25 de noviembre de 2007

Cuba: La República, patrimonio de los cubanos...


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.
25 de noviembre de 2007.


CIERTAMENTE, antes del triunfo revolucionario, Cuba estaba gobernada ―como resultado de un golpe de Estado, el 10 de marzo de 1952― por una corrupta tiranía comandada por Fulgencio Batista. Fue una dictadura que cometió numerosos asesinatos que cobró la vida de miles de cubanos. Esto, de alguna manera, da respuesta a por qué se justificó que la sociedad civil cubana se rebelara contra el establecimiento batistiano y sus excesos. Batista huyó, y Fidel Castro Ruz con las fuerzas rebeldes tomaron por asalto el país. El comandante llegó... y se quedó. ¿Hasta cuándo?

Castro, pasado y presente

Para muchos, principalmente los incondicionales de la dictadura fidelista, Batista había convertido la isla en un burdel y antro de la mafia estadounidense. Verdades o mentiras, lo cierto es que, en el orden económico, Cuba gozaba de un desarrollo que la colocaba en el “lugar 22 entre 122 naciones” y el per cápita de los cubanos era similar al de algunos ciudadanos de países desarrollados. Después de tomar el poder, Fidel Castro, la historia ya es parte del pasado y presente:

· La hostilidad y oposición de los gobiernos estadounidenses a las transformaciones revolucionarias, obliga a Castro acelerar su alianza con la URSS y las fuerzas comunistas del planeta. No hay que olvidar que esto ocurre en pleno apogeo de la “Guerra Fría”.

· El embargo estadounidense, durante más de cuatro décadas a sido aplicado a Cuba, como represalia a las “confiscaciones sin compensación” de las propiedades de ciudadanos estadounidenses, evaluadas en unos mil ochocientos millones de dólares de la época. Embargo de carácter político, para derrocar a Castro, que substancialmente, prohíbe a las empresas estadounidenses hacer negocios comerciales con el gobierno cubano; a sus ciudadanos viajar y gastar dinero en Cuba; prohibición para las embarcaciones de tocar puertos estadounidenses durante seis meses si han estado en puerto cubano.

· El embargo no se levanta, porque influyentes ciudadanos cubanos y cubano-estadounidenses no lo quieren, y por ser sus votos concluyentes en las elecciones de republicanos y demócratas, ellos prefieren prolongar el embargo a sacrificar votos. Es un juego político vigente desde la época de Eisenhower, y que a más de uno le ha dado excelentes frutos económicos y a Fidel Castro lo ha consolidado en el poder.

· El embargo no es la causa del fracaso del marxismo-fidelismo. La verdad del fracaso del socialismo en Cuba, es el hundimiento de las “estrategias socialistas de la economía planificada”; maquillada con la ayuda sistemática e incondicional de la URSS. Si bien son cierto los “logros en materia educativa y sanitaria”, en lo económico y social es cada vez más alarmante la realidad.

· Los verdugos marxistas-fidelistas, continúan acaparando el poder político y económico. En el momento actual, los cubanos están obligados a “morderse la lengua”. La censura grosera atropella a los que trabajan por la nueva República, las más de las veces con restringidos recursos materiales y logísticos.

· Es evidente, que el despotismo fidelista, ha privilegiado el desprecio por los demócratas cubanos. Castigo que está enfocado a silenciar y restringir las libertades mediante ejecuciones, arrestos, palizas, interrogatorios, intimidaciones, exclusiones de centros laborales y estudio.

· Hoy en día, continúan los arrestos, el trato sádico y humillante, los registros y rapacería de medios y materiales, los procesos judiciales y amenazas a los demócratas cubanos, a los que disienten y denuncian las sistemáticas violaciones de las libertades por parte de la dictadura.
Hay que evitar se continúe manipulando por los castristas la realidad actual en el país y la eventual muerte de Fidel Castro. Hay que impedir se vigorice una dictadura militar capitaneada por el albacea Raúl Castro.

Convocatoria a participar

¿Cómo irrigar nueva vida y esperanzas a la nación diezmada y al país en ruinas, como antesala del post fidelismo?

Con el mayor respeto, opino que sería bueno que los intelectuales y periodistas independientes, los representantes de la sociedad civil, líderes políticos y religiosos, lanzaran una convocatoria que, de manera participativa, permita analizar y llevar a vías de hecho una “Coalición Socio-Política de Unidad Nacional Cubana” que fortalezca la lucha pacífica contra la dictadura.

Esta convocatoria sería un puente útil para organizar con sabiduría el quehacer práctico de la oposición contra el régimen. Un primer paso en este sentido, pudiera ser el documento “Unidad por la Libertad, Mensaje al Pueblo de Cuba y a los Pueblos del Mundo”, que fuera rubricado el pasado 15 de abril de 2007, en La Habana, por el movimiento cívico democrático, Martha Beatriz Roque, Julia Cecilia Delgado, Guillermo Fariñas, Oscar Espinosa Chepe, Elizardo Sánchez, Vladimiro Roca, etcétera. Es una adelantada demostración de fortaleza, madures y, unidad de todos los cubanos que aspiran disfrutar de la libertad y democracia.

Experiencias de otras transiciones son el mejor ejemplo y una excelente lección para todos los representantes políticos y sociales cubanos.

La unidad nacional cubana

Una “Coalición Socio-Política de Unidad Nacional Cubana” facilitaría dar respuesta a la generalidad de ciudadanos y permitiría sopesar las posibles vías para alcanzar un sistema republicano en Cuba. Coalición que pudiera sortear errores que lamentar en el futuro. Ésta, deberá demostrar a la ciudadanía y al mundo que es una concertación socio-política transparente y austera, que su lucha es limpia y se preocupa por el futuro de toda la nación, y que como oposición a la dictadura su objetivo esencial es reconstruir el país, restablecer las libertades y la democracia.

De modo que, dar autenticidad y legitimidad a una “Coalición Socio-Política de Unidad Nacional Cubana”, siguiendo el ejemplo y prestigios de los fundadores de la Patria, facilitaría encarar con responsabilidad, razonamiento y prudencia los retos de una transición. Algo que será inevitable. La nación cubana debe estar preparada para este proceso.

Derechos y responsabilidades

Los que hemos tenido la experiencia de conocer de cerca la libertad y la democracia, tenemos la misión histórica de colaborar en la ilustración de los ciudadanos que residen en la isla, creando iniciativas para conozcan sus derechos y responsabilidades, ante una eventual transición. Para sepan que:

a) Debe existir debate sincero y comprometido por el bien de toda la nación.

b) Deben unificarse los puntos de vista basándose en el saber y los valores.

c) Debe asumirse una actitud responsable ante los demás, que facilite la aceptación de las creencias del otro y evitar el juego de intereses mezquinos que perjudiquen el bien común y la estabilidad nacional.

d) Se debe luchar para evitar la opresión e injusticia a los ciudadanos más vulnerables.

e) Debe avizorarse un futuro competente, de la República, en el concierto de Naciones.

f) Los Tres Poderes del Estado, siempre ajustado a la Constitución y las Leyes, tendrán una agenda prioritaria, para actuar con responsabilidad y justa honradez, para consolidar la democracia y el respeto de las libertades.

Autodeterminación e independencia

Eso sí, es responsabilidad de los cubanos dar el pecho a la transición y los cambios como nación independiente y soberana, sin intervenciones extranjeras, salvo la solidaridad respetuosa con los cubanos que residen en el archipiélago y los sumergidos en el exilio, juntamente, con la sincera unidad de los líderes políticos y la sociedad civil.

En una “Coalición Socio-Política de Unidad Nacional Cubana”, se demostrará una adhesión visible por el bien común, para que con la participación de todos se remedie las adversidades de hoy.

Por todas estas razones, es menester preservar la confianza y las ilusiones de la nación, pues, inyecta vigor al compromiso de continuar sudando la gota gorda para que en el país cese la dictadura.

La República, es un patrimonio de los cubanos, donde todos tienen legítimos derechos a rehacer la Patria, para sea soberana, prospera, y los nacionales convivan con liberalidad. Tiene la palabra amiga, amigo. ¡NAMASTE!

11 de noviembre de 2007

Historia de Cuba: Contribuciones para el debate honesto [12]


Guerra de Independencia (1895 – 1898)


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.

A todas luces, Arsenio Martínez Campos renuncia por las sistemáticas derrotas que facilitan que en sólo tres meses el Ejercito Libertador Cubano invada la isla de Oriente a Occidente y “burle a 182 mil soldados españoles bajo el mando de 42 generales”. A Campos lo reemplaza el general Valeriano Weyler, célebre por sus monstruosidades en la provincia de Oriente, en la primera guerra.

Cuando en el combate de Peralejo Antonio Maceo derrota a Martínez Campos, en su momento el peninsular dijo que era peliagudo vencer a los mambíes en “la manigua y el llano”. Sólo quedaba una alternativa, desencadenar “una guerra a muerte”, que implicaba “reconcentrar las familias, en campos y poblaciones”. Es decir, en campos de concentración. Eso recomendó Campos a Weyler y éste lo puso en práctica desde julio de 1895. También, la aplica a partir del 21 de octubre de 1896 en Pinar del Río, provincia donde Antonio Maceo libra brillantes combates casi todo el año. Esta medida represiva se utiliza en otras poblaciones. El saldo de esta atroz práctica fue de unas 400 mil muertes por enfermedades y hambre, la mayoría niños, mujeres y ancianos, ya que, los hombres se incorporaban al Ejercito Libertador.

Así las cosas, si en 1895 se habla de encarnizados enfrentamientos en la manigua, entre 1896 y 1897 serán más sangrientas en las ciudades y en el campo. Juntamente, a finales de noviembre España ordena mediante un Decreto real, establecer un régimen autonómico en Cuba y Puerto Rico. Empero, no existe la intención en los cubanos de repetir la historia del Zanjón.

Con todo, Weyler no pudo someter a los cubanos y mucho menos vencer a las fuerzas insurrectas. En agosto de 1897 lo releva del cargo el general Ramón Blanco, un experto en convencimiento para olvidar el pasado y que sustituye a Martínez Campo después del Pacto del Zanjón.

La guerra por la Independencia cubana (1895-1898) fue sangrienta en la generalidad de los combates y novedosa en las estrategias militares utilizadas por el Ejercito Libertador. Se argumenta con certeza que la campaña en el oriente fue la esencia que aseguró la marcha triunfal de la invasión. Basta revisar las crónicas de la época que dan fe de la manera en que se cruza la trocha de Júcaro a Morón, las maniobras de contramarcha y ofensiva en Altagracia, El Mulato, La Larga y San Jerónimo, sin relegar al olvido Mal Tiempo, Palo Seco y Las Guásimas. En el caso del combate de Mal Tiempo, se considera como el más sangriento y el de “mayor repercusión moral para los mambíes” por su heroísmo. Estos hechos y otros explican de por qué Máximo Gómez y Antonio Maceo son excelsos generales y, cómo sus iniciativas y sus mambíes lograran hazañas militares heroicas en la marcha extraordinaria de la invasión relámpago, y la manera en que derrotaron a las tropas de la Metrópoli.

