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Autor: PABLO FELIPE PÉREZ GOYRY   


©Pablo Felipe Pérez Goyry

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5 de julio de 2011

Reflexión: “Globalización y paz” (05-07-2011)


Reflexión: “Globalización y paz” (05-07-2011)

“Hoy se habla de la globalización, pero no conocemos cuáles son sus objetivos y sus aportes a la vida y desarrollo de los pueblos. La globalización nos está generando el pensamiento único, la pérdida de las identidades y nosotros en América Latina luchamos por el pensamiento propio, luchamos por tener pertenencia, identidad, memoria, sentido de vida. Es ahí donde se construye la paz”.
Adolfo Pérez Esquivel.
Imagen: Internet

4 de julio de 2011

La hora de “los pueblos” - Por. Federico Mayor Zaragoza

La hora de “los pueblos”

Por: Federico Mayor Zaragoza

Federico Mayor Zaragoza
Por fin, “los pueblos” están empezando a tomar en sus manos las riendas del destino común. Las maquinaciones del Gran Dominio –financiero, militar, energético, mediático– comienzan a ser contrarrestadas por millones de voces hasta ahora desoídas y acalladas. Son los estertores de un sistema que, liderado por el presidente Reagan y la premier Thatcher, sustituyó los principios de justicia social, dignidad humana, libertad y solidaridad por el mercantilismo puro; las ayudas, por préstamos en condiciones draconianas; la cooperación internacional, por explotación; y las Naciones Unidas, por una oligarquía plutocrática (G-6, G-7, G-8…)

En todos estos años, la mayoría de los países fueron cayendo en la trampa de la “globalización”, y los intereses a corto plazo fueron ocultando, en el apogeo de la expansión neoliberal, el deterioro medioambiental, las burbujas económicas, la impunidad en el espacio supranacional con inadmisibles tráficos de toda índole, personas incluidas; el incremento de las asimetrías sociales; la deslocalización fundamentada en el “todo vale”… Todo ello aderezado con invasiones como las de Kósovo o Irak, basadas en la discrecionalidad y la mentira, sin contar con la autorización del Consejo de Seguridad.

De pronto, en momentos en que el gasto militar alcanzaba diariamente los 4.000 millones de dólares al tiempo que morían de hambre más de 60.000 personas, llegó la quiebra del sistema financiero en EEUU y su inmediato “rescate”. No había dinero para los Objetivos del Milenio, para la lucha contra el hambre y la pobreza extrema, ni contra el sida, pero, de pronto, aparecieron torrentes de fondos para salvar del naufragio a los mismos financieros que habían provocado la catástrofe. El Gran Dominio, restablecido, vuelve a las andadas y ha decidido aplicar a los países de la eurozona los mismos “ajustes” que durante décadas aplicó a los países en desarrollo: recortes, despidos masivos, privatizaciones a mansalva…

Sin embargo, desde los primeros años de la década de los noventa se viene fraguando el cambio radical que podría hacer posible que el siglo XXI sea el siglo de la gente. Desde el origen de los tiempos, unos cuantos hombres han mandado sobre el resto de los hombres y de las mujeres. Los ciudadanos no han tenido más opción que obedecer, ofreciendo sin discusión hasta su propia vida cuando quienes ostentaban el poder así lo requerían. Las elecciones han representado un importante adelanto, pero su “formalización progresiva” ha llevado, junto a una notoria desinformación de la ciudadanía, a democracias muy imperfectas, donde los ciudadanos son contados en las elecciones, pero luego no son tenidos en cuenta.

Pues bien, cuando la tecnología de la comunicación empezó a permitir la exposición libre –por internet y los SMS de la telefonía móvil–, estaba claro que la participación no presencial sería el gran factor de transformaciones de hondo calado. Mediante los mismos avances tecnológicos se está procurando distraer a “los pueblos”, mantenerlos como espectadores impasibles, como receptores permanentes. Pero han sido ya muchos, y serán muchos más en el futuro próximo, los que vayan incorporándose a la gran plaza mundial del ciberespacio, a la gran Puerta del Sol, desde donde pedirán, como Blas de Otero, “la paz y la palabra”. Sus voces, expresadas serena y pacíficamente, ya no podrán ser desoídas.

