6 de noviembre de 2007

Historia de Cuba: Contribuciones para el debate honesto [7]


Por Pablo Felipe Pérez Goyry.


Exordio a las Guerras por la Independencia de Cuba


Anteriormente conocimos que en el siglo XVIII en tanto la sociedad colonial española organizaba su asentamiento en el archipiélago, se agudizaron los conflictos, entre los colonizadores y criollos, por la imposición de normas para el intercambio comercial. La Metrópoli tiene el monopolio comercial y control absoluto a todos productos, con ayuda de la Compañía Real de Comercio de La Habana. También, es de conocimiento seguro y claro:

El surgimiento de un pequeño grupo de ricos terratenientes criollos, que arruina a los pequeños productores;

los eventos afines a la corriente o espíritu reformista, y sus repercusiones futuras en la conciencia de la nacionalidad cubana;

el levantamiento de los vegueros (productores de tabaco) a principios de este siglo;

la toma de La Habana por los ingleses;

la modernización, apogeo y fortificación del puerto de La Habana, después de la retirada de los británicos.

A lo dicho hay que sumar la positiva evolución comercial directa entre la isla y la mayoría de los puertos españoles, y con las trece colonias inglesas de Norteamérica.

Sin embargo, es imprescindible, antes de continuar, hacer algunas precisiones sobre el quehacer del movimiento emancipador americano, que de alguna manera va a influir en el siglo XIX en las guerras por la independencia y en el destino de Cuba. Una tarea difícil pero no estéril, que en pocos párrafos tratare de condensar señalando los hechos, indicios o eventos más significativos.

Los primeros intentos de independencia lo encontramos en 1743, cuando los condes de Santiago y de la Torre Cosío, junto a otros mexicanos proponen a las autoridades inglesas un “plan para independizar a la Nueva España”, pero esta propuesta la rechazan las autoridades británicas. Hacia 1766, otro grupo de mexicanos y el marqués D’Aubarè, prometen a los anglosajones cederles el puerto de Veracruz, a cambio de los apoye a independizarse de España. Por la misma época, se pretende la independencia de Chile y Perú. Se frustra una conspiración, en Venezuela, encabezada por Juan Bautista Picornell, Sebastián Andrés, Manuel Cortés, José María España, y Manuel Gual.

Una de las conspiraciones más referidas, por su organización y posteriores eventos, es la expedición contra Venezuela dirigida por Francisco de Miranda, a principios de 1806; Aunque desembarcan con ayuda del almirante inglés Cochrane y lanza la proclama libertaria, Miranda no recibe apoyo del pueblo y después de algunas escaramuzas, el Capitán General de Venezuela Manuel Guevara Vasconcelos, destruye la conspiración. Muchos serán los intentos por la independencia, empero, evidentemente las condiciones sociales y políticas no estaban dadas para ganar estas luchas.

Los eventos en las trece colonias inglesas de Norteamérica, y la invasión napoleónica a España, así como otros sucesos en la Península, hacia finales del siglo XVIII y las dos primeras décadas éste siglo XIX, van a enaltecer vertiginosamente los sentimientos independentista en las Indias occidentales. Desde 1808, las colonias se van a “levantar una tras otra”. Simón Bolívar y San Martín, entre otros excelsos independentistas, logran hacia 1824 de sean independientes las colonias Latinoamericanas. Infortunadamente, Cuba se mantendrá al margen de estos importantes acontecimientos y continuará todo el siglo XIX bajo el dominio colonial.

Así las cosas, como no es intención de estas consideraciones profundizar en las luchas por la independencia en el continente americano, es hora de escudriñar en la memoria histórica cubana del siglo XIX y sobre lo acontecido en las guerras de independencia. Empero, como el discernimiento y las razones deben salvaguardar un punto de vista libre, y es necesario un proceder receptivo y concentrado como premisas fundamentales en toda actividad humana y en la perseverante búsqueda de la verdad. Estoy persuadido de es útil al propósito de todas estas consideraciones y a la eventual transición en Cuba, de principio a fin, el compartir una reflexión de Chistiam Plantini: “Se argumenta en todas las situaciones en las que existe una alternativa, una posible contestación, en las que hay que justificarse, en las que hay que comprometerse en la acción y tiene que tomarse decisión justa”. A buen entendedor con pocas palabras...