Las cifras demuestran que en los primeros meses de 1898 los españoles estaban prácticamente derrotados y el balance era desalentador: 13 mil muertos por la fiebre amarilla, 2 mil muertos en combate, 40 mil muertos a causa de otras enfermedades y 10 mil heridos. A Weyler lo releva el general Blanco que es otro “pacificador”. Éste ni corto ni perezoso y ante la imposibilidad de derrotar al Ejercito Libertador, con la ayuda de un grupo de cubanos fieles a la Corona, del Partido Autonomista, forma un “gobierno cubano” y el 1 de enero de 1898 toma posesión un “Consejo de Secretarios” y en marzos se celebraron elecciones para instalar un parlamento insular.

La farsa sale adelante y el parlamento queda constituido por cinco secretarios autonomista y dos restantes quedan en poder del Partido Reformista español. Este maquiavélico complot político fracasa, porque no se conseguirá fijar el fin de la guerra y la independencia de Cuba, y provoca peligrosos disturbios en La Habana. Para “proteger los intereses norteamericanos” el gobierno de Estados Unidos de América envía al puerto de la capital cubana en “visita de cortesía” el 25 de enero de 1898 al acorazado Maine, mientras lo hace al puerto de Nueva York el acorazado español Vizcaya. Empero, en la bahía habanera el 15 de febrero una explosión hace “saltar en pedazos” el Maine y mueren 260 marineros estadounidenses. Éste incidente será la antesala de la Guerra Hispano-estadounidense.

Guerra Hispano-estadounidense (1898)

La opinión publica estadounidense había sido manipulada por largo tiempo por una campaña de desinformación sobre lo que acontecía en la isla y cuando ocurre la explosión del Maine ya estaban creadas las condiciones para lanzar la ofensiva contra los españoles. Estados Unidos, que hasta a la sazón mira con el rabillo del ojo el espectáculo con aparentando indiferencia, interviene “con el armamento más moderno de la época en favor de los insurrectos” y en abril de 1898 se inicia la guerra Hispano-estadounidense.

Con la “misteriosa” explosión del acorazado Maine que se encontraba atracado en el puerto capitalino y en la que pierden la vida 260 marineros estadounidenses se inicia esta escaramuza bélica. Aunque este evento es el argumento para intervenir en la isla, no se puede olvidar que gobierno norteamericano había criticado los métodos empleados por el general Weyler. Así las cosas, la “espera para tomar los frutos maduros” había llegado y el Senado con 42 votos a favor y 35 en contra decide hacer la guerra contra España para “la liberación de Cuba, altruista y moralmente”.

El 1 de mayo de 1898, en poco tiempo, la flota española se rinde en el puerto de Manila a la escuadra del Pacífico y los norteamericanos ocupan Filipinas. En Santiago de Cuba, en la bahía del mismo nombre, el 15 de julio la flota española se rinde a la escuadra estadounidense del Atlántico. Sin combatir los norteamericanos ocupan Puerto Rico.

Para alcanzar la independencia del dominio español, los cubanos sufrieron la “Guerra Grande” que tuvo lugar entre 1868 y 1878, la “Guerra Chiquita” que no llego a feliz término y La Guerra de 1895-1898, que desembocó en la Guerra Hispano-estadounidense en 1898, y donde los norteamericanos arrebatan a los mambíes la tan anhelada independencia de España y que tanta sangre y sacrificios costara a los cubanos.

La Guerra Hispano-estadounidense fue una reyerta oportunista y, un “vagabundeo naval y filibusterismo militar” morboso. Las consecuencias están en la memoria histórica de la nación cubana, al menos para los que no sufren de amnesia.

El 25 de octubre de 1898 se firma el Tratado de París, que pone fin a la guerra y en el que España renuncia a su soberanía sobre Cuba, Filipinas, Puerto Rico y las islas Guam. Cuba pasa a control de Estados Unidos de América y un gobierno militar estadounidense la administra hasta el 20 de mayo de 1902, cuando se establece de manera formal la República de Cuba bajo la presidencia de Tomás Estrada Palma, “quien administra la nación como si fuera un pequeño pueblo de área rural” y señalaba que “Cuba tenía República, pero no tenía ciudadanos”.

La Constitución cubana de 1901 incorporó las consideraciones “sugeridas” por los estadounidenses y recogidas en la Enmienda Platt, que establecía condiciones no negociables para los Estados Unidos de América pudiera intervenir militarmente en Cuba cuando así lo considerara conveniente, así como la instalación de una base naval en la Bahía de Guantánamo y un control celoso sobre la política exterior de la isla.

Las consecuencias de la Guerra Hispano-estadounidense son bien conocidas y marcaran el futuro de la joven República y la historia de Cuba, que será escabrosa y de vacilaciones políticas que desemboca en la llamada “revolución cubana” que aún prevalece.

No es bueno olvidar la historia patria y los conceptos de que la democracia política, social y económica, es optimista de sus atributos y tiene como virtud esencial la libertad e intervención de toda la sociedad en el gobierno. Es decir, el Estado tiene como única fuente de poder al pueblo, que asegura con ayuda de elecciones libres la representación de sus órganos administrativos y el control público de la gestión estatal.

Mi opinión personal es que hoy día la nación cubana está sumergida en el debate político-social-económico de los nuevos anexionistas, los reformistas marxista-fidelistas y los independentista-nacionalistas del siglo XXI. Una buena razón para reflexionar y anticipar las consecuencias de la evidente falta de unidad que en este momento existe en el seno de la oposición anticastrista y que ponen en peligro una inminente transición en Cuba que desemboque en la definitiva libertad y democracia que el pueblo cubano demanda.

Sé de los cubanos son sencillos y apasionados, de ahí que, es importante no olvidar que será poco lo que se haga para la nación adquiera absoluta ilustración y sabiduría, y que estas despabilen la comprensión para escrutar los arcanos de la existencia misma y, se amalgame a la libertad, disciplina, solidaridad, responsabilidad, lealtad y justicia con excelente razonamiento.

Debo finalizar... Sólo aspiro, como liberal y demócrata, a que esta exposición sea una modesta y útil contribución para el debate honesto, y un aporte de elementos esenciales de la historia (1492 - 1898) para el activo, valiente y civilizado diálogo que facilite la derrota de la dictadura marxista-fidelista y coadyuve a una pacífica transición en Cuba. Ojalá no acontezca lo mismo que en 1878, 1898 y 1959. Tiene la palabra amiga, amigo...


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¡NAMASTE! [Fin de HISTORIA DE CUBA: CONTRIBUCIONES PARA EL DEBATE HONESTO]


Ciudad de la Eterna Primavera, invierno de 2007.
©Pablo Felipe Pérez Goyry.

10 de noviembre de 2007

Historia de Cuba: Contribuciones para el debate honesto [11]


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.


Guerra de Independencia (1895 – 1898)


No hay dudas de que la Guerra de los Diez Años, conocida como Guerra Grande, fortaleció la identidad y talante de la nación cubana. La Protesta de Baraguá fue un reflejo de la honestidad y el espíritu independentista de la generalidad de cubanos, un sentimiento que perdura hasta el día de hoy.

Si bien las victoriosas insurrecciones no fueron suficientes para alcanzar el triunfo, se logra el establecimiento de algunas reformas políticas, las que no apagan el descontento con el gobierno peninsular. Esta insatisfacción aumenta y el 24 de febrero de 1895, con el Grito de Baire, se revive el movimiento independentista y el inicio de la Guerra del 95, bajo la dirección del patriota José Martí y del general Máximo Gómez.

Considerado como el apóstol de la independencia de Cuba, Martí (filósofo político, periodista, poeta y activista militar) en 1892 fundó el Partido Revolucionario Cubano y organiza esta guerra, que tendrá mayor coherencia, un partido político revolucionario y el pensamiento martiano. Se dice que son precursores de éste pensamiento y proyecto visionario de José Martí: José Agustín Caballero, Félix Varela, José Francisco Lemus.

Aunque fracasa el plan de La Fernandina, que Martí prepara celosamente, lejos de desalentar a los patriotas los convence de que había llegado el momento y el 29 de enero de 1895 se firma la orden de alzamiento para el 24 de febrero.

A finales del mes, unos dos mil 500 manbíes combatían en la provincia de Oriente, mientras esperan a los grandes jefes militares como Antonio Maceo y Máximo Gómez, que en abril arribaron por diferentes puntos de Baracoa. Por la costa de Duaba, llegó Antonio Maceo con 22 hombres y algunos veteranos como José Maceo. Gómez y Martí, lo hacen por Playitas de Cajobabo, con dos dominicanos y dos veteranos de la Guerra del 68.

Antonio Maceo, se une a las fuerzas insurrectas en Mayarí, y anuncia, el 21 de abril, a todos los jefes del Ejercito Libertador, que asume el mando y da la orden de “fuese ahorcado cualquier emisario de paz sin independencia”.

En el ingenio La Mejorana, el 5 de mayo, se produce la reunión de Maceo, Gómez y Martí. En el combate de Dos Ríos, 14 días después del encuentro, se produce la muerte de José Martí, alma de la revolución y el más iluminado de todos los cubanos.

No obstante, la muerte de Martí, la guerra se extenderá por todo el país, bajo la dirección del general Máximo Gómez, Calixto García y Antonio Maceo.

Arsenio Martínez Campos desembarca en Guantánamo con 50 mil hombres y armamento moderno y con ayuda naval refuerza las guarniciones de esa ciudad, Manzanillo, Bayamo, Holguín y Santiago de Cuba. Maceo que se había quedado en la región oriental logra sobresalientes victorias en esta contienda “combinando todo tipo de lucha” en Guantánamo, Las Tunas, Nipe y Manzanillo, y obliga a los españoles replegarse. Gómez, retoma el camino hacia el Camagüey para exacerbar el espíritu patrio de la región y desarrolla la llamada “campaña circular”, que se fundamenta en una estrategia para multiplicar el desgaste del enemigo.

En la contienda oriental son trascendentales las victorias de Jobito (13 de mayo), Peralejo (13 de julio) y Sao del Indio (finales de agosto). Estas derrotas peninsulares dejaron como balance la muerte del brigadier Santocildes y el teniente coronel Joaquín Bosch. Las perdidas en hombres y materiales son grandes en cantidad y número. Se puede asegurar que es aquí donde comienza el punto de quiebre de la guerra a favor de los cubanos por los sistemáticos fracasos de los peninsulares y la ausencia de recuperación moral y material ante las arremetidas de los mambíes.

Cuando se confirmó la llegada a la isla de Gómez y Maceo, los villareños comienzan las acciones en abril. Otros, cumpliendo órdenes del Generalísimo lo hicieron en julio. Desde el 30 de octubre, Gómez operaría en Las Villas, tras cruzar la Trocha de Júcaro a Morón, burlando la vigilancia de los españoles.

El 25 de julio, en Punta Caney, en el Sur de Santi Spíritus, desembarcan ―con los pertrechos que Martí pudo recuperar de la Fernandina― los generales Carlos Roloff y Serafín Sánchez, y se incorporan a las filas independentistas en suelo villareño. También, está en las filas mambíes el general oriental José María Rodríguez, que Gómez designa para esté al frente del Camagüey. Por estas fechas, Las Villas y Camagüey habían organizado las condiciones para en esos territorios tuviera éxito la invasión. En septiembre, la Asamblea y Constitución de Jimaguayú sienta las bases imprescindibles para impedir una clonación de lo acontecido en Guáimaro durante la “Guerra Grande”.

Los dos principales objetivos estratégicos de esta guerra serán: la guerra se extienda por todo el país y destruir las principales fuentes de riqueza para el sostenimiento del colonialismo peninsular. Esto se hace realidad en pocas semanas, porque “la tea mambís recorrió toda la isla”.