Esta capacidad va acompañada de una conciencia global y de un conocimiento de la realidad a escala planetaria que permiten no sólo conocer las precariedades de los demás, sino apreciar lo que cada uno posee. Los ciudadanos del mundo se van dando cuenta de que pueden modificar las formas de gobernación mundial y hacer frente a los poderes que siempre han deseado, desde sus altos pedestales, mantenerlos atemorizados y silenciados.

Así, en Irán, China, Túnez, Egipto, Libia, Yemen, Siria, Italia o Reino Unido hubo concentraciones importantes, especialmente en el caso de la Primavera Árabe, movilizadas desde el ciberespacio, y el 15 de mayo se inició en España la reunión de los indignados, que respondían así a la provocación del lúcido nonagenario Stéphane Hessel. Urgidos, pero sin violencia, los ciudadanos, especialmente los jóvenes, están planteando con propuestas concretas una auténtica reformulación de la democracia. “Situaciones sin precedentes requieren soluciones sin precedentes”, ha escrito Amin Maalouf, y me gusta repetirlo. Ha llegado el momento de la reacción popular, de formular propuestas muy concretas e innovadoras que respondan a los “esfuerzos creadores” que Robert Schumman reclamaba en 1950 para la Europa comunitaria que iniciaba su andadura.

Reforma inmediata de la Ley Electoral, supresión de los paraísos fiscales, rechazo a los servicios de los bancos que utilizan esos medios de evasión, transición urgente desde una economía de especulación a una productiva, desarrollo global sostenible, son algunas de esas propuestas. Otras son la autonomía europea en seguridad, con sus propios observatorios y mecanismos de calificación y decisión económica; el inaplazable desarme nuclear, y refundación de un sistema de Naciones Unidas como interlocutor único, dotado de toda la autoridad necesaria para resolver conflictos como los que hoy intentan –con efectos colaterales inadmisibles– abordar infructuosamente los periclitados G-8 o G-20. Todo esto podría ser realidad en poco tiempo. *Artículo publicado en "Público", 2.07.11.
Foto: Internet

2 de junio de 2010

La indolencia es un mal de gobierno, no de pueblos - Por Lic. Amelia M. Doval


La indolencia es un mal de gobierno, no de pueblos


Por Lic. Amelia M. Doval
Miami, Fl - 01.06.2010

La vagancia es un mal en mentes ociosas y con poca proyección social. Vagos son los que poseen almas indolentes y de escazas aspiraciones. Humanos que acortan el espacio de sus deseos limitándose unicamente a querer lo que pueden alcanzar con levantar la vista, seres que despiertan de los sueños para evitarse caminar rumbo a ellos porque no pueden o no saben que el mundo es de los que luchan y que las manos no son el horizontes de las aspiraciones. Antiguamente la sociedad reprimia la vagancia, en estos tiempos después de estudios minuciosos se asocia con insuficiencias físicas o condiciones sociales imperfectas.

Las crisis económicas son promotoras de la disminución de los estímulos para crear metas, anhelos. Las esperanzas disminuyen en la medida que la sociedad atribuye los fracasos a un mal general.

Con los nuevos tiempos, los hijos han dejado de valorar el sacrificio de los padres porque éstos se han dado el deber de ser buenos progenitores como una tarea sin fin, sin límites, evitándoles los amargos momentos que son necesarios para aprender que la vida es un regalo y desempacar el envoltorio es una responsabilidad personal.

Este concepto de protección se arraiga en la sociedad y  posteriormente lo reclaman también de sus gobiernos e instituciones. Lo que se obtiene fácilmente se desprecia o se pierde.Se necesita educar, no reprimir.

Un buen gobierno es aquel que disminuye los discursos impropios para demostrar que el trabajo en conjunto crea riquezas y establece condicionamientos con disciplina, respetando el desarrollo colectivo tanto como el personal. En el siglo XXI, el Universo queda a la saga, sus expectativas se debilitan y sociedades estrictamente conceptuales reestrucuturan los valores para avanzar tomando ventajas.

