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Autor: PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY   


©Pablo Felipe Pérez Goyry

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22 de noviembre de 2011

El racismo en el ojo ajeno - Por: Jorge Majfud



El racismo en el ojo ajeno

Por: Jorge Majfud*

A propósito de las acusaciones de expresiones racistas contra el futbolista uruguayo Luis Suárez en Inglaterra, George Galloway, ex diputado inglés, afirmó que “Uruguay es la nación más racista del mundo entero”.

8 de agosto de 2010

¡Le llegó la hora a Colombia! - Discurso del Presidente Juan Manuel Santos Calderón


¡Le llegó la hora a Colombia!
Discurso del Presidente Juan Manuel Santos Calderón


Bogotá, 7 ago (Sistema Informativo del Gobierno-SIG).- El siguiente es el discurso del presidente Juan Manuel Santos Calderón, al asumir como Jefe del Estado en ceremonia realizada en la Plaza de Bolívar de Bogotá.

"¡Gracias a Dios! ¡Gracias Colombia!
Nuestro país es una maravillosa combinación de culturas, de razas, de talentos, de riquezas naturales, que nos hace únicos en el planeta.
Como un reconocimiento a esta diversidad cultural y étnica, esta mañana acudí, con mi familia, al gran templo ceremonial de Seiyua, en la Sierra Nevada de Santa Marta.
Allí nos reunimos con líderes y representantes de los pueblos Kogi, Arhuaco, Wiwa y Kankuamo, herederos de la milenaria cultura Tayrona.
Ellos nos antecedieron en la posesión de estas tierras, y aún hoy velan desde sus resguardos por el equilibrio que debe regir nuestra nación y nuestra relación con el universo.
En un acto simbólico, pero con trascendental significado, los “mamas” me entregaron un bastón de mando y un collar con cuatro piedras.
Una representa la tierra que debemos cuidar.
Otra representa el agua que es la fuente de la vida.
Otra representa la naturaleza con la que debemos estar en armonía.
La cuarta representa el gobierno, que debe respetar el orden de la naturaleza y la voluntad del Creador.
Tierra, agua, naturaleza y buen gobierno –esos símbolos preciados – harán parte integral de la administración que hoy comenzamos.
El mensaje de nuestros “hermanos mayores”, porque lo son, de los guardianes del equilibrio universal, hoy lo transmito, emocionado, a los más de 45 millones de compatriotas que venimos de esa herencia indígena, del legado de España, del rico aporte africano, y de tantas otras vertientes que han construido lo que somos.
Es el mensaje de la vida, de la armonía, y de la unidad dentro de la diversidad.
Es el mensaje de la Colombia pacífica y sabia que queremos dejar a nuestros hijos.
Haciendo honor a ese mensaje, hoy reitero solemnemente, en esta histórica Plaza de Bolívar, que presidiré un Gobierno que será de Unidad Nacional y que buscará la prosperidad social para todos los colombianos.
Hace doscientos años, en esta misma plaza, un puñado de neogranadinos dio los primeros pasos en nuestro camino hacia la independencia.
Somos la generación del Bicentenario: una generación con sentido del pasado y con vocación de futuro.
Al asumir el cargo de Presidente de la República de Colombia, el más alto honor pero también la mayor responsabilidad que otorga la Patria, siento que nos miran desde la historia nuestros padres Bolívar, Santander, Nariño y todos los hombres y mujeres que lucharon por darnos la Libertad.
Si ellos regresaran, verían con regocijo y con asombro cuánto hemos crecido en este país; cuánto se ha multiplicado; cuánto se ha transformado.
Pero también sentirían desilusión, porque doscientos años después no hemos alcanzado la justicia social ni consolidado la paz, soportes de la verdadera libertad, esa libertad por la que ellos vivieron y murieron.
Si queremos lograr el pleno desarrollo económico y social, tenemos que construir unidad entre nosotros, los herederos de la gesta libertaria.
En el bicentenario de nuestra Independencia es más oportuno que nunca que los colombianos nos decidamos por la unión y no por la confrontación.
Un gobierno de Unidad Nacional, como el que propongo, lo que plantea no es una repartición burocrática sino una gran alianza para consolidar la Colombia que todos soñamos.
El llamado que he hecho a la unidad nacional supone dejar atrás confrontaciones estériles, pendencias desprovistas de contenido, y superar los odios sin sentido entre ciudadanos de una misma Nación.
Implica convocar las mejores inteligencias y las mejores voluntades para construir entre todos un mejor país.
Significa alcanzar un gran acuerdo sobre lo fundamental, como decía Álvaro Gómez Hurtado, ese gran líder asesinado por las fuerzas oscuras que tanto daño le han hecho a nuestra patria y que nosotros estamos empeñados en acabar.
Un acuerdo en torno a la necesidad de tener una democracia vigorosa; una economía estable y próspera; una patria justa en lo económico y lo social; una Nación segura y en paz.
Lo dije el 20 de junio, y lo repito hoy ante mis compatriotas:
¡Soy y seré el Presidente de la Unidad Nacional!
Pero que quede claro: no quiero un país sin partidos ni sin controversias ideológicas.
Colombia necesita partidos sólidos, serios y de vocación permanente, con posiciones diferentes sobre la sociedad y sobre el Estado.
En su célebre discurso en el Teatro Patria, como Presidente electo de Colombia, Alberto Lleras Camargo –quien fuera el primer Secretario General de la OEA– advirtió que “una sociedad civil sin partidos no existe, ni puede operar una democracia sin ellos”.