Las fuerzas peninsulares permanecían a la defensiva después de las derrotas en la provincia de Oriente. La campaña de Gómez “había resucitado la lucha en la región central y dado organización, disciplina y belicosidad a los camagüeyanos”, y había generalizado los alzamientos de Las Villas. Para los españoles, práctica y psicológicamente, era imposible contener la “caballería invasora” que evitaba los combates directos. Ejemplos de esta realidad son dos combates de irrisoria importancia en Lavado y Guaramanao, en la región oriental.

Durante toda la guerra, el ejercito español será un buen proveedor de armamentos, medicinas, y alimentos. Así ocurrirá en los primeros meses con la derrota del jefe peninsular Santocildes en Jucaibana, los enfrentamientos en El Guanábano, El Caney y Ramón de las Yaguas. Los pertrechos prácticamente arrebatados a los peninsulares sirvieron para dotar a las tropas insurrectas.

El Capitán General de Cuba, Martínez Campos, trató infructuosamente de limitar la insurrección en el Oriente, pero la prontitud del plan mambis hace risible las intenciones de este jefe español, experimentado militar de la anterior contienda y cuya fama viene de haber derrotado al último ejército carlista en la península ibérica.

Maceo partió el 22 de octubre de 1895 con una columna de 3 mil hombres, para encontrarse con Gómez. Esto acontece el 24 de noviembre, a las 4 de la tarde, en El Laurel, en territorio de Las Villas. Horas antes los invasores cruzaron sin novedad la célebre “Trocha de Júcaro a Morón”, mientras hacían como que lo llevarían a cabo por un punto, cruzaron por otro cerca de Ciego de Ávila.

El Generalísimo había anticipado la llegada de Maceo y la columna invasora, aumentando su tropa con algunos insurrectos y crea nuevas partidas en la región. Empero, lo más significativo de la labor de Gómez es que en su avance deja avivado el volcán de la revolución designando jefes a los que delega territorio en los que se comprometían golpear y distraer a los peninsulares. Martínez Campos, en Las Villas, decide interceptar el avance, pero, no logra su propósito. Desde Iguará, sobre el río Jatibonico, hasta la sangrienta batalla de “Mal Tiempo”, los cubanos guerrearon día y noche contra nueve mil enemigos.

Más de 4 mil peninsulares ataca la columna el 11 de diciembre y “según Gómez anota en su diario, convence a Maceo de no conviene resistir sino hostigar a los peninsulares de noche y emboscarlos de día”. Con esta estrategia se logra neutralizar la ofensiva de los españoles y ocasionarles muchas bajas.

El día 15, Gómez con 400 de sus mejores hombres “cargaron al machete durante apenas 15 minutos contra 600 españoles, 200 de los cuales resultaron muertos y el resto heridos. Además, allí ocuparon 150 fusiles Máuser, 60 Remintong, seis cajas de municiones, caballos y mulos, equipos y hasta el botiquín y la bandera. Los cubanos, tuvieron cuatro muertos y 40 heridos”.

Más tarde, después de la victoria del Ejercito Libertador en “Mal Tiempo”, en la región de Cienfuegos, las columnas invasoras irrumpen a todo galope en la región de Matanzas, y donde se libran “los estratégicos combates de Coliseo y Calimete, los días 23 y 29 de diciembre”, contra tropas dirigidas por Martínez Campos. Estos combates pasan a la historia militar como de excelente creatividad, en el primero, los insurrectos simularon que se replegaban hacia el este y el jefe español lo presumió embarcando sus tropas para atajar supuesta retirada y es aquí donde ocurre el “lazo de la invasión”.

Este descalabro de las fuerzas peninsulares hace de sea imposible detener la invasión y abre las puertas para miles de insurrectos puedan “cabalgar más de 16 horas diarias a través de las fértiles llanuras sureñas de la región Habana-Matanzas donde las bestias eran fáciles de reponer”.

Los destacamentos invasores “tea en mano persuadieron a los hacendados” a pagar impuestos a la “República en Armas”. La producción azucarera descendió un 80 por ciento, por la destrucción de ingenios y plantaciones cañeras, privando a España de su más importante fuente de ingresos.

El 1 de enero de 1896, los invasores acampan cerca de la población de Nueva Paz, en la provincia de La Habana. Posteriormente, en días sucesivos, ocupan Güira, Melena del Sur, Güira de Melena, Alquizar, Ceiba del Agua y Vereda Nueva. Una nueva manipulación de sus verdaderas intenciones ocurre cerca de la costa norte cuando insinúan que van a atacar a la capital y cerca de Hoyo Colorado el Ejercito Libertador “se divide en dos fuertes columnas, cada una de 2 mil hombres”. La maniobra estratégica consistió en que Máximo Gómez hace una contramarcha en La Habana para interceptar y distraer a los peninsulares, en tanto que el lugarteniente general Antonio Maceo encaminaba la invasión a Pinar del Río, donde sobre la marcha toma el poblado de Cabaña, San Diego de Núñez, Bahía Honda y las Pozas. Maceo, desde la cordillera pinareña dirige la tropa hacia el centro de la provincia y cruza cerca de la ciudad de Pinar del Río, tiene un combate en Las Taironas, para luego tomar Guane. El 22 de enero de 1896 la columna gira al norte para tomar sin dificultad Mantua, el pueblo más occidental de Cuba.

Por estas fechas, todo el país estaba en guerra y los mambíes habían alcanzado un indiscutible triunfo militar y político. ¡NAMASTE! [Continúa en HISTORIA DE CUBA: CONTRIBUCIONES PARA EL DEBATE HONESTO (12)]

Ciudad de la Eterna Primavera, invierno de 2007.
©Pablo Felipe Pérez Goyry.

9 de noviembre de 2007

Historia de Cuba: Contribuciones para el debate honesto [10]


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.


La Guerra de los Diez Años (1868 – 1878) [2]


Síntoma de las divisiones internas y que van a resentir la estructura de las fuerzas independentistas es la decisión de la Cámara de Representantes de destituir a Carlos Manuel de Céspedes (1873); en Lagunas de Varona, Vicente García y otros generales exigen la modificación de parte de la Constitución de Guaímaro, una Reforma General del Gobierno en Armas y la destitución del Presidente interino Salvador Cisneros Betancourt; los villaclareños y camagüeyanos rechazan de plano los dirija jefes de otras regiones. Mas adelante Cisneros renuncia y se convoca a elecciones para renovar la Cámara. El mando conjunto de Oriente y Camagüey queda en poder de Vicente García.

No obstante, Gómez no renuncia a su intención de avanzar hacia el occidente de la isla. Con más de mil hombres, a principios de 1875, cruza la trocha defensiva de “Júcaro a Morón” que los españoles tienen levantada entre ambas costa para evitar el avance de las tropas independentistas hacia el occidente y puedan estos extender la guerra.

Los españoles, con sus fortines y 22 batallones, no pueden detener la invasión y las tropas mambíes logran ingresar a Las Villas, y algunos destacamentos incursionan en la provincia de Matanzas. Como balance de la invasión, el Ejercito Libertador destruye 83 ingenios azucareros, ocupa dos mil caballos y mil fusiles. Infortunadamente, Ignacio Agramonte, Calixto García y Carlos Manuel de Céspedes fueron muertos, y con ellos se inicia el declive de la guerra. Las batallas continúan y no falta alguna que otra victoria.

En 1976, España envía a la isla al general Arsenio Martínez Campo, con la misión de poner fin a la guerra. La Cámara de Representantes elige como presidente de la República en Armas a Tomás Estrada Palma, quien cae prisionero en 1877, y a mediados de este año las tropas de Vicente García se oponen a marchar a Las Villas. Por estas fechas, los holguineros se declaran autónomos y forman su propio gobierno, el “Cantón de Holguín”. No hay dudas que la situación es compleja y la desmoralización quebranta el optimismo del Ejercito Libertador, que ya está abocado al descalabro por estar diezmado y tras registrar 200.000 bajas. Una esperada intervención estadounidense no llegó a producirse.

Todos estos eventos serán la antesala de la “Paz del Zanjón” (Camagüey), que se firma en febrero de 1878 y que pactaba:

- la abolición de la esclavitud en Cuba,

- la entrega de las armas de los insurrectos cubanos,

- se ofreció la amnistía a los presos por motivos políticos desde 1868,

- la salida de la isla a los líderes rebeldes,

- la emancipación de los negros y asiáticos que participaron en la insurrección,

- España acepta que Cuba tenga los mismos derechos políticos y administrativos que Puerto Rico.


Antonio Maceo no se somete al pacto (Protesta de Baraguá) y decide proseguir la lucha, pero no logra su objetivo y sale del país. España no cumple lo pactado y esto estimula el inicio de la Guerra Chiquita (23 de marzo de 1879), que revive las hostilidades entre españoles y mambíes. Ante la superioridad de los peninsulares, esta guerra fracasa.

No se debe desconocer que son importantes los triunfos de Vicente Aguilera, Antonio Maceo y Máximo Gómez, pero, a finales de 1877 sólo quedaban unos 140 insurrectos en el Camagüey. Si bien es cierto de la “Protesta de Baraguá” fue un gesto decoroso para el Ejercito Libertador y la dignidad de la nación cubana, no se puede negar que los eventos durante el año 1877 no fueron beneficiosos para los mambíes.

La estrategia puesta en práctica por el general Arsenio Martínez Campos produce frutos. De un lado cercaba a las fuerzas insurgentes y del otro respetaba la vida de los prisioneros e indultaba a los desertores. A pesar de esta realidad, Antonio Maceo con sus tropas (constituidas por negros, mulatos libres, y esclavos libertos) continúa firme en su determinación de no rendirse y en sangrientas batallas logra victorias en Palma Soriano, Juan Mulato y San Ulpiano, en este último hace polvo el batallón español de San Quintín.

El regionalismo enfermizo ayuda a las intenciones de Martines Campos de poner en aprietos al Ejercito Libertador o a lo que va quedando de sus desperdigadas tropas y las contradicciones de los jefes. Es así como el 8 de febrero de 1878, los diputados a la Cámara y los Jefes insurgentes del Camagüey, deciden capitular, sin consultar a los jefes del frente oriental (Antonio Maceo y Vicente García) y villaclareña (Ramón Leocadio Bonachea). En San Agustín del Brazo, se toma la decisión de disolver la Cámara.

La Paz del Zanjón, se firma el 10 de febrero de 1878, y puso fin a la guerra (1868-1878) entre los independentistas cubanos y el gobierno español. Contienda heroica que pasará a la historia como un meritorio intento de los cubanos para librarse del yugo colonial, sin embargo, sus mayores pecados fueron la falta de unidad nacional y, las pugnas entre independentistas, anexionistas y reformistas que causan al fracaso de la guerra. También, se pierda la coyuntura propicia para la independencia de Cuba. En 1886, se decreta la abolición de la esclavitud, y la igualdad civil para negros y blancos se promulga en 1893.

Finalmente, mi opinión es que la enérgica Protesta de Baraguá honra el espíritu independentista de la generalidad de cubanos, que perdura hasta 1895. La Guerra de los Diez Años, también conocida como Guerra Grande, y la Protesta de Baraguá, consolidan la identidad y talante de la nación cubana. Una buena razón para reflexionar y anticipar las consecuencias de la evidente falta de unidad que en este momento existe en el seno de la oposición anticastrista.

