Sorores et Fratres: Soy defendedor de causas sociales-políticas nobles pundonorosas. Empero, no creo en defensores mefistofélicos que lucran con los anhelos de equidad y buena voluntad universal, de los seres humanos. Porque la justicia demanda ética, discernimiento y valor. Y en lo aparentemente indescifrable es menester descubrir su esencia de verdad. ¡Estoy a favor de la Paz! Abrazo comedido, afectos y los mejores pensamientos, para que Dios y el Universo bendigan a usted, familiares, amigos y ... con su luz y sabiduría, con su amor y misericordia, con su paz y alegría. ¡Dios, ilumina y bendice las buenas obras e ideas! ¡Dios, ilumina mi fe y caridad! ¡Dios guíame para saber que pensar, decir, hacer, evitar y cómo realizar obras de misericordia a través de mis actos, palabra, oración y servicio a los que más necesitan!
¡Misericordia Divina, en ti confío!
¡Jesús, en ti confío!
Amén. 
©Pablo Felipe Pérez Goyry


                       

25 de julio de 2011

El artista de lo cotidiano - Por Lic. Amelia M. Doval

El artista de lo cotidiano

Por Lic. Amelia M. Doval

Hay imágenes, que no necesitan textos, porque ellas mismas llevan la historia a sus espaldas. Por esas extrañas coincidencias, que la vida nos regala, hace unos días conocí a un cubano, que, aunque hoy es uno más, en el suelo de Miami, trae consigo parte de su obra. Un fotógrafo de las profundidades marinas, que, al salir al sol, deja plasmada la historia, con los simples colores de lo contrario. Blanco, negro, y sus matices.

Adrián de la Paz Rodríguez no necesita contextualizar el arte, para hacer un libro creativo. Con el lente descubre los momentos culminantes, por los que un ojo común transita, sin ver los significados. Su calidad de mensajero y artista lo hacen detenerse. Es la realidad de una Cuba cotidiana, y él, audaz torero, que revierte, en simbólico, el más simple de los gestos.

El Payret, uno de los cines más emblemáticos, para todas las generaciones que pudieron conocerlo, con su total o menguado esplendor, es hoy un triste gazapo en su olvido. Un avejentado edificio, que se resiste a ver caer su estructura, porque conserva la elegancia aristocrática, que es el sello constructivo de una ciudad, creada para perdurar. Un cine-teatro, que nació en 1951, con su acogedor lobby y sus esculturas interiores, protectores cuerpos, que observan desde las paredes a los 1800 observadores, que ocupen sus lunetas. Abre sus puertas y ya es arte. Lo primero que visualizamos es el mural de Rita Longa.

Así de fabulosa y conceptual es la obra, que se resiste a ser destruida, por las mordidas voraces del descuido, el virus más dañino que ataca las defensas del tiempo. Adrián no se regodea en lo estructural, sino en el mensaje; no en lo anatómico del edificio, sino en su voz, con grito de rebelde: “La isla siniestra”, ese es el título, que exhibe en la frente el “renegado”, el que se mantiene en pie, aunque se balancee el piso. De la Paz es un fotógrafo, un artista, con aires de naturaleza y conceptos de cazador. Su obra es un juego de fichas escondidas, un reto a la destreza de un ojo, que mira las profundidades.
Foto: Adrian de la Paz Rodríguez

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