Tampoco puede operar una democracia verdadera sin una prensa libre –con la cual he estado comprometido toda mi vida–, sin una oposición seria, o sin el equilibrio de los contrapesos del poder.
¡Esa es la democracia que defendemos!
En nuestro tiempo, el concepto de la Libertad tiene su razón de ser y su plena expresión si está ligado a la dimensión de la justicia y a la magnitud del bienestar social.
Por ello propuse a los colombianos durante mi campaña –y ellos me respondieron con una votación tan abrumadora que me enaltece y me compromete– que Colombia tenía que dar el paso hacia la Prosperidad Democrática.
Llegó la hora de que los bienes naturales que nos fueron otorgados con tanta abundancia y que los colombianos hemos multiplicado con ingenio y sabiduría, no sean el privilegio de unos pocos sino que estén al alcance de muchas manos.
De eso se trata en esencia la Prosperidad Democrática.
De una casa digna, de un empleo estable con salario y prestaciones justas, de acceso a la educación y a la salud.
De un bienestar básico, con tranquilidad económica, en cada familia colombiana.
Sólo así, si ningún colombiano se levanta en la mañana con la incertidumbre de su sustento diario, sólo así será posible la existencia de una sociedad con fuerza colectiva, capaz de soñar un futuro común.
Si superamos el desafío de la pobreza, el potencial intelectual y económico de Colombia despegará como una fuerza incontenible.
Por ello reitero hoy, ante la estatua vigilante del Libertador, que a los pobres no los vamos a defraudar.
¡A los pobres no les fallaremos!
Trabajaremos para disminuir la pobreza con la misma intensidad y con el mismo compromiso con que combatimos –y seguiremos combatiendo– el terrorismo y otros enemigos de Colombia.
Hoy hablo a los más de dos millones y medio de compatriotas que están en situación de desempleo, y a sus familias.
Cuando dije en mi campaña que el mío sería el gobierno del Trabajo, Trabajo y más Trabajo, ¡no eran palabras vanas!
Nuestra meta es bajar el desempleo a un dígito, así como apoyar el emprendimiento para que surjan más empresas rentables, más empresas generadoras de trabajo.
Con la creación del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral; con políticas de choque para la generación inmediata de trabajo; con leyes como la de Primer Empleo –una propuesta del Partido Liberal para dar incentivos a quienes contraten a los jóvenes que ingresan al mercado laboral–, y con el tren de nuestra economía avanzando a toda marcha, cumpliremos nuestra promesa.
Y en esto quiero ser enfático: la prioridad, la obsesión de mi Gobierno, será la generación de prosperidad social a través de la creación de trabajo.
Me comprometo con los que nada tienen y con los que se han cansado de esperar.
Todos nuestros esfuerzos, todos nuestros desvelos, hasta el último minuto de cada día, irán destinados a combatir la pobreza y el desempleo, ¡que no tienen por qué ser condiciones eternas para los colombianos!
Hablo también a los niños y jóvenes de Colombia:
Nuestro empeño será proporcionarles a todos –sin excepción, y desde la primera infancia– una nutrición y una educación de calidad en todas sus etapas, que les permita crecer como seres humanos integrales.
Queremos que cada estudiante tenga acceso a un computador personal y una formación bilingüe.
Pondremos en práctica un amplio programa de becas-crédito para que la falta de recursos deje de ser razón para que los bachilleres no ingresen a la educación técnica o universitaria.
Impulsaremos la integración y la colaboración de las universidades con las empresas para que se imparta una educación pertinente que contribuya al desarrollo y al empleo.
Reformaremos el sistema general de regalías para que –entre otras cosas– el diez por ciento de ellas se destinen en todo el país a la ciencia y la tecnología.
¡Todo con el fin de que ustedes, niños y jóvenes de Colombia, sean protagonistas activos en la sociedad global del siglo XXI!
A nuestros niños les debemos también la obligación de velar, con responsabilidad, por la preservación de nuestro medio ambiente y por el futuro de nuestro planeta.
Somos una de las naciones con mayor diversidad biológica del mundo, y con mayor riqueza hídrica, y estamos llamados a conservarlas para bien nuestro y de la humanidad.
Crearemos el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, y la Agencia Nacional de Aguas, para garantizar una mayor protección del agua y de nuestros recursos naturales.
Como dijo un sabio naturalista, “el mundo no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”.
Por eso trabajaremos por el medio ambiente, para pagar esa deuda impostergable a las nuevas generaciones.
A las familias de Colombia; a las que lidian cada día con los problemas de salud, con los pagos de arriendos o hipotecas, con los desafíos de la vida cotidiana, quiero enviarles un mensaje de esperanza:
Trabajaremos para que tengan una salud de calidad, por su derecho a una vivienda digna, para que puedan caminar por sus calles sin temer por su seguridad.
El gobierno del presidente Uribe realizó un gran esfuerzo para aumentar la cobertura de salud, pero aún nos falta mucho por hacer.
Adelantaremos una reforma de fondo que –partiendo de la creación del nuevo Ministerio de Salud– haga énfasis en la prevención, unifique el Plan Obligatorio de Salud para todos los regímenes, y promueva el buen gobierno en el sector.
Otra prioridad de mi gobierno será hacer posible el sueño de cada colombiano de tener una vivienda digna para su familia.