Si se pretende alcanzar una transición razonable en Cuba, bueno sería de los líderes de la oposición y la nación toda no vacilaran en ilustrarse sobre los triunfos y fracasos históricos, para descifrar sus consecuencias. No quisiera se mal interprete y mucho menos que soy pesimista, empero, con respeto de los que no opinan lo mismo, mi punto de vista es que los opositores del marxismo-fidelismo, en Cuba y el exilio, sólo pueden alcanzar el triunfo si renuncian al individualismo egoísta y morboso; aceptan el pluralismo dinámico en la práctica y no solamente en palabras a secas; ser coherentes al admitir de que en la unidad está la fuerza; sus acciones gocen de liberalidad, justicia y compromiso.

Para este humilde mortal, la historia será siempre un conexo al presente que es el hoy y el aquí, y si no borramos de la memoria histórica esta verdad es posible, en el futuro no muy distante, evitar reincidir en errores execrables y apocalípticos. ¡NAMASTE! [Continúa en HISTORIA DE CUBA: CONTRIBUCIONES PARA EL DEBATE HONESTO (12)]

Ciudad de la Eterna Primavera, Otoño de 2007.
©Pablo Felipe Pérez Goyry.

8 de noviembre de 2007

Historia de Cuba: Contribuciones para el debate honesto [9]


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.


La Guerra de los Diez Años (1868 – 1878)


Si bien es imprescindible conocer lo ocurrido en las Guerras por la Independencia, para llegue a feliz término estas consideraciones y sirvan para encontrar razonamientos oportunos para llevar a vías de hecho una transición inteligente en Cuba, es preciso conocer el escenario socio-político-económico iberoamericano de la época.

A finales del siglo XVIII, en las colonias españolas americanas la población era de aproximadamente 15.000.000 habitantes. Una cifra que es históricamente aceptada por los investigadores del tema. Aunque las cifras particulares varían según la región de que se trate, en números redondos y de acuerdo al factor racial, se componía de un 95% de criollos, 20% de los blancos y sólo el 5% era de origen peninsular; a esta cifra podemos agregar que un 46% eran indígenas, 26% mestizos y 8% negros. En consecuencia, el mestizaje y combinación de tres razas van a conformar la embrollo racial americano. Por esta razón, la multiplicidad se particulariza en algunas regiones, como es de la proporción mayor de negros se localiza en el área del Caribe, en Chile será mayoritariamente blanca, en México el mestizaje será preponderante y, en Bolivia, Ecuador y Perú la raza indígena es mayor.

Este amplio prisma racial lo es también en lo social, cultural, económico, religioso y político, que con el tiempo va a forjar resentimientos y conflictos violentos entre criollos y peninsulares. Los primeros tendrán en sus manos la mayoría de las tierras, el comercio, etcétera, y de alguna manera los más cultos. Empero, en la política su acceso era imposible, salvo alguna que otra excepción. Una estudio de la época, señala que de los 602 Capitanes Generales que había sólo 14 eran criollos, y de los 170 virreyes 4 eran americanos de nacimiento. Con todo, el sentimiento de nacionalidad y patriotismo va calando en todos los sectores criollos y que desemboca en las gestas independentistas en la América toda.

Por otro lado, no puede relegarse al olvido otra realidad, que es de Francia tiene ocupada España y se agudiza la crisis económica peninsular; y los criollos miran con buenos ojos aliarse al pensamiento liberal. Además, a todo lo dicho hay que agregar que no sólo España estaba sumergida en el anarquismo, conservadorismo, la monarquía o el liberalismo que se amalgama a la corrupción, el absolutismo y la revolución.

A todas luces, estos eventos históricos en Iberoamérica aceleran las condiciones para ocurra una reacción en cadena y afloren las guerras de independencias.



Hacia 1868, los 1400 ingenios azucareros que existían en Cuba tenían el privilegio de producir la tercera parte del azúcar mundial. Los plantíos de café, en la zona oriental, se incrementaron con la llegada de plantadores haitianos. Otro aspecto importante en este siglo, es la prohibición en 1871, de importar chinos como mano de obra barata, que también sufre de esclavitud.

Sin embargo, las sistemáticas negativas de los españoles para introducir reformas económicas y políticas en Cuba, estimulan se agudice la inestabilidad en la isla, y exalte los sentimientos encontrados entre los criollos y peninsulares. Por ende, son multíplices las conspiraciones, empero, la que trasciende y marca la diferencia con las anteriores es la rebelión que estalló el 10 de octubre de 1868, cuando Carlos Manuel de Céspedes ―un terrateniente progresista, que estaba en favor de la emancipación gradual de los esclavos, la independencia cubana, y del sufragio universal― concede la libertad a sus esclavos y lanza el “Grito de Yara”; con el que se inicia el levantamiento contra España.

Si bien, los terratenientes cubanos más progresistas de la época optan por la lucha armada y con sus acciones atraen a blancos, negros, mulatos libres, esclavos libertos, campesinos medios y pobres, es saludable recordar que no todos los conspiradores cubanos estaban en favor de la independencia; unos reclamaban un gobierno y reformas sociales, pero preferían seguir bajo soberanía española; otros querían la anexión a Estados Unidos.

Esta gesta por la independencia de Cuba durará 10 dilatado años, y practicó la lucha de guerrillas, que será en corto tiempo “cada vez más brutal y si bien las escaramuzas se limitaron, casi exclusivamente a las provincias orientales de la isla; porque los ricos hacendados de la zona occidental prefirieron apoyar a España o escapar al extranjero, ante la eventual afectación de sus intereses o se sublevaran sus esclavos.

En los días que siguieron al alzamiento, se incorporan Francisco Vicente Aguilera, Calixto García, Donato Mármol, Vicente García, y otros revolucionarios orientales, como Antonio Maceo y sus familiares. Además, desde el inicio estarían en las filas del Ejercito Libertador varios dominicanos con experiencia militar, entre ellos Máximo Gómez.

Después de la victoria en Jiguaní, luego de tres días de ofensiva, el 20 de octubre de 1868 los mambíes toman Bayamo. En está ciudad se establece el Primer Gobierno de la República en Armas.

La memoria histórica de la nación cubana reverencia y exalta este levantamiento, reconocido como la “Revolución de Yara”, nombre del poblado asaltado por los mambíes horas después de la insurrección”. Los camagüeyanos se unen a la sublevación en el mes de noviembre, y en febrero de 1869 lo hace Las Villas. En abril, se reúne en Guaimaró la asamblea que lleva este nombre y que adopta la primera Constitución y, el 20 de abril de 1869 se organiza un gobierno republicano, a Carlos Manuel de Céspedes lo eligen Presidente de la República en Armas, y Aguilera Secretario (ministro) de guerra.

Más de 15 mil hombres estarán en las filas del Ejercito Libertador, que se curten en la modalidad denominada “carga al machete” y en la guerra irregular. A finales de 1869, España no escatima recursos materiales y humanos, e implementa técnicas represivas para derrotar a los insurrectos. Esta contraofensiva española, estará dirigida a las fuentes que apoyan a los mambíes, y en las tierras, en poder de los insurrectos, aplica la “política de la tierra arrasada”. Para materializar este objetivo, España trae de la península e instala, en la isla, un ejercito de 68 mil hombres y unos 40 mil voluntarios, estos últimos peninsulares residentes en el archipiélago. Con mayor superioridad militar y en hombres, los españoles recuperan las principales poblaciones del Valle del Cauto que están en poder de los insurrectos; desmantelan las bases de los insurgentes en el Camagüey; la preeminencia española se impone en las Villas. Un hecho apodíctico y digno de mencionar es lo ocurrido en Bayamo, donde “los bayameses prefieren quemar su hermosa ciudad antes de entregarla”.

Así las cosas, hacia 1871 los camagüeyanos renuncian a continuar la lucha ante las derrotas y el convencimiento de que la insurrección se ha malogrado. No obstante, esta realidad no impide de que el ilustre abogado Ignacio Agramonte asuma las riendas de la insurgencia de esa región y reorganice las fuerzas mambíes. A finales de 1871, más de 170 cafetales quedan convertidos en restos humeantes; a los esclavos se les da la libertad, y la generalidad se une a los destacamentos independentistas. No demoran los triunfos de Antonio Maceo, Calixto García y Vicente García. En 1872, el Ejercito Libertador consolida su reorganización. Ignacio Agramonte muere en Jimaguayú. Máximo Gómez (quién trata de organizar las tropas para iniciar la invasión a Las Villas) y sus hombres libran las batallas de Palo Seco, La Sagrada, y en los primeros tres meses de 1874 las de Mojacasabe, Naranjo y las Guasitas, en las que salen victoriosas las fuerzas independentistas. Por estas fechas, cae prisionera Calixto García.

La heroica resistencia de los insurrectos del Norte de la provincia de Oriente; la marcha triunfal sobre Las Tunas de las fuerzas mambíes, al mando de Máximo Gómez; las victorias en las regiones de Santiago de Cuba y Guantánamo, desmantelan a las fuerzas españolas y destruyen sus fortines en la cuenca del río Cauto. Ostensiblemente, esto facilita el reordenamiento del Ejercito Libertador y recuperar la iniciativa en el campo de batalla. La guerra continúa, con la estrategia de hostigar al enemigo y realizar sorpresivas “cargas al machete”, así como la quema de ingenios y plantaciones.

Gómez no postergar por más tiempo su proyecto de avanzar hacia el occidente de la isla, y a principios de 1875 cruza la trocha de “Júcaro a Morón” y logra llegar a Las Villas para de esta manera extender la guerra. ¡NAMASTE! [Continúa en HISTORIA DE CUBA: CONTRIBUCIONES PARA EL DEBATE HONESTO (10)]

Ciudad de la Eterna Primavera, Otoño de 2007. ©Pablo Felipe Pérez Goyry

7 de noviembre de 2007

Historia de Cuba: Contribuciones para el debate honesto [8]


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.


Exordio a las Guerras por la Independencia de Cuba (2)


Ya señalamos que entre 1820 y 1868 se reorganizaran los reformistas que tratarán de Cuba continúe bajo la protección de la España liberal, sus conspiraciones no llegan más allá de anémicas victorias. Todos los intentos para alcanzar la emancipación van a fracasar, como la revuelta de J. Antonio Aponte, que los españoles reprimen en 1812.

Indudablemente que no es posible hablar de las guerras por la independencia de Cuba, sin tener en cuenta las actividades conspirativas, para bien o mal, de los defensores del anexionismo.

De modo que los anexionistas no renunciaran a la idea de intentar una intervención de Estados Unidos y ser un estado de la unión; y los independentistas no descansaran hasta el 10 de octubre, cuando Carlos Manuel de Céspedes, en el ingenio azucarero de su propiedad, “La Demajagua”, libera a sus esclavos y lanza el grito de “Viva Cuba Libre”, de esta manera comienza la “Guerra de los Diez Años”.

Ciertamente que las primeras cuatro décadas del siglo XIX, estarán estremecidas por las disímiles corrientes políticas. En estos años, los anexionistas criollos generan algunas manifestaciones que por su naturaleza no pasarán de ser aisladas y sin mayores consecuencias. Sin embargo, en el período 1845 a 1855, una dinámica corriente anexionista, interna y con ayuda desde el extranjero organizó conspiraciones contra las autoridades españolas en la isla.

