25 de agosto de 2011

Los Merdacos Insaciables - Por. Federico Mayor Zaragoza

Los Merdacos Insaciables

Por. Federico Mayor Zaragoza
Fundación Cultura de Paz

¿Se adueñarán también de las fuentes económicas “alternativas”, como la “tasa Tobin”, previstas para la lucha contra el hambre y la pobreza?
No deberíamos consentirlo.
Hasta aquí podíamos llegar. Ha sido preciso aceptar, a regañadientes, que en los actuales escenarios del
poder, especialmente en Occidente, los Estados enflaquecidos cedieran al “gran dominio”, para evitar quiebras de gran calado que objetivamente no debían consentirse, fondos destinados a fines sociales para el pago de la deuda, de la reducción del déficit… para, en suma, calmar las exigencias, en cuantía y tiempo, de los últimos coletazos de un sistema a la deriva.
Pero no debe ahora permitirse que, además de los presentes, entren en el escenario nuevos “actores” para inmolarse en la turbamulta de cotizaciones especulativas azuzadas por agencias de calificación obedientes, sin contemplaciones, a sus amos. No: las fuentes alternativas deben, a la mayor brevedad posible cumplir los deberes de solidaridad internacional que los Estados han incumplido, y aplicarse a los Objetivos del Milenio. Es una cuestión de justicia internacional. Mientras sigamos absortos las variaciones de la Bolsa, … mientras sigamos invirtiendo cantidades astronómicas en armas propias de guerras pretéritas… mientras sigamos a merced de los grandes productores de petróleo sin adoptar las urgentes medidas sobre fuentes energéticas renovables que demandan nuestras responsabilidades intergeneracionales… mientras sigamos obcecados las informaciones sesgadas y partidistas que nos ofrece un inmenso poder mediático uniformizante y gregarizante… dejaremos de ejercer la influencia que corresponde a ciudadanos democráticos para que nuestros representantes superen el acoso de los mercados y hagan política basada en la justicia y los derechos humanos.