Nos fijamos la meta de duplicar los subsidios y de construir al menos un millón de viviendas nuevas el próximo cuatrienio; viviendas dignas que respeten la condición humana de sus habitantes.
Desde el nuevo Ministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano articularemos las políticas para que todos los colombianos puedan decir que salen de su trabajo – ¡porque tienen trabajo! – y que van para su casa.
Y que cuando digan “su casa”, ¡es porque es propia!
Vamos a meterle el hombro a nuestras ciudades, para mejorar su seguridad y su movilidad, y para cerrar las brechas sociales y de oportunidades entre sus habitantes.
Pondremos en marcha una estrategia integral de seguridad ciudadana para que los centros urbanos sean espacios sociales, de convivencia, donde los niños, las mujeres, los ancianos, puedan jugar, caminar y vivir tranquilos, ¡sin temor ni zozobra!
Y quiero que me escuchen en los campos –en las montañas, en las llanuras, las selvas, en las costas de nuestra tierra– los campesinos de Colombia.
Vamos a defender al campesino colombiano, vamos a convertirlo en empresario, a apoyarlo con tecnología y créditos, para hacer de cada campesino un próspero Juan Valdez.
Porque ese campesino es la persona capaz de alimentar a Colombia y de ayudar a sustentar a un mundo ávido de alimentos.
Colombia puede ser una despensa productiva para el planeta, y trabajaremos con empeño para que así sea.
También vamos a trabajar para que los campesinos sean dueños de las tierras más productivas de Colombia y para que las exploten.
Los fenómenos del narcotráfico, del terrorismo, de la violencia, que ha sufrido nuestro país, hicieron que buena parte de las mejores tierras terminaran en manos de agentes de la violencia.
¡Eso lo vamos a reversar!
Presentaremos al Congreso un proyecto de Ley de Tierras, y aceleraremos los mecanismos de extinción de dominio, para que las tierras que el Estado les ha incautado a los criminales, y las que les vamos a incautar, regresen a las manos campesinas, a los que de verdad las trabajan con vocación y con sudor.
Con campos más seguros, promoveremos el retorno a sus parcelas –como ya se viene cumpliendo, con acompañamiento integral del Estado– de los desplazados y de las víctimas de la violencia.
Ante todo, los vamos a capacitar y los vamos a apoyar para que recuperen su vida productiva, en sus tierras de origen o donde se encuentren hoy en día.
Por supuesto, para lograr todos estos avances sociales, se requiere de una economía sana y próspera.
La economía de nuestro país tiene que crecer cada vez más, porque las expectativas y necesidades de nuestro pueblo crecen igualmente cada día.
Juntos, gobierno y sector privado, empresarios y trabajadores, vamos a impulsar las cinco locomotoras que harán despegar nuestra economía, con un destino cierto: el de la paz y la prosperidad; el de la paz y la creación de empleo.
Con el campo, la infraestructura, la vivienda, la minería y la innovación pondremos en marcha el tren del progreso y la prosperidad, para que jalone los vagones de la industria, del comercio y los servicios, que son los mayores generadores de empleo.
Para superar un rezago de décadas, seremos contundentes en la planeación y ejecución de las grandes obras de infraestructura que necesita el país, y exigiremos pulcritud y cumplimiento en su contratación y desarrollo.
Manejaremos las finanzas públicas con responsabilidad fiscal y con responsabilidad monetaria, no sólo para el presente, sino pensando en las futuras generaciones.
Siguiendo una adecuada regla fiscal, vamos a ahorrar los recursos de tiempos de bonanza para poder manejar con solvencia los tiempos de crisis.
Y quiero que escuchen los inversionistas de nuestro país y del mundo:
Aquí en Colombia siempre encontrarán confianza y tierra amiga.
Soy un convencido de la necesidad de la inversión para generar desarrollo y empleo, y por eso mi administración –siguiendo los lineamientos de confianza inversionista del gobierno del presidente Uribe– será amigable hacia la inversión, con reglas claras y estables.
Hablo ahora a las regiones y a las minorías de nuestro país.
En nuestro gobierno avanzaremos hacia una descentralización efectiva, que respete la autonomía regional y la diversidad que enriquece nuestra Nación.
Presentaremos al Congreso la reforma al régimen de regalías y crearemos, doctor (Armando) Benedetti (Presidente del Congreso) el Fondo de Compensación Regional para cerrar la brecha de desarrollo entre las regiones de la periferia y el centro del país.
Un gran reto del nuevo Congreso será la aprobación, por fin, de la Ley de Ordenamiento Territorial que impulse la descentralización y desarrolle los derechos de las minorías étnicas consagradas en la Carta del 91.
Las regiones que estableció la Constitución para promover el desarrollo económico y social, van a ser una realidad.
En medio de la voluntad y el tesón de más de 45 millones de buenos colombianos, subsiste, sin embargo, una ínfima minoría que persiste en el terrorismo y el narcotráfico, en obstruir nuestro camino hacia la prosperidad.
A todas las organizaciones legales las defenderemos y a las ilegales las seguiremos combatiendo sin tregua ni cuartel.
No descansaremos hasta que impere plenamente el Estado de derecho en todos y cada uno de los corregimientos de nuestra patria.
Con la consolidación de la seguridad democrática hemos avanzado en esta dirección como nunca antes, pero falta camino por recorrer.
Llegar a este final seguirá siendo prioridad, y desde ya le pido a la nueva cúpula de nuestras Fuerzas Armadas que continúe dando resultados y produciendo avances contundentes.