Ante este mapa mundial de frustaciones debemos detenernos y pensar en paises como Cuba,una isla que ha sido catalagoda por los propios y los ajenos como zona de libre producción de vagos después del 59, fecha en que la actual dictadura comenzó a ejercer un patronato mental que ha llevado a la expropiación concibiendo el desmoramiento de los preceptos morales como un condicionamiento humano. Rebatir este concepto es una tarea difícil pero, pruebas hay que el pueblo dista mucho de ser el prototipo que ha vendido el gobierno como culpables de los retrazos económicos existentes para de esa manera justificar sus malas acciones. Un pais que no produce como estado aun cuando es dueño absoluto de cuanto se tiene no puede catalogar a su pueblo como destructor o incapaz cuando lo ahoga y no le deja alcanzar las herramientas necesarias para producir, no obstante como naufragos sin islas el cubano trata de subsistir e inventar sus medios. Aunque robar es un delito capital, solo están apropiándose de lo que por derecho les pertenece y por convicción necesitan para vivir.

Cuando los absurdos mecanismos estatales abrieron la puerta para crear pequeños negocios controlados por el gobierno, la inventiva se adueñó de las calles. Este trabajador por ¨´cuenta propia¨´, tiene ante sí el mayor dilema, debe producir, pagar licencias y permisos pero no cuenta con préstamos bancarios, ni mercados legales donde obtener los productos.

Lo evidente salta a la vista, comienza el liderazgo del mercado negro, el gobierno oculta su contribución al robo con un cuerpo de inspectores que sucumben ante las negociaciones. Simple ecuación matemática que converge en un razonamiento físico, la lógica se hace negociable. Un papel de compra legal de productos, en un mercado estatal de valores triplicados,  justifica las posteriores adquisiciones en el mercado negro. Esta es la parte que el mundo ve y bajo la cual se atribuye el San Benito de vividores.

Ese producto que aparenta ser ilegal, no es para consumo fácil sino para producir otros que son en provecho de una economía que se sustenta gracias a ellos. Un saco de harina comprado de manera impropia (justificado por un antiguo papel de compra legal), representa, la materia prima para elaborar pizzas que el gobierno no vende bajo sus propiedades y los nuevos comerciantes  logran producir con maquinarias de invención popular para posteriormente vender en sus cafeterias a un  pueblo ávido de tener una vida común al resto del mundo.

Un carpintero, necesita comprar ilegalmente la madera de la zona Oriental del país a un campesino que aunque es dueño del árbol puede venderla únicamente al gobierno que establece una tarifa baja de 30 pesos cubanos por pie cuadrado. Las empresas del estado se encargan de la venta a entidades extranjeras radicadas en Cuba o para exportación (el cedro cubano es de gran valor en la indiutri del tabaco) a 1 dólar el pie cuadrado en este tratado de compra-venta estatal no se está teniendo en cuenta al pueblo.

Con lo establecido bajo la legalidad todos pierden menos los dueños absolutos de la isla que engrandecen sus arcas. Cualquiera pensaría que campesinos y carpinteros están malversando los bienes, pero no existe ley social ni moral bajo la cual una propiedad no pueda ser vendida por su dueño.

Mientras en cualquier país los propietarios de pequeños negocios son considerados estrategas pues con su riesgo personal contribuyen al funcionamiento de la rueda económica, los negociantes cubanos son valorados como crápula social, aunque existan realmente quienes tergiversan la idea y ultrajan el derecho ajeno, no es válido generalizar. Valorar al cubano que vive dentro de la isla como un vago y medir con la regla de los delicuentes a quienes abandonan su tierra, es degradar el derecho de ser dueño de tu país, estamos suponiendo que el cubano le roba a un latifundista propietarios de las almas de sus esclavos, es seguir la oración con sus propias palabras.

La vagancia puede ser un mal de algunos, una enfermedad de muchos o un arma de resistencia civil, lo que si puede quedar como frase lapidaria es que el cubano durante cincuenta años ha pisado tierra ajena, cultivado frutos de otros, creado en industrias que no le pertencen. Los de antes y los de ahora en su gran mayoría sacrifican el tener por el deber, continuan siendo una comunidad de trabajadores.
Fotografía: Contacto Magazine


Pablo Felipe  Pérez Goyry

Freelance: Writer - Journalistic Analyst - Photographer Design Editor - CEO - Chemical Industrial & Analyst

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