En 1843, Joaquín de Agüero y Agüero, libera a ocho esclavos de su propiedad, alegando que lo hacía “por cuestión de conciencia y para dar el ejemplo”. En su momento, es un tañido episodio relevante y patriótico, y que influirá en las ulteriores generaciones de revolucionarios camagüeyanos. El mejor ejemplo de esta asimilación por los camagüeyanos se explica en la propuesta que se hace en la “Asamblea de Guáimaro” en el sentido de se adoptara la “bandera de la estrella solitaria”, que Agüero había enarbolado.

Gaspar Betancourt Cisneros (El Lugareño), Miguel Teurbe Tolón y otros conspiradores, patrocinan el establecimiento de una Junta Cubana Anexionista en la ciudad de Nueva Cork. También, se crean sociedades en La Habana, Trinidad, Puerto Príncipe y Santiago de Cuba. Hacia 1848, Cisneros Betancourt publica el folleto “Ideas sobre la incorporación de Cuba a los Estados Unidos”, que se va a constituir en la fundamental contribución teórica a la corriente anexionista.

A pesar de estos esfuerzos, las autoridades descubren en 1848, en Las Villas, la Conspiración de la Mina de la Rosa o de Manicaragua. Su jefe era el venezolano de nacimiento Narciso López, que tenía estrechos vínculos con el Club de La Habana, y quien después del fracaso de la conspiración escapa a territorio estadounidense.

Una nueva expedición se organiza en Nueva Orleáns, por Narciso López, que la integran, al igual que la anterior, norteamericanos. El 19 de mayo de 1950, desembarca en la bahía de Cárdenas ―cerca a la actual costa de Varadero―. Allí iza la bandera diseñada por Teurbe Tolón ―hoy es la enseña cubana―. Esta expedición fracasa al no tener apoyo de la población, y después de algunas horas de desembarco se reembarca a la tripulación y regresan a Norteamérica. La última expedición, también integrada por norteamericanos asalariados y organizada por López, desembarca al año siguiente en las costas de Pinar del Río. Las fuerzas militares españolas capturan a los expedicionarios y 50 resultaran fusilados. El 1 de septiembre de 1851, Narciso López murió en garrote en La Habana.

Dos alzamientos armados, se producen ese propio año (1851). Uno encabezado por Joaquín de Agüero y Agüero, el 4 de julio, próximo a Puerto Príncipe (hoy Camagüey), y el otro dirigido por Isidoro Armenteros, el 24 de julio, cerca de la ciudad de Trinidad, en Las Villas. Las dos conspiraciones anexionistas fracasan y, ejecutados los dos jefes y cinco de sus colaboradores.

En 1852, ejecutan al tipógrafo Eduardo Faccioso por imprimir en La Habana el periódico clandestino “La Voz del Pueblo Cubano”, de la llamada Conspiración de Vuelta Abajo, que intentaba un levantamiento en la zona de Candelaria, Pinar del Río”. Participan en este nuevo intento participan Francisco de Frías (Conde de Pozos Dulces) ―años después director del periódico reformista “El Siglo”― y el abogado Anacleto Bermúdez. Éste último falleció durante el proceso y, otros conspiradores condenados y enviados a prisión o desterrados. La etapa cerró en 1855 con otras dos penas de muerte: el español Ramón Pintó al descubrirse su conspiración ―contaría con el apoyo de una expedición fletada por un general norteamericano la cual nunca llegó―, y el matancero Francisco Estrampes por introducir un alijo de armas en la oriental Baracoa”.

En mi opinión, respetuosa, la corriente anexionista juntamente a los eventos que señalamos no tuvo un carácter fusionado entre las diferentes capas criollas y sus acciones tuvieron resultados exiguos, aunque si estimulan múltiples divergencias entre los grupos de poder del Norte y Sur de los Estados Unidos de América, porque “la Cuba esclavista podría cambiar la correlación de fuerzas en ese país”. Por otro lado, los presidentes estadounidenses se entretenían políticamente con las opiniones relacionadas con la anexión, la compra de la isla, o las más de las veces esperar el momento de la “fruta madura”.

Un activo y excelso antagonista de la corriente anexionista fue José Antonio Saco, reformista que posiblemente es un adelantado en cuanto a denunciar la amenaza de una anexión porque implicaría la pérdida de la nacionalidad cubana; entre las muchas argumentaciones en este sentido señaló: “...los norteamericanos dentro de poco tiempo nos superarían en número, y la anexión, en último resultado, no sería anexión, sino absorción de Cuba para los estados Unidos. Verdad es, que la Isla, geográficamente considerada, no desaparecería del grupo de las Antillas; pero yo quisiera que, si Cuba se separase, por cualquier evento, del tronco a que pertenece, siempre quedase para los cubanos y no para una raza extranjera”.

Por todas estas razones, no sería decente ocultar que las ideas anexionistas, en la gestación de la “Guerra de los Diez Años”, en menor o mayor grado, no incomodan a algunos patriotas. Empero, pronto comprenden que Estados Unidos no es una garantía honesta para independizar a Cuba del dominio español, ya que por estas fechas “no convenían a los intereses de los gobiernos norteamericanos”. ¡NAMASTE! [Continúa en HISTORIA DE CUBA: CONTRIBUCIONES PARA EL DEBATE HONESTO (9)]

Ciudad de la Eterna Primavera, Otoño de 2007.
©Pablo Felipe Pérez Goyry.

6 de noviembre de 2007

Historia de Cuba: Contribuciones para el debate honesto [7]


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.


Exordio a las Guerras por la Independencia de Cuba


Anteriormente conocimos que en el siglo XVIII en tanto la sociedad colonial española organizaba su asentamiento en el archipiélago, se agudizaron los conflictos, entre los colonizadores y criollos, por la imposición de normas para el intercambio comercial. La Metrópoli tiene el monopolio comercial y control absoluto a todos productos, con ayuda de la Compañía Real de Comercio de La Habana. También, es de conocimiento seguro y claro:

El surgimiento de un pequeño grupo de ricos terratenientes criollos, que arruina a los pequeños productores;

los eventos afines a la corriente o espíritu reformista, y sus repercusiones futuras en la conciencia de la nacionalidad cubana;

el levantamiento de los vegueros (productores de tabaco) a principios de este siglo;

la toma de La Habana por los ingleses;

la modernización, apogeo y fortificación del puerto de La Habana, después de la retirada de los británicos.

A lo dicho hay que sumar la positiva evolución comercial directa entre la isla y la mayoría de los puertos españoles, y con las trece colonias inglesas de Norteamérica.

Sin embargo, es imprescindible, antes de continuar, hacer algunas precisiones sobre el quehacer del movimiento emancipador americano, que de alguna manera va a influir en el siglo XIX en las guerras por la independencia y en el destino de Cuba. Una tarea difícil pero no estéril, que en pocos párrafos tratare de condensar señalando los hechos, indicios o eventos más significativos.

Los primeros intentos de independencia lo encontramos en 1743, cuando los condes de Santiago y de la Torre Cosío, junto a otros mexicanos proponen a las autoridades inglesas un “plan para independizar a la Nueva España”, pero esta propuesta la rechazan las autoridades británicas. Hacia 1766, otro grupo de mexicanos y el marqués D’Aubarè, prometen a los anglosajones cederles el puerto de Veracruz, a cambio de los apoye a independizarse de España. Por la misma época, se pretende la independencia de Chile y Perú. Se frustra una conspiración, en Venezuela, encabezada por Juan Bautista Picornell, Sebastián Andrés, Manuel Cortés, José María España, y Manuel Gual.

Una de las conspiraciones más referidas, por su organización y posteriores eventos, es la expedición contra Venezuela dirigida por Francisco de Miranda, a principios de 1806; Aunque desembarcan con ayuda del almirante inglés Cochrane y lanza la proclama libertaria, Miranda no recibe apoyo del pueblo y después de algunas escaramuzas, el Capitán General de Venezuela Manuel Guevara Vasconcelos, destruye la conspiración. Muchos serán los intentos por la independencia, empero, evidentemente las condiciones sociales y políticas no estaban dadas para ganar estas luchas.

Los eventos en las trece colonias inglesas de Norteamérica, y la invasión napoleónica a España, así como otros sucesos en la Península, hacia finales del siglo XVIII y las dos primeras décadas éste siglo XIX, van a enaltecer vertiginosamente los sentimientos independentista en las Indias occidentales. Desde 1808, las colonias se van a “levantar una tras otra”. Simón Bolívar y San Martín, entre otros excelsos independentistas, logran hacia 1824 de sean independientes las colonias Latinoamericanas. Infortunadamente, Cuba se mantendrá al margen de estos importantes acontecimientos y continuará todo el siglo XIX bajo el dominio colonial.

Así las cosas, como no es intención de estas consideraciones profundizar en las luchas por la independencia en el continente americano, es hora de escudriñar en la memoria histórica cubana del siglo XIX y sobre lo acontecido en las guerras de independencia. Empero, como el discernimiento y las razones deben salvaguardar un punto de vista libre, y es necesario un proceder receptivo y concentrado como premisas fundamentales en toda actividad humana y en la perseverante búsqueda de la verdad. Estoy persuadido de es útil al propósito de todas estas consideraciones y a la eventual transición en Cuba, de principio a fin, el compartir una reflexión de Chistiam Plantini: “Se argumenta en todas las situaciones en las que existe una alternativa, una posible contestación, en las que hay que justificarse, en las que hay que comprometerse en la acción y tiene que tomarse decisión justa”. A buen entendedor con pocas palabras...


El preámbulo de estas guerras, por la independencia de Cuba, tiene varios hechos que serán catalizadores de estas sangrientas contiendas. Como la conspiración masónica-liberal, de Román de la Luz y Joaquín Infante, que intentó de se adoptará, en 1809, una Constitución cubana autónoma, que por falta de apoyo naufraga. También, la represión, en 1812, de la “revuelta negra” de J. Antonio Aponte.

España continúa manipulado los sentimientos de algunos criollos fieles y en 1810 le concede a Cuba dos escaños de diputado en las Cortes de Cádiz, donde los diputados criollos votan a favor de la Constitución Liberal de 1812. Empero, en 1814, Fernando VII restablece el absolutismo en España.

Hacia 1822, en La Habana, surge una fuerte corriente “anexionista”, que tendrá como figuras a Gaspar Betancourt Cisneros (El Lugareño) y Miguel Teurbe Tolón. Esta corriente política realiza acciones como la expedición de Narciso López, que interceptada por los españoles. Capturan a López y muere en garrote en La Habana, el 1 de septiembre de 1851. Además, los anexionistas hacen propuestas a los Estados Unidos, que por estas fechas ya tenía interés de poseer la isla “a causa de su posición clave en el golfo”, y fijará una política de “espera paciente”.

A propósito de estas aspiraciones norteamericanas, sin el menor pudor John Quince Adams declaró en 1823: “Existen leyes de gravitación política, como existen las de gravitación física, y así como una manzana que el viento arranca del árbol tiene forzosamente que caer al suelo, así Cuba, una vez roto sus lazos con España, debe necesariamente gravitar hacia la Unión norteamericana”. Esta estrategia política se fortalece con la aplicación de la “doctrina Monroe”, que con su enfoque de “solidaridad interamericana” hace honor a su concepto imperial de “América para los americanos”, que años después será un instrumento fundamental para que Theodore Roosevelt y los futuros gobiernos estadounidenses puedan aplicar la filosofía intervencionista de Estados Unidos en cualquier parte del hemisferio occidental. Aún hoy día y en pleno siglo XXI esta política la continúa monopolizando y sistemáticamente la aplica por todo el planeta.