Al mismo tiempo quiero reiterar lo que he dicho en el pasado: La puerta del diálogo no está cerrada con llave.
Yo aspiro, durante mi gobierno, a sembrar las bases de una verdadera reconciliación entre los colombianos.
De un desarme real de los espíritus, construido sobre cimientos perdurables que no alimenten falsas esperanzas, que no permitan más engaños y que no conduzcan a nuevas frustraciones en un país que, desde lo más profundo de su alma ensangrentada, lo que más desea es la paz.
Tenemos que asimilar la lección del pasado y aprender de los errores cometidos en esta brega por superar una confrontación que hace demasiado tiempo nos desgarra.
Es cierto que quienes no aprenden de la historia están condenados a repetirla.
Pero el pueblo colombiano ha asimilado muy a fondo la suya.
Y por eso expresa, todos los días y en todas las formas, su rechazo a quienes persisten en una violencia insensata y fratricida.
A los grupos armados ilegales que invocan razones políticas y hoy hablan otra vez de diálogo y negociación, les digo que mi gobierno estará abierto a cualquier conversación que busque la erradicación de la violencia, y la construcción de una sociedad más próspera, equitativa y justa.
Eso sí –insisto– sobre premisas inalterables: la renuncia a las armas, al secuestro, al narcotráfico, a la extorsión, a la intimidación.
No es la exigencia caprichosa de un gobernante de turno.
¡Es el clamor de una Nación!
Pero mientras no liberen a los secuestrados, mientras sigan cometiendo actos terroristas, mientras no devuelvan a los niños reclutados a la fuerza, mientras sigan minando y contaminando los campos colombianos, seguiremos enfrentando a todos los violentos, sin excepción, con todo lo que esté a nuestro alcance.
¡Y ustedes, los que me escuchan, saben que somos eficaces!
Lo he dicho, y lo repito:
Es posible tener una Colombia en paz, una Colombia sin guerrilla, ¡y lo vamos a demostrar!
Por la razón o por la fuerza.
Sea el momento –en esta plaza que vio nacer nuestra libertad– para hacer un homenaje, el más justo de todos, a nuestras Fuerzas Armadas.
Mi saludo de gratitud a nuestros soldados, infantes de marina y policías que ahora mismo, hoy ¡ahora mismo!, arriesgan sus vidas por proteger las de todos los colombianos, así quienes me antecedieron y sucedieron en el Ministerio de Defensa.
¡Gloria y honor a las Fuerzas Armadas de Colombia!
Como su comandante supremo, trabajaré con las Fuerzas Armadas, y por las Fuerzas Armadas, para acabar de consolidar la seguridad y la tranquilidad en todo el territorio nacional.
Quiero rendir también un tributo especial, un homenaje desde el fondo de mi corazón, a un hombre que brillará en la historia como aquel que devolvió a los colombianos la esperanza en el mañana y la posibilidad de recorrer sin miedo nuestro hermoso país: el presidente Álvaro Uribe Vélez.
Las próximas generaciones de colombianos mirarán hacia atrás y descubrirán, con admiración, que fue el liderazgo del presidente Uribe, un colombiano genial e irrepetible, el que sentó las bases del país próspero y en paz que vivirán.
Recordarán también que a su lado, como soporte de su afecto y de su hogar, estuvo una mujer excepcional, ejemplo de lucidez, de sencillez y calidad humana, que trabajó con dedicación y discreción por las causas más justas: doña Lina Moreno de Uribe.
¡Gracias, gracias, mil veces gracias, presidente Uribe, a usted y su familia, por dejarnos un país donde es posible hablar de progreso, de prosperidad, donde es posible hablar de futuro y es posible hablar de paz!
Hoy recibo ese legado con humildad y respeto, y proclamo que lucharé por consolidar y acrecentar su inmensa obra de gobierno.
No retrocederemos ni un paso en el sendero recorrido y, tal como lo prometí en mi campaña, avanzaremos desde la seguridad democrática hacia la Prosperidad Democrática.
Porque si este país, en estos dos siglos, ha alcanzado tantos logros de desarrollo en medio del asedio de los violentos, ¡ya verá el mundo de lo que somos capaces los colombianos cuando consolidemos la paz!
Como en todas las naciones y sociedades, existe en Colombia otro sector tan ambicioso como despiadado que asecha y ataca desde las sombras.
Se trata del flagelo de la corrupción.
Por eso, así como a los jefes terroristas los convertimos en objetivos de alto valor para localizarlos y neutralizarlos, vamos a perseguir y combatir a los corruptos que se roban los recursos de los colombianos.
Combatiremos con igual decisión la corrupción oficial o la privada, y la relación de vasos comunicantes entre ambas.
Para ser más eficaces en este esfuerzo, presentaremos al Congreso un estatuto integral de lucha contra la corrupción, que consolide, coordine y fortalezca la acción preventiva y punitiva del Estado contra los corruptos.
También nos proponemos adherir a la Convención Anti-Soborno de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico –una asociación de países comprometidos con la responsabilidad económica y las buenas prácticas, a la que aspiramos ingresar– como un paso trascendental en nuestro compromiso contra la corrupción.
Y que quede muy claro: Si alguien en su interior abriga la oscura intención de lucrarse con los bienes públicos, le advierto desde ahora que no trate de hacer parte del gobierno que hoy comienza.
He dicho que aplicaré en mi administración los postulados del buen gobierno, y así lo haré.
Los principios de eficiencia, eficacia, de transparencia, de rendición de cuentas van a presidir las actuaciones del Gobierno Nacional.
