DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS
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Soy un cubano-colombiano defendedor de causas sociales-políticas nobles y pundonorosas. Empero, no creo en defensores mefistofélicos que lucran con los anhelos de equidad y buena voluntad universal de los seres humanos. Porque la justicia demanda ética, discernimiento y valor. Y en lo aparentemente indescifrable es menester descubrir su esencia de verdad. Namasté.
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viernes, 15 de mayo de 2009

Colombia: La actual hecatombe política



Por: Roberto Arenas Bonilla
El Espectador.com
15.05.09

¿Cuál podrá ser el futuro de Colombia de continuar la descomposición moral y ética de nuestra sociedad? ¿Cómo fue posible haber llegado a la vergonzosa situación actual? ¿Será que se ha implantado una cultura mafiosa que conduce a la violación permanente de principios fundamentales de una sociedad civilizada y democrática? El respeto a la vida y a la libertad de todo ser humano se ha perdido; y el buen y racional uso de los recursos de la nación, administrados por el Estado con el fin de destinarse para el bienestar general de la población, en buena parte lo hurtan para el beneficio de unos privilegiados delincuentes.
No obstante tan deplorable realidad, mantengo la esperanza de que nuestros hijos y sus descendientes - futuros compatriotas - encuentren la manera de rescatar a la nación del abismo al que la hemos dejado caer y la puedan enrumbar por el camino de la convivencia pacífica y del bienestar colectivo, camino que hasta el momento nos ha sido tan esquivo.
Al analizar y reflexionar acerca de las razones de la deprimente situación colombiana se llega a la conclusión que la política es una de las principales causas. La razón es clara: el destino de las naciones democráticas queda en gran medida en manos de los políticos. Los electores les otorgan el poder para gobernar y cuando fallan, la nación y sus habitantes sufren las consecuencias. Consecuencias que en el caso colombiano han sido extremadamente destructivas: violencia, terrorismo, masacres, secuestros; dañina corrupción, extensiva a no pocos sectores de las instituciones públicas y privadas; impunidad creciente; erosión institucional y enfrentamiento de los poderes públicos, etc.
No sobra recordar, entonces, que los ciudadanos somos los responsables de designar, mediante el voto, a las personas que habrán de gobernarnos a nivel nacional, departamental y municipal y a los que elaboran las leyes que se deben obedecer. La trascendencia del voto resulta incuestionable por lo cual el ciudadano elector debe ejercer su derecho con extremada sensatez y plena responsabilidad.
Para producir resultados benéficos al país, la democracia requiere de partidos políticos serios y organizados y que sus miembros actúen en función del interés colectivo de la población. Puede afirmarse que eso no sucede en Colombia. En general, en el país el protagonismo político gira alrededor de los hechos creados por los propios políticos que luchan por el poder apelando en ocasiones a oscuros y delincuenciales procedimientos. Como es natural, tales comportamientos generan en la ciudadanía incredibilidad en la política y en el buen funcionamiento del Estado.
En estas condiciones la política pierde su razón de ser porque abandona su papel de principal defensor del bien común. Se pone entonces al servicio de intereses contrapuestos e incluso delictivos. Por ejemplo: la acción política, en lugar de haberse constituido en la barrera contra los grupos delincuenciales y mafiosos del narcotráfico, facilitó su instalación y desarrollo en nuestro territorio, convirtiéndose en principal motor de las desgracias que el país ha padecido en las últimas décadas.
Nos acercamos nuevamente a un certamen electoral que culminará el año entrante con la elección del presidente de la República y de los miembros del Congreso Nacional. Seguramente todos los candidatos coincidirán en sus campañas en que hay que acabar con la violencia y lograr la paz; reducir la pobreza y la miseria; generar empleo; mejorar el acceso y la calidad de la educación y de los servicios de salud; incrementar la tasa de crecimiento económico; combatir la concentración de la riqueza y de los ingresos; luchar contra la corrupción y la impunidad; tener una posición destacada de Colombia en el concierto regional e internacional, etc.
Pero lo importante es conocer cómo pretenden lograr esas metas. ¿Cuáles son las medidas necesarias y cómo llevarlas a cabo? ¿Cuáles son las reformas requeridas en los campos social, cultural, económico e institucional? ¿Cuál es la posición de Colombia frente a los países amigos y vecinos, y ante la Comunidad Internacional? ¿Cómo lograr que la ayuda y cooperación extranjera sea más eficaz en la lucha contra el narcotráfico y a favor de un desarrollo con equidad? Ahora que el mundo ha entrado en una fase de desaceleración económica ¿Con qué actos de gobierno se evitaría el aumento del desempleo, un problema nacional muy severo?
Corresponde conocer cómo piensan gobernar al país. Cuáles son sus propuestas para solucionar los graves problemas anteriormente citados, entre otros. Así se tendrían los elementos de juicio necesarios para definir conscientemente por quién votar para ir, en esta ocasión, renovando la clase política con ciudadanos capaces y conscientes de sus responsabilidades de servidores públicos. El debate giraría entonces no sólo alrededor de nombres sino básicamente en torno a las ideas y programas.
Los colombianos tenemos que forjar una nueva dirigencia política, transparente y conocedora de las responsabilidades que adquieren al honrársele con su elección a los cargos del Estado. En las diferentes regiones del país se encontrarán personajes respetados y acatados por los pobladores en razón a su capacidad, conocimiento, transparencia e inclinación por las causas justas de la gente. Estos ciudadanos podrán ser el núcleo de un movimiento nacional por la depuración y rescate de la política. Podrían generar una gran movilización ciudadana, de mantenerse independientes, sin acuerdo alguno con el clientelismo de los partidos actuales. Así se daría un importante paso hacia la verdadera renovación de la clase política.
No se puede seguir con esa actitud paradójica de criticar a los políticos pero, a la vez, mantenerlos en el poder mediante el voto sin tener en cuenta que ellos con sus prácticas dolosas han pervertido la actividad política. La ciudadanía tiene que corregir tan costoso error ejerciendo sensatamente el derecho al voto.
Los electores colombianos tenemos que participar en las elecciones con el firme propósito de renovar la clase política con ciudadanos capaces y respetables, conscientes de la responsabilidad del servidor público. Si no se hace así difícilmente se podrá resolver la actual hecatombe política.