Con ayuda de los ejércitos de México y Colombia, Simón Bolívar tratará de apoyar la independencia de la mayor de las antillas, “estos dos países aprobaron la idea, ya que se temía que España pudiera utilizar Cuba como punto de partida para una futura reconquista de sus colonias”. Esta iniciativa bolivariana fracasa por no tener en la isla suficientes seguidores.

Desde de 1825, siendo gobernador Dionisio Vives, se acosa y reprime los criollos, blancos, negros o mulatos, que tengan ideas avanzadas o desobedezcan las normas establecidas por las autoridades españolas.

Entre 1820 y 1868 se reagrupan los reformistas que tratarán de Cuba continúe bajo la protección de la España liberal. Los anexionistas no renunciaran a la idea de intentar una intervención de Estados Unidos y ser un estado de la unión; y los independentistas no descansaran hasta el 10 de octubre, cuando Carlos Manuel de Céspedes, en el ingenio azucarero de su propiedad, “La Demajagua”, libera a sus esclavos y lanza el grito de “Viva Cuba Libre”, de esta manera comienza la “Guerra de los Diez Años”. ¡NAMASTE! [Continúa en HISTORIA DE CUBA: CONTRIBUCIONES PARA EL DEBATE HONESTO (8)]

Ciudad de la Eterna Primavera, Otoño de 2007.
©Pablo Felipe Pérez Goyry.

5 de noviembre de 2007

Historia de Cuba: Contribuciones para el debate honesto [6]


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.


Corrientes políticas cubanas del siglo XVIII y XIX


Sin doble sentido y con pundonor se debe examinar la historia, para buscar la esencia de los acontecimientos que es donde reside la verdad. Por eso, comentábamos que analizar el descubrimiento, conquista y colonización del archipiélago cubano, posibilita entender porque tendrán repercusiones desastrosas para la corona española ―al llegar el último decenio del siglo XVIII y primera mitad del siglo XIX―, por el acrecentamiento de los debates relacionados con la nacionalidad e independencia cubana.

Ese será tema a indagar más adelante, con el honesto objetivo de alimentar el intelecto y para al final encuentre el leedor por propia voluntad la verdad o la deseche, si así lo quiere, porque es libre de decidir y respeto su libertad.

Anteriormente señalamos, y en otros escritos, de que es inevitable una transición en Cuba como alternativa que permita poner fin al régimen marxista-fidelista que hoy abarrota el alma de la nación cubana. Teniendo en cuenta esta realidad, mi humilde opinión es de que bien vale la pena el tener en cuenta el pensamiento político-social y filosófico de la Cuba del siglo XXI.

Por su importancia, estas contribuciones invitan a la reflexión y del por qué es menester dar una ojeada a estas corrientes filosófica y políticas de la época, para se abra la puerta del intelecto y comprender los acontecimientos del siglo XIX, que son referentes de los orígenes de la nacionalidad cubana y argumento fortísimo para ilustrar y evitar irreversibles yerros que lamentar al llevar a vías de hecho una razonable transición en Cuba.


Hacia finales del siglo XVIII, se propagan los conflictos entre los intereses de la aristocracia criolla y española. Esta clase criolla, en su mayoría nacidos en Cuba, se va estructurando con el clero rural, los pequeños agricultores, y hacendados ricos, quienes aspiran tener una participación más activa en el quehacer nacional, estabilidad económica, política y social sin la intervención de la Metrópoli. Así las cosas, entre finales del siglo XVIII y durante el XIX, crece y propaga este sentimiento criollo que van a dar origen a las tres principales corrientes político-sociales más significativas: Reformismo, Anexionismo, e Independentismo, que evolucionaran en el contexto socio-económico del esclavismo y los antiesclavistas. Es bueno señalar, que estas corrientes se entrecruzan en el tiempo y en su evolución.

Los reformistas, aspiraban a que España les concediera ciertas libertades a cambio de ser súbditos incondicionales de la metrópoli, y con esto evitar un enfrentamiento que pusiera en peligro sus intereses.

Se dice que en su primera etapa (1790 a 1820) los reformistas querían negociar con España tres aspectos fundamentales:

a. Social: Mantenimiento de la trata negrera y de la esclavitud.

b. Política: Asimilación o autonomía.

c. Económica: Libertad para el comercio con terceros países, particularmente
con Estados Unidos de América.

En este período y con la ayuda de las influencias del líder del grupo reformista, Francisco Arango y Parreño, España les concede a los isleños continuar introduciendo esclavos y cierta pasividad de las autoridades en relación con el intercambio comercial. Empero, no acepta España la asimilación que solicitan de sea Cuba una provincia española; y la autonomía con supervisión española, para el criollo forme parte del gobierno de la isla. En 1818, la metrópoli acepta la libertad comercial, y en 1820 autoriza, de manera oficial, la trata negrera y la tolerancia para contrabandear.

Entre 1830 y 1837 se desarrolla una segunda etapa de la corriente reformista, que tendrá como figuras destacadas a José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero y Domingo del Monte, y que fundamentalmente solicitaban:

a. Social: Mantenimiento de la esclavitud y eliminación de la trata negrera.

b. Política: Asimilación o autonomía.

c. Económica: Rebaja de los aranceles de las mercancías, como complemento de la
libertad comercial; que se otorga en 1830.

Por estas fechas, comienza la introducción de la máquina de vapor y con ella la menor necesidad de esclavos. También, se exacerba el resentimiento hacia los reformistas, por parte del Capitán General Miguel Tacón. En 1834, a José Antonio Saco lo deportan a España. Esta etapa reformista fracasa en 1837.

No se puede relegar al olvido, de que la ocupación de España por los ejércitos napoleónicos; los acontecimientos de las trece colonias inglesas de Norteamérica; la Revolución Francesa y la Declaración de los Derechos Humanos, entre otros eventos, van a ser los catalizadores del desmoronamiento del sistema colonial español.

De alguna manera pudiera afirmarse que se inicia, entre 1808 y 1824, el proceso de emancipación de las colonias. Hacia 1824, exceptuado Puerto Rico y Cuba, la América española era independiente. Para España, la situación se tornará insostenible, porque Cuba y Puerto Rico son las únicas posesiones que le quedan en el Nuevo Mundo, y las exigencias de los criollos de pagar menos impuestos y más autonomía pone en peligro la aparente estabilidad política.

En las primeras décadas del siglo XIX, el comercio y la política en estaban en manos de la elite peninsular. Los terratenientes, de origen español y los criollos tenían el poder del capital local. Con el tiempo, estos privilegios y los excesos de las autoridades va a estimular el descontento y los conflictos que mudara de aires la historia de Cuba.

La actitud represiva del gobierno español, durante el gobierno despótico del Capitán General Miguel Tacón en la década de 1830, hace que madure el sentimiento independentista entre los cubanos. Se profundiza el descontento y el movimiento independentista alcanza una mayor popularidad entre 1834 y 1838.

Por todas estas razones, no se harán esperar en la vida política cubana durante todo el siglo XIX, las conspiraciones y revueltas contra el dominio español. En 1844, una sublevación de esclavos negros es brutalmente reprimida. Un movimiento favorable a la anexión de la isla a Estados Unidos de América se articula entre 1848 y 1851, su líder, el general Narciso López, es capturado y ejecutado.

Como parte de su política de expansión, el gobierno estadounidense hace varias ofertas para comprar la isla, y España las rechaza. También, en 1865, con la derrota de los sureños en la Guerra de Sucesión estadounidense, se declara el fin de la esclavitud en Estados Unidos de América.

Indiscutiblemente, entrado el siglo XIX se va perfilando con fuerza determinante la corriente independentista, que se impone a la reformista que insiste en su lucha de continuar fieles a la metrópoli y a los anexionistas que albergan la esperanza de Cuba sea parte de los Estados Unidos de América.

El período de 1820 a 1868 será dramático para España, al hundirse su dominio colonial en Latinoamérica. En Cuba, al margen del movimiento de emancipación de la Indias occidentales y última colonia, crecerá la crispación y enfrentamientos de las diferentes corrientes políticas con la agónica metrópoli. Los reformistas, a como diera lugar, trataban de asociarse con los ideales de la España liberal; independentistas de un lado y anexionistas del otro, conspiraban, preparaban y llevan a vías de hecho la guerra para alcanzar la soberanía y libertad de los cubanos.

Finalmente, los acontecimientos en el siglo XIX serán trascendentales para el futuro de la isla. A todas luces los hechos y la historia así lo demuestran. ¡NAMASTE! [Continúa en HISTORIA DE CUBA: CONTRIBUCIONES PARA EL DEBATE HONESTO (7)]

Ciudad de la Eterna Primavera, Otoño de 2007.
©Pablo Felipe Pérez Goyry.

4 de noviembre de 2007

Historia de Cuba: Contribuciones para el debate honesto [5]


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.


De la Nación cubana


Decía Platón, que difícilmente se podía encontrar la verdad si no se buscaba con el razonamiento, porque esta aparece cuando el argumento y la coherencia están respaldadas por la reflexión y entendimiento. Es decir, el argumento y la verdad son complementos, sin ellos amalgamados es adoptar una actitud no receptiva y mucho menos inteligente.

Precisamente, buscando esa verdad, para un adecuado razonamiento que facilite el coherente argumento, es evidente de la nacionalidad es “una condición y carácter peculiar de los pueblos y habitantes de una nación”; en el caso de Cuba, desde sus inicios como colonia, reviste una particular característica que está sustentada en la diversidad étnica y cultural.

Con la llegada de los españoles, en Cuba va a ocurrir el cruce genético entre conquistadores y aborígenes. Al desaparecer los nativos del archipiélago y con la llegada de los esclavos africanos, se va a producir un cruce entre estos y los españoles. Los pocos mestizos (españoles-indígenas) se mezclarán con blancos y africanos. Estos elementos indiscutibles producen una compleja fusión de razas y auténticos tipos étnicos. A esta diversidad racial y cultural, hay que sumar la de los emigrantes chinos, haitianos, alemanes, franceses, italianos, norteamericanos, etc., que se mezclaran entre ellos, y con los españoles, mestizos y africanos.

Por siglos, esta multiplicidad étnica, a generado debates y opiniones encontradas sobre cuales han sido los efectos de estos cruces genéticos o raciales; especialmente la aportación africana que está presente en los mulatos, fruto de los cruces entre blancos y negros. Para los más conservadores, el comienzo de la “contradicción de dos razas, habla de las individualidades inestables, inadaptadas y fomentadoras de conflicto”. Otros, argumentan de estas mezclas han puesto de relieve los rasgos, temperamento, carácter, etc., que son distintivos y propios de los cubanos.

Es de esta manera, que al desaparecer los aborígenes, en el primer siglo de la conquista, se inicia el desenfrenado poblamiento de la isla, por personas provenientes de diversas naciones. Quizá este pudiera ser el origen de la nación y nacionalidad cubana. Sin embargo, no hay un acuerdo en este sentido.

Existen criterios coincidentes de que la nación surge, con fortaleza indiscutible, en la primera guerra por la independencia, que se inicia el 10 de octubre de 1868, cuando Carlos Manuel de Céspedes ―Padre de la Patria― lanza el Grito de Yara.