¡Vamos a gobernar en una urna de cristal!
Ser servidor público será sinónimo de compromiso con el bien general, una tarea que convoque a los mejores ciudadanos, y a los más éticos, a trabajar por su país.
Habrá pudor en el manejo de lo público, porque esa es una condición esencial del buen gobierno.
Como demócrata integral, creo y defenderé siempre la independencia de la Justicia en Colombia, condición esencial de la separación de poderes, que es el alma de la democracia moderna.
Por eso hoy reitero mi invitación a las Altas Cortes para que trabajemos en completa armonía, buscando una justicia pronta y eficaz para todos los colombianos, y combatiendo la impunidad, que es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo.
El próximo lunes me reuniré con los magistrados para cimentar esta relación armónica, fundamental para el buen desarrollo del Estado.
Restableceremos el Ministerio de Justicia como un Ministerio de Justicia y de los Derechos que articule una política de Estado para fortalecer la justicia y proteger los derechos fundamentales.
Será un ministerio que no sólo tendrá interlocución con el Poder Judicial sino que liderará la estrategia jurídica del Estado, preservará la coherencia legislativa y velará por la formación de los abogados.
Un ministerio, más que respetuoso, garante de la independencia judicial.
Concertaremos con las Cortes, y luego impulsaremos en el Congreso, una reforma a la Justicia que afirme la fe de los colombianos en su sistema judicial, que nos brinde seguridad jurídica, y que complemente el acento que puso la Carta del 91 en la justicia y los derechos.
Como lo ha dicho quien fuera mi profesor en dos oportunidades, el premio nobel Amartya Sen, una reforma moderna de justicia implica enfrentar desde la política la injusticia diaria de la vida real.
Colombia está llamada a jugar un papel muy relevante en los nuevos espacios globales, y aspiramos asumir –después de 40 años de estar a la defensiva– el liderazgo que nos corresponde en los escenarios internacionales.
Hay que saberse globalizar y no sólo dejarse globalizar.
Para ello pondremos en marcha una política exterior moderna que mire hacia el futuro, con contingentes de diplomáticos que multipliquen la presencia de Colombia en los organismos multilaterales y profundicen las relaciones bilaterales.
El respeto, la cooperación y la diplomacia serán los ejes de nuestras relaciones internacionales.
Queremos vivir en paz con todos nuestros vecinos.
Los respetaremos para que nos respeten.
Entendemos que sobre las diferencias ideológicas se impone el destino compartido de hermanos de historia y de sangre; que nos unen propósitos comunes para trabajar por nuestra gente y por nuestra región.
Y no debería ser necesario decirlo, pero a veces hay que subrayar lo sobreentendido:
Así como no reconozco enemigos en la política nacional, tampoco lo hago en ningún gobierno extranjero.
La palabra guerra no está en mi diccionario cuando pienso en las relaciones de Colombia con sus vecinos o con cualquier nación del planeta.
Quien diga que quiere la guerra se ve que no ha tenido nunca la responsabilidad de enviar soldados a una guerra de verdad.
Yo he tenido esa responsabilidad; yo he enviado a nuestros soldados, infantes de marina y policías a combatir el terrorismo; yo he consolado a sus viudas y a sus huérfanos, y sé lo doloroso que es esto.
Por eso quiero ser muy claro en este punto tan delicado.
Porque, antes que soldado, he sido diplomático.
Me enorgullece haber sido el arquitecto, en la década de los noventa, como Ministro de Comercio Exterior, de la integración con Venezuela, con Ecuador y con muchos otros países del mundo; una integración que generó cientos de miles de empleos que trajeron prosperidad y bienestar a nuestros pueblos
Uno de mis propósitos fundamentales como Presidente será reconstruir las relaciones con Venezuela y Ecuador, restablecer la confianza, y privilegiar la diplomacia y la prudencia.
Les agradezco a tantas personas de buenísima voluntad que se han ofrecido a mediar en la situación con Venezuela, pero debo decir honestamente que, dadas las circunstancias y mi forma de ser, prefiero el diálogo franco y directo.
Y ojalá sea lo más pronto posible.
Eso sí: un diálogo dentro de un marco de respeto mutuo, de cooperación recíproca, de firmeza contra la criminalidad, y de comunicación sincera y abierta.
Las buenas relaciones nos benefician a todos, porque cuando los gobiernos disputan son los pueblos los que sufren.
Cada país de nuestra región tiene grandes fortalezas, pero si trabajamos juntos ¡podemos ser una gran potencia!
Por eso creemos firmemente en la unidad y la confraternidad latinoamericana, que son el legado de nuestros Libertadores y el imperativo de nuestros tiempos.
Bien lo ha dicho el gran escritor mexicano, y mi buen amigo, Carlos Fuentes: “Los Estados democráticos en América Latina están desafiados a hacer algo que hasta ahora sólo se esperaba de las revoluciones: alcanzar el desarrollo económico junto con la democracia y la justicia social”.
Esta unidad latinoamericana también debe expresarse en solidaridad.
La semana pasada, al concluir una gira por doce países de Europa y América, tuve la oportunidad de visitar Haití, y de reunirme con muchos haitianos y con el propio presidente Préval.
Debo decir, con el corazón adolorido, que la angustiosa realidad que constaté supera la imaginación.
Latinoamérica y el mundo tenemos que hacer mucho más.
La gran ayuda anunciada no ha llegado o, por lo menos, no se ve.
