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Autor: PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY   


©Pablo Felipe Pérez Goyry

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17 de octubre de 2011

La protesta de Wall Street se intensifica y expande - Por: Sergio Ferrari y Ariel Ferrari

Altermundialistas en el corazón de Manhattan
La protesta de Wall Street se intensifica y expande

Por: Sergio Ferrari * y Ariel Ferrari*

    Un mes después de que iniciaran su    movimiento el 17 de septiembre pasado, los "indignados de Wall    Street" ratificaron su decisión de continuar la protesta. En paralelo, el último sábado  miles de personas ocuparon calles,    plazas o parques en al menos 951 ciudades de

15 de julio de 2011

¡Es el trabajo asalariado, estúpido! - Por: Alberto Rabilotta

¡Es el trabajo asalariado, estúpido!

Por: Alberto Rabilotta(*)

Una recaída en la recesión económica está en marcha en el mundo industrializado. Los niveles reales de desempleo en Estados Unidos están por las nubes. No se trata ya de cesantía a corto o mediano plazo, sino del aumento de un desempleo crónico, que supera los dos años y alcanza hasta los cuatro años y que rememora los niveles de desempleo durante la Gran Depresión de los años 30 del siglo 20, y quizás por eso la Oficina de Estadísticas Laborales de Washington ha decidido reincorporar en sus estadísticas a los cesantes que están más de dos años sin empleo (1). En junio pasado la tasa oficial de desempleo en Estados Unidos fue de 9.2 por ciento. La tasa ampliada, llamada U6, estaba por encima del 17 por ciento, y si se utiliza la antigua definición de desempleo del Departamento del Trabajo estadounidense (SGS-Alternate, abandonada en 1994 pero utilizada aún por economistas para calcular la cesantía a corto, mediano y largo plazo) es de 22.8 por ciento de la fuerza laboral del país (2). Y dejaremos de lado el subempleo o empleo a tiempo parcial, que afecta a una creciente proporción de trabajadores y en las estadísticas oficiales es considerado como “empleo” a tiempo completo.
La situación es similar en países europeos no afectados directamente por la “crisis de la deuda”, como Francia o Gran Bretaña, donde las estadísticas oficiales tampoco computan el desempleo a largo plazo, la exclusión definitiva del mercado laboral y el subempleo. Pero la situación laboral es y será mucho peor en los países afectados por la crisis de la deuda y que están siendo obligados a aplicar severos programas de austeridad, como Grecia (16 por ciento de cesantía sin computar el desempleo a largo plazo y la imposibilidad para los jóvenes de incorporarse al mercado laboral) o España (21 por ciento de desempleo oficial), para citar dos casos.
Y el crecimiento anémico de la economía real apunta a que lejos de disminuir la cesantía aumentará en los meses venideros.

Más desempleo, mayores ganancias

El 5 de julio pasado el diario The Wall Street afirmaba que mientras la economía estadounidense está pasando por una de “sus más lentas recuperaciones desde la Gran Recesión”, las grandes empresas están listas para reportar “sólidos ingresos para el segundo trimestre, exponiendo una dicotomía entre el comportamiento de las corporaciones y la salud general de la economía”.
Dicho de otra manera, mientras que los salarios y beneficios laborales constituyen actualmente el 57.5 por ciento de la economía –en baja respecto al 64 por ciento que esta parte representaba hasta mediados de la década pasada, según la agencia AP-, y el desempleo se mantiene o es superior a los niveles de la Gran Recesión del 2008-2009, las grandes empresas están ya en la fase de auge que en la salida de recesiones anteriores manifestaban una fuerte recuperación económica.
A esta presentación de aumentos en las ganancias trimestrales se añade el hecho de que en Estados Unidos las empresas están ‘sentadas” en más de un billón y medio (1 500 000 000 000) de dólares porque –según el economista y Nóbel Paul Krugman (3)- no “ven” una demanda de parte de los consumidores. Mientras tanto los bancos disponen de reservas excedentes por otro 1.5 billón que no están prestando.
El analista Stephen King escribe en The Independent (4) sobre la falta de creación de empleos y el anémico crecimiento (2.0 por ciento) de la economía estadounidense que persiste desde la presidencia de George W. Bush en Estados Unidos, y señala que las empresas que están “sentadas” en ese billón y medio de dólares prefieren ahorrar ese capital en lugar de invertirlo, destacando que cuando deciden invertir prefieren hacerlo en China y Brasil en lugar de su propio país.
En el caso de las “economías avanzadas”, exceptuando el especifico caso alemán, no se trata de una “recuperación económica sin creación de empleos”, como avizoraban algunos economistas para la “salida” de la Gran Recesión del 2008 y 2009, sino de una vigorosa “recuperación de beneficios” de la clase capitalista en medio de un evidente estancamiento económico que amenaza convertirse en una nueva recesión global por la aplicación generalizada de políticas fiscales de austeridad, por el creciente desempleo y subempleo, y la consiguiente baja del consumo.

