9 de noviembre de 2007

Historia de Cuba: Contribuciones para el debate honesto [10]


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.


La Guerra de los Diez Años (1868 – 1878) [2]


Síntoma de las divisiones internas y que van a resentir la estructura de las fuerzas independentistas es la decisión de la Cámara de Representantes de destituir a Carlos Manuel de Céspedes (1873); en Lagunas de Varona, Vicente García y otros generales exigen la modificación de parte de la Constitución de Guaímaro, una Reforma General del Gobierno en Armas y la destitución del Presidente interino Salvador Cisneros Betancourt; los villaclareños y camagüeyanos rechazan de plano los dirija jefes de otras regiones. Mas adelante Cisneros renuncia y se convoca a elecciones para renovar la Cámara. El mando conjunto de Oriente y Camagüey queda en poder de Vicente García.

No obstante, Gómez no renuncia a su intención de avanzar hacia el occidente de la isla. Con más de mil hombres, a principios de 1875, cruza la trocha defensiva de “Júcaro a Morón” que los españoles tienen levantada entre ambas costa para evitar el avance de las tropas independentistas hacia el occidente y puedan estos extender la guerra.

Los españoles, con sus fortines y 22 batallones, no pueden detener la invasión y las tropas mambíes logran ingresar a Las Villas, y algunos destacamentos incursionan en la provincia de Matanzas. Como balance de la invasión, el Ejercito Libertador destruye 83 ingenios azucareros, ocupa dos mil caballos y mil fusiles. Infortunadamente, Ignacio Agramonte, Calixto García y Carlos Manuel de Céspedes fueron muertos, y con ellos se inicia el declive de la guerra. Las batallas continúan y no falta alguna que otra victoria.

En 1976, España envía a la isla al general Arsenio Martínez Campo, con la misión de poner fin a la guerra. La Cámara de Representantes elige como presidente de la República en Armas a Tomás Estrada Palma, quien cae prisionero en 1877, y a mediados de este año las tropas de Vicente García se oponen a marchar a Las Villas. Por estas fechas, los holguineros se declaran autónomos y forman su propio gobierno, el “Cantón de Holguín”. No hay dudas que la situación es compleja y la desmoralización quebranta el optimismo del Ejercito Libertador, que ya está abocado al descalabro por estar diezmado y tras registrar 200.000 bajas. Una esperada intervención estadounidense no llegó a producirse.

Todos estos eventos serán la antesala de la “Paz del Zanjón” (Camagüey), que se firma en febrero de 1878 y que pactaba:

- la abolición de la esclavitud en Cuba,

- la entrega de las armas de los insurrectos cubanos,

- se ofreció la amnistía a los presos por motivos políticos desde 1868,

- la salida de la isla a los líderes rebeldes,

- la emancipación de los negros y asiáticos que participaron en la insurrección,

- España acepta que Cuba tenga los mismos derechos políticos y administrativos que Puerto Rico.


Antonio Maceo no se somete al pacto (Protesta de Baraguá) y decide proseguir la lucha, pero no logra su objetivo y sale del país. España no cumple lo pactado y esto estimula el inicio de la Guerra Chiquita (23 de marzo de 1879), que revive las hostilidades entre españoles y mambíes. Ante la superioridad de los peninsulares, esta guerra fracasa.

No se debe desconocer que son importantes los triunfos de Vicente Aguilera, Antonio Maceo y Máximo Gómez, pero, a finales de 1877 sólo quedaban unos 140 insurrectos en el Camagüey. Si bien es cierto de la “Protesta de Baraguá” fue un gesto decoroso para el Ejercito Libertador y la dignidad de la nación cubana, no se puede negar que los eventos durante el año 1877 no fueron beneficiosos para los mambíes.

La estrategia puesta en práctica por el general Arsenio Martínez Campos produce frutos. De un lado cercaba a las fuerzas insurgentes y del otro respetaba la vida de los prisioneros e indultaba a los desertores. A pesar de esta realidad, Antonio Maceo con sus tropas (constituidas por negros, mulatos libres, y esclavos libertos) continúa firme en su determinación de no rendirse y en sangrientas batallas logra victorias en Palma Soriano, Juan Mulato y San Ulpiano, en este último hace polvo el batallón español de San Quintín.

El regionalismo enfermizo ayuda a las intenciones de Martines Campos de poner en aprietos al Ejercito Libertador o a lo que va quedando de sus desperdigadas tropas y las contradicciones de los jefes. Es así como el 8 de febrero de 1878, los diputados a la Cámara y los Jefes insurgentes del Camagüey, deciden capitular, sin consultar a los jefes del frente oriental (Antonio Maceo y Vicente García) y villaclareña (Ramón Leocadio Bonachea). En San Agustín del Brazo, se toma la decisión de disolver la Cámara.

La Paz del Zanjón, se firma el 10 de febrero de 1878, y puso fin a la guerra (1868-1878) entre los independentistas cubanos y el gobierno español. Contienda heroica que pasará a la historia como un meritorio intento de los cubanos para librarse del yugo colonial, sin embargo, sus mayores pecados fueron la falta de unidad nacional y, las pugnas entre independentistas, anexionistas y reformistas que causan al fracaso de la guerra. También, se pierda la coyuntura propicia para la independencia de Cuba. En 1886, se decreta la abolición de la esclavitud, y la igualdad civil para negros y blancos se promulga en 1893.

Finalmente, mi opinión es que la enérgica Protesta de Baraguá honra el espíritu independentista de la generalidad de cubanos, que perdura hasta 1895. La Guerra de los Diez Años, también conocida como Guerra Grande, y la Protesta de Baraguá, consolidan la identidad y talante de la nación cubana. Una buena razón para reflexionar y anticipar las consecuencias de la evidente falta de unidad que en este momento existe en el seno de la oposición anticastrista.

Si se pretende alcanzar una transición razonable en Cuba, bueno sería de los líderes de la oposición y la nación toda no vacilaran en ilustrarse sobre los triunfos y fracasos históricos, para descifrar sus consecuencias. No quisiera se mal interprete y mucho menos que soy pesimista, empero, con respeto de los que no opinan lo mismo, mi punto de vista es que los opositores del marxismo-fidelismo, en Cuba y el exilio, sólo pueden alcanzar el triunfo si renuncian al individualismo egoísta y morboso; aceptan el pluralismo dinámico en la práctica y no solamente en palabras a secas; ser coherentes al admitir de que en la unidad está la fuerza; sus acciones gocen de liberalidad, justicia y compromiso.

Para este humilde mortal, la historia será siempre un conexo al presente que es el hoy y el aquí, y si no borramos de la memoria histórica esta verdad es posible, en el futuro no muy distante, evitar reincidir en errores execrables y apocalípticos. ¡NAMASTE! [Continúa en HISTORIA DE CUBA: CONTRIBUCIONES PARA EL DEBATE HONESTO (12)]

Ciudad de la Eterna Primavera, Otoño de 2007.
©Pablo Felipe Pérez Goyry.