No podemos, apreciados colegas, ¡no podemos avanzar tranquilos hacia el futuro dejando atrás la inmensa tragedia del pueblo haitiano!
En este día central de nuestra democracia, quiero hacer, ante el país y el mundo, una expresa declaración de principios.
El respeto a la vida es un mandato sagrado.
El respeto a la libertad e integridad de las personas es una obligación ineludible de todo Estado que se llame democrático.
La defensa de los derechos humanos, ¡óigase bien!, será un compromiso firme e indeclinable de mi gobierno, y así lo reitero hoy ante mis conciudadanos, ante los honorables miembros del Congreso y ante la comunidad internacional.
No lo hacemos por presiones o imposiciones externas. No, lo hacemos porque nos nace de la más profunda convicción democrática, ética y humana.
Colombianos:
Los invito a que compartamos la construcción de un nuevo amanecer.
En este nuevo amanecer tenemos la oportunidad histórica para transformar a Colombia y asumir un positivo protagonismo en el escenario internacional.
En este nuevo amanecer vamos a desarrollar las potencialidades de nuestra gente, de nuestra tierra, de nuestras regiones, para conquistar las oportunidades globales de los próximos 50 años.
En este nuevo amanecer lograremos que Colombia, en menos de una década, sea reconocida internacionalmente por su altísima calidad de capital humano, por su equidad social, una capacidad económica, empresarial y tecnológica de talla mundial.
En este nuevo amanecer empresarios, científicos, estudiantes, artistas, deportistas y ciudadanos del común se convertirán en símbolos de superación, excelencia, profesionalismo e innovación.
En este nuevo amanecer nuestro país se destacará en los temas más importantes para la humanidad, como son el uso sostenible de la biodiversidad, las energías limpias, la seguridad alimentaria, el desarrollo tecnológico y las mismas industrias creativas.
No será fácil, y seamos conscientes, no será fácil, pero podemos lograrlo si trabajamos juntos, alcanzando consensos nacionales y empujando todos en una misma dirección, la dirección de la paz y la prosperidad.
Es hora de exigirnos más como sociedad, de exigirnos más como país.
Tenemos que ir mucho más lejos de lo que hemos llegado; tenemos que pensar en grande; tener metas audaces, con visión, con ambición.
Desde el Gobierno nacional, con el vicepresidente Angelino Garzón –un formidable líder social y defensor de los derechos humanos–; y con un equipo de lujo, capacitado y dispuesto a servirle al país con probidad y profesionalismo, vamos a poner todo de nuestra parte para que ese nuevo amanecer sea una realidad.
Ahora que estamos listos para dar el gran salto a la prosperidad democrática, el nuevo Congreso de la República tiene una responsabilidad histórica con Colombia, y estoy seguro de que no será inferior a las expectativas.
A las fuerzas que han manifestado su adhesión a nuestro gobierno de Unidad Nacional les pido un trabajo serio y consistente.
A quienes quieran asumir la oposición les comunico mi absoluto respeto y todas las garantías, porque su control político y su veeduría son necesarios para el fortalecimiento de nuestra democracia.
Como representantes de los intereses supremos de nuestra nación tenemos que dar ejemplo de trabajo y honradez, ¡un ejemplo de buen gobierno!
La clase política es vista con desconfianza por buena parte de las sociedades de Colombia y del mundo.
Está en nuestras manos demostrar que la realidad es diferente.
Les pido a Dios Todopoderoso, al pueblo colombiano, a la comunidad internacional, que me acompañen y me ayuden para sacar adelante la gran misión y responsabilidad que asumo en este año del bicentenario de nuestra Independencia.
Quiero agradecer desde ahora, en este día inolvidable de nuestras vidas, a mi esposa María Clemencia y a mis hijos Martín, María Antonia y Esteban, porque sé que serán mi fuerza y mi refugio en los días difíciles de gobierno, y sé que entenderán y acompañarán mis desvelos, y el tiempo que destinaremos al servicio de la patria.
El 7 de agosto de 1938 el presidente Eduardo Santos terminó su discurso de posesión con la siguiente declaración:
“Cualquier sacrificio que me espera en la vía que hoy empiezo a recorrer, lo recibiré con alegría, si puedo en cambio llevar a los hogares colombianos un poco más de bienestar, un poco más de justicia y el don divino de la paz”.
Setenta y dos años después, firmo con gusto, con entusiasmo este destino para mí y para mi patria.
Porque pasan los años, pasan los presidentes; tan grande como efímero es el poder, pero Colombia siempre prevalecerá.
Quiero contribuir con trabajo, con amor, con respeto, con pulcritud, con humildad y compasión, para que esta Colombia grande, alegre y valiente pueda llegar a ser algún día una nación que, además de justa, además de próspera, sea completamente feliz.
Muchos países en la historia han superado duras etapas de violencia, de subdesarrollo, de conflicto, y hoy son ejemplo de progreso y justicia social.
Colombianos: ¡ahora es nuestro turno!
Ahora nos toca a nosotros.
El mañana está llamando a la puerta, y entre todos vamos a abrirla para recorrer la senda de la prosperidad.
Porque llegó la hora de la verdad.
Llegó la hora de asumir nuestro destino.
Llegó la hora de enterrar los odios.
Llegó la hora de sembrar concordia.
Llegó la hora de edificar –unidos, como debe ser – un país que nos llene de orgullo, un país digno para nuestros hijos.
Compatriotas:
¡Le llegó la hora a Colombia!
Fotografía: SIG