¿Por qué las economías capitalistas no crean empleos?

Ya no se puede dudar de los efectos que sobre el empleo produjo la revolución informática y la automatización de la producción, que en las últimas cuatro o cinco décadas permitieron aumentos inimaginables en la “productividad” –la producción de bienes o servicios respecto a la cantidad de mano de obra empleada en ella- y aseguraron la rentabilidad de las empresas transnacionalizadas en sectores cada vez más concentrados y sometidos a una competencia extrema.
La contraparte de esta revolución en el modo de producir fueron los despidos masivos en los centros industriales del capitalismo y, con la liberalización del comercio y las inversiones desde hace poco más de una década, la mudanza también masiva de la producción industrial de artículos de consumo hacia países de Asia, en particular China.
Este proceso para reducir los costos de mano de obra, que al comienzo afectó a la producción industrial de bienes de consumo directo, se ha ido propagando a ramas de la producción de bienes de capital, como las maquinarias y componentes de los mecanismos destinados a la producción.
En los países avanzados, como puede observarse desde hace más de tres décadas en Japón, Alemania, Estados Unidos, Canadá y Francia, entre otros más, la carrera de las empresas por reducir costos laborales para obtener la máxima rentabilidad posible llevó inexorablemente a reemplazar donde fuera posible los trabajadores y los empleados de servicios por la maquinaria e informática de todo tipo imaginable: las sofisticadas excavadoras, grúas, topadoras, los camiones gigantes y demás maquinarias sustituyeron a millones de trabajadores de la construcción, la minería y la explotación forestal, para citar tres casos.
Esto podría extenderse a prácticamente todas las ramas del sector primario, de la minería a la pesca y la agricultura, que tuvieron que adaptarse a la aplicación de métodos industriales generados por esta revolución científico-técnica, lo que explica que para crear un empleo real en esas ramas se requiere de una millonaria inversión en maquinaria y equipos. Y lo mismo sucedió con el sector secundario, las industrias productoras de bienes.
El sector terciario, los servicios, se suponía iba a ser la panacea del empleo que reemplazaría con salarios decentes y empleos estables a los desaparecidos empleos industriales. En efecto, durante las últimas décadas el crecimiento de ese sector fue reemplazando en términos de creación de empleos a los declinantes sectores, como la agricultura, minería y la industria.
Pero en realidad la informática se infiltró en todas las esferas de los servicios -con las computadoras, impresoras, copiadoras y sofisticados sistemas de telecomunicación que multiplicaron la capacidad de trabajo en las oficinas de todo tipo; en los bancos con la recepción y el retiro de dinero a través de “cajeros automáticos” y no de las cajeras o cajeros de carne y hueso; lectura óptica de precios que redujo el número de cajeras en los centros de comercio, por ejemplo- con el consiguiente efecto de reducir el número de puestos y el nivel de los salarios. Y el alto desempleo unido al empobrecimiento de la clase trabajadora hizo que se multiplicaran en la última década los empleos muy mal pagados en los McDonald y Wal-Mart de este mundo.