Ilustres criollos, como José de la Luz y Caballero, Gaspar Betancourt Cisneros, Félix Varela, Domingo del Monte, Francisco de Arango y Parreño, José Antonio Saco, Miguel Teurbe Tolón, Narciso López, Joaquín de Agüero y Agüero, Isidoro Armenteros, Francisco de Frías (Conde de Pozos Dulces), Anacleto Bermúdez, Ignacio Agramonte, José Martí y otros excelsos cubanos, más para bien que mal, vislumbraron la necesidad de reformar la condición de colonia y luchar por la independencia.

No hay dudas de que los conflictos de intereses y los arcanos sobre los conceptos de nación o colonia, así como los de independencia y anexión, son los catalizadores de la cimentación de la nación y nacionalidad. Juntamente, se va moldeando el criollo que poco a poco va adquiriendo las características incuestionables que lo hacen diferente a los peninsulares. Este contexto social, económico, político, y los acontecimientos futuros, va a consolidar la nacionalidad.

Una prueba de ese sentimiento aflora en el poema “Abdala”, de José Martí, que se publica el 23 de octubre de 1869, en el periódico “La Patria Libre”:

“El amor, madre, a la patria / No es el amor ridículo a la tierra, / Ni la yerba que pisan nuestras plantas; / Es el odio invencible a quien la oprime, / Es el rencor eterno a quien la ataca...” (...) “Quien a su patria defender ansia / Ni en sangre ni en obstáculo repara; / Del tirano desprecia la soberbia; / En su pecho se estrella la amenaza; / ¡Y si el cielo bastara a su deseo, / Al mismo cielo con valor llegara!”.

Es evidente, que a pesar de su accidentado origen como nación y, su dilatada historia de angustias y desesperanzas, los cubanos son personas cálidas y solidarias, emprendedoras y apasionadas, tienen una alegría y sensualidad envidiables que se fusionan con los placeres del baile y la música, el arte culinario y la charla amena. La nación cubana, goza de un incalculable espíritu nacionalista y patriótico, que lo resume el escritor y dramaturgo cubano José Triana cuando dice: “Jamás he confundido al gobierno con el pueblo. Hay grandes virtudes que hacen destacar a los cubanos en el concierto de naciones. Entre ellas, señalaría su paciencia y su generosidad sin parangón (...) Creo que ningún gobierno jamás ha representado a nuestro pueblo. Al contrario, todos los gobiernos se han aprovechado de esa paciencia y esa generosidad”.

Así que, por lo dicho aquí y de la mano del sentimiento nacionalista, en este ambiente social de la colonia y el criollismo, surgen las diversas corrientes política-sociales y filosóficas. Las más significativas son: Reformismo, Anexionismo, e Independentismo. Por su importancia, es menester mirarlas de cerca, pues, de alguna manera es inevitable un repaso a estas corrientes filosófica y políticas de la época, que facilite comprender mejor los acontecimientos cubanos del siglo XIX, que son referentes obligados no-solo de los orígenes de la nacionalidad sino como argumentos fortísimos para llevar a vías de hecho una razonable transición en Cuba; que son elementos valiosísimos que bien vale la pena tener en cuenta para enriquecer el pensamiento político-social de la Cuba del siglo XXI, y evitar irreversibles yerros que lamentar.

Finalmente, no hay dudas de los cubanos son seres humanos decentes y estoicos, de una especial condición de fidelidad a sus ascendencias y que en el Caribe son de los de mayor diversidad étnica. ¡NAMASTE! [Continúa en HISTORIA DE CUBA: CONTRIBUCIONES PARA EL DEBATE HONESTO (6)]

Ciudad de la Eterna Primavera, Otoño de 2007.
©Pablo Felipe Pérez Goyry.

3 de noviembre de 2007

Historia de Cuba: Contribuciones para el debate honesto [4]


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.


Descubrimiento y Colonización de Cuba (3)


§
Bayamo fue la primera villa establecida por Velásquez, desde donde se organizó la vida colonial de la isla. Posteriormente vinieron otras villas, entre ellas la de Santiago de Cuba, que será por largo tiempo la capital del archipiélago.

§ Hacia el segundo decenio del siglo XVI, se consolida la presencia española en Cuba. La explotación brutal mediante las encomiendas (servidumbres) y la minería, así como la ganadería y agricultura, serán por varios siglos las principales actividades económicas de la isla. A finales del siglo XVI y principio del XVII, aparecen los primeros ingenios azucareros, que será a partir del siglo XIX el principal reglón de exportación. Más adelante, aparece la industria del tabaco.

§ El monopolio de la Casa de Contratación de Sevilla, estimula el “comercio de rescate” o contrabando. Esta actividad genera la represión de las autoridades españolas. Por esta época España está debilitada por las guerras que emprende contra otras naciones europeas.

§ Durante el reinado de Felipe V, Cuba se ve involucrada en conflictos que tenían como protagonista a España. Desde la isla se organizaron expediciones para atacar intereses ingleses y franceses. Los mares próximos a Cuba, son escenario de batallas contra los corsarios ingleses; en dos años, se capturan 77 buques ingleses y norteamericanos. Juntamente, en 1762, los ingleses ocupan la bahía de Guantánamo y La Habana.

§ Hacia la segunda mitad del siglo XVI, los éxitos y las riquezas encontradas en otros territorios americanos traen a la isla prosperidad, por ser el puerto de La Habana una escala para el abastecimiento de las expediciones españolas que marchaban a explorar y conquistar territorios como el de México, y los barcos que regresaban a Europa cargados con las riquezas del Nuevo Mundo.

§ Con la llegada al trono del rey Carlos III (1759 – 1788) se institucionaliza el monopolio comercial entre Cádiz (que sustituyó al puerto de Sevilla) y La Habana. Así como entre Santiago de Cuba y Matanzas, con Barcelona, Alicante y la Coruña. A partir de 1783, se establece el comercio con las Trece Colonias de América del Norte.

§ Los primeros negros esclavos, traídos de África occidental, llegaron a la isla en el siglo XVI. Dicen los registros relacionados con la trata de negros de fueron importados a Cuba 925 mil 868 esclavos, de las étnias hamito negroides, ewe-tshi, carabalíes, lucumís, congos y mandingas. Desde finales del siglo XVIII y principios del XIX, la esclavitud se incrementa en las plantaciones.

§
El trato inhumano a los esclavos, genera rechazo y rebeldía por parte de estos. Muchos escapan al monte y se convierten en cimarrones, otros encuentran la muerte por tener la osadía de enfrentar a los propietarios de sus vidas. En 1533, 1538 y 1616, se registraron sublevaciones de esclavos, negros libres y cimarrones.

§ La guerra de independencia de Estados Unidos (1779 a 1783), dio lugar a un comercio muy provechoso para Cuba y las nuevas repúblicas americanas. Además, en la vecina Haití (1791-1795), la sublevación de los esclavos favoreció la economía cubana. Estos eventos y otros no menos importantes, elevaron las ganancias y fortunas distinguidas familias criollas y españolas, dejando en la ruina a los pequeños propietarios y fundamentalmente a los productores de tabaco.

§
España acelera la desapareció del feudalismo y el florecimiento de la monarquía.

§ Se instituye por varios siglos como una nueva potencia económica y política.

§ Establece la conquista y colonialismo como política de sometimiento a como de lugar de las poblaciones del Nuevo Mundo.

§
Se genera una dinámica mercantilista e intercambio comercial entre el Nuevo Mundo y Europa.

§ La mezcla de razas y culturas, crea nuevos tipos étnicos.

§
El costo sin lugar a dudas es la matanza y desaparición de las comunidades indígenas asentadas en el archipiélago cubano, antes del descubrimiento.

Queda en claro de “lo que para la corona española fue provechoso es una herida grave que no ha cicatrizado”. Sin embargo, “lo pasado, pasado, y lo mal hecho perdonado queda”. Empero, sobre lo tratado aquí con buena fe, no tiene la intención de hacerle “subir a la cara la sangre” a los descendientes de aquellos predecesores que con sus acciones bestiales provocaron el sufrimiento y con sangre inocente enlutaron la tierra cubana. Luego, no es un exceso pensar de España y otras naciones tienen pendiente una incalculable deuda moral con América y otras colonias, pues, las heridas están en los genes de los descendientes que sufrieron los execrables caprichos y el sangriento ultraje de los conquistadores y colonizadores. Sincero o no, el Vaticano tuvo el valor de pedir perdón por sus excesos pretéritos, ojalá los países conquistadores y colonizadores tengan al menos la decencia de hacer lo mismo.

Por eso es imprescindible escrutar con moderación en la historia, para de la mano pueda el lector profundizar aún más en los fracasos, contentamientos y en la razón de ser de la nación cubana; para tenga capacitado criterio al analizar los acontecimientos y trasladarlos con discernimiento a nuestros días. Es decir, llegue a personal conclusión que ilustre la reflexión y avive el debate honesto, para abrir la puerta de la liberalidad y la unidad de la nación cubana.

Pudiera pensarse de es una utopía, pero creo en la madurez, prudencia, y formación social-política de los cubanos; tengo la esperanza de en su momento sus acciones serán contundentes y en los destinos de la patria tendrán la última palabra. “A buen entendedor pocas palabras bastan”.

Sé de algunas interrogaciones pueden permanecer sin respuestas. Queda en libertad el leedor en dar las propias versiones en las que crea, sin olvidar que “deja el sabio de serlo, y es inicuo el justo, si su amor por la virtud va lejos en demasía”.

Los eventos, enumerados y otros por enumerar, antes, durante y después del descubrimiento, conquista y colonización, tendrán consecuencias lamentables para España, pues, al llegar el último decenio del siglo XVIII y primera mitad del siglo XIX, aparecen los precursores de la nacionalidad cubana y los enfrentamientos para conquistar la independencia. Empero, ese será tema a indagar más adelante. ¡NAMASTE! [Continúa en HISTORIA DE CUBA: CONTRIBUCIONES PARA EL DEBATE HONESTO (5)]

Ciudad de la Eterna Primavera, Otoño de 2007.
©Pablo Felipe Pérez Goyry.

2 de noviembre de 2007

Historia de Cuba: Contribuciones para el debate honesto [3]


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.


Descubrimiento y Colonización de Cuba (2)


En 1763, después de finalizar la guerra de los Siete Años, la corona cambia su política en la isla, que estimula la colonización, el desarrollo de la agricultura, y la expansión del comercio. Se hace más rentable la naciente industria del azúcar, que se beneficia por la destrucción de la economía azucarera y el café en la vecina isla de Santo Domingo. Esta situación hace de Cuba se convierta en el principal productor de azúcar en el continente. Hacia el siglo XVII, el tabaco se suma como un reglón importante de la economía cubana.

De manera oficial, las restricciones al comercio se eliminan en 1817, lo que facilita el avance económico y cultural en la isla. También, entre 1774 y 1817, la población aumenta de 171.000 habitantes ―44.000 eran esclavos― a más de 550.000.