27 de noviembre de 2009

Lula: que los "gringos" ayuden al Amazonas

Redacción
BBC Mundo

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, exigió que las naciones industrializadas paguen a los países de la cuenca amazónica para prevenir la deforestación.

Durante la cumbre de países amazónicos que se realiza en Manaos, el presidente Lula utilizó el apelativo de "gringo" para referirse no solo a los estadounidenses sino a todos los extranjeros de países ricos.

"Que ningún gringo (extranjero) nos pida que permitamos que un amazónico se muera de hambre bajo un árbol", declaró Lula en un discurso emitido antes de la reunión.

"Queremos conservar (la selva), pero (otos países) tendrán que pagar por esa conservación".

La reunión sucede poco antes de la crucial cumbre global sobre el cambio climático en Copenhague, Dinamarca.

Lula da Silva presidió la cumbre que incluyó delegados de Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Venezuela y Surinam, con la asistencia del presidente de Francia Nicolás Sarkozy en representación de la Guayana Francesa.

Lula y Sarkozy coincidieron en que los países industrializados deberían asistir a los más pobres a combatir el cambio climático.

"Los pobres necesitan ser apoyados sin que ningún país entregue su soberanía", manifestó el presidente Lula.

Sin propuestas concretas

El enviado de la BBC a Manaos, Pablo Cabral, informa que los asistentes a la cumbre intentan formular una postura conjunta de los países de la Amazonía y Francia para ser presentada en Copenhague.


El comunicado común acordado en Brasil establece principios generales, mas no propuestas nuevas o concretas, comenta el corresponsal de la BBC.

Cabral añade que la mayoría de los presidentes invitados a la cumbre no asistieron a Manaos, aunque enviaron ministros y embajadores para sellar el acuerdo.

Brasil propuso combatir la deforestación de selva amazónica con el apoyo financiero de los países ricos.

En la Declaración de Manaos, los países amazónicos apoyan la meta establecida por la ONU de una reducción global de 40% de las emisiones de gases que producen el efecto invernadero para 2020.

Durante la cumbre, el gobierno brasileño hizo una presentación de sus esfuerzos por reducir la destrucción del Amazonas como una parte clave de su estrategia para combatir el cambio climático.

A comienzos de este mes, Brasil afirmó que la tasa de deforestación de la selva había caído 45%, la más baja desde que se inició el monitoreo hace 21 años.

Señaló que poco más de 7.000 kilómetros cuadrados fueron destruidos entre julio de 2008 y agosto de 2009.

El grupo ambientalista Greenpeace recibió con beneplácito las recientes cifras pero insiste en que todavía hay demasiada destrucción de la selva.

6 de septiembre de 2009

Ecuador será declarado territorio libre de analfabetismo por la Unesco


ABN

05.09.09


La Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declarará el próximo martes 8 de septiembre a la República del Ecuador como territorio libre de analfabetismo, luego de dos años de esfuerzos por parte del Gobierno de este país que llevó a alfabetización de unas 420 mil personas.


Prensa Latina informó que la ceremonia oficial se efectuará en la provincia de Manta, a pocos días de cumplirse los dos años del 14 de agosto de 2007, cuando el presidente Rafael Correa se puso la meta de reducir el índice de analfabetismo existente en esa fecha, del 9,3% de ecuatorianos iletrados mayores de 15 años.


El programa se oficializó días después en Monjas, provincia de Chimborazo y en la actualidad se ha comprobado una reducción de casi siete puntos porcentuales, quedando sólo el 2,7 por ciento de la población aún sin saber leer y escribir.


Según la Unesco, un país está listo para solicitar esta declaratoria a escala internacional cuando su población analfabeta no supera el 3,9% del total de habitantes.


Sobre el tema, la directora nacional de Educación Popular y Permanente del Ministerio de Educación ecuatoriano, Mery Gavilanes, explicó que en provincias como Chimborazo, Cotopaxi, Bolívar y Manabí había un 19 % de personas analfabetas cuando comenzó la campaña.


Gavilanes detalló que entonces se crearon cinco subprogramas: Manuela Sáenz, dirigido a la población mestiza, Dolores Cacuango, para comunidades indígenas y campesinas, Voluntad, para reclusos, Cordón fronterizo, para habitantes de ese sector, y de Capacidades diferentes, para personas con discapacidad.


En las áreas rurales se contrató a 12 mil alfabetizadores; sin embargo, el programa incluyó a 190 mil estudiantes secundarios, cuya labor de enseñanza a iletrados se convirtió en requisito para la obtención de su título de bachiller.

29 de agosto de 2009

Unasur: ¿el diálogo posible?


Valeria Perasso

Enviada especial de BBC Mundo a Bariloche.


Las lecturas triunfalistas dirán que hubo ganadores silenciosos y ases sacados de bajo la manga. Los más pesimistas reclamarán que la cumbre estuvo escasa de resultados e incluso hablarán de fracaso. Los "cazadores de escándalos" en los foros diplomáticos seguramente se habrán quedado con ganas de los cruces virulentos que los mandatarios latinoamericanos protagonizaron en otras ocasiones.

Sin embargo, en lo que probablemente coincidirán todos los analistas es en que la reunión extraordinaria de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) de este viernes estuvo marcada por la búsqueda de consensos.

Los 12 mandatarios llegaron a Bariloche, en el sur de Argentina, para una reunión de unas tres horas que al final de convirtieron en siete. Habían sido convocados para discutir el principal conflicto bilateral de la región por estos días, que enfrenta a Colombia con algunos de sus vecinos por un acuerdo militar firmado entre Bogotá y Estados Unidos.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, y su par colombiano, Álvaro Uribe, caldearon el ambiente en los días previos con acusaciones cruzadas. "Imperialista", rotuló Chávez a la asociación colombo-estadounidense. "Intervencionista", replicó el gobierno uribista y anticipó que nadie va a inmiscuirse en sus asuntos internos.