La retroalimentación de los efectos coyunturales y estructurales

En suma, en los países capitalistas avanzados donde las grandes empresas privadas están “sentadas” en billones de dólares no hay demanda de los consumidores que permita la reactivación de la economía real porque no es posible ni rentable, en términos capitalistas, generar una masa crítica de nuevos empleos con salarios decentes, o aumentar los salarios en términos generales, para elevar el consumo de bienes.
Y como no hay falta de capitales para inversiones en el sector privado se puede dudar de la coherencia de querer aplicar, como proponen muchos respetados economistas, las recetas keynesianas, de que las inversiones públicas sustituyan la ausencia de inversiones de capital del sector privado.
Más aun, las inversiones públicas para la construcción y reparación de las infraestructuras no tienen efecto multiplicador en materia de empleos porque esa rama de la construcción, que hace tiempo ha pasado a manos del sector privado en todo el mundo capitalista, ha hecho todo lo posible para aumentar al máximo el empleo de maquinaria y reducir al mínimo el número de trabajadores empleados. Y a menos que el sector público se involucre en le reactivación de otras ramas y sectores dominados por la inversión privada, asumiendo un papel gestor de la economía como se está viendo el países de Sudamérica, la creación de empleos seguirá siendo un objetivo ilusorio.
A los problemas estructurales del capitalismo avanzado se unen los problemas coyunturales, la deuda pública producto de la socialización de las pérdidas del sector financiero y de los planes de reactivación de la economía durante la pasada Gran Recesión, y el papel dominante que está jugando el capital financiero para apropiarse de una renta en todas las situaciones posibles.
En suma, el capitalismo y el trabajo asalariado son inseparables. El trabajo asalariado permite al capitalista crear la plusvalía y los salarios constituyen el único medio por el cual, a través del consumo, los capitalistas pueden realizar esa plusvalía. No hay capitalismo sin trabajo asalariado, y menos aun puede pensarse en un capitalismo pujante con tasas de desempleo crónico, con un empobrecimiento creciente de todas las clases trabajadoras y los jubilados, y perspectivas nulas de trabajo para los jóvenes como las actuales.
Si los partidos políticos tradicionales “no quieren ver” esta situación, porque están aliados con la oligarquía financiera y los monopolios de los grandes medios de comunicación, como dice el analista Max Keiser (5), los jóvenes y menos jóvenes indignados y por indignarse están empezando a verla muy claramente, como lo expresan sus frases en las recientes manifestaciones en España: "Tu 'Botín', mi crisis"; "Democracia ¿dónde estás?"; "Esta crisis no la pagamos"; "Zapatero, lacayo de los banqueros";"Contra la privatización de los servicios públicos"; "Tejiendo barrios, cambiando el presente"; "Manos arriba esto es un contrato"; "La patronal nos quiere esclavizar"; "¿Izquierda o derecha? Este país está envejecido. Busquemos una alternativa"; "Un banquero se balanceaba sobre la burbuja inmobiliaria..."; "Se vende: Estado del Bienestar": "Pienso, luego me indigno"; "Me gustas cuando votas, porque estás como ausente", "Sin vivienda no hay viviendo", "Se alquila esclavo económico", "Rebeldes sin casa", "Sin miedo habrá futuro", "Más educación, menos corrupción". [La Vèrdiere, Francia] (*) Alberto Rabilotta es periodista argentino.

Notas:
Foto: Internet

27 de junio de 2011

¿Crisis terminal del capitalismo? - Por: Leonardo Boff

¿Crisis terminal del capitalismo?

Por: Leonardo Boff (*)

Leonardo Boff
Vengo sosteniendo que la crisis actual del capitalismo es más que coyuntural y estructural. Es terminal. ¿Ha llegado el final del genio del capitalismo para adaptarse siempre a cualquier circunstancia?. Soy consciente de que pocas personas sostienen esta tesis. Dos razones, sin embargo, me llevan a esta interpretación.