El preámbulo de estas guerras, por la independencia de Cuba, tiene varios hechos que serán catalizadores de estas sangrientas contiendas. Como la conspiración masónica-liberal, de Román de la Luz y Joaquín Infante, que intentó de se adoptará, en 1809, una Constitución cubana autónoma, que por falta de apoyo naufraga. También, la represión, en 1812, de la “revuelta negra” de J. Antonio Aponte.

España continúa manipulado los sentimientos de algunos criollos fieles y en 1810 le concede a Cuba dos escaños de diputado en las Cortes de Cádiz, donde los diputados criollos votan a favor de la Constitución Liberal de 1812. Empero, en 1814, Fernando VII restablece el absolutismo en España.

Hacia 1822, en La Habana, surge una fuerte corriente “anexionista”, que tendrá como figuras a Gaspar Betancourt Cisneros (El Lugareño) y Miguel Teurbe Tolón. Esta corriente política realiza acciones como la expedición de Narciso López, que interceptada por los españoles. Capturan a López y muere en garrote en La Habana, el 1 de septiembre de 1851. Además, los anexionistas hacen propuestas a los Estados Unidos, que por estas fechas ya tenía interés de poseer la isla “a causa de su posición clave en el golfo”, y fijará una política de “espera paciente”.

A propósito de estas aspiraciones norteamericanas, sin el menor pudor John Quince Adams declaró en 1823: “Existen leyes de gravitación política, como existen las de gravitación física, y así como una manzana que el viento arranca del árbol tiene forzosamente que caer al suelo, así Cuba, una vez roto sus lazos con España, debe necesariamente gravitar hacia la Unión norteamericana”. Esta estrategia política se fortalece con la aplicación de la “doctrina Monroe”, que con su enfoque de “solidaridad interamericana” hace honor a su concepto imperial de “América para los americanos”, que años después será un instrumento fundamental para que Theodore Roosevelt y los futuros gobiernos estadounidenses puedan aplicar la filosofía intervencionista de Estados Unidos en cualquier parte del hemisferio occidental. Aún hoy día y en pleno siglo XXI esta política la continúa monopolizando y sistemáticamente la aplica por todo el planeta.

Con ayuda de los ejércitos de México y Colombia, Simón Bolívar tratará de apoyar la independencia de la mayor de las antillas, “estos dos países aprobaron la idea, ya que se temía que España pudiera utilizar Cuba como punto de partida para una futura reconquista de sus colonias”. Esta iniciativa bolivariana fracasa por no tener en la isla suficientes seguidores.

Desde de 1825, siendo gobernador Dionisio Vives, se acosa y reprime los criollos, blancos, negros o mulatos, que tengan ideas avanzadas o desobedezcan las normas establecidas por las autoridades españolas.

Entre 1820 y 1868 se reagrupan los reformistas que tratarán de Cuba continúe bajo la protección de la España liberal. Los anexionistas no renunciaran a la idea de intentar una intervención de Estados Unidos y ser un estado de la unión; y los independentistas no descansaran hasta el 10 de octubre, cuando Carlos Manuel de Céspedes, en el ingenio azucarero de su propiedad, “La Demajagua”, libera a sus esclavos y lanza el grito de “Viva Cuba Libre”, de esta manera comienza la “Guerra de los Diez Años”. ¡NAMASTE! [Continúa en HISTORIA DE CUBA: CONTRIBUCIONES PARA EL DEBATE HONESTO (8)]

Ciudad de la Eterna Primavera, Otoño de 2007.
©Pablo Felipe Pérez Goyry.