Y detrás de ellos se alinearon los mandatarios de Unasur en dos bandos: Ecuador y Bolivia, aliados históricos de Venezuela, y el peruano Alan García como respaldo de Uribe. Todo hacía pensar en debates subidos de tono, insultos y desaires.

En vez de eso, en Bariloche hubo un intercambio que dejó tras de sí un documento final que habla de "cooperación", "mecanismos de confianza mutua" y "fortalecer Sudamérica como una zona de paz".

Pueden ser declaraciones de buena voluntad pero, por el momento, todos eligieron suscribirlas. Lo que no es poco en una región dividida por modelos de país disímiles y, de a ratos, incompatibles.

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Seguridad, en la agenda

El largo día de sesión se centró en la discusión por las bases militares colombianas que, tras la ampliación del acuerdo entre Bogotá y Washington, podrán ser usadas por fuerzas estadounidenses.

La sola mención de la infraestructura militar en territorio colombiano hizo elevar las voces. La que se oyó más fuerte fue la de Chávez, quien presentó un documento con el que, a su juicio, se confirmaría que la presencia de efectivos estadounidenses en Colombia es parte de un plan más amplio de intervención sobre el sur del continente.

El ecuatoriano Rafael Correa, por su parte, se refirió a ellas como "las bases norteamericanas", pese a que Uribe insistió en que las instalaciones estarán bajo el control de su gobierno.

Sin embargo, la resolución final de los mandatarios no hace una condena abierta a las bases. Ni siquiera una mención. Establece, de un modo genérico, que "la presencia de fuerzas extranjeras no puede amenazar la soberanía" de ninguna nación de la región.

Para algunos observadores, éste fue uno de los triunfos silenciosos del mandatario colombiano, que evitó una condena expresa a un acuerdo que, según había dicho antes de llegar a Bariloche, no tendrá de todos modos marcha atrás.

El orden brasileño

Otros, en cambio, adjudicarán ese consenso, trabajoso y agotador, a la intervención del país mais grande de la región, Brasil.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva jugó un papel fundamental en atemperar los ánimos y rescatar a Unasur como herramienta de trabajo diplomático. Y no lo hizo al micrófono: Lula habló tarde y bastante menos que otros representantes, se quejó cuando el debate perdió el norte, y hasta protestó de la reunión televisada porque ante las cámaras "no hablamos como pensamos o sentimos".

Más bien, Lula buscó el diálogo con cada actor del conflicto para llamar a la concordia. Recibió a Uribe durante la "gira relámpago" del colombiano en busca de apoyo regional, seguramente tocó el tema álgido en una visita al presidente boliviano, Evo Morales, en El Chapare días atrás, y hasta llamó al estadounidense Barack Obama para explicarle que las acciones militares en la región generan "preocupación y sensibilidad".

Fuentes de Cancillería le dijeron a BBC Mundo que, antes de la reunión, Lula le solicitó a Chávez que evitara promover el "aislacionismo": dejar a Uribe solo frente a un alud de reclamos vecinales.

"Todos nosotros tenemos acusaciones para todos, y eso no soluciona nuestro problema. Cuando nos sentamos a una mesa como ésta, tenemos que decidir antes de llegar a la puerta si queremos entrar para construir un clima de paz o para construir un clima de guerra", aleccionó el brasileño.

La estrategia... vaya si funcionó. El tono de la reunión nunca llegó al grito o al insulto, apenas alguna acusación subida pero siempre aclarando "con todo respeto, presidente".

Muchos señalarán que Brasil quedó así un paso más cerca de consolidarse como "elemento de cohesión" en el bloque sudamericano. El país tiene sus propios motivos, además de una innegable buena predisposición: las turbulencias en el vecindario afectan su estabilidad interna, así como el papel de potencia internacional que está decidido a construir de cara al mundo.

Carrera armamentista

Sobre la mesa de diálogo de Unasur quedó un tema pendiente: la tensión entre soberanía y seguridad, que se vuelve aún más sensible cuando el debate se da entre socios tan dispares.

Los cruces verbales sobre las bases militares de Colombia sirvieron para dejar al descubierto una problemática asociada que preocupa a todo el continente: la carrera armamentista que, en silencio y con nuevos bríos, parecen haber emprendido varios países de la región.

"Es vergonzoso que se haya gastado US$38.000 millones en armas, y saldremos de aquí a comprar más armas", reclamó el presidente de Perú, Alan García, quien consideró que es paradójico que el abastecimiento de tanques y fusiles transcurra en paralelo a los discursos de paz de la región.

Brasil, Venezuela, Colombia y Chile son, según las estadísticas que se conocen, los principales responsables de este movimiento armamentista (aunque parte del gasto en armamento se usa en renovar equipos obsoletos).

En la sesión se sugirió crear "mecanismos de verificación" de armamento en los países miembro, y será misión futura abordar los fines y alcances de la carrera armamentista sudamericana, de la que sólo parecen quedar fuera Argentina y Paraguay.

Por el momento, las miradas seguirán puestas en los vecinos sobre el Caribe. Para septiembre está convocado un encuentro del Consejo de Defensa de Unasur, donde cancilleres y ministros de Defensa analizarán cómo resolver, primero, el conflicto actual entre Colombia y Venezuela.


Pablo Felipe  Pérez Goyry

Freelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst

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