlamento donde sólo participa un partido, porque la dictadura castro-comunista tiene ilegalizadas a las fuerzas opositoras en todas sus manifestaciones.
Se argumenta con insistencia que existe ostensible repudio al régimen, que el pueblo no está de acuerdo con el “sainete electoral” y que lo demostraría absteniéndose, votando en blanco o anulando boletas. De tal manera, por ahora, no hay certeza clara y manifiesta que se acabará el régimen sempiterno que por cerca de cinco décadas priva al pueblo cubano de su libertad y el derecho a expresarse sin condicionamientos.
Mi punto de vista es que, independientemente de la disgregación y dificultades para comunicarse e interactuar con la población, los líderes de la oposición pacífica y los sectores más disímiles de la sociedad civil cubana no deben postergar un vuelco novedoso e inteligente del discurso contra la dictadura, que persuada sinceramente a la generalidad de cubanos para que participen activamente en la concertación de una autentica “Unidad Nacional Cubana Opositora”, que legitime a todos los cubanos como actores de una estable y coherente transición, sin impertinencia foránea que puedan amputar las aspiraciones de libertad y democracia de los cubanos.
La agonía del régimen es incuestionable y la era del octogenario dictador ya terminó, y la prueba la tenemos en su decisión el pasado 19 de febrero, por los conocidos problemas de salud, de renunciar a ser elegido Presidente y Comandante en Jefe, haciéndose a un lado en la conducción absoluta de la dictadura. Hacia el futuro cercano, tengo la percepción que Fidel no retomará el mando y si ocurriera será simbólicamente, y el “stalinista” Raúl se eternizará como presidente e insistirá en convocar a los incondicionales del régimen a cayapear.
El esfuerzo titánico que realizan sectores de la oposición en el archipiélago es justo reconocerlo, por su entrega a favor del cambio. Como lo hace el Partido Liberal Nacional Cubano, que sistemáticamente con acciones y decisión acredita su lucha a favor de una transición que traiga el bienestar y progreso de la nación. Su proyecto socio-político-económico “sobre la base de objetivos concretos y estrategias viables, que mantengan la gobernabilidad, la reclamación de la libertad inmediata de todos los presos políticos cubanos, y la lucha pacifica para la instauración de un Estado de Derecho”, son un testimonio de que sólo hace falta unidad entre todos los opositores.
Así lo demuestran las crecientes acciones, declaraciones y llamamientos; como la “Propuesta de Salvación Nacional” del doctor Darsi Ferrer, que “es una invitación sincera a todas las personas que se esfuerzan por alcanzar una alternativa de solución para Cuba. Invita “a la negociación como vía posible para alcanzar los cambios que urgen a la sociedad, pues, hasta hora, los reclamos de la oposición cubana han resultado inefectivos por la falta de consenso nacional”.
El pueblo cubano necesita libertad individual y colectiva; autorrealización y autodecisión; equidad e igualdad; pluralismo y participación; democracia y progreso. Estos principios no serán posible alcanzarlos si la oposición y la sociedad civil insisten en reiterar los desaciertos históricos.
Por todas estas razones, estoy de acuerdo con el argumento del excelso escritor, editor y periodista cubano Pedro Corzo: “Gobernar no es lo mismo que estar en la oposición”.
Con morigeración y para finalizar, los líderes de la oposición pacífica y los sectores más disímiles de la sociedad civil cubana deben escudriñar en la propia voluntad popular para conceptuar las respuestas acerca de por qué después de cerca de medio siglo de lucha aún no cuentan con suficiente apoyo del pueblo. Consecuentemente, es perentorio para la oposición buscar las falencias en el discurso y sin dilación rectificarlos. Esto pudiera ser un buen prólogo para con discernimiento pudoroso y liberalidad coherente pueda materializarse la indispensable “Unidad Nacional Cubana Opositora”, que más allá de las convicciones con acertado derrotero guíe fervorosamente a toda la nación por el sendero que finalmente lleve a una transición pacífica hacia la democracia en Cuba.
Infortunadamente, mientras estos eventos ocurren, el pueblo cubano continúa asfixiado por la reducción de los servicios y necesidades más elementales; la alarmante corrupción e ineficiencia de la infraestructura estatal; el menoscabo de las viviendas; la exigencia de impuestos sobre el dólar, que en lo fundamental sólo afecta al que recibe las remesas desde el exterior para mitigar sus carencias; la sistemática exclusión y acosamiento de los que disienten de las políticas gubernamentales; el acrecentamiento de las tarifas eléctricas; etcétera.
¿No se vislumbra el final del fin de la dictadura marxistafidelista? ¿Cuánto se mantendrá en el poder Raúl Castro? ¿Por cuánto tiempo continuará fragmentada la oposición?¿Están los líderes de la oposición listos para gobernar y dirigir los destinos de la nación cubana? ¿Cómo evitar ocurran en Cuba los bestiales acontecimientos como los eventos de Myanmar y otros países con gobiernos dictatoriales?
Para dar contestaciones a estas interrogantes, es saludable no dejar entre renglones lo expresado por el ilustre disidente cubano Manuel Vázquez Portal: “Oposición pacífica no es oposición pasiva, cuando en realidad la oposición pacífica debe ser un desafío como ha acontecido en Birmania”. Tiene la palabra amiga, amigo. ¡NAMASTE!

Ciudad de la Eterna Primavera, primavera de 2008.
©Pablo Felipe Pérez Goyry.


Pablo Felipe  Pérez Goyry

Freelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst

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