Somalia se muere

Safia Adem, refugiada en la Catedral de Mogadiscio, llora la muerte de su hijo de 3 años. Esta es la imagen que debemos de retener todos en nuestra mente de forma permanente. Estas son las auténticas necesidades que no pueden ocultar los frenéticos movimientos bursátiles.
Si se aplicaran estos fondos a tantas personas y tantas personas que hoy viven debajo del umbral de la pobreza en todo el mundo, incluyendo los Estados Unidos, habría más “clientes” potenciales, habría una auténtica movilización de recursos para pasar de una economía de especulación, explotación y guerra a una economía de desarrollo global sostenible.
Marco Schwartz[1] citaba hace poco al Presidente Franklin D. Roosevelt cuando, en octubre de 1936, defendía su programa social del New Deal: “Hemos tenido que luchar con los viejos enemigos de la paz –monopolios financieros y económicos, especulación, banca despiadada, antagonismos de clases, enriquecimiento con las guerras… Habían empezado a considerar al gobierno de Estados Unidos como un mero apéndice de sus propios intereses. Ahora sabemos que el gobierno del capital organizado es tan peligroso como el gobierno de la turba organizada”…
Es hora de decisiones clave.
Uno de los resultados de la reciente Cumbre Franco-Alemana ha sido la propuesta de una tasa sobre las transacciones financieras para mejorar la situación de las arcas de los Estados europeos y, así, poder hacer frente al enorme déficit y consiguiente deuda a la que nos ha llevado la actual crisis, y en especial, el rescate del sistema financiero internacional iniciado el año 2008, por la irresponsable inducción del G-20.
Ante esta situación es de extremada urgencia recordar que la propuesta de este tipo de tasas ha sido un caballo de batalla de la sociedad civil y del mundo académico durante las últimas décadas, con un objetivo muy claro: la lucha contra la pobreza y en favor del desarrollo sostenible de los más desfavorecidos, así como para contribuir a la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Se trata de una propuesta original que el profesor norteamericano y Premio Nobel de Economía James Tobin hizo en 1972, habiéndose desarrollado un conjunto de mecanismos encaminados al establecimiento de una pequeña tasa a nivel internacional (de entre el 0.05 y el 0.3%) en todas las actividades de compra y venta de divisas y productos financieros (acciones, bonos, derivados…). Así, de un lado, se recaudaría una importante cantidad de recursos que se dedicarían a la lucha contra el hambre, la pobreza y las grandes pandemias (Sida, tuberculosis, malaria, etc.). De otro, dicha tasa ayudaría a reducir en parte la naturaleza especulativa que hoy en día tienen la mayor parte de operaciones.
La puesta en práctica, en las modalidades adecuadas, de este tipo de alternativas financieras la hemos venido defendiendo incansablemente durante años y desde diferentes instancias, pero en especial desde la sociedad civil: el Foro Ubuntu[2], el Movimiento ATTAC o la reciente campaña de la “Tasa Robin-Hood”…
Es importante destacar que desde el año 2004, estas ideas han sido recogidas por un número considerable de Estados asociados en el “Grupo Piloto de Financiación Innovadora para el Desarrollo”. Este Grupo se halla liderado por Francia, pero cuenta con la participación directa de otros países como Japón, Brasil o Chile y, en estos momentos es España la que lo preside. Trabaja asimismo, en la elaboración de otras propuestas de financiación innovadora, y ha realizado estudios por grupos internacionales de expertos independientes que demuestran su viabilidad desde un punto de vista técnico.
A cuanto antecede, se suma el apoyo que le dio el pasado mes de marzo el Parlamento Europeo y la carta publicada en abril de este año suscrita por más de 1,000 economistas de instituciones tan prestigiosas como las Universidades de Harvard, Columbia, Oxford, Cambridge o el MIT, entre otras.
Se trata, pues, de un tema de voluntad política, pero sobre todo, de justicia.
Es indispensable y apremiante que, por las razones indicadas, se tomen medidas a nivel europeo –no sólo por el eje franco-alemán- para hacer frente a la “crisis de la deuda” pero no puede aceptarse de manera alguna que esta iniciativa se lleve a cabo, otra vez, a costa del incumplimiento reiterado de nuestras promesas de ayuda y solidaridad.
Un impuesto sobre el cambio de divisas y otros productos financieros es una necesidad imperiosa y justa, como nos recuerdan las terribles imágenes que nos llegan estos días desde el “cuerno de África”, a las que ya hemos hecho referencia.
Adoptemos, pues, el compromiso de trabajar para que las decisiones y medidas que se tomen en Europa en el futuro próximo y a medio plazo no se guíen por los mismos instintos de codicia y visión cortoplacista que nos han llevado al borde del abismo. Por una vez actuemos con sensatez y con firmeza.
Debe terminarse, resueltamente, con la fuerza que da la convicción de la gran mayoría de los ciudadanos –por favor, olvídense ahora algunos líderes de sus intereses partidistas y electorales- porque como ha escrito Irene Lozano, “la mayor amenaza a la autonomía individual reside en la debilidad de la democracia frente al poder financiero”.
No confiemos en el G-20, ni en la OMC… cuyas “rondas” como la reciente de Doha han demostrado su total ineficacia. Son otro fruto amargo de la “globalización”. Volvamos con presteza a unas Naciones Unidas fuertes, democráticas y no plutocráticas, unidas!
Ya en septiembre de 2010, daban la noticia[3] de que la Unión Europea estudiaba la posibilidad de impuesto sobre las transacciones para mejorar su capacidad recaudatoria. El documento de la Comisión Europea proponía dos tipos de impuestos: la tasa a las transacciones financieras (TTF) que se aplicaría al tráfico de operaciones financieras y la tasa sobre la actividad financiera (TAF), que gravaría el volumen de negocio de las actividades. Una versión más restringida (TFF2) debería sólo gravar las transacciones efectuadas con acciones y bonos.
Ahora la Comisión Europea[4] presentará en octubre una propuesta legislativa, antes de la Cumbre del G-20, que aplica una tasa del 0.05% a las transacciones, junto con un nuevo IVA Comunitario “para financiar el presupuesto de la UE en el período 2014-2020, con el fin de reducir las contribuciones directas de los Estados.
Holanda e Irlanda han pedido que no se aplique sólo a escala europea sino global para evitar “la enorme distorsión que se produciría”.
Antonio Valdecantos[5] advertía hace poco que “los ajustes a la crisis van a ser un estado de excepción permanente. Las decisiones cruciales ya no las toman los ciudadanos ni sus gobiernos, sino estos agentes económicos transnacionales llamados “los mercados”.”
No se puede pretender favorecer el crecimiento si el gran objetivo es reducir, sea como sea y perentoriamente, el déficit.
Las 255 mayores fortunas del planeta equivalen a la del 40% de la población más desfavorecida (2,500 millones de personas). Está claro que no podemos permitir esta nueva acción de los mercados insaciables.
La sociedad civil debe alzar la voz. Con unas instituciones que, como ATTAC, se formaron precisamente para favorecer este nuevo tipo de posibilidades de financiación alternativa, y en concreto la tasa sobre las transacciones financieras…
No lo vamos a permitir. Sería otro sueño que nos robarían… y, desde el 15-M, ya se sabe que, “si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir”.

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1. Schwartz, Marco, en “ Público”, 20/08/2011.
2. Foro creado por la Fundación Cultura de Paz en el año 2000. Agradezco a su Director, Manuel Manonelles, su colaboración en la preparación de este “blog”.
4. Missé, Andreu, en “El País”, 7 septiembre de 2010.
5. Noticias de “El País”, 19 de agosto de 2011.
6. Valdecantos, Antonio, en “El País”, 2.06.2011