La primera es la siguiente: la crisis es terminal porque todos nosotros, pero particularmente el capitalismo, nos hemos saltado los límites de la Tierra. Hemos ocupado, depredando, todo el planeta, deshaciendo su sutil equilibrio y agotando sus bienes y servicios hasta el punto de que no consigue reponer por su cuenta lo que le han secuestrado. Ya a mediados del siglo XIX Karl Marx escribía proféticamente que la tendencia del capital iba en dirección a destruir sus dos fuentes de riqueza y de reproducción: la naturaleza y el trabajo. Es lo que está ocurriendo.

La naturaleza efectivamente se encuentra sometida a un gran estrés, como nunca antes lo estuvo, por lo menos en el último siglo, sin contar las 15 grandes diezmaciones que conoció a lo largo de su historia de más de cuatro mil millones de años. Los fenómenos extremos verificables en todas las regiones y los cambios climáticos, que tienden a un calentamiento global creciente, hablan a favor de la tesis de Marx. ¿Sin naturaleza cómo va a reproducirse el capitalismo? Ha dado con un límite insuperable.

Él capitalismo precariza o prescinde del trabajo. Existe gran desarrollo sin trabajo. El aparato productivo informatizado y robotizado produce más y mejor, con casi ningún trabajo. La consecuencia directa es el desempleo estructural.

Millones de personas no van a ingresar nunca jamás en el mundo del trabajo, ni siquiera como ejército de reserva. El trabajo, de depender del capital, ha pasado a prescindir de él. En España el desempleo alcanza al 20% de la población general, y al 40% de los jóvenes. En Portugal al 12% del país, y al 30% entre los jóvenes. Esto significa una grave crisis social, como la que asola en este momento a Grecia. Se sacrifica a toda la sociedad en nombre de una economía, hecha no para atender las demandas humanas sino para pagar la deuda con los bancos y con el sistema financiero. Marx tiene razón: el trabajo explotado ya no es fuente de riqueza. Lo es la máquina.

La segunda razón está ligada a la crisis humanitaria que el capitalismo está generando. Antes estaba limitada a los países periféricos. Hoy es global y ha alcanzado a los países centrales. No se puede resolver la cuestión económica desmontando la sociedad. Las víctimas, entrelazas por nuevas avenidas de comunicación, resisten, se rebelan y amenazan el orden vigente. Cada vez más personas, especialmente jóvenes, no aceptan la lógica perversa de la economía política capitalista: la dictadura de las finanzas que, vía mercado, somete los Estados a sus intereses, y el rentabilismo de los capitales especulativos que circulan de unas bolsas a otras obteniendo ganancias sin producir absolutamente nada a no ser más dinero para sus rentistas.

Fue el capital mismo el que creó el veneno es el que lo puede matar: al exigir a los trabajadores una formación técnica cada vez mejor para estar a la altura del crecimiento acelerado y de la mayor competitividad, creó involuntariamente personas que piensan. Éstas, lentamente van descubriendo la perversidad del sistema que despelleja a las personas en nombre de una acumulación meramente material, que se muestra sin corazón al exigir más y más eficiencia, hasta el punto de llevar a los trabajadores a un estrés profundo, a la desesperación, y en algunos casos, al suicidio, como ocurre en varios países, y también en Brasil.

Las calles de varios países europeos y árabes, los “indignados” que llenan las plazas de España y de Grecia son expresión de una rebelión contra el sistema político vigente a remolque del mercado y de la lógica del capital. Los jóvenes españoles gritan: «no es una crisis, es un robo». Los ladrones están afincados en Wall Street, en el FMI y en el Banco Central Europeo, es decir, son los sumos sacerdotes del capital globalizado y explotador.