Pablo Felipe Pérez Goyry.

Analista y Redactor Digital (Analyst and Digital Editor).

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"Recuerde que todos los procesos creadores avanzan con ritmo cíclico. El ritmo fijado por el nuevo grupo de servidores del mundo es de un ciclo de tres años... Debe tener muy en cuenta estas fechas y preparar sus planes para el futuro. De este modo trabajará de acuerdo con la ley y en la línea de menor resistencia. Procure que cada ciclo de tres años se ajuste al ritmo de creación. En el primer año ponga el énfasis en la actividad del principio que está en manifestación, utilizando lo que aparezca, y con ello tiene que trabajar. En el segundo año, procure que surja y se escuche con claridad la cualidad de la nota. En el tercer año, deje que todos vean detrás de la forma, expresándose por medio de la cualidad, la vivencia y la actividad de la vida que mora internamente. Tenga en cuenta esto mientras consolida el trabajo. La tónica del primer año de trabajo debe ser consolidación  la del segundo, expansión; mientras que en el tercero debe hacer un impacto definido en la conciencia pública, emitiendo y haciendo resaltar claramente determinada nota. Si se recuerda este ordenamiento cíclico, no se cometerán errores serios... El nuevo grupo de servidores del mundo debe trabajar en ciclos de tres años, y es necesario construir los cimientos para alcanzar esta realización cíclica. Este ritmo cíclico eliminará la tensión; sin embargo, permitirá que los trabajadores del grupo se den cuenta de que no hubo fracaso. Es imposible hacer un buen trabajo cuando se cree que se ha fracasado o no ha habido realización alguna".