Ya comentamos de los primeros esclavos traídos de África occidental llegan a Cuba, a mediados del siglo XVI, para remplazar a los aborígenes, porque ya estaban en vías de extinción. Esta necesidad se hace más urgente a finales del siglo XVIII, con el apogeo de la industria azucarera. Por esas fechas aumenta de 60 000 en 1763 a 500 000 en 1841, que va a representar la tercera parte de la población. Se dice que hasta la abolición de la esclavitud, los barcos negreros desembarcaron en Cuba alrededor de un millón de africanos. Más adelante, para solucionar la escasez de mano de obra, llegaron a tierras cubanas unos miles de chinos, indios de Yucatán, y haitianos. También, posteriormente, se asentaron norteamericanos, polacos, italianos, franceses, alemanes, etc., muchos de religión judía.

Esta evidente prosperidad, juntamente con el crecimiento de la ganadería y otros reglones económicos, tendría un alto costo de muerte, tortura y asesinato de las más elementales leyes humanas, por los horrores de la esclavitud en todas sus manifestaciones. Una realidad brutal que obliga a muchos esclavos ha sublevarse o los fuerce la desesperación a suicidarse. Estos excesos, vigorizaran la nacionalidad cubana y muy pronto traería sobresalientes acontecimientos que exacerbaran los anhelos de libertad y soberanía, como el alzamiento de los vegueros en 1717, la sublevación de los mineros de El Cobre en 1731, y el intento separatista de Nicolás Morales en 1795, por solo citar algunos hechos que de alguna manera son síntomas de la reafirmación de la nacionalidad.

De 1779 a 1783, la guerra de independencia de Estados Unidos dio lugar a un comercio muy lucrativo entre las nuevas repúblicas americanas. Además, la sublevación de los esclavos en la vecina Haití (1791-1795) favoreció la economía cubana. Se puede asegurar, que estos sucesos y otros no menos importantes, aumentaron en todos los terrenos las ganancias y fortunas de un selecto grupo de familias criollas y españolas, dejando en la ruina a los pequeños propietarios y especialmente a los productores de tabaco.
Así las cosas, la época que hemos indagado en la historia pretérita cubana está ligada indisolublemente a la de toda Ibero América, como escabroso y resultante proceso de formación estructurada en tres etapas significativas: la América indígena, la América unida a España y Portugal, y la Comunidad Iberoamericana.

En Cuba, la organización colonial española se ha instalado, para bien o para mal. La Iglesia, queda establecida y amalgamada a la corona. Es decir, hacia el siglo XVIII, la sociedad colonial está enraizada y tiene el aparente control del archipiélago. También, los terratenientes criollos hacen su parte en el quehacer económico y político.

Estudiar e incluso tratar de escudriñar detalles de los acontecimientos relacionados con el descubrimiento, conquista y colonización de Cuba, por los españoles, es tarea sempiterna. En lo personal, he tratado de describir algunos eventos relevantes, conciente de no es lo único y mucho menos pensar de lo dicho en estas cuartillas es la verdad absoluta.

A manera de resumen, podemos decir que el descubrimiento, conquista y colonización del archipiélago cubano tuvieron una trascendencia nunca imaginada, entre otras:

La población autóctona a la llegada de conquistadores españoles (1511) era de unas 110 mil personas. Hacia 1550, según lo recoge las Actas Capitulares del Cabildo de La Habana, quedaban menos de 4 mil aborígenes.

La desaparición de los aborígenes, como consecuencia de la brutal conquista e inicios de la colonización, ha obligado a las futuras generaciones de historiadores a basar sus investigaciones en las crónicas y documentos de esos tiempos, y con la ayuda de la arqueología y antropología llegar a temerarias conclusiones. Los primeros restos arqueológicos se descubren en 1847. No obstante, hay tres términos para identificar a los aborígenes cubanos: siboneyes, taínos y guanahatabeyes. Otros estudios señalan que seis mil años antes de la llegada de los aborígenes conocidos, habitaban la isla de Cuba hombres arcaicos, denominados por la ciencia como seres humanos preagroalfareros, que corresponden al período predinástico en Egipto y anterior a la construcción de las grandes pirámides.

Se asegura de que el poblamiento del archipiélago cubano ocurrió por sucesivas migraciones desde tiempos remotos. Así las cosas, quedan truncadas huellas de lo que fue la cultura precolombina cubana, salvo algunos objetos, herramientas y lo escrito por los propios conquistadores y colonizadores. Infortunadamente, nuestras raíces originarias y las pruebas de su presencia en Cuba desde el siglo VIII d. C. son mínimas.

Las raíces lingüísticas de los aborígenes cubanos eran originarias de los araucanos, que reafirma de su procedencia era desde el norte de América del Sur.


Cuando Sebastián de Ocampo termina el bojeo en el 1508, Cuba es clasificada como una isla.

Certifican los documentos de la época, de Cuba es “olvidada” por los españoles hasta 1510. Por esas fechas, Diego Colón (gobernador de Las Indias) y Diego Velásquez (el hombre más rico de La Española), emprenden la conquista y colonización del archipiélago. Este último, debe enfrentar la sublevación de los aborígenes de la zona oriental de Cuba; esta “pacificación” fue sangrienta. El cacique Hatuey, es uno de los mártires de la irracionalidad de los conquistadores.

La crueldad de Francisco de Morales en la región de Maniabón, que repartió a los indígenas como esclavos entre sus hombres y el atropello de Pánfilo de Narváez en Bayamo, que permitió a su tropa apropiarse de las mujeres y les robaran a los pobladores todo lo que tenían, serán eventos que estremecería al más indiferente de los mortales. ¡NAMASTE! [Continúa en HISTORIA DE CUBA: CONTRIBUCIONES PARA EL DEBATE HONESTO (4)]

Ciudad de la Eterna Primavera, Otoño de 2007.
©Pablo Felipe Pérez Goyry.

1 de noviembre de 2007

Historia de Cuba: Contribuciones para el debate honesto [2]


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.


Descubrimiento y Colonización de Cuba (1)


En el introito de estas contribuciones, explicamos que ellas pretenden explorar la historia cubana, que sean útiles para pueda realizarse una transición razonable en Cuba. No es un manual, simplemente escudriñar en la accidentada existencia nacional y en la historia misma. De ahí que no sea una obligación, sino una necesidad para evitar repetir los errores pretéritos, la mucha tristeza y perdidas de vidas excelentes. Por todas estas razones y con la oportunidad maravillosa que la paciencia del lector me permite, tratare de condensar pasajes de la historia de Cuba.

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Hacia el siglo XV, Europa estaba sumergida en el absolutismo monárquico y se estructuraba el capitalismo comercial que desesperadamente necesitaba expandirse. Esta realidad dio origen a la burguesía, compuesta por los latifundistas, comerciantes, industriales, banqueros, artesanos y obreros. Por otro lado, en esa época, los inventos como la imprenta, el papel, la brújula, el astrolabio, la pólvora, etc., facilitó de los hombres pudieran encarar retos hasta ese momento impensables. Este contexto económico, social, político y cultural, sumados al bloqueo que tenían los moros en el Mediterráneo y Asía Menor, obligan a la corona española buscar nuevas rutas que lleven a la India.

El 28 de octubre de 1492, cerca de lo que después sería Gibara, en la costa Norte de Cuba, desembarca Cristóbal Colón, durante su primer viaje al Nuevo Mundo. La bautiza con el nombre de isla Juana, en honor a la hija de los Reyes Católicos, sus benefactores para realizar la aventura oceánica. Es así como se produce el descubrimiento e inicio de la conquista de Cubanascnan, nombre aborigen del archipiélago y que finalmente será Cuba. Colón recorre la isla durante unas cinco semanas. Regresa en 1493, con una expedición de 12 000 hombres y diecisiete barcos, y explora en detalle la costa sur hasta la zona de Batabanó. Sebastián de Ocampo, comprueba que es una ínsula dándole la vuelta en 1508.

De acuerdo a las investigaciones más creíbles, la isla estaba habitada por dos pueblos: los siboneyes y los arawak, ambos originarios de Suramérica (amazónicos). El archipiélago estaba poblado principalmente por un grupo arawak, el de los tainos que eran pacíficos campesinos que cultivaban fundamentalmente la mandioca y el maíz, eran muy hábiles para trabajar la madera. Los siboneyes eran más atrasados, no cultivaban la tierra y sus herramientas eran muy rudimentarias, se concentraban en la zona occidental de la isla, vivían de la pesca y moraban en las cavernas. Se calcula que había unos 110 000 indígenas en Cuba a finales del siglo XV, y que el 90 por ciento era taino.

Comienza la conquista española en el 1511, por el extremo oriental de la isla, cuando llega desde la Hispaniola Diego Velázquez (teniente del virrey Colón) al mando de una expedición de 300 hombres ―entre ellos Hernán Cortés (que posteriormente conquista territorio azteca), Pedro de Alvarado, Bernal Díaz del Castillo y Bartolomé de las Casas (que aún no era fraile)―. Ya en 1516, existían varios asentamientos, como las villas de Baracoa (la ciudad primada), Bayamo, Trinidad, Santi Spíritus, Matanzas, Puerto Principe, Santiago de Cuba y La Habana (en un principio se localizaba en la costa sur). En estas villas se construyen fortificaciones a prueba de asaltos y de conquistas; hoy día son silenciosos testigos y una prueba del esfuerzo de la corona para salvaguardar los territorios conquistados. Infortunadamente, entre 1520 y 1530, muchos colonos asentados en la isla emprenden expediciones de conquista y colonización, en regiones de México y Perú, lo que debilita la economía isleña. Por esta razón, Cuba se convierte en un villorrio, con unos 700 colonos españoles y una grave decadencia económica.

Primero la conquista y a continuación la colonización, en corto tiempo se convertiría en un calvario para los aborígenes. Según Fray Bartolomé de las Casas “rara vez visto en los anales de la humanidad” la brutalidad de los conquistadores. A mediados del siglo XVI los aborígenes prácticamente estaban aniquilados, unos por revelarse o víctimas de la inhumana explotación en las plantaciones y minas, otros por las enfermedades que los españoles trajeron consigo. Cuentan las crónicas, que a finales del 1550, había menos de 3 000 indígenas. Resulta evidente que esta será la principal causa que obliga a los colonizadores iniciar la importación de esclavos, desde África occidental, para que realizaran el trabajo de las minas y las plantaciones.

Hacia la segunda mitad del siglo XVI, los éxitos y las riquezas encontradas en otros territorios americanos traen a la isla prosperidad, por ser el puerto de La Habana una escala para el abastecimiento de las expediciones españolas que marchaban a explorar y conquistar territorios como el de México, y los barcos que regresaban a Europa cargados con las riquezas del Nuevo Mundo.

Las fértiles tierras, la minería, la pequeña industria, el comercio, la agricultura y la estratégica posición geográfica, son factores que facilitan de Cuba prosperará durante los siglos siguientes, estimulando la voracidad de otras naciones del viejo continente. Por esta época, la depravada falta de escrúpulo y la ambición desmedida incita a que algunos colonizadores recurrieran al comercio ilegal, con los corsarios y con las colonias vecinas; violentando las restricciones establecidas por las autoridades españolas respecto a las actividades comerciales. Por consiguiente, serán frecuentes los ataques y saqueos de piratas, corsarios y unidades navales. Los franceses saquearon sistemáticamente las villas durante el siglo XVI y la flota inglesa toma La Habana en 1762 y permanecen diez meses. ¡NAMASTE! [Continúa en HISTORIA DE CUBA: CONTRIBUCIONES PARA EL DEBATE HONESTO (3)]

Ciudad de la Eterna Primavera, Otoño de 2007.
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