Al agravarse la crisis crecerán en todo el mundo las multitudes que no aguanten más las consecuencias de la superexplotación de sus vidas y de la vida de la Tierra y se rebelen contra este sistema económico que ahora agoniza, no por envejecimiento, sino por la fuerza del veneno y de las contradicciones que ha creado, castigando a la Madre Tierra y afligiendo la vida de sus hijos e hijas.

(*) Leonardo Boff es Teólogo / Filósofo y autor de "Proteger a Terra-cuidar da vida: como evitar o fim do mund", Record 2010. [Fuente: http://www.servicioskoinonia.org/boff/articulo.php?num=441]
Foto: Internet

PROYECTO CONTEXTUS GLOBAL

31 de mayo de 2011

Sudamérica ante la tormenta global - Por: Raúl Zibechi

Sudamérica ante la tormenta global

Por: Raúl Zibechi (*)
Agencia Latinoamericana de Información

La guerra por la sucesión del director del FMI revela lo mucho que ha cambiado el mundo y lo demasiado estancadas que están sus elites, dispuestas a aferrarse a sus privilegios aún a riesgo de colocar al planeta al borde del abismo. Para Sudamérica, es el momento de afianzar la unidad regional o caminar hacia la desintegración.

Raúl Zibechi
El debate en curso sobre la sucesión de Dominique Strauss Khan enseña cómo las potencias del Norte pretenden congelar el mundo de 1944 cuando se firmaron los acuerdos de Bretton Woods y se crearon el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). En aquel momento, el PIB de Estados Unidos era alrededor del 50% del mundial y en esta década decae por debajo del 20%.

El Norte parece dispuesto a pasar por alto la demanda de los países emergentes. Brasil ha dicho, por boca del ministro de Hacienda Guido Mantega, que el candidato debería ser designado sólo hasta fines de 2012 para “tener un tiempo mayor para madurar la sucesión”. Zhou Xiaochuan, gobernador del Banco Central de China, señaló que el FMI debe “reflejar mejor los cambios en la composición económica mundial y a los mercados emergentes” (Diario del Pueblo, 24 de mayo).

Más allá de los discursos para el gran público, las elites mundiales van cobrando clara conciencia de lo que está en juego, pese a las declaraciones y malabarismos de los políticos. Cuando hablan para “su” público, no ocultan un ápice la realidad. Es el caso de David Wessel, editor de economía de The Wall Street Journal, el diario más cercano a las altas finanzas. Comienza su columna semanal del 19 de mayo con una frase que resume la coyuntura histórica que atravesamos: “Los imperios no acostumbran sucumbir de un día para el otro. Las viejas potencias no abdican de sus regalías. Y las que ascienden no consiguen ejercer el poder ágilmente”.

Wessel señala que la costumbre de que un europeo dirija el FMI y un estadounidense el Banco Mundial, “es una tradición arcaica, si no ilegítima”, consecuencia de que las instituciones globales “aún no se ajustaron al peso de los países emergentes” ya que Europa y Estados Unidos son reacios a aceptar “un mundo que no dominan más”. En su opinión hay dos escenarios posibles por delante. Uno con final feliz, en el cual las grandes economías cooperen mutuamente sin que los países desarrollados traben el ascenso de los países emergentes. Sería lo mejor para el mercado.

El segundo escenario, es una repetición ampliada de lo sucedido en la primera mitad del siglo XX: “Las décadas posteriores a la Primera Guerra Mundial fueron marcadas por la incapacidad de las potencias en decadencia y en ascenso de estabilizar la economía global y crear instituciones funcionales; el resultado fue la Gran Depresión y la Segunda Guerra”.

La única novedad de este análisis es el medio en el que fue publicado, que revela que las elites financieras prefieren un “final feliz” y que saben que una nueva hecatombe militar-humanitaria no sería capaz de hacer retroceder la flecha del tiempo. Pero las elites financieras no juegan solas, ni siquiera en los salones del gran poder, donde conviven con políticos y militares, con quienes tienen relaciones estrechas y mutuas interdependencias.

Unos y otros saben que el último pronóstico del Laboratorio Europeo de Anticipación Política, en su boletín mensual del 17 de mayo, no es una previsión de lunáticos sino la advertencia del instituto que acertó con mayor precisión la cadena de sucesos que se vienen dando desde 2007: “Ahora se reúnen todas las condiciones para que el segundo semestre de 2011 sea el teatro de la fusión explosiva de las dos tendencias fundamentales que subyacen en la crisis sistémica global, la desarticulación geopolítica y financiera globales”.

El catalizador de esta “fusión explosiva” es el sistema monetario internacional, “o más bien el caos monetario internacional que se ha agravado aún más desde el desastre que afectó a Japón en febrero”. Por esa razón, la pelea por el poder en el seno del FMI no es ociosa, sino uno de los principales reveladores de lo mucho que está en juego. Es la arquitectura maestra del sistema-mundo, o sea la relación centro-periferia, la que está en cuestión. Se trata de una relación con cinco siglos de antigüedad, anterior incluso al capitalismo y a las revoluciones industriales, que ha hecho posible la hegemonía de Occidente que ahora está virando hacia Asia y hacia el Sur. Desde el punto de vista histórico, es un terremoto mayor aún que una improbable crisis del capitalismo.

Sucede que ese mundo emergente está empezando a marcar la cancha. La alianza BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) exige que si el FMI quiere tener credibilidad y legitimidad debe aceptar una representación más adecuada de los países emergentes, no sólo de los cinco mencionados. “El próximo director no sólo debe ser una persona altamente calificada, con sólido background técnico y capacidad de articulación política, sino comprometido en continuar el proceso de cambios y reforma de la institución para adaptarse a las nuevas realidades de la economía mundial”, señala el comunicado que rechaza una elección en base a la nacionalidad.

Para los países sudamericanos, el momento es propicio para profundizar la unidad pero está a su vez atestado de riesgos. La inauguración del Centro de Estudios Estratégicos de la Defensa de la UNASUR, el 26 de mayo en Buenos Aires, muestra que el camino de la integración y la unidad política sigue adelante pese a la formación de la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile) semanas atrás. Es una buena noticia en momentos en que el clan Fujimori puede regresar al poder en Perú, cuando algunos proyectos estratégicos como el Banco del Sur están estancados y otros, como el Gasoducto del Sur, parecen hacer sido archivados.

La crisis en el FMI, como revelador de la profundidad de la crisis sistémica, enseña que los tiempos se aceleran y que el desafío de posicionar la región sudamericana en el escenario global no puede esperar tiempos mejores: se producirá en medio de la tormenta o no será.

(*) Raúl Zibechi, periodista uruguayo, es docente e investigador en la Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios colectivos sociales.
 Photo courtesy of GRAIN.

26 de mayo de 2011

China y EE.UU.: Choque de titanes - Marco A. Gandásegui, hijo


China y EE.UU.: Choque de titanes
Marco A. Gandásegui, hijo*

Los analistas de Wall Street están especulando con lo que ellos creen percibir como un giro importante en la estructura de empleo de la República Popular de China. Señalan que la masa trabajadora que se incorpora constantemente al mercado está disminuyendo rápidamente y que pronto China no contará con trabajadores baratos capaces de generar ganancias para los inversionistas capitalistas.

Políticamente, Washington está festejando la noticia. Desde la perspectiva económica, sin embargo, Nueva York está de duelo.

La capital política norteamericana celebra los cambios percibidos ya que significaría que China tendría que comenzar a negociar en términos más favorables con EEUU. Por el lado económico, sin embargo, les preocupa a los inversionistas norteamericanos el debilitamiento del único mercado donde creían tener ganancias seguras.

La crisis económica de 2008, que afectó sobre todo a EEUU, tuvo dos interpretaciones en el mundo político financiero y académico. Para los financistas y sus ideólogos, la crisis significó una reducción significativa en la acumulación descontrolada de riquezas. En su ceguera aún están convencidos que pueden inyectarle a las instituciones financieras flujos suficientes para permitirles ser nuevamente competitivas. La realidad les ha enseñado que la estrategia no funcionó aunque todavía tienen propagandistas sueltos promoviendo esa solución.

La segunda interpretación de la crisis tuvo como eje lo que los analistas consideran el colapso de la “economía real” que ha cerrado centros de producción y ha lanzado al desempleo a decenas de millones de trabajadores. El problema no es recuperar los flujos financieros, sino en establecer patrones productivos capaces de generar una nueva dinámica que aumente el empleo y, sobre todo, la tasa de ganancia.

Alemania y Francia, en menor medida, apostaron a esta estrategia. Como resultado sus economías reaccionaron mejor que las otras. El caso de China es emblemático ya que fue capaz de recuperarse rápidamente del colapso financiero. El crecimiento de la economía china logró incluso mantener a flote las economías de América del Sur que se convirtieron en proveedores de materias primas para el salto industrial que experimenta el gigante asiático.

La perdida de hegemonía de EEUU se ha agudizado dentro de sus propias fronteras. Los estados federales experimentan un giro político hacia la extrema derecha creando una nueva legislación orientada a expropiar a los trabajadores de sus derechos y beneficios sociales. La excusa que se utilizó en cada uno de estos casos era que las arcas estatales se estaban vaciando y había que eliminar de los presupuestos las conquistas laborables que se remontaban a más de medio siglo.

Mientras que el segmento más rico de EEUU tiende a aumentar sus ingresos, producto de las leyes que lo beneficia, las capas medias y los trabajadores pierden sus empleos, sus beneficios sociales y jubilaciones así como sus viviendas. En los estados del sur de EEUU, donde no existe una historia de conquistas sociales, la política de “desposesión” de la extrema derecha se dirigió a los trabajadores inmigrantes que ocupaban los empleos menos remunerados pero que reciben beneficios sociales. La táctica es continuar explotando a los trabajadores extranjeros, pero eliminando sus beneficios sociales.

La estructura social norteamericana, heredada del siglo XX, pareciera estar tomando nueva forma con motivo de la crisis de hegemonía. La tradicional estratificación social – con una clase media muy fuerte - atravesada por un elemento de desequilibrio étnico y una creciente presencia laboral de la mujer, está cambiando aceleradamente.

La nueva pirámide social que emerge de la crisis de hegemonía no se parece a la estructura social prevaleciente en EEUU durante la segunda mitad del siglo XX. La crisis de hegemonía no sólo representa un reto para la clase social tradicionalmente dominante, también es un reto para una clase obrera que ha sido arrinconada. La clase capitalista quiere regresar a las tasas de ganancia del siglo pasado. A su vez, los trabajadores añoran la estabilidad de sus empleos.

Los capitalistas seguirán buscando -en cualquier parte del mundo- las condiciones para generar ganancias. El capital puede moverse con rapidez y reconstruirse políticamente, con relativa facilidad, en cualquier parte del mundo. China y algunos países con economías emergentes cuentan con reservas importantes de fuerza de trabajo. Los capitalistas apuestan que los flujos financieros dirigidos a esos países se convierten rápidamente en capitales y ganancias.

Si el mercado excepcional de China con su fuerza de trabajo rebosante tiende a cerrarse – como dicen los especialistas de Wall Street – la situación para el capitalismo mundial sólo puede empeorar. ¿Qué prefiere el establishment norteamericano, ganar la guerra ideológica y acabar con la rica veta china o incrementar sus ganancias capitalistas y ver prosperar a China?
(*) Marco A. Gandásegui, hijo, es docente de la Universidad de Panamá e investigador asociado del Centro de Estudios Latinoamericanos (CELA) Justo Arosemena.
(Texto tomado de: http://marcoagandasegui11.blogspot.com/2011/05/china-y-eeuu-choque-de-titanes.html )
Foto: Internet


Pablo Felipe  Pérez Goyry